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miércoles, 19 de mayo de 2010

NO HAY DOS ROSAS IGUALES...

Solemos caer en el error de creer que todas las rosas son iguales...

Lo mismo creemos de las personas que se cruzan en nuestra vida, de las que generalizamos otorgándoles cualidades y defectos similares. Pero basta observar con atención a la Naturaleza para darnos cuenta de que no hay dos rosas iguales, ni dos mariposas, ni dos montañas, ni dos nubes iguales! Amar es respetar... y respetar es aceptar la diversidad, amar a cada uno por lo que es... con sus peculiaridades, con sus características singulares. Nadie sustituye a nadie, nadie es mejor ni peor que nadie... cada uno es lo que es!

Mira, si no, estas rosas, todas ellas de la misma especie de flor, pero cada una diferente a la otra, cada una singular, irrepetible y especial por ser como es... pero, a la vez, cada una necesaria en el Universo, formando un Todo insustituible y con un único sentido!

El amor nos permite ver la diferencia... mientras que el miedo nos la oculta...





martes, 24 de febrero de 2009

EL MILAGRO DE SER UNO MÁS! (Y 2ª PARTE)


Continuación y final del texto de ayer. Espero te guste.

El milagro de ser uno más (última parte)


Comprender que se es uno más es el medio de salir del individualismo patológico que enferma nuestra sociedad. Un individualismo que se manifiesta en muchas ocasiones como: todo vale, para manipular y engañar a los otros y conseguir mis intereses (materiales o egoicos). Esto es tan nefasto que el mismo Dante colocó en la Divina Comedia, en el peor de los infiernos, a los tramposos y falsos.

Ser uno más, también nos salva del virus narcisista que invade gravemente, los ambientes mal llamados espirituales y de la Nueva Era. Un virus que lleva en su núcleo, el sentimiento de ser especial, iluminado, elegido o enviado (para salvar a los otros) y que está provocando verdaderas psicopatologías.

Ser uno más, es descansar en la sensación de formar parte con los otros, con la naturaleza, y en un logro más alto, con la totalidad de la existencia. No se limita a un saber, a una percepción, pues implica una acción y la colaboración con los demás, tanto para evolucionar siguiendo el impulso intrínsico de toda la naturaleza, como para crear las pequeñas redes necesarias, para ahuyentar, uno de nuestros terribles dragones: el aislamiento, el desarraigo, la soledad y la desprotección. Redes que podrían ir más allá de las familias y adquirir otros tipos de formas. Por ejemplo, entre las personas o amigos más afines.


El apoyo emocional y material entre las personas cercanas, crearía la base de una mejor vida para todos. Y quizás sea a lo que nos evoca la crisis actual. Es decir, abandonar o traspasar la necesaria etapa de individualización colectiva; sobre todo en occidente, que sobrevino con el debilitamiento del patriarcado, con sus regímenes de dictaduras o monarquías absolutistas, en los que solo unos pocos tenían derecho a la educación, a decidir u opinar, y que han mantenido durante muchos siglos, a la mayoría de los hombres y mujeres en un rango y estado infantil. Crear lazos o pequeñas redes que contengan, el preciado y difícil logro de la libertad y la responsabilidad individual, y la necesaria relación de pertenencia e integración, es nuestro futuro.

Ser uno más, no es una idea luminosa, ni un traje que ponerse, ni mucho menos, un acto de humildad. Es un estado, una forma de ver, que coincide con la verdad de lo que somos, en este mismo momento. Es simplemente un hecho; pero en sus entrañas se encuentra la más plena y delicada, libertad.

He entrado en lo espeso del monte, lleno de belleza y silencio.
En un valle recogido, entre altos peñascos,
estoy sentado tranquilamente en mi cabaña bajo el viejo pino.
Lleno de paz estoy sentado en mi ermita y me encuentro bien.
La luna brilla sobre el río,
el viento sopla a través de los pinos.
El silencio puro de esta noche, ¿cuál es su origen?
La ética de la naturaleza esencial
es como una piedra preciosa prendida en el fondo de mi corazón,
y mi vestido es el rocío, la rana, la nube y la niebla.

Fragmento del Canto del Shodoca (texto Budista)

X.J. Octubre 2008



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lunes, 23 de febrero de 2009

EL MILAGRO DE SER UNO MÁS! (1ª PARTE)



Esta vez te invito a leer un interesante texto que me manda una amiga y que proviene de una amiga, aunque está escrito por un amigo, etc. etc. Bromas aparte, este escrito, aunque un tanto complejo, explica nuestra trascendencia como seres humanos y, a la vez, espirituales. Quizás te parecerá un tanto espeso, pero intentar explicar esto no es tarea fácil. Ser individual, frente al ser global. Apasionante tema. Habla de ser uno más, como contraste del ser individual que impone el dañino Ego. Eso nos permite involucrarnos unos con otros, eliminar las diferencias del tipo que sean y "ser todos hijos de Dios", como preconiza la religión. Aparentemente, es un provocador contraste ante la llamada de la singularidad que promueve el Zen, en la que se afirma que cada individuo es, en sí, singular e irrepetible... soberano frente a su propio destino. Lo uno no entra en conflicto con lo otro. Formar parte del Cosmos (y todo lo que éste contiene) no niega necesariamente el protagonismo de cada uno frente a su vida, es más, lo complementa. Cada uno de nosotros es un ente individual, específico y necesario que forma parte del Universo global, a la vez que éste no sería tal sin la existencia de cada uno de nosotros, por insignificante que creamos ser.

El mencionado texto, por su extensión, lo he dividido en dos partes. La primera la tienes aquí, la segunda la podrás leer mañana.


El milagro de ser uno más

Las grandes tradiciones místicas tienen en común el conocimiento, de que sólo hay un Ser, una única conciencia. Y que todo lo que existe, todo lo que percibimos, son formas diferentes de ese único Ser. Dicho de otra manera, cada uno de nosotros es el mismo Ser con una forma distinta: Ser – forma.

Cada Ser–forma es único, y está condicionado por su nivel de evolución. Nivel configurado por las características de su forma (con sus cualidades y limitaciones); por el conocimiento de su entorno, de los otros y de él mismo; por la capacidad de manejarse con su naturaleza (instintos, emociones, mente); y en un lugar preferente, por la capacidad de su conciencia de abarcar e identificarse con la mayor cantidad de formas que componen la existencia (Kosmos). Que, en un despliegue horizontal, parte de uno mismo (egocéntrico); siguiendo con la familia, nación, raza, credo, etc. (etnocéntrico); hasta abarcar toda la humanidad, la naturaleza, la totalidad del planeta (mundicéntrico); y al mismo universo. Y, en un despliegue vertical, desde lo más denso hasta lo más sutil o espiritual.

Cada paso evolutivo conlleva multitud de procesos y es casi imposible precisar los que son necesarios para cada individuo, dada la complejidad de inteligencias que se dan en cada ser humano. Por ejemplo; se puede tener un desarrollo alto en la inteligencia operacional y muy pobre en la emocional.

Sólo nos podemos poner en la piel del otro o entender lo que hay tras su mirada, si hemos pasado por su nivel. Por el contrario, no nos es posible intuir ni ponernos en la piel de alguien que haya transcendido el nuestro.

Por ejemplo; un adolescente puede ponerse en la piel de un niño y hasta ver, en si mismo, algunos impulsos todavía infantiles, pero no tiene la potestad de ver sus actitudes de adolescente. Tampoco un niño puede entender la mente de un adolescente, con sus anhelos y contradicciones, ni calificar sus propios actos como infantiles. Y evidentemente, ni un niño, ni un adolescente, pueden ponerse en la piel, ni entender el mundo que hay, tras la mirada de sus padres.

Pretender que los otros respondan o tengan una actitud diferente a su nivel de evolución o visión, es solo producto de nuestra ignorancia. Al igual, que si los demás pretenden lo mismo de nosotros.

¿Como actuar desde esta comprensión? En primer lugar con un gran respeto con ese otro, que es ni más ni menos, que el Ser. Tener en cuenta sus cualidades y ser prudente ante sus limitaciones. Lo mismo, dicho de paso, es lo adecuado con uno mismo.

Por último, además de ser, ese único Ser y de tener una forma única, somos simplemente, uno más. Descubrir que se es, esa única conciencia (el Buda, el Cristo, el Yo Superior, el Testigo, el Simurg, etc.), es un altísimo logro. Aprender a manejarnos con las limitaciones, y vivir la vida con pasión, desplegando nuestras cualidades, también lo es. Pero no será suficiente, si no logramos contemplar a los otros y a todo lo existente, sintiéndonos realmente como uno más. Simplemente, una forma más.

A nuestros pesados y siempre hambrientos egos, no les gusta ser uno más. Y menos todavía, cuanto más importante creemos o es, nuestro rol, o brillante, nuestro traje social. Independientemente de que se relacione con el poder o con lo espiritual. Por eso, es el último paso del místico, pues ningún maestro espiritual puede decir, que ha traspasado la vanidad, si no ha caído en la cuenta, de que es uno más, es decir, sin no ha descubierto la simplicidad que siempre ha sido y siempre será.

Desde Adán hasta Juan el Bautista, no ha habido, entre los nacidos de mujer, nadie más elevado que Juan el Bautista, tanto que sus ojos no serán destruidos. Pero yo he dicho (Jesús): "Aquel de entre vosotros que se haga pequeño conocerá el Reino y será más elevado que Juan".

(Evangelio de Tomás)
CONTINUARÁ...

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