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jueves, 1 de abril de 2010

SI TE PARAS... NO SALES EN LA FOTO!



Siempre repito a las personas que me rodean: Siente y asume tus sentimientos, nunca los niegues! Eso y cambiar ciertos hábitos mal aprendidos o tóxicos para crear una vida saludable en el terreno físico, psíquico, emocional y espiritual es todo lo que requerimos para vivir en armonía. Y vivir de esa manera significa no estar anclados en el pasado -extraer sus lecciones y no tenerlo más en cuenta-, ser conscientes en cada momento de lo que realmente somos -desde lo que sentimos- y saber hacia dónde vamos es todo el equipaje que necesitamos en nuestra vida plena. ¿Fácil, no? Pues al parecer, no tanto, viendo lo que nos rodea...

Mírate a tí mismo y qué haces cada día. Demasiadas veces, lo que haces se fundamenta en el concepto inamovible de tí mismo.... y ese concepto está sutil e históricamente creado en algún momento pasado de tu vida. "Soy racional", "soy obstinado y tenaz trabajador que cumple todas sus metas", "soy complaciente y mi felicidad es hacer felices a los que me rodean"... son sentencias -y nunca mejor utilizada esa terminología judicial- que te obligan a cumplir de por vida ese papel o rol inducido desde fuera y, con el tiempo, autoimpuesto! Si a eso añadimos el frecuente pensamiento de "es lo que hay", "a quien no le guste, que le den" o "a mi edad ya no voy a cambiar"... el drama vital está servido!

Pero la vida, que afortunadamente sabe más que nosotros de nosotros mismos y de la propia vida, parece quererenos llevar la contraria y demostrarnos cotidianamente que todo eso no es tan cierto.¿Solución de socorro frecuente, común y aparentemente efectiva para tener esa percepción falsa de control y seguridad? No aceptar la vida tal y como viene o, lo que es lo mismo, crearnos una vida ilusoria en la que intentamos perseguir solo aquello que nos ratifica nuestra personalidad autoimpuesta o nos da una falsa sensación de control. Así, intentamos actuar siempre desde nuestros viejos cánones, así como evitar con toda nuestra energía (de ahí el común estrés y ansiedad en nuestra vida cotidiana) lo que nos contraría y nos sobresalta rompiendo nuestros rígidos y muchas veces erroneos esquemas. Nos engañamos a nosotros mismos creyendo en algo que no somos, desechando lo que sentimos ante cada momento imprevisto o intentando controlar todo en nuestra vida... y eso, no solo consume toda nuestra energía, sino que nos vacía! No hay peor ciego que el que no quiere ver!

Porque, para ver y querer ver, hay que estar bien atento a lo que sucede a nuestro alrededor y dentro nuestro, cada segundo! Desde dentro nacen sentimientos y sensaciones que responden a lo que en realidad somos, lo que no siempre coincide con lo que creemos ser, según ese concepto fabricado en el tiempo! Y fuera de nosotros, suceden acontecimientos que nos superan como personas y exijen respuestas integrales -no solo reacciones momentáneas y desesperadas- que quizás nos muestran aspectos de nosotros mismos que no esperábamos y que nos muestran quiénes y cómo somos en realidad! La armonía consiste en buscar ese punto justo entre lo de fuera y lo de dentro! Si solo atendemos a lo de fuera, nuestra personalidad es dual, haciéndonos vivir de un extremo a otro -pues la vida son contrastes- pasando de lo humano a lo divino, de la euforia a la depresión, del ánimo al desconcierto... en apenas unas horas o de un día al otro! Esa dualidad, ni que decir tiene, que provoca esa cierta "esquizofrenia" -sin pretender menospreciar la terminología médica que tiene- y el permanente desequilibrio que todos tenemos, que nuestra sociedad potencia... y, añado, del cual vive y se lucra, haciéndonos consumir productos que -de manera ilusoria- pretenden hacernos más felices, más amados o más libres!

La otra opción vital, contraria a aceptar solo lo externo como referente, es centrarse solo en lo interno, todo eso que brota desde dentro, es decir, lo que sentimos y creemos, sin contrastarlo y realimentarlo con la realidad cambiante que nos circunda! Eso también nos desequilibra, pues no siempre responde o acepta las circunstancias dinámicas que nos rodean. ¿Consecuencia? Esa pesada sensación de aislamiento y/o de locura de ciertas personas que sienten haberse equivocado de persona que viven, de momento histórico para vivir o, tal vez, haberse equivocado de planeta. Los monasterios, centros de meditación y lugares de culto están abarrotados de esas personas desencajadas de su realidad externa! Me da igual si recurren a mantras, a oraciones o a métodos iniciáticos milenarios, porque todo eso se convierte en un arma arrojadiza cuando lo convertimos en un fin en sí mismo, en lugar de un medio para llegar a conocernos profundamente y a reequilibrarnos ante lo inmediato, agresivo en cierta manera y solo externo que nos rodea!

El equilibrio, la coherencia o la armonía por todos perseguida insistentemente está justo en el medio, es decir, utilizando hábilmente lo que brota desde dentro como sensor o amplificador de lo que vivimos fuera nuestro y, a la vez, como medio adaptativo que nos modifica constantemente, rompiendo ese esquema caduco e inflexible de personalidad que nuestra mente insiste en imponernos como único yo válido y correcto! Ni que decir tiene que, una de las cosas que primero hago yo -aunque no siempre premeditadamente- frente a una persona que recurre a mí en busca de ayuda es romper sus esquemas para abrir su mente, intentar vaciarla de falsos supuestos y de juicios severos... para que le permita estar abierta a lo que realmente siente y a lo que acontece en su vida! Bien pensado, quizás es ese mi único -y puntual, según cómo- papel en su propio crecimiento, hacer de precipitador o de espoleta! Porque no es siempre fácil vaciarse para aceptar lo nuevo y desconocido (muchas veces, solo interno), pues son muchos años arrastrando esa cruz de ser siempre un "yo" fijo, limitado e impermeable... y en unas circunstancias no tan previsibles como a veces quisiéramos! Cada persona debe lidiar con la vida que le ha tocado en suerte o que -en lo ideal- ha sido capaz de crear, para aprender, reinventarse ante lo que siente en cada momento y para adaptarse mejor a lo que viene de fuera, ya sea otra persona, otro momento o un lugar diferente!

Te traigo una entrevista a una pretendida experta en la gestión de emociones. Lo que dice es interesante, aunque algo tópico. Particularmente -y, con perdón-, cuando leo ciertas cosas como ésta, siempre me queda la duda razonable de si realmente lo siente y lo experimenta en su vida... o si solo lo ha estudiado y lo recita! Y es que estamos en un mundo que premia más al buen comunicador, al vendedor de best-sellers y presunto terapeuta de lo ajeno, que a quien, a partir de su propia vivencia y sentimiento, es capaz de resonar en alguien más, induciendo a salir, sentir y vivir lo que ese álguien siente internamente. Extrae tus propias conclusiones!

Elsa Punset, pedagoga de las emociones. "Ante el mundo hay sólo dos actitudes: o miedo o amor".

La Contra de La Vanguardia. VÍCTOR-M. AMELA - 25/01/2010

Vivió en Haití?

Siendo niña, sí. Por eso sé que en Europa vivimos de espaldas a los riesgos que allí amenazan las vidas: allí viven intensamente, aquí vivimos anestesiados.

Pues bendita anestesia.

Pero pagamos un precio: aquí la vida no late. Y, aburridos, llegamos a deprimirnos. Y nos afanamos en distraernos.

¿Y qué propone?

Adiestrémonos en gestión emocional. La ciencia demuestra que todo - hasta un pensamiento-arranca de una emoción: ¡somos animales más emocionales que racionales!

Pobre Descartes, qué viejo se queda...

Sí, pero ¡en las escuelas todavía no enseñamos a nuestros niños a gestionar sus emociones! ¡Qué atraso!: hacerlo reportaría fabulosas bendiciones para ellos y la humanidad.

¿Se puede enseñar a sentir?

Nos enseñan a desconfiar, recelar, sospechar, despreciar, odiar... ¡Que nos enseñen a amar! Nos enseñan que el mundo es peligroso, pudiendo enseñarnos que es fabuloso.

¿Lo es?

Hay sólo dos modos de relacionarse con el mundo: desde el miedo o desde el amor. Sentir curiosidad por el mundo es amarlo, es lo mismo. ¡Es lo que sienten los niños pequeños!

Esa inocencia radical, ese amor, curiosidad... es lo que luego nos enseñan a perder.

¿Por qué hacemos eso?

La educación aún premia las emociones defensivas ante el mundo, en lugar de premiar las emociones amorosas hacia el mundo.

Será por algo, ¿no?

Porque seguimos anclados en lo que hace 100.000 años resultó útil para sobrevivir en entornos cuajados de peligros: herramientas - miedo, angustia, tristeza, ira...-que hoy quedan anticuadas y son ya un lastre.

¿Recibió usted de sus padres la educación correcta?

Me dieron las dos cosas que hoy se sabe que son los dos puntales de la felicidad.

¡Dígamelas, por favor!

Una: afecto. Dos: sentido de control sobre tu vida.

Explíqueme esto.

Recibir afecto en la infancia infunde confianza y seguridad ante el mundo. Estudios sobre resiliencia - capacidad para remontar tremendos reveses- demuestran que niños tratados horriblemente que se agarraron a una mirada amorosa... pudieron remontar.

Soberanía sobre tu vida. Mis padres jamás hablaron de "la suerte", sólo de cómo actuar: eso te enseña a ser el piloto de tu vida.

¿Qué emociones premia usted al educar a sus hijas?

Las ayudo a identificar cada una de sus emociones: así entienden qué está pasándoles.

¿Hay emociones positivas y negativas?

No. Hay emociones útiles e inútiles. Si un día están tristes, las entreno a no temer a la tristeza y a saber qué está mostrándoles.

¿Y qué muestra la tristeza?

El temor por una pérdida: por una ausencia, una carencia, porque algo termina... Si comprendes eso, ¡lo llevas mejor! Si no, esa tristeza puede agobiarte, angustiarte... y hasta llevarte a medicarte sin necesidad.

Eso se hace mucho por aquí.

Porque no escuchamos lo bastante las voces de nuestras emociones. Habitúate a escucharlas y entenderás tus pasiones. Y una vida con pasión y sentido es más feliz.

¿Cómo puedo descubrir mi sentido?

Al levantarte, cuestiónate: "¿Qué me hace hoy levantarme?". El psicólogo Viktor Frankl lo planteó más crudamente: "¿Qué impide que hoy me suicide?". Lo que se esconde tras la respuesta es tu sentido.

¿Y luego?

Aliméntalo. De lo contrario, podrías matarlo de hambre. Hazte regalos emocionales. Quizá sea apuntarte a una clase de baile... ¡Siembra tu vida de pequeños cambios!

¿Eso me hará más feliz?

Conozco un estudio hecho sobre 5.000 personas: un 10% declararon ser felices. Pues bien, se observó que esas 500 personas habían seguido un patrón común...

¿Cuál? Cuente.

Se habían marcado una meta. La habían puesto por escrito (o se la habían contado a conocidos), en una especie de compromiso público. Habían establecido metas volantes, etapas menores en el camino hacia su gran objetivo. Y cada vez que alcanzaban una meta volante, se gratificaban con algo.

Tomo nota.

Un amigo mío indio me dijo: "A vosotros os entierran a los 80 años, pero os morís a los 20". Me hizo pensar... Hoy sabemos que nuestro cerebro es muy plástico: ¡podemos reinventarnos cada día durante 80 años! No lo hacemos. ¡Atrevámonos, pues es posible!

Excitante: reinventarte cada día.

Abrámonos a la realidad..., que incluye el misterio. Darle la espalda a lo inconsciente y a lo misterioso nos priva del 80% de la realidad, ¡la convierte en plana y aburrida!

¿Cómo aconseja mirar la realidad?

La ciencia nos habla de lo que sabe, pero no puede hablarnos de lo que no sabe. No prescindas de todo eso. ¡Permítete inventar preguntas y soñar respuestas! Es esa capacidad de inventar y soñar (y no sólo la de analizar) la que nos hace plenamente humanos.

Gracias, maestra.

¡Los maestros son los niños! Ellos nacen libres, con esa inocencia radical abierta al misterio, a la confianza en la vida y al amor al mundo. Si la conservásemos..., ¡seríamos siempre creativos y felices!

viernes, 19 de febrero de 2010

¿SECRETO DE LA FELICIDAD?



La Felicidad no es un secreto. Si fuéramos capaces de indagar en nuestra alma, veríamos que reside en ella. Y la vida no es más que una concatenación de momentos, circunstancias, lugares y acompañantes que no hacen más que brindarnos la oportunidad de reencontranos con ella! Pero, contra todo pronóstico, nacemos todos y cada uno de nosotros con la felicidad ignorante de un niño, a quien le basta estar sano, sentirse alegre y amado para sentirla y expresarla mediante una simple sonrisa!

Es con el paso del tiempo cuando esa felicidad incipiente, pura y espontánea de un niño se va ocultando bajo un cada día más grueso manto de miedo, disfrazado de pretendida sabiduría, experiencia y adaptación al mundo que nos circunda. En un principio, ese manto es sutilmente inculcado en nosotros como algo conveniente e inconsciente. Con los años, aprendemos incluso a hacerlo nuestro, a configurar nuestra personalidad en función de ese manto racional y protector que nos ayuda a coexistir en un mundo más lleno de razones irrazonables, que de sentimientos. Luego, con la edad, es nuestro Ego quien toma la batuta de nuestra vida, en la que, a cambio de una presunta seguridad y control de nuestra vida, crece y crece, haciéndonos sentir, cada día más, orgullosos de nuestro logro. Y es que la autoestima que genera el Ego es algo necesario para subsistir en este mundo loco, inhumano y competitivo, donde uno siempre es más, mejor, peor... que el otro!

Pero ese Ego niega la Verdad de la esencia humana, en la que, a partir de unos sentimientos interiores, auténticos y universales -que no distinguen edad, sexo, condición social o económica, nación- cada uno vive su vida de manera singular, libre e irrepetible! Pero, eso sí, se convierte en una lucha en la que no hay más que vencedores, llegar a ser la mejor versión de uno mismo! Para ello, cada uno de nosotros debe cuestionarse ese manto que en su día fabricamos, desnudarse ante sí mismo y ante la vida y dejar que ella -a mordiscos y a golpes- vaya agrietandolo hasta dejar al aire esa Alma, hasta entonces agazapada! ¿Qué es si no el sufrimiento y la tristeza, sino la oportunidad de dejar salir al alma enclaustrada? ¿No debe una flecha introducirse en nuestro corazón para producirnos el dolor suficiente para luego sanar y al fin abrise a la vida? Uno se siente vulnerable con el alma a la vista, pero ella trae consigo ese amor que tenía desde siempre guardado, precisamente el que nos aliviará del dolor sufrido para aprender y el que nos dará confianza en la propia vida para no sentirnos amenazados de nuevo! Así, el alma incipiente, rebelde e irreverente permitirá el amor... y diluirá poco a poco el miedo que siempre tuvimos!

Nunca puede ser un secreto la Felicidad! La reconocemos en cuanto la vemos en nosotros o en los demás, a través de una simple mirada, una sonrisa o compartiendo un amoroso silencio! Sabemos bien lo que es, sin siquiera haberla catado más que en algunos breves instantes de nuestra vida! Hablamos de ella cuando reimos o lloramos, se expresa en todo aquello que nos conmueve... incluso la ofrecemos a quien amamos! Pero, aún así, esa felicidad no es nuestra, hay que conquistarla día a día, buscándola donde realmente está, en nuestro interior, esperando a que tengamos el valor de mirarla de cara y de vivirla cada día! No es algo desconocido ni imposible como algunos preconizan a partir del miedo, sino algo que tenemos al alcance de la mano, en nuestro corazón y que solo nos pide la valentía de desearla, de vivirla sencillamente día a día y, a ser posible, compartirla!

Aquí un fantástico decálogo de mi amiga virtual Cori, en el que nos recuerda, paso a paso, esas 10 maneras de rencontrarse con esa felicidad que todos soñamos y que nos espera, ni más ni menos, que en nuestro propio interior! Seguramente no necesitaríamos de un decálogo como éste si supiéramos frecuentar más nuestra propia Alma...


10 SECRETOS DE LA FELICIDAD

1.- La Actitud

La Felicidad es una elección que puedo hacer en cualquier momento y en cualquier lugar. Mis pensamientos son los que me hacen sentir feliz o desgraciado, no mis circunstancias. Sé capaz de cambiarte a ti mismo, y el mundo cambiará contigo. Recuerda que lo único que puedes controlar en el mundo son tus pensamientos...

2.- El Cuerpo

Mis sentimientos son influenciados por mi postura. Una postura adecuada genera una disposición feliz. Es importante también que hagas ejercicio, éste nos libera del estrés y genera la secreción de endorfinas, que hacen que nos sintamos bien. Mira siempre hacia arriba y solo podrás reír, pues no conozco a nadie que haya podido llorar en esa postura.

3.- El Momento

La felicidad no esta en los años, meses, en las semanas, ni siquiera en los días. Solo se la puede encontrar en los momentos. "Hoy es el mañana de ayer"... además la vida siempre tiene derecho a sorprendernos, así que aprende a vivir el presente sin ninguno de los traumas del pasado ni las expectativas del futuro. Recuerda que la Felicidad no es una meta, sino un trayecto. Disfruta de cada momento como si en él se combinaran tu pasado, tu presente y tu futuro.

4.- Nuestra Propia Imagen

Debo aprender a amarme a mi mismo como soy. Creer en ti mismo da resultados. Cuanto más te conozcas, mayor será tu ventaja con respecto a los demás. Hammarshold decía: "El camino más difícil es el camino al interior"... pero, al menos una vez en la vida, debemos recorrerlo.

5.- Las Metas

¿Sabes cuál es la diferencia entre un sueño y una meta? Una meta es un sueño con una fecha concreta para convertirse en realidad. Un sueño es solo un sueño, algo que esta fuera de la realidad... así que atrévete a soñar, pero atrévete también a lograr que esos sueños se hagan realidad!. "Apunta hacia la Luna, pues aunque te equivoques, llegarás a las estrellas..." Y cuando te pongas una meta difícil o creas que tienes un sueño imposible, recuerda que el éxito es solo la recompensa, pues lo que vale es el esfuerzo.

6.- El Humor

La sonrisa es muy importante para mejorar la autoestima. Cuando sonreímos, aunque no sintamos nada, nuestro cerebro lo entiende como una señal que todo va bien y manda un mensaje al sistema nervioso central para que libere una sustancia llamada beta-endorfina, que da a la mente una respuesta positiva. Dicen que una sonrisa cuesta menos que la electricidad, pero que da más luz. Además, con cada sonrisa siembras una esperanza.

7.- El Perdón

Mientras tengas resentimientos y odios, será imposible ser feliz. Lo maravilloso del perdón no es que libera al otro de su eventual culpa, sino que te libera a ti de un sufrimiento.

8.- Dar

Uno de los verdaderos secretos para ser feliz es aprender a dar, sin esperar nada a cambio. Las leyes de la energía te devolverán con creces lo que des. Si das odio, recibirás odio, pero si das amor, recibirás invariablemente amor. Solo el que aprende a dar está en camino descubrir la verdadera felicidad.

9.- Las Relaciones

La sinergia es unir fuerzas y caminar juntos para conseguir cosas. Siempre que dos o más personas se unen en un espíritu de colaboración y respeto, la sinergia se manifiesta en forma natural. Entiende a las personas que te rodean, quiere a tus amigos como son, sin intentar cambiarlos, porque cuando te sientas mal, el verdadero amigo estará allí para apoyarte y brindarte todo su amor. Así que cultiva tus amistades, ellas nos son gratis!. La amistad, al igual que la mayoría de los sentimientos, debe fluir de manera natural.

10.- La Fe

La fe crea confianza, nos da paz mental y libera al alma de sus dudas, las preocupaciones, la ansiedad y el miedo. Pero no te asustes cuando dudes, pues bien decía Miguel de Unamuno: "Fe que no duda es fe muerta". Dicen que el hombre llega a ser sabio cuando aprende a reír de si mismo. Ríe, ríe alegremente... y el mundo reirá contigo.


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miércoles, 28 de enero de 2009

LA PIEL, UNA FRONTERA ENTRE LAS ALMAS!



Una de las carencias que me ha costado más identificar y enmendar ha sido el placer del tacto. Provengo de una familia poco dada a la expresión mediante el tacto. Supongo que, tras esa carencia, hay tabús culturales y afectivos encubiertos. Hoy, casi cuarenta años después, he sabido superar esa carencia y para mí el tacto empieza a ser un reto personal, algo maravilloso, sutil y amoroso, como siempre lo hubiera tenido que ser en mi historia. Actualmente hablo con frecuencia de la "piel" y, más aún, la expresión de mis intensos sentimientos me hace considerar a la piel como una frontera entre las personas que se quieren. Más allá de la tópica, lamentable y real separación por el color de la piel en nuestro insano mundo, para mí la piel separa las almas! Efectivamente, cuando las palabras no bastan para expresar un gran sentimiento, basta un silencio, una mirada o una caricia compartida! Con el tiempo y tesón, he aprendido a no avergonzarme por desear "tocar", y a menudo reclamo para mí -y para el otro- el más eficaz remedio de abrazarnos tiernamente. Lo aprendí cuando nació mi hijita, con quien desde bebé, comparto abrazos cariñosos a los que amorosamente llamamos "achuchones". Y es que esos "acuhuchones", en ciertos momentos, me hacen sentir vivo, presente, cercano y, sobre todo, transmiten emociones intensas, dificilmente expresables con palabras. Para mí hoy, a pesar de mi ganada y merecida fama de charlatán, una mirada, un abrazo y un silencio compartido es lo máximo que puedo desear compartir con alguien a quien realmente quiero. Es entonces cuando veo -y siento- la propia piel y las palabras vacías como limitaciones de la esencia de la persona y de sus puros sentimientos. Así, cuando amo realmente a alguien, la frontera de la piel me invita a invadirla, a franquearla... para fundirme con esa persona amada en un apasionado y tierno abrazo bajo su piel! Porque, tabús culturales, religiosos y sociales aparte, ¿no es el deseo una expresión exclusiva, espontánea y selectiva hacia alguien que de verdad amas? ¿No es una caricia inocente y tierna la mejor comunión entre dos almas? ¿Una caricia no es la única manera de dar energía positiva a quien la recibe y tal vez necesita, a la vez que incrementarla a quien la ofrece?

Aquí tienes un artículo sobre el tacto, como mejor expresión de las emociones y los sentimientos. Disfrútalo.

La energía del tacto

El tacto es la forma de comunicación primaria del ser humano. Sin embargo, en la sociedad actual, el tocar no está siempre bien visto. Recuperar este instinto natural puede ayudarnos a vivir mejor nuestras relaciones

La Vanguardia, 24/01/2009

"Cuando siento algo, quiero cogerte la mano". Ya lo cantaban los Beatles en el año 1963 ("When I´ll feel that something, I want to hold your hand"). Una letra sencilla, una música pegadiza y, sobre todo, una gran verdad. El tacto es una forma directa, inmediata y espontánea de expresar nuestras emociones y nuestros sentimientos.

Los espacios vitales

¿Por qué nos incomoda cuando hay gente que nos roza en el metro o en el ascensor? Edward Hall, profesor de antropología de la Northwestern University, publicó en los años sesenta unos trabajos de investigación sobre el concepto del espacio personal. Fijó unas distancias de base, mediante las cuales "el hombre estructura el microespacio" y que varían según las distintas culturas.

Cuando nacemos, el tacto es la guía que nos introduce en el mundo. La sensibilidad táctil es el primer sentido que entra en funcionamiento, la forma de comunicación más básica y primitiva. El feto ya responde a las vibraciones del corazón de la madre. El bebé recién nacido explora mediante el tacto; es así como descubre dónde termina su propio cuerpo y empieza el mundo exterior.

El ser humano posee unos cinco millones de terminaciones nerviosas repartidas en dos metros cuadrados de piel, que nos mantienen en contacto con el entorno y nos proporcionan información. De alguna manera, la piel es nuestro órgano emocional más importante y el más extenso. Los labios, el dedo índice y el pulgar ocupan una parte considerable del espacio cerebral. El área preparada para percibir y procesar el tacto es de las más grandes del cerebro. Desde la antigüedad existen escritos que revelan que los chinos ya conocían las propiedades del tacto y el masaje en el año 3.000 a.C. Fueron los primeros, pero no los únicos: helenos, egipcios, romanos e hindúes desarrollaron, a su manera, diferentes técnicas que explicaban cómo emplear este instinto hasta convertirlo en arte.

Tocar no sólo es algo natural, sino que es una práctica beneficiosa. "Según lo que hemos podido comprobar, cuando conseguimos una mejor intimidad física, logramos también mejores relaciones, tanto sea en una pareja, como un niño con su madre", sostiene Tiffany Field, del Touch Research Institute de la Universidad de Miami, en una entrevista telefónica. Sus investigaciones han demostrado que la sensación táctil, como por ejemplo la que se transmite con un masaje, produce numerosos efectos positivos. Mediante esta estimulación, el bebé aumenta su habilidad general y su capacidad de aprendizaje.

Los niños prematuros ganan peso; en los adultos, se potencia la concentración; se alivian los síntomas de depresión; se reduce el dolor y el estrés hormonal y se mejora la función inmunitaria. James Coan, profesor de psicología en la Universidad de Virginia, que ha estudiado las implicaciones del contacto humano con la resonancia magnética, ha descubierto que "cuando cogemos la mano de no importa qué persona, nuestro cerebro reduce la producción de las hormonas del estrés, al mismo tiempo que disminuye la actividad de las regiones cerebrales que reaccionan ante el miedo", explica.

"Un apretón de manos relaja el cuerpo. Y si sostenemos la mano de un ser querido, nos sentiremos más protegidos frente al peligro y notaremos un alivio inmediato", asegura. A través del tacto se activan las endorfinas, con los abrazos se segrega oxitocina y ambas sustancias causan en nuestro organismo sensación de bienestar.

Sin embargo, en nuestra cultura, lo visual se impone sobre lo táctil, hasta el punto de que menospreciamos su poder comunicativo. Crecemos aprendiendo a no tocar ("no toques esto", "deja de tocar al señor"). La sociedad condiciona qué partes del cuerpo podemos rozar y las que no. Creamos un espacio infranqueable alrededor de nuestro cuerpo que inhibe la experiencia táctil. Phyllis K. Davis, en un libro muy conocido, 'El poder del tacto' (Paidós Ed.), habla del síndrome Phecia. Consiste en asociar el comportamiento táctil con el sexual, en particular con la promiscuidad, la homosexualidad, el complejo de Edipo, el incesto y el adulterio.

Ashley Montagu, el máximo estudioso científico sobre el tema del tacto, denunciaba hace años en sus libros (entre los cuales destaca 'El tacto: la importancia de la piel en las relaciones humanas', Ed. Paidos) este fenómeno: "Hemos producido una raza de intocables. Nos hemos vuelto extraños unos para con otros. La capacidad del hombre occidental para relacionarse con sus prójimos ha quedado muy atrás respecto a su habilidad para conversar con las computadoras, comunicarse con los coches y hablar con los juguetes".

En España tenemos la reputación de ser una sociedad más proclive al contacto físico. Sin embargo, en parte estamos perdiendo esta costumbre. "Eramos una cultura más tocona, pero nos estamos volviendo más individualistas. La ética católica es más propensa al contacto y al amor al prójimo que la protestante. Pero hoy somos menos católicos, más urbanos y nos tocamos menos", afirma el psicoterapeuta Luis Muiño. Fernando Villadangos, psicólogo y presidente de la sociedad de sexología Al-Garaia de Granada, reconoce: "Hoy tocamos con más miedo. Está avanzando una cultura restrictiva y por lo general falta educación sexual. En los años 80-90 había menos limitaciones respecto a las que hay ahora".

Por supuesto, el factor cultural tiene un peso relevante cuando se habla de comunicación táctil. El supuesto desencuentro que tuvieron hace unos meses el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller de Alemania, Angela Merkel (en el que ella se quejaba de su exuberancia… táctil) es un clásico caso desencuentro cultural. Hay muchas diferencias entre países.

En Francia, es habitual saludarse con tres besos. En Italia, nunca se besa a un desconocido, pero en cambio es frecuente besarse y abrazarse entre conocidos del mismo sexo. En Japón está prohibido tocar la nuca a una chica, mientras que en Fiji es tabú rozar el cabello. En los países árabes, el contacto entre hombres está admitido y suele ser muy cálido, mientras que una pareja de novios no puede besarse en la calle. Francisco Merino, director de la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid, recuerda que cuando personas de cultura diferente se encuentran "existen normas escritas".

En su opinión, "quién hace el primer gesto es el que manda y es quien decide cómo se han de saludar: si al comienzo da la mano o si ofrece la mejilla, por ejemplo. Ahí tendremos una pista". Merino explica que "entre los altos mandatarios, la regla es que cada uno se adapte a los rituales del país adonde va, aunque entre los políticos que tienen cierta confianza es frecuente coger el brazo".

Cuando el rechazo al contacto físico no se funda en razones culturales, sino que se convierte en un rechazo sistemático, entonces puede haber repercusiones negativas para nuestro ser. Estudios demuestran que quienes durante su infancia no recibieron caricias de sus padres son más proclives a mostrar dificultades para dar o recibir afecto, a mantener una postura corporal rígida y tienen limitaciones para expresar su emotividad. Como consecuencia de esta carencia, estos sujetos manifiestan una tendencia a evitar el contacto físico con los demás y lo ven como algo inapropiado. En sus obras, Montagu alerta de que "una experiencia táctil inadecuada tendrá como consecuencia una incapacidad para relacionarse con los demás en muchos aspectos humanos fundamentales".

No obstante, esta rigidez táctil que puede registrarse en ciertas personas o en determinadas culturas, se basa en gran parte en un malentendido. El tacto no tiene por qué ser necesariamente sinónimo de intención o deseo sexual. Asimismo, el contacto corporal puede simplemente indicar un rol o un estatus, expresar un afecto inocente o constituir un soporte emotivo.

Flora Davis, autora de un libro de referencia en la materia, La comunicación no verbal (Alianza Ed.), sostiene que "el acto de tocar puede comunicar más amor en cinco segundos que las palabras en cinco minutos. Abrazar a alguien que ha tenido un mal día puede ser más curativo y reconfortante que todas las palabras que seamos capaces de articular". Según Mark Knapp, profesor de la Universidad de Texas y experto en comunicación no verbal, "el tacto desempeña un papel de entusiasmo, de expresión de ternura, de apoyo afectivo".

Naturalmente dependerá de la parte del cuerpo involucrada en el gesto, del tiempo del contacto, de la fuerza, del modo de tocar, de la frecuencia del toque. Por ejemplo, no es lo mismo apretar la mano, tocar un brazo o ir de la mano. Villadangos relata algún caso emblemático que ha tratado en su consulta. "Una persona que acababa de sufrir un luto aguantaba su dolor ocultándolo a los demás. Bastó una simple palmadita en el hombro para que ésta empezara a llorar y desahogara lo que llevaba dentro. El tacto también puede causar una potente reacción liberatoria".

Por suerte, hay personas que pese a los vínculos sociales a los que están sometidos tanto por cultura, como por religión, miedo o educación, no quieren renunciar al contacto físico. De hecho, ante la fuerte demanda, se han desarrollado en los últimos años algunos cursos de abrazoterapia, que tienen como objetivo redescubrir los beneficios para el cuerpo y la mente de un contacto físico prolongado.

Cristina Corbella dirige un taller de caricias desde hace más de veinte años. "Nos dimos cuenta de que las palabras quedaban cortas. Yo creo que el cuadro ha empeorado en nuestro país, esencialmente por la influencia que viene de los países anglosajones", asegura. Aun así, Corbella cree que es posible corregir el rumbo y reivindica el papel del tacto en las relaciones sociales.

"Es consolatorio, curativo, da seguridad. El contacto físico es una forma directa honesta y amigable de comunicación: lo que se presiente se transmite de forma inmediata. A veces hay mensajes que sólo pueden llegan de esta manera, con una simple caricia". Según Villadangos, "hay que redescubrir lo bueno de tocarse en el seno de la pareja. En una palabra, la ternura. Es algo que necesitamos todos, porque lo antinatural es controlar el propio cuerpo".

Incluso se habla del fenómeno del "hambre de piel", que se refiere al deseo de ser tocado, a la necesidad profunda de contacto físico. Como apuntaba el antropólogo Paul Byers, tal vez los que más sufren esta carencia son las personas mayores, quizás los menos tocados de la sociedad. Inténtelo: porque si una imagen vale más que mil palabras, una caricia, más que mil imágenes.


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