lunes, 28 de diciembre de 2009

LA VIDA NO ES TAN SERIA COMO PARECE... SIENTO LLEVARTE LA CONTRARIA!



Hoy en España se celebra el día de los Santos Inocentes! Es un día en que la tradición nos invita a bromear sobre la vida, colgando monigotes de papel en los demás o haciendo bromas e inventando situaciones grotescas. Y es que la vida, tal como ésta sea para cada uno de nosotros ahora, no es más que un tránsito -largo o corto- para aprender y para vivirla intensamente con una sonrisa en el rostro. El aprendizaje es -o debería ser- algo entretenido, divertido si cabe, tanto para los niños en edad escolar, como para nosotros, los presuntamente formados adultos.

La sociedad y sus instituciones políticas, eclesiásticas y empresas se basan en la seriedad... o lo que es lo mismo, el miedo impuesto a sus ciudadanos, feligreses y empleados, pues es el mejor remedio para propiciar el órden, la disciplina y evitar los desvaríos personales. Pero, debemos recordar que tras la seriedad está el miedo. El miedo a pensar por uno mismo, a ser singular, a manifestar lo que uno siente...

Ni que decir tiene que la sonrisa desaparece bajo la máscara del miedo. Es lo primero que se pierde! Si uno está atento, puede distinguir entre una risa falsa, nerviosa y vacía... y una sonrisa del alma, sincera, abierta y despreocupada! Las sonrisas sinceras escasean, porque la mayoría de gente hoy no cree tener suficientes razones para sonreir o reír. Mira sino la calle y cuántas gentes sonríen en ella mientras caminan... y qué lejos están de su alma sonriente y sosegada!

Cuando precisamente es una sonrisa lo que abre el corazón a los demás y es una sonrisa abierta y sincera lo que más une a dos personas. ¿Qué es lo primero que se pierde cuando dos personas abandonan su mútuo respeto, comprensión y amor? Sin duda, la sonrisa cómplice, la sonrisa tierna, cómplice y sincera que otorga la paz entre ambos seres humanos! ¿Qué mejor para compartir que una sonrisa franca o un abrazo tierno y en silencio? Es un atídoto contra la tristeza, la desilusión y la rutina!

Nunca he sido una persona de risas! Siempre se me ha conocido como una persona seria, responsable y razonable... lamentablemente! Quizás mi historia y mi errónea manera de gestionarla hasta hace poco, me hizo demasiado adulto antes de lo debido! Debí ser "mayor" antes de hora y me equivoqué pensando que eso me exigía ser serio y demostrarlo en mi hierático semblante de adulto! Pocos recuerdan en mi rostro de entonces una risa, aunque sí en algunos momentos, una sutil, tímida y sincera sonrisa. Con el tiempo, he aprendido a perpetuar esa sonrisa, pero para ello tuve que desembarazarme del miedo que invadía mi hasta entonces vida cargada de recuerdos propios y ajenos y de un pasado mal vivido! Hoy podría afirmar que, aún en la seriedad de una vida demasiado vivida ante los demás y lo externo, voy recuperando esa sutil sonrisa sincera en la que muchos ven esa paz interior que hoy intento que reine en mi vida! Pero mi sonrisa ya no es esa risa abortada -como lo fue en mi infancia breve y en mi juventud malograda- sino que hoy es el reflejo de un alma incipiente y sosegada que pugna cada día por iluminar mi vida!

Hace un tiempo una persona hoy amada me cautivó con su sincera y bella sonrisa. Fue en el primer minuto de nuestro encuentro cuando pude ver la paz en su mirada, cuando supe ver su alma sosegada ante mi presencia, cuando supe ver en ella su sonrisa y su presente y su futuro de amor... aquel que yo siempre había buscado y esperado compartir en mi vida! Y ella esbozó una sonrisa, pues se vió a sí misma en mi propia y sincera mirada! Hoy, lejos de mí e inmersa en los entresijos de su mente y de su propia vida, quiero creer que su sonrisa no ha desaparecido y que cada vez que está con ella misma y su alma, cuando contempla la luna, cuando lee mis escritos o cuando por su memoria acuden los recuerdos de un tiempo escaso pero intensamente compartido conmigo, piensa en mí, me siente muy cerca... y sus labios esbozan esa sincera sonrisa del alma, esa que me cautivó un ya demasiado lejano día! Yo, hoy desde la distancia, cuando no me distraigo con lo externo y supérfluo de mi cotidianidad, cuando busco lo que necesito para entender la vida, cuando profundizo en mi interior en busca de esa paz y ese amor callado y pleno -que ella potencia con su presencia-, mi mente recrea su sonriente semblante, mis labios dibujan esa misma sonrisa y la siento siempre cerca, en mi interior -donde seguramente siempre había estado hasta que la conocí- y, sin duda, coronará nuestro reencuentro, en cuanto nuestro miedo desaparezca. Compartir para siempre esa verdadera sonrisa amorosa es un privilegio entre dos seres humanos que se aman de verdad... aunque hoy sea aún en silencio!

Al fin y al cabo una sonrisa sincera del alma -como el mismo silencio- es dificilmente escamoteable, no puede simularse, ni -lamentablemente- contagiarse... nace cuando nace! Y dura para siempre! Y es que una sonrisa nos enseña a ver la vida como un simple tránsito hacia uno mismo y hacia la felicidad... sin preocupaciones, sin agobios, sin estrecheces, ni espectativas infundadas por la mente malsana! Basta con sentirnos bien, estar sanos y sentirnos alegres! Y esa es la mejor razón para sonreir y para compartir momentos únicos e irrepetibles con esas personas especiales que, con su sola presencia o ausencia, alegran nuestro corazón y lo abren a la esperanza de una nueva vida, menos seria y razonable, pero más propia, compartida y verdadera! Y recuerda que cuando -sin causa aparente- en tus labios se dibuja espontáneamente una sonrisa serena es que en tu interior sientes el verdadero amor! Busca siempre esa persona, ese momento o ese lugar singulares que hacen sonreir a tu alma!

Aquí un texto ilustrativo, una fábula que habla del aquí y del ahora, imprescindibles para olvidar el pasado y el futuro, para sentirte bien y poder sonreir a la vida -sean como sean tus circunstancias actuales- pero siempre desde la serenidad de un alma siempre presente, atenta y sonriente! Disfrútalo...

UN APACIBLE PASEO

El maestro y el discípulo paseaban por el campo al atardecer. de pronto el discípulo interrogó a su maestro:

- ¿Puedes instruirme en la verdad?
El maestro le preguntó:

-¿Escuchas el trino de los pájaros y el rumor del agua?

- Sí, maestro, los escucho - repuso el discípulo

Y el maestro dijo:

- Entonces no tengo nada que enseñarte!

Deja todo de lado y conéctate con el aquí y el ahora. La mente atenta y relajada, perceptiva y sosegada: Escucha el rumor del agua.

Aprecia el instante como si fuera el primero y el último. No quieras agarrarlo, ni retenerlo, ni pensarlo...porque entonces se escapará o se convertirá en un mero concepto!

Si estás atento y relajado, en este momento puedes vivir la vida en su totalidad!
No hay otra verdad que enseñar!


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