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martes, 10 de noviembre de 2009

AUNQUE NO SEAMOS IGUALES, SOMOS LO MISMO



El mestizaje cultural y aquí una reina de éste. Guineana, residente en Mallorca, cantante de rancheras mexicanas y espíritu flamenco y, ante todo, un alma que brota bajo su piel morena y tras la sensual y estridente voz de sus bellas canciones. Hace unos días acudí a un concierto suyo, un tributo a Chabela Vargas, en el modernista, mágico y magestuoso Palau de la Música de Barcelona. Y desde el primer minuto se podía respirar el alma en sus canciones llenas de sensualidad y de melancolía. Bajo los focos, una mujer con su alma a flor de piel...

Hoy te traigo una entrevista a Buika, de La Contra de La Vanguardia. Como era de esperar escuchando el sentimiento de sus hermosas pero desgarradoras canciones, en sus palabras se descubre una vida dura, llena de circunstancias adversas... lo que sin duda desenmascara el alma. Y es que lejos de la aparente confortabilidad, la autocomplacencia y la pretendida seguridad del mal llamado Primer Mundo, está ese otro mundo emergente y real, más auténtico, simplemente porque está más próximo al alma, a la realidad de una vida a veces cruda, la más de las veces trágica y muy cercana a la muerte inesperada. Y es que, como suelo afirmar, es en la proximidad de la propia vida y su pariente cercano la muerte donde se halla la verdad, ésta que está muy cerca del alma. De ese alma que nos hace a todos iguales, hermanos, aunque seamos distintos, singulares y diversos, como bien dice Buika.

Mientras, algunos de nosotros intentamos vivir nuestra vida cotidiana opípara, vacía e insensible, desde la perspectiva del alma que desde dentro nos ilumina. Y es que nuestro entorno vital no nos acompaña en esta incesante búsqueda interior del sentido de nuestra vida. Estamos -o nos lo creemos, al menos- ya demasiado lejos de la vida cruda y real, de la falta de recursos para sobrevivir y de nuestra muerte, a la que vemos como simple y lejano colofón, sin tenerla presente en el día a día. Quizás por eso denostamos la vida y la vivimos como si de algo eterno se tratara, en la que nos podemos permitir el lujo de desperdiciar muchos días, semanas, meses y años para no vivirla tal y como se merece, intensamente y tal como viene.

Pero creo que, más alla de las cada día más frecuentes enfermedades que nos alejan de la vida consciente -como el Alzheimer, la demencia senil o la locura- o esas otras que nos enfrentan directamente a la muerte -como el cáncer, las enfermedades vasculares o los accidentes de tráfico-, la vida nos brinda la oportunidad de conocer al alma, si queremos vivirla. En este concreto caso, desde el arte, ese arte mestizo, incuestionable y cada día más popular como es el cante flamenco o cualquier folklore que nace en países o regiones depauperadas por el hambre, la pobreza, la violencia y la crueldad de una existencia pura y dura... porque nos enseña un alma que está visible en cada nota, en cada sílaba o en cada quejido...

No hace demasiado tiempo hablaba con una joven y buena amiga, muy aficionada al flamenco y al cante jondo, y le decía lo afortunada que era de disfrutar de ese arte espontáneo, auténtico y que brota desde el alma. Ella hoy está aturdida, intentando vivir intensamente lo que siente en un mundo artificial y plástico que ella misma ha creado alrededor suyo, e intentando revivir lo que su alma le dicta y su entorno quizás no entiende. "Escucha bien y siente lo que oyes en la música que te gusta", le recomendé refiriéndome al flamenco. "Al alma no hay que buscarla, simplemente hay que dejarla salir desde dentro, donde habita silenciosa, hasta que un día el dolor la hace brotar en forma de lágrimas, de mirada, de silencio o de canciones".


Aquí te dejo la mencionada entrevista a Concha Buika, alguien que canta desde el alma... y para el alma de quien sabe escucharla. Disfrútala...

Concha Buika, 37 años, cantante". "Si lo que necesitas es una historia maravillosa, fabrícala" La Contra de La Vanguardia.

Qué palabras lleva tatuadas en el brazo?

Los nombres de mis musas.

Bonana Sinqué.

Es la fundadora del matriarcado más grande de mi tribu, los boobe, de Guinea Ecuatorial, mi bisabuela. La única mujer que conozco que no tiene apellido de hombre. Se hizo sola.

¿Cómo es eso?

A su mamá se le morían todos los hijos y cuando ella nació era tan chiquitilla que no la quiso. La acogieron dos hermanos del padre y la alimentaron con la leche de las raíces de un árbol, el sinqué. A los tres años sus dos tíos murieron y ella quedó sola. Se alimentaba de casa en casa a cambio de algún trabajo. Vivió sola en el bosque hasta que murió, pero tuvo una hija, Kitailo, nadie sabe de quién. De ella nació un gran clan.

¿Qué le legó?

La confianza en la voz que nunca calla y que nunca se escucha: la voz interior, a través de la que nos comunicamos con nuestras células. Por eso tengo tanta fe en el arte, porque es como la sangre, somos una consecuencia, una melodía, no una asociación de notas, es una condena mágica y romántica.

Kitailo.

Mi abuela, ella me protege, he heredado su nombre. Tuvimos una unión muy hermosa a través del silencio. Ella no hablaba, ella cantaba y silbaba. Cuando quería que mi madre supiera algo y no se atrevía a decírselo, lo cantaba. Cuando ya no pudo cantar, cuando se estaba muriendo, silbaba.

¿A usted qué le hace bien?

Recordar que no soy una víctima.

Y su madre abandonó la tribu.

Una de las leyes de toda tribu es que cuando uno se va, no abandona, simplemente se va porque ha recibido muy buenas lecciones y eso le permite sobrevivir. La protección no es tener un piso bonito y dinero en el banco, la protección es la sensación de que estás haciendo lo correcto.

Su padre era un exiliado político.

Sí, un maestro que nunca supo aprender. Señalaba, corregía, exigía. Uno trata al mundo como se trata a sí mismo. No debemos ser correctos con los demás por ser educados, sino por ser sensibles, que no frágiles.

¿Qué pasó?

Él era fruto de sus miedos. De niña siempre creí que la cobardía nacía de los hombres. A mi papá se lo comieron sus sueños, confundió necesidades con caprichos.

¿Cometió un acto de cobardía?

Sí, el que presume de lo que no tiene es un gran cobarde. ¡Que fácil es decir cómo tienen que hacer los demás las cosas y que difícil hacerlas bien!

Se fue con otra.

Eso ocurre y no se debe juzgar; el problema es que se olvidó de que los hijos que dejaba atrás también eran suyos, los seis de mi madre más todos los que empezaron a aparecer, ja, ja. Pero no me siento culpable.

¿Culpable?

El victimismo es una cara de la culpabilidad. Eres víctima hasta que la edad, el estómago o la conciencia te obligan a crecer.

¿Cómo se sintió en el mundo blanco?

Iba a las audiciones con mis amigas y a mí ni me escuchaban. ¿Pero para quién no ha sido difícil? Siempre es difícil. Y ya va siendo hora de que dejemos de señalar.

¿A qué se refiere?

A lo que me toca. Dejemos eso de que los de las discográficas son unos chorizos, que no tenemos apoyo. Los cantantes debemos volver a dar la mano a los poetas; los bailarines, a bailar con músicos, a sentir la vibración de una nota subiéndoles por los pies.

Itobelê.

Mi mamá es una princesa escondida. Nos sacó adelante fregando escaleras y ahora va a la universidad. Nunca la vi llorar ni quejarse. Me enseñó a confiar, a tener fe.

Yoyo.

Mi hermana mayor. Nació con la capacidad de construir formas en el aire. La escultura monumental es algo muy complicado; estudió Bellas Artes, pero al final se rindió: "Si no dejáis que mi mundo viva aquí, me voy a vivir donde vive mi mundo", y se olvidó de la locura social y se fue a la suya.

...

Luego empezaron a experimentar con ella, una medicación, otra. Ese tipo de personas traen un mensaje para todos y no pueden quedárselo dentro, eso las destroza. Aun así, la vida le trajo dos criaturas.

Se ha casado consigo misma.

Me comprometí a quererme, cuidarme, honrarme y respetarme en la salud y en la enfermedad hasta el final.

¿A qué edad realizó ese compromiso?

Cuando perdí el miedo a mi padre y le hice entender que sus bofetones ya no me asustaban, aprendí a poner el cuerpo duro.

¿Y el padre de su hijo?

Es una persona maravillosa, estuvimos juntos ocho años. Separarnos fue la mejor manera de quedarnos juntos para siempre.

¿Qué es lo importante?

Estar en paz, abrir la boca sólo para decir lo que piensas realmente.

La música.

Si lo que necesitas es una historia maravillosa, fabrícala, píntala, cántala, cuéntala. Sólo me hacía falta irme al mundo que hay detrás de los párpados para descubrirme. Dejar de inventarme un personaje para que pudieran quererme. Y al hablarnos desde ahí descubrimos que, aunque no seamos iguales, somos lo mismo.



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lunes, 2 de febrero de 2009

LA RUPTURA



Este texto, como tantos otros, me llegó en un aparentemente frívolo mensaje de una buena amiga. Hace referencia a una ruptura matrimonial y es, paradógicamente, una presunta carta de amor y, según reza, Ganadora del III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor (Argentina).

Para los que hemos vivido esta humana y desagradable -aunque a veces necesaria- situación, lo que se hace más difícil es gestionar los contradictorios sentimientos que genera, evitando pasar del amor al odio, como nuestro ego impone, desesperadamente para subsistir ante el dolor. Pero, aunque accesorio, también se hace difícil intentar sintetizar en nuestro recuerdo -o en un papel escrito- las muchas o pocas vivencias compartidas con alguien a quien, un buen día, quisimos. Seguramente en esa -breve o larga- experiencia compartida, habrá diferentes momentos y situaciones, unos agradables y otros desagradables, seguro... aunque, al final, será la exigencia interna o la balanza entre los buenos y los malos momentos quien favorecerá la continuidad o forzará la ruptura. Y no será solo el olvido quien resolverá nuestros sentimientos contradictorios, ni la renuncia a nuestro yo interno lo que nos permitirá abrir de nuevo nuestro corazón herido, sino hallar el sentido que esta decisión tuvo en y para nuestra vida. Pasa el tiempo y somos libres, siempre podremos escojer sentirnos eternos fracasados, desdichados o no merecedores del amor o bien, aprender de lo vivido y dejar que fluya la vida para que, cuando lo decida desde su firme sabiduría, nos sorprenda con algo mejor y, ya entonces, más merecido... porque habremos aprendido qué es el desamor o, mejor aún, cuál es el amor verdadero al que siempre tuvimos derecho... y tal vez antes no supimos darlo ni recibirlo!

Aquí la carta mencionada. Disfrútala!



Estimada Cristina:

Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial.

A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario (...)(...) y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.

Como verás, he dividido la lista en dos partes.

Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú.

Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.

COSAS QUE DESEO CONSERVAR:

La sensación de carne de gallina en mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.
El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.
El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.
La mancha de rimel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.
La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.
El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.
Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.
Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).

COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ:
Los silencios.
Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.
El sabor acre de los insultos y reproches.
La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.
Las nauseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.
El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.
Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.
Jorge y Cecilia... Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.

Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:... objetos.

Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (.......) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.

Afectuosamente, Roberto.

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