miércoles, 29 de julio de 2009

25 AÑOS DE FECUNDACIÓN IN VITRO



Estos días se celebran los 25 años de la primera fecundación in vitro en España. Y, como suele pasar, llega a mí este tema en un momento especialmente indicado, por motivos personales. Llevo unos meses -voy a intentar creer que es una simple casualidad- dándole vueltas al tema de la paternidad. Tener un nuevo hijo. Reconozco que estoy en una época sensible con respecto a este tema, pues -contra todo pronóstico en un hombre de mi edad y condición- me encantaría tener un nuevo hijo y compartir el precioso don del amor a través de la paternidad compartida con una verdadera mujer, madre, amiga y amante que sintiera lo mismo que yo ahora.

Pero este artículo sobre la fecundación asistida me hace pensar en cómo llegan a nosotros actualmente los nuevos hijos. Más allá de la cigüeña de París, los hijos llegan hoy a nosotros de diferentes formas. Unos, engendrados biológicamente; otros adoptados; otros heredados de anteriores relaciones de nuestra actual pareja; algunos otros asistidos médicamente, etc. Qué más da, son siempre hijos! Es curioso como, a medida que avanza nuestra vida y maduramos, los límites de las cosas se ensanchan y nos permitimos más riqueza en nuestra vida y sus percepciones! En un momento dado, cuando somos jovenes y aún vemos el mundo en blanco y negro, un hijo es un símbolo de posesión y perpetuación de nuestra pareja exclusiva y el niño nuestro es un simple vehículo de nuestro ego perpetuado y del breve paso por esta vida! Un hijo es, entonces, como una simple huella nuestra y un ensayo de lo que querríamos haber sido y tenido en nuestra propia vida! Pero, hoy, yo percibo un hijo como algo cuyo fin es él mismo, venga de donde venga y que me permite amarle pura e incondicionalmente y crecer, conectándome con mi alma infantil mientras yo intento darle algunas instrucciones para que no salga demasiado mal parado en este loco mundo, o al menos que aprenda de ello!

Seguramente la paternidad se basa en nuestra falta de preparación para ser nosotros mismos, para ser padres y, como consecuencia, para asumir la importante responsabilidad que todo ello significa. A pesar de la trascendencia que tiene ese paso decisivo de la paternidad en la vida, nadie exije que seamos perfectos padres o que hagamos lo imposible por evitar los errores de nuestro hijo! En una palabra, requiere mucho amor... y del bueno, a uno mismo, al otro y al propio hijo! Y eso, como suelo insistir ultimamente, significa perder el miedo ante lo desconocido, en este caso evidente, nuestro propio hijo! Amar significa, entre otras cosas, confiar en nosotros mismos, en los demás y en la propia vida! Temer, por lo contrario, significa desconfiar, intentar planificar para aminorar el riesgo, mirar de evitar el fracaso, preocuparse innecesariamente, entre otros malos hábitos adquiridos a partir del miedo omnipresente de nuestra vida.

Frente al amor no hay lecciones, ni ego trascendido de los padres, ni manuales para saber lo que necesita y siente nuestro querido hijo, ni tan siquiera intentar leer las pistas dadas por su procedencia, personalidad y edad del nuevo habitante de nuestra vida. El amor y la intuición -poderoda arma del alma- bastan para considerar un hijo por lo que es en sí y educarlo para ser quien y tal como es! Y eso significa crear de la nada un nuevo ser -mitad humano y mitad divino- que, más que haber nacido necesariamente del amor de una pareja (lo que en muchos casos es incierto, lamentablemente), vive y deberá aprender por sí mismo a vivir amando la vida y todo lo que ella contiene! Desgraciadamente, mientras a muchos nos cuidaron cariñosamente como niños, nos alimentaron debidamente y nos educaron a ser los mejores -es decir, a no ser tanto nosotros mismos- lo que estaban involuntaria e inconscientemente creando eran niños temerosos de Dios, de sus padres o de la misma sociedad, lo que significó que muchos de nosotros residiéramos permanentemente en el miedo -y en la culpa- a nosotros mismos, a los demás y a la vida! Y algunos de aquellos aún estamos intentado perdonárnoslo por haberlo permitido y para retomar el amor en nuestra vida!

Así, amar de verdad a un nuevo hijo no es más que enseñarle con nuestro propio ejemplo a amarse, a amar a los demás y a la propia vida! O sea, a cambiar el miedo a él mismo, a los demás y a la propia vida... por el verdadero amor que necesita -y que debe ver- en nosotros sus fortuitos padres para ser feliz!

Aquí tienes un artículo que habla de la fecundación in vitro y de su primera protagonista en España, hace ya 25 años. Extrae tus propias conclusiones...

25 AÑOS DE FECUNDACIÓN IN VITRO "Mi madre me lo contó sin cigüeña"

VICTORIA-ANNA SÁNCHEZ PEREA LA VANGUARDIA. Barcelona 10/07/2009.

Yo nací en 1984. En plena década de los 80. Años de grandes artistas musicales, de "la movida madrileña", de cuando Bono de U2 todavía llevaba melena. Época de Naranjito, del 23F, de los videojuegos en color verde diseñados en 2D, de los primeros Windows… De la primera fecundación in vitro en España, una noticia positiva que llevo 25 años viviendo en primera persona. Hoy en día esta técnica es conocida por la gran mayoría y quién más quién menos conoce a parejas que han recurrido ella o a técnicas parecidas para ser papás. Me imagino que en aquél momento, la situación era distinta. La fecundación in vitro era algo nuevo, pionero que podía verse como una cosa "rara" y generar, incluso, recelos. Supongo que por desconfianza, desconocimiento o miedo a conocer, pero justamente son esas cosas las que en muchas ocasiones no nos permiten avanzar.

HEMEROTECA

"Hoy, doce de julio, en el Instituto Dexeus, ha nacido el primer niño español conseguido por fecundación 'in vitro" Estas eran las palabras textuales del parte médico que anunciaba el nacimiento de una niña concebida fuera del útero de la madre, gracias al doctor Pere Barri y su equipo".

Yo desde pequeña sé lo que es y lo que significa la fecundación in vitro. Mi madre me lo contó de forma esquemática pero sin cigüeña de por medio. Desde que yo pueda recordar, siempre he tenido clara una idea: que unían en el laboratorio lo de papá con lo de mamá, que luego todo volvía a la barriga de mamá y que al cabo de 9 meses nacía un bebé como cualquier otro. Tampoco lo vi tan "raro" y no acababa de entender por qué tenía tanta importancia aquello del laboratorio. En ningún momento me sentí una niña "especial", como muchos me preguntan, la única diferencia fue que conmigo tuvieron que hacer un paso intermedio más que con los demás.

Actualmente la investigación médica y sus avances son un tema de debate permanente en nuestra sociedad. También lo son las técnicas de reproducción asistida, que siguen estando a la orden del día. Me llama la atención que cada vez que hay algún descubrimiento o éxito médico, expertos y no tan expertos, religiosos y medios en general lo discuten. Me parece un ejercicio de lo más sano y necesario para informar y hacer reflexionar a la sociedad.

Creo que toda investigación es lícita si tiene un objetivo concreto y beneficioso para la sociedad empezando por tener en primer lugar, unos límites marcados por quienes trabajan en ello: los médicos, biólogos y científicos, sobretodo, serios. Ellos son quienes conocen y tratan en su día a día con las enfermedades que intentan combatir. Me parece un trabajo muy bonito y generoso, ya que de sus horas en los laboratorios y de los frutos de sus investigaciones se beneficiarán muchísimas personas a las cuales nunca conocerán.

La ciencia es algo que nos pertenece a todos porque somos los propios hombres quienes la hacemos avanzar y hay que valorar el esfuerzo de los investigadores. Si los resultados de sus investigaciones nos pertenecen a todos y nos mejoran la vida, no sé qué inconveniente hay en disfrutar de ello.

Las técnicas de reproducción asistida son uno más de estos temas. Yo, evidentemente, estoy a favor del estudio y del uso de estas técnicas. A veces me preguntan qué opino sobre la relación entre Ciencia e Iglesia o qué opinión me merece la posición católica ante la fecundación in vitro. Para empezar, si mis padres fueran de esa opinión, yo no estaría aquí. Respeto muchísimo todas las opiniones en torno a este tema pero creo que Ciencia e Iglesia no se encontrarán nunca de acuerdo, cada una realiza su función.

¿Les diríamos a unos padres de una pequeña con diabetes que su hija tiene que convivir de por vida con esa enfermedad porque no podemos buscar la solución investigando con células madre? No lo veo muy lógico hacer sufrir a alguien pudiendo algún día curarlo. Pienso que una cosa son los sentimientos o creencias que pueda tener una persona en su intimidad y otra bien distinta las imposiciones que vienen desde el órgano de la Iglesia.

Referente a la fecundación in vitro y a las técnicas de reproducción asistida, supongo que la posición que declara la Iglesia es la de que hay que respetar la voluntad "divina" y que si tienes algún problema para tener hijos es lo que toca. En cambio yo pienso que no hay un amor más grande ni una ilusión mayor que la de aquellas parejas que desean tener hijos y no pueden. Y ante eso, creo que toda voluntad "divina" queda pequeña.

Mis padres han vivido toda esta historia con una normalidad absoluta y nunca se han sentido en contradicción con sus sentimientos ni han sentido que vayan en contra de una voluntad "divina". Ellos tenían un deseo y un gran amor por dar, fueron valientes y consiguieron ser papás, creo que no hay nada que reprochar, ni desde el punto de vista católico.

Los inconvenientes que nos haya podido traer todo esto son mínimos, casi todo es positivo. Recibes el afecto de mucha gente que casi no te conoce pero que para ellos eres alguien de referencia. Para muchos papás significamos una noticia esperanzadora en la que ellos deseaban verse reflejados como un ejemplo en la superación de sus problemas y yo estoy muy orgullosa de representar algo así. En momentos puntuales recibimos cierta atención mediática que nos incomoda porque ni estamos acostumbrados ni queremos estarlo, pero es una noticia positiva que por qué no hay que celebrar, eso sí, sólo puntualmente.

Además compartimos esa alegría con mucha más gente. Para empezar, con la bióloga Anna Veiga y el doctor Pere Barri. Tengo una relación personal con ellos en la que seguimos estando muy en contacto a pesar de los años. Se han convertido en alguien más de la familia por lo que significan para mis padres y para mí. Está claro que sin el trabajo de su equipo y de todo el personal de la clínica que en su día atendió a mis padres, no estaría yo aquí. Su figura me despierta sobretodo, admiración. Por la capacidad de sacrificio y del esfuerzo que ponen en su trabajo y por creer que investigando se pueden encontrar solución a grandes problemas.

Así que ¡gracias a ellos!, ¡gracias a mis papis! Y ¡felicidades a todos!

VICTORIA-ANNA SÁNCHEZ PEREA
Primera persona concebida en España por fecundación in vitro


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