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miércoles, 29 de septiembre de 2010

EL OTOÑO DESNUDO



Atrás quedó el verano! Hace unos días, en el Hemisferio Norte, ha comenzado el otoño. Una estación que presagia la desnudez de los árboles, el inicio del desapacible frío, las primeras nevadas... la antesala del invierno! Y como las demás estaciones del año, el otoño se va despacio, sin hacer apenas ruido... como lo hace todo en nuestro Universo! Lo nuevo que trae consigo lo hace con pequeños cambios cotidianos que configuran, día a día, la nueva estación que llega. Cambios sutiles, casi imperceptibles, que solo pueden ser captados por un corazón inquieto o un alma bien despierta. Colores que, hora a hora, pasan del pardo al amarillo y de éste al rojo... hasta que, con la llegada del frio, las hojas de los árboles caigan al suelo y formen ese tapiz multicolor que protege a la tierra de las inclemencias del tiempo, al tiempo que la nutren!

Solo el ser humano ansía celebrar todo lo nuevo, lo diferente, lo innovador en su vida, aunque no sepa su sentido! Celebramos el nacimiento, la mayoría de edad, la unión de la pareja, la muerte! La Naturaleza, mientras, se conforma con su silencioso devenir y con el sentido que, en su sino imperturbale y eterno, tiene su pausado movimiento! Porque en ella -como en nuestra propia vida- todo fluye y dura lo que tiene que durar! ¿Celebramos un rayo o un trueno, en una noche de tempestad? ¿Celebramos la llegada de cada nueva ola a la playa? ¿Celebramos ese primer rayo de sol matinal en nuestra retina? Parece ser que solo pretendemos celebrar lo que dura en el tiempo, lo que tiene nombre, lo que creemos merece ser recordado... y obviamos otras tantas cosas bellas que acontecen en nuestro día a día, en silencio, tal vez incluso a distancia! Celebramos un abrazo tras una ausencia prolongada, un beso cuando es el primero, un apretón de manos para celebrar un presunto y próspero negocio... pero olvidamos -demasiado a menudo- miles de gestos, de ínfimos detalles que inundan nuestra vida y le dan color!

Y, seguramente, estos aparentemente insignificantes detalles que nos rodean podrían hacernos valorar más la vida, evitar la rutina y buscar ese algo para celebrar y sentirnos bien, repitiéndolo cada día! Mirar no es ver, como apreciar no es solo saber! Ver es sorprenderse y ser consciente de lo que pasa alrededor nuestro, por ínfimo que ésto sea. Ver es captar esa mueca disimulada, esa palabra silenciada, descubrir en cualquier instante o lugar algo que nos sorprenda! Y apreciar es darle valor a todo eso que parece no tener valor para nosotros, como un guiño, un tic o un ademán de alguien cercano a nosotros o esa pequeña luz de una vela que alumbra todo un cuarto a oscuras! Ver y apreciar, entonces, se convierten en un arte y nos permiten admirar lo que conocemos y lo que desconocemos de nuestra vida! Admirar es saber ver la belleza en cada persona, en cada momento y en cada rincón de nuestro mundo! Y saber que hay Algo detrás de cada detalle, que todo tiene su propio sentido y es capaz de sobrecojernos, de emocionarnos... y de hacernos sentir -por fin- bien vivos!

Reflexiona por un instante en los miles de detalles que se escapan a tu vista, a tu conocimiento, a tu sabiduría. Todo eso e incluso lo que no ves ni eres consciente de haber vivido, conforman, de igual modo, nuestro día a día! Puedes probar de almacenarlo en tu memoria, pero bastarán unos años para que ésta falle y apenas seas capaz de reconocer lo visto y vivido! Entonces ¿por qué tanto alboroto por lo mal vivido, lo sufrido? Si, como lo agradable, se diluirá en el tiempo, dejando solo la presencia del sentimiento que provocó! Así, el otoño no es más que esa presencia pasada que se deshoja, hoja a hoja... hasta dejar desnudo y esencial el tronco y sus ramas desarboladas, tu sentimiento. Pero, en su interior, sigue la vida... hasta que, desde la desnudez integral del próximo invierno, nazcan los nuevos brotes primaverales de hojas jovenes, verdes y recias! No te lamentes, esa desnudez otoñal y pasajera de los árboles -como todo en la Naturaleza- tiene su sentido, es necesaria y no durará siempre! Desnudo el tronco -o el sentimiento-, desaparece lo supérfluo y solo queda la verdadera esencia! Admira el tronco quizás retorcido y añejo, recuéstate en él, porque en su interior -tu corazón- aún hay vida... Disfruta de los cambiantes colores otoñales, saborea el frío de la mañana, observa el movimiento constante de las nubes, mójate bajo el chaparrón imprevisto, pisa el primer manto de nieve que te encuentres... y piensa -o mejor, siente- que la calidez, el color y la belleza en tu vida la pones tú, a tu propio paso, en silencio y siempre que seas capaz de admirar lo esencial, que te rodea y te conmueve... y darle su propio sentido!

viernes, 20 de marzo de 2009

CONMIGOMISMO



Sé que, a veces, cuesta. Como sé también que demasiadas cosas y circunstancias ocupan nuestra mente, cotidianamente. Pero, como tú mismo, siempre que encuentro un momento para estar conmigo, me descubro tranquilo, en paz conmigo mismo. Cuesta, ya lo sé. Cuesta olvidar lo que me ocupa el cada día, la crisis actual, los sinsabores de la vida, los recuerdos mal vividos, todo lo que está ausente en mi vida, los desmanes de las gentes que me acompañan. Pero es dentro donde encuentro a mi Dios, mi ser esencial y mi esperanza... lejos del mundanal ruido, del ensordecedor egoísmo que me rodea.

Para estar conmigo solo me necesito a mí, en silencio, quizás en la Naturaleza o teniendo un papel blanco en mis manos. Es toda la compañía que requiero para saber que estoy conmigo mismo. En esos momentos me siento vivo, generoso, fuerte y acompañado por quien, aún en la distancia, siento que me quiere en silencio, pero intensamente, como yo le quiero. Es en esos momentos en que uno se siente parte del Universo, ese que, también silenciosamente, nos acoje y nos protege, nos exalta y nos engrandece.

Nunca lejos, siempre dentro y desde dentro. Cerca, muy cerca, en mi interior. Donde nace mi vida, mi anhelo, mi fortaleza y mi esperanza en ti, persona que quiero. No me hacen falta más que señales de tu existencia y oír esa voz apagada que, minuto a minuto, me habla de ti, conciencia. Cerca, muy cerca, dentro mío.

Yo, conmigo, conmigo mismo... compartiendo eso que intento explicarte aquí con palabras vacías y limitadas. Eso que solo soy capaz de sentir estando conmigomismo y con quien me quiere, me acepta, me requiere y sabe quererme, en silencio!

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lunes, 23 de febrero de 2009

EL MILAGRO DE SER UNO MÁS! (1ª PARTE)



Esta vez te invito a leer un interesante texto que me manda una amiga y que proviene de una amiga, aunque está escrito por un amigo, etc. etc. Bromas aparte, este escrito, aunque un tanto complejo, explica nuestra trascendencia como seres humanos y, a la vez, espirituales. Quizás te parecerá un tanto espeso, pero intentar explicar esto no es tarea fácil. Ser individual, frente al ser global. Apasionante tema. Habla de ser uno más, como contraste del ser individual que impone el dañino Ego. Eso nos permite involucrarnos unos con otros, eliminar las diferencias del tipo que sean y "ser todos hijos de Dios", como preconiza la religión. Aparentemente, es un provocador contraste ante la llamada de la singularidad que promueve el Zen, en la que se afirma que cada individuo es, en sí, singular e irrepetible... soberano frente a su propio destino. Lo uno no entra en conflicto con lo otro. Formar parte del Cosmos (y todo lo que éste contiene) no niega necesariamente el protagonismo de cada uno frente a su vida, es más, lo complementa. Cada uno de nosotros es un ente individual, específico y necesario que forma parte del Universo global, a la vez que éste no sería tal sin la existencia de cada uno de nosotros, por insignificante que creamos ser.

El mencionado texto, por su extensión, lo he dividido en dos partes. La primera la tienes aquí, la segunda la podrás leer mañana.


El milagro de ser uno más

Las grandes tradiciones místicas tienen en común el conocimiento, de que sólo hay un Ser, una única conciencia. Y que todo lo que existe, todo lo que percibimos, son formas diferentes de ese único Ser. Dicho de otra manera, cada uno de nosotros es el mismo Ser con una forma distinta: Ser – forma.

Cada Ser–forma es único, y está condicionado por su nivel de evolución. Nivel configurado por las características de su forma (con sus cualidades y limitaciones); por el conocimiento de su entorno, de los otros y de él mismo; por la capacidad de manejarse con su naturaleza (instintos, emociones, mente); y en un lugar preferente, por la capacidad de su conciencia de abarcar e identificarse con la mayor cantidad de formas que componen la existencia (Kosmos). Que, en un despliegue horizontal, parte de uno mismo (egocéntrico); siguiendo con la familia, nación, raza, credo, etc. (etnocéntrico); hasta abarcar toda la humanidad, la naturaleza, la totalidad del planeta (mundicéntrico); y al mismo universo. Y, en un despliegue vertical, desde lo más denso hasta lo más sutil o espiritual.

Cada paso evolutivo conlleva multitud de procesos y es casi imposible precisar los que son necesarios para cada individuo, dada la complejidad de inteligencias que se dan en cada ser humano. Por ejemplo; se puede tener un desarrollo alto en la inteligencia operacional y muy pobre en la emocional.

Sólo nos podemos poner en la piel del otro o entender lo que hay tras su mirada, si hemos pasado por su nivel. Por el contrario, no nos es posible intuir ni ponernos en la piel de alguien que haya transcendido el nuestro.

Por ejemplo; un adolescente puede ponerse en la piel de un niño y hasta ver, en si mismo, algunos impulsos todavía infantiles, pero no tiene la potestad de ver sus actitudes de adolescente. Tampoco un niño puede entender la mente de un adolescente, con sus anhelos y contradicciones, ni calificar sus propios actos como infantiles. Y evidentemente, ni un niño, ni un adolescente, pueden ponerse en la piel, ni entender el mundo que hay, tras la mirada de sus padres.

Pretender que los otros respondan o tengan una actitud diferente a su nivel de evolución o visión, es solo producto de nuestra ignorancia. Al igual, que si los demás pretenden lo mismo de nosotros.

¿Como actuar desde esta comprensión? En primer lugar con un gran respeto con ese otro, que es ni más ni menos, que el Ser. Tener en cuenta sus cualidades y ser prudente ante sus limitaciones. Lo mismo, dicho de paso, es lo adecuado con uno mismo.

Por último, además de ser, ese único Ser y de tener una forma única, somos simplemente, uno más. Descubrir que se es, esa única conciencia (el Buda, el Cristo, el Yo Superior, el Testigo, el Simurg, etc.), es un altísimo logro. Aprender a manejarnos con las limitaciones, y vivir la vida con pasión, desplegando nuestras cualidades, también lo es. Pero no será suficiente, si no logramos contemplar a los otros y a todo lo existente, sintiéndonos realmente como uno más. Simplemente, una forma más.

A nuestros pesados y siempre hambrientos egos, no les gusta ser uno más. Y menos todavía, cuanto más importante creemos o es, nuestro rol, o brillante, nuestro traje social. Independientemente de que se relacione con el poder o con lo espiritual. Por eso, es el último paso del místico, pues ningún maestro espiritual puede decir, que ha traspasado la vanidad, si no ha caído en la cuenta, de que es uno más, es decir, sin no ha descubierto la simplicidad que siempre ha sido y siempre será.

Desde Adán hasta Juan el Bautista, no ha habido, entre los nacidos de mujer, nadie más elevado que Juan el Bautista, tanto que sus ojos no serán destruidos. Pero yo he dicho (Jesús): "Aquel de entre vosotros que se haga pequeño conocerá el Reino y será más elevado que Juan".

(Evangelio de Tomás)
CONTINUARÁ...

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