Mostrando entradas con la etiqueta Jaume Sanllorente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jaume Sanllorente. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de mayo de 2010

EL VALOR DE ANDAR HACIA UNO MISMO!



Hay un momento en la vida en la que uno se alinea con su misión. Desaparecen los ámbitos antes inconexos de la vida personal, la profesional, la social... y aparece una manera integrada de vivir coherentemente! Justo en ese momento todo cobra un sentido y todo lo anterior tiene su propia explicación, incluso lo más sorprendente o lo más desagradable de nuestra experiencia! Tantos años buscando los motivos que nos han conducido hasta el hoy... para descubrir que todo eso era necesario para llegar hasta mí y compartirlo con los demás!

Cada momento, cada persona, cada lugar que ocupa un espacio en nuestra memoria se alían para convertirnos en lo que en realidad hoy somos. Es por eso que no podemos permitirnos despreciar algo que, aunque hoy nos parezca insignificante o incluso desafortunado, forma parte de nuestra vida y tiene su propio sentido en ella! No obstante, cuando uno al fin halla ese sentido y empieza a transitar por la nueva vida, adquiere un semblante de paz interior, de satisfacción y de felicidad que pocos a nuestro alrededor entienden! Despiertas admiración y odio, a partes iguales, entre los espectadores de tu vida! Unos porque quieren experimientar lo mismo que tú sientes y sus almas los conducen hasta tí para ayudarles a iniciar su camino hacia ellos mismos y hacia su felicidad; otros, sin embargo, ven en tí todas esas capacidadees que no creen poseer y renuncian a lo que siempre soñaron! Aparecen y desaparecen personas en la vida, pero nunca tantas como cuando uno -al fin- halla el camino!

Humanamente nos cuesta aceptar el cambio en nuestra vida! La presunta confortabilidad, la seguridad y el reconocimiento por parte de los demás nos inquietan y nos exijen demasiado! Como suelo decir, cada uno -voluntaria o involuntariamente- ha elegido vivir en su pecera de aguas conocidas, plácidas pero estrechas... aunque esa pecera no es nuestro espacio real en la vida! Nuestro lugar es el mar abierto, enigmático, rico y tal vez desconocido, en el que todo es posible y requiere lo mejor de nosotros mismos! En ese inmenso mar para el que estamos hechos hay sentido de crecimiento, hay riesgo y hay desconocimiento... pero la confianza es el único remedio para entregarnos a la verdadera aventura de vivir lo soñado! Y vivir lo soñado no es más que sentir en nuestro interior ese palpitar de nuestro corazón ante un suceso que, súbitamente, lo despertará de su cómodo letargo! Vivir lo soñado es reconocer todo aquello que intuíamos necesitar para ser felices, pero que antes no tuvimos el valor de vivirlo! Y es que, en ese nuevo camino, todo tiene su sentido y no se admiten los espectadores! Uno llega a ser el protagonista de su propio Destino, le importe a quien le importe... y el único premio es uno mismo!

Te traigo un fantástico texto de alguien que tuvo el valor de reencontrarse con su Destino! Extrae tus propias conclusiones...


LA RECTITUD Y EL SENTIDO DE LA ÉTICA TIENEN PREMIO!

Durante los siguientes días llegaron los primeros regalos... y los primeros desprecios. Llamé a todas las puertas imaginables. Me preparaba una agenda de las siete de la mañana hasta la medianoche y hasta entonces no paraba. Visita tras visita. Sin comer ni descansar. Necesitaba el dinero para sacar adelante a aquellos niños de Bombay. Un segundo perdido, un minuto sin aprovechar, era una posibilidad más de que esos niños acabaran en burdeles. Ese sentido del deber, libremente elegido y autoimpuesto, me acompañaría ya siempre.

Varias personas con las que contacté me apoyaron y me ofrecieron su ayuda; otras se rieron en mi cara diciéndome, abiertamente y con orgullo, que aquello de ayudar a los demás no iba con ellos, y que preferían invertir el dinero en cenas y caprichos que en ayudar a un niño de Bombay. Total, ni una ni dos personas van a arreglar el mundo- comentaban. Incluso hubo quien me propuso organizar algún acto para quedarnos la mitad de la recaudación. Salía horrorizado de muchos despachos tras descubrir la poca ética existente. Algunas personas me sorprendieron mucho, y no agradablemente. Aunque, por fortuna, otras demostraron su enorme corazón.

En aquellas reuniones aplicaba mis dotes periodísticas. Si el destino había querido que estudiara esa carrera, tal vez era con esa finalidad. Estoy convencido de que la verdadera razón de las cosas siempre aparece al cabo de los años y su finalidad siempre se manifiesta como el bien de terceras personas. Esos días comprendí el porqué del periodismo, el porqué del protocolo, el porqué de mi tesina acerca del genocidio ruandés, el porqué del viaje... Incluso interpreté como una broma del destino que me hubiera tocado hacer mi primera entrevista como reportero a un tal Vicente Ferrer, del que yo entonces no sabía prácticamente nada.

Las reuniones se sucedían y pude ir reuniendo algo de dinero. Muchas de las personas a las que visitaba no se podían negar. Había respetado con silencio sepulcral sus off the record en numerosas entrevistas; los había ayudado publicando, sin pedir nada a cambio, bonitos artículos en tiempos difíciles para sus empresas. No era fácil que me dieran un “no” por respuesta, teniendo en cuenta los favores pasados y el efecto de las fotos de mis “héroes” en las mesas de sus despachos.

Todo lo que se hace en la vida vuelve de una forma u otra, se suele decir. ¡Qué frase tan cierta! ¡Y cómo lo comprobé en ese momento!

¡Merece tanto la pena vivir siempre con rectitud y sentido de la ética! Para los demás, e incluso para uno mismo. La tranquilidad y satisfacción que ello proporciona no se puede pagar ni con todo el dinero del mundo, ni con todo el oro de los tesoros sepultados en el mar.

Hablando con aquellas personas también me di cuenta del grado de responsabilidad que tenemos todos y cada uno de nosotros sobre el futuro de la humanidad. Nos pasamos la vida lamentándonos del mundo, diciendo que va mal y criticándolo, pero a menudo nos olvidamos que nosotros somos una parte de ese mismo mundo. Empecemos a cambiar nosotros, y una parte del mundo ya habrá cambiado.

“Sonrisas de Bombay” de Jaume Sanllorente.

lunes, 4 de enero de 2010

LA HUMILDAD COMO MUESTRA DE AMOR!



Humildad, sabio atributo. Reconozco que muchas veces olvido su significado. ¿Cuántas veces la he supeditado a un interés particular mío, sin tener en cuenta que la humildad te exije estar atento antes de actuar y saber que solo eres lo que eres?

Y es que demasiadas veces, cuando he creído ver a alguien en apuros, equivocando sus decisiones o autoengañándose a sí mismo, he dado gratuitamente mi opinión en aras de un supuesto interés o amor hacia esa persona. ¿Cuántas de esas veces me han pedido mi opinión? ¿Qué derecho tengo a dejar en evidencia o a juzgar a alguien, sin que me lo pidan? ¿Cuántas veces me he dejado llevar por mi razón contundente y quizás clara, sin respetar al de enfrente, sin estar realmente atento a lo que una persona requería de mí? ¿Por qué tuve miedo de callar, cuando quizás mi silencio era lo que me pedían para entender mis razones o para sentirme cerca y ayudarles?

Soy un aprendiz del alma y tal vez aún no sé dosificarla en mi vida. Supongo que aun hay demasiada soberbia o vanidad al exponerla abiertamente a quien ni siquiera me lo pide! ¿Miedo, quizás? ¿Excesivamente obsesionado en imponerla para ratificarme o para dejar patente mi sello personal ante personas a las que afirmo querer, sin oirlas? ¿Sentirme útil ante alguien que quiero sentir siempre cerca? ¿Miedo a perder o a no sentirme útil? ¿Miedo al abandono, tal vez? ¿O es miedo al sufrimiento ajeno, aunque sepa que es necesario para aprender a vivir?

La vida enseña que todo tiene su sentido y nos da oportunidades para corregir nuestros errores. Y a mi la vida me ha enseñado que, más allá de las actitudes y reacciones de los demás, con ellas están desenmascarando mi verdad, esa que se oculta tras la mentira y el autoengaño. Personas se han apartado de mi vida, ante ese mal hábito de aleccionarles, de decirles continuamente lo que pienso y siento, aunque a veces me lo preguntaran. Y, aunque es verdad que no todo el mundo espera y busca coherencia en cada uno de sus actos y palabras en todo momento, nadie tiene derecho a cuestionarnos... aunque lo disfrace de amor o de capacidad de entenderlo! "Tienes razón" es una de las afirmaciones más tóxicas para reforzar ese mal hábito adquirido, como si tener razón fuera la coartada perfecta para imponerla a quien ni siquiera la requiere o como si solo existiera una razón concreta y explícita para hacer las cosas y vivir una vida. Razones hay tantas como personas y cada una tiene las suyas, por razonables o irrazonables que sean o parezcan!

Tal vez mi crónica falta de humildad en lo que digo y hago se base en mi capacidad de exponer mis razones de forma firme, convincente y argumentada, lo que me vale para muchas situaciones en las que, como presunto experto de la vida, se me requiere un punto de vista sobre una cuestión determinada. Esa cualidad de ver con claridad la vida propia y ajena, sin duda, demuestra mi capacidad de empatizar con las personas o de desentrañar una mirada o un silencio expresivo... pero no me otorga el derecho a dar por sentado una única razón plausible ni un consejo, aunque sea el más razonable! Actualmente intento no expresar mi opinión personal, que puede ser tachada de juicio, tan solo expongo las alternativas posibles de ver las cosas, para que la persona de enfrente decida y juzgue por si misma su decisión más acertada. Y es que en el fondo, con razón o sin ella, cada uno es soberano ante su vida y debe decidir en ella, aunque luego su decisión resulte equivocada, de lo cual aprenderá -y rectificará- por sí mismo y volverá a su propio camino! Porque demasiadas veces opinar es juzgar y nadie debería juzgar a alguien más... ni a sí mismo! Juzgar es establecer un lugar preciso y excluyente entre lo bueno o lo malo, lo razonable o irrazonable, lo acertado o equivocado... cuando la vida demuestra con creces que casi todo es según el color con que se mire y el momento en que se vive!

¿Será el miedo quien nos obliga a juzgar? Porque es el ego quien nos exige esa perversa e hiriente clasificación entre lo que debemos o no hacer en cada momento de nuestra vida, sin aceptar ni siquiera la duda! Y la duda es un derecho y un privilegio exclusivamente humano! Tal vez es la humildad la que nos resolverá la cuestión, aceptando que somos siempre menos de lo que creemos ser, que no somos nadie para juzgar ni ser juzgados, que no debemos evitar la equivocación porque siempre nos enseña algo y que hay que procurar imponer el amor, es decir, la confianza, que es estar siempre atentos para amar al otro, sin que se sienta juzgado, confiando en su propia capacidad de ser y, si nos lo pide, darle lo que necesita, aunque a veces sea un silencio!

Hoy, no obstante, estoy aprendiendo a amar más y mejor a mí mismo, a los demás y a la propia vida. Y eso es tener confianza en mí capacidad de aprender, en la capacidad de los demás de ser como son y seguir adelante con su vida... y en la propia vida, que siempre nos llevará a buen puerto! Hoy mi lema es "acepto lo que hay hoy en mi vida"... y, aunque cuesta, lo intento poner en práctica sin resignación, sin pedir nada a cambio e intentando aprender de cada situación que se me presenta. Eso significa, en la práctica, dejar que fluya la vida a su manera, no intentar impedir lo que pasa en ella -aunque yo no lo tuviera previsto!- y saber olvidar todos esos planes y deseos que cada uno hace desde su mente, desoyendo a su propia alma y a la propia vida!

Desde aquí aprovecho a pedir perdón a todas esas personas que, durante mi ya larga historia, han padecido mi escasa humildad -fruto de mi miedo-, aunque la disfrazara de razones convincentes, de pretendido amor o simple interés por ayudarles a recorrer su propio camino! Hoy sé que amar de verdad es confiar más en ellos para que recorran su vida con éxito y solos... y que, mal que nos pese a veces, la distancia más corta entre dos puntos en la vida -propia o ajena- no es una recta, sino una serie de requiebros y de equivocaciones para aprender y hacer más firme la vuelta a nuestro propio y verdadero destino!

Aquí tienes un texto enviado por un amigo que ha logrado conmoverme y pensar en la humildad como una virtud muy importante! Está escrito por el fundador de una ONG que, en Bombay, apadrina niños en dificultades. Extrae tus propias conclusiones...

"Durante las primeras semanas comprobé que había tres cosas que debería incluir en mi maleta cotidiana para sobrevivir en aquel país y hacerlo además sabiamente: humildad, sentido del humor y paciencia.

Empecé por la humildad. Desde los primeros días me convencí de algo que estaba claro: era yo el que estaba al servicio de ellos, no ellos al mío. Yo era su servidor, su vasallo, quien había llegado a sus tierras y renunciado a todo para que dispusieran de mí en lo que necesitaran. Antes de ayudar, pregunta en qué puedes hacerlo y escucha. No des nunca por sentado que tu ayuda siempre será necesaria. Porque a veces no lo será. No sirve imaginar que lo que haces está o no está bien, o que tú, por ser de Occidente y tener más estudios, debes enseñarles. El aprendizaje es mutuo y la riqueza de conocimientos también.

Los niños, por su parte, me demostraban cada día que eran los mejores maestros posibles.

- ¿Qué significa tu nombre?- me preguntaban continuamente, intentándolo pronunciar de varias maneras.
- Jaume viene del hebreo Jacob, y significa “Dios recompensará”.
- ¡Qué bonito!- decían unos, mientras otros repetían mis palabras a los que no habían estado atentos a la respuesta.

Durante la segunda semana, cuando ya me había aclimatado un poco y habíamos solucionado todo el papeleo requerido para que el orfanato pudiera recibir las ayudas extranjeras, decidimos que les enseñaría español. Ese soleado día de abril no podía evitar sentirme nervioso. En pocos minutos les daría a los mayores la primera lección. ¡Nuestra primera clase de español! Al lado de la casita donde dormían los niños un pequeño garaje se utilizaba como escuela. Las paredes estaban quebradas y desgastadas por los últimos monzones, el moho se olía antes de entrar y los papeles que colgaban de la pared estaban amarillentos por un tiempo que no pasa en vano.

Me quedé un rato deambulando junto a la puerta, observando cómo los chicos iban entrando en el aula con sus libretas desgastadas y sus lápices apurados hasta el último tramo. Esperé unos minutos más y comprobé que ya estaban todos en clase. Entonces reparé en que algunos sonreían y cuchicheaban, mientras uno de ellos escribía algo en la pizarra, que yo no podía leer desde donde me encontraba.

“El profesor es tonto”, “Este blanco es un bobo”, o mil frases del estilo se me ocurrían cuando trataba de adivinar qué es lo que estarían escribiendo aquellos muchachos, en plena adolescencia rebelde, para que yo lo viera nada más empezar la clase.

Cuando entré en el aula todos callaron, mirándome con ojos relucientes. Me giré hacia la pizarra, y ensayando interiormente un supuesto gesto de enfado, me volví convencido de descubrir en la pizarra alguna frase mofándose de “Jaume sir”, que es como me llamaban.

Lo que leí me hizo perder el habla. Se podía leer en inglés, en una escritura grande y clara:
Jaume significa Dios recompensará.
A nosotros Dios nos ha recompensado con Jaume.

La emoción tensó mi garganta como las cuerdas de un arpa y clamé perdón a todos los dioses por haber dudado de su bondad."

“Sonrisas de Bombay”, de Jaume Sanllorente.


¿COMENTARIOS, OPINIONES? PARTICIPA EN NUESTRO FORO DE OPINIÓN

http://forocontigomismo.ning.com

 

Tell me when this blog is updated

what is this?