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martes, 16 de noviembre de 2010

POR QUÉ EL "AYER" INTERFIERE EN EL "HOY"?



Soy un soñador, por qué voy a negarlo! Quizás porque nuestra vida ordinaria no nos salpica con demasiadas alegrías, ni motivos de felicidad, tal como entendemos nuestra "felicidad", claro! Uno, con los años, lamentablemente aprende a vivir sin sueños, a transitar por esta vida nuestra intentando pasar desapercibido, no salir dañado de las inclemencias que nos llegan día a día...

Pero, con el tiempo, uno empieza a entender que la vida no es más que lo que nos permite, precisamente, ver y conocer nuestro interior... por decirlo pronto y bien "así estamos, así vemos"! Alrededor nuestro tenemos de todo: alegría y sufrimiento, a partes iguales. Pero sí podemos escojer lo que observamos, dónde fijamos nuestra atención. ¿Botella medio llena o botella medio llena? Tu escojes. Ni que decir tiene que, en función de lo que creamos ver, sentiremos y actuaremos. Pero ser dueño de nuestras percepciones no siempre es fácil! En ellas participan, además de lo objetivamente recibido por nuestros sentidos, todo aquello que ocupa nuestra mente -tanto consciente como inconsciente-, que puede llegar incluso a distorsionar nuestra visión, como si de un defecto óptico se tratara!

Así, en nuestra percepción personal interfieren todos esos asuntos vividos y no resueltos, asignaturas pendientes de aprobar, miedos... que salen a la supeficie en cuanto las circunstancias son similares en algo a las vividas anteriormente, transgreden demasiado nuestra confortabilidad o apelan al sentimiento que, en su día, generaron. Cada vez que un suceso rememore nuestro recuerdo mental o su huella emocional, saltarán las alarmas y actuaremos de manera automática y, seguramente, inesperada e incontrolada.... y no siempre beneficiosa! Es como si nos dominara un "acto reflejo" que reactiva todas nuestras reacciones para actuar con rapideza y, aparentemente, de manera efectiva, ante las circunstancias que, a diario, aparecen en nuestra vida! Es, por decirlo de alguna manera, como si nuestras respuestas de "hoy" se basaran única y exclusivamente en nuestros actos -y sus efectos- del "ayer"!

Esa es, quizás, la principal razón para revisar nuestro comportamiento en cada momento y regularmente: para poder vivir el "hoy", en toda su amplitud y riqueza! Particularmente creo que no es necesario realizar una regresión en el tiempo para rememorar una vivencia, averiguar sus origenes, circunstancias del momento y su efecto que produjo emocionalmente... y que la mantiene latente a la sombra de nuestra conciencia. Creo que basta con ser consciente de su presencia-ausente y saber o intuir que puede haber dejado secuelas en nuestro comportamiento. Cada vez que se dé un estímulo parecido, debemos intentar actuar de nuevo, sin condicionantes ni miedos del pasado, es decir, estando bien atentos al "hoy", con todos sus detalles! Vivir el "hoy" no es más que actuar -en lo posible- sin condicionar nuestros actos a reacciones creadas en el pasado, que seguramente ya no serán válidas ni beneficiosas para nosotros...

Curiosamente, la gente tenemos el mal hábito de intentar borrar nuestro pasado, especialmente cuando éste no es agradable de recordar y nos duele. Pero es tan absurdo como, ante un problema cualquiera, evitar mirarlo y reconocerlo, creyendo que de esta manera desaparece definitivamente de nuestra vida! El pasado está ahí, en la obscuridad del subconsciente y, desgraciadamente, afecta -más de lo que queremos aceptar- nuestros actos y comportamientos actuales. Pero, la verdad es que, seguramente, basta con ser conscientes de su existencia oculta y de cómo nos limita como personas ante el momento presente, para estar ya en el camino de su solución. Cuando uno aprende a estar bien atento al momento presente, es respetuoso con él y con sus detalles específicos, y no lo "etiqueta" con esterotipos caducos, sino que permite que la realidad se imponga y es, precidsamente, esa plena conciencia en el "hoy" lo que nos aporta la paz interior y la actitud correcta en nuestra vida.

Así, cada persona, momento y lugar son un referente nuevo, singular e irrepetible, por tanto una privilegiada oportunidad para conocernos mejor y ejercitar la libertad de sentir, pensar y actuar lo que decidamos, libremente. De esta manera, no juzgamos a priori -como usualmente hacemos- los hechos o las personas, sino que dejamos que éstos se manifiesten (fluyan) tal y como en realidad son... luego solo tendremos que encajarlos o no en nuestra propio "hoy, en linea con lo que surje desde dentro de nuestro corazón"! ¿Cuántas veces hemos juzgado -o sido juzgados- antes de poder dar una oportunidad a los hechos, a los momentos o a las personas para manifestarse tal y como son? Y, lo más importante ¿ese juicio previo -a partir de nuestras experiencias del pasado- nos garantiza acertar y evitar repetir los errores del pasado? En cualquier caso, lo que nos mueve a actuar de esta manera es nuestro miedo (lo contrario del amor, que genera confianza) a un nuevo fracaso... olvidando que cada error es una nueva lección -necesaria- en la vida... y, precisamente, lo que nos hace crecer como personas! Alguien dijo que un error es una gran lección; dos veces el mismo error, sí es un error! ¿Crees de verdad que hay dos personas, momentos o lugares capaces de repetirse, tal cual son en realidad? ¿A qué tenemos miedo, entonces?

Miguel Benavent de B.

martes, 2 de febrero de 2010

CUENTA CUENTOS


Siempre me han gustado los cuentos! Con ellos, los niños aprenden a imaginar la vida y hallan sus príncipes y princesas, sus palacios, sus duendes y sus hadas madrinas... en los que reflejarse. En una palabra, descubren sus propios valores! En los cuentos infantiles todo es bueno o malo, no hay matices!

Pero, cuando uno crece, va descubriendo que las cosas no son blancas o negras, que hay infinidad de grises por medio! Como decía resignadamente una amiga "qué felices éramos, cuando éramos ignorantes", rememorando esa edad de ignorancia e ilusión, cuando descubrir lo malo y lo bueno bastaba para poder vivir! Pero, cuando crecemos, esas fronteras claras y excluyentes se van diluyendo y uno pierde la referencia entre ambos opuestos. En un momento dado, cada cosa tiene ya su explicación, su matiz, su argumento -tejido por la mente y por el miedo-... pero al momento siguiente... ya no lo tiene o el tiempo lo ha modificado! Pero es en el interior nuestro donde sigue habiendo un juicio inequívoco, justo y severo: la conciencia!

En demasiadas ocasiones tenemos el mal hábito de juzgarnos y de juzgar lo ajeno. Y es que muchos años jugando a "indios y vaqueros", a "policías y ladrones" no pasaron en balde por nuestra infancia! Es más adelante cuando, a fuerza de vivir, alzamos la vista y nos damos cuenta de que, incluso en la Biblia, existe un "ladrón bueno" y otro, "ladrón malo", junto a Jesuscristo en la cruz! Y, a partir de ese momento, uno se cuestiona cómo se puede ser un "ladrón y bueno", o la bondad y la maldad de cada uno! Porque, si vamos más allá del mismo ejemplo bíblico, veremos que ambos ladrones "compartirán el mismo Cielo, una vez muertos", según dice el propio Jesucristo a cada uno de ellos. Y esa es la Justicia Divina, difícil de entender y de aplicar... y que deja sin sentido esa otra justicia humana y limitada que predica el "ojo por ojo, diente por diente" o el "quien la hace, la paga". Aprender a discernir estas dos diferentes justicias -la humana y la divina- es aprender que "lo que parece, no siempre es", entender las Leyes del Cosmos y descubrir que nuestra Conciencia las contiene a ambas... luego es más justa con nosotros de lo que nosotros mismos lo somos!

¿Cuántas veces nos juzgamos a nosotros mismos desde esa justicia miope y humana, donde solo caben vencedores o vencidos, maestros o alumnos, culpables o víctimas... buenos o malos? ¿Cuántas veces juzgamos a los demás, como si tuviéramos suficiente información para tener el criterio justo y apropiado? ¿Cuántas veces nos sentimos juzgados, sin que el prójimo haya emitido un solo juicio? ¿Cuántas veces, incluso, nos condenamos como culpables y a cadena perpétua, por no haber sabido o podido actuar como pensamos que debímos actuar... y no ponemos remedio, cargando de culpa la vida entera? El acto no hace al actor! Alguien puede haber actuado, por ejemplo, de manera egoísta, sin que eso le convierta en una persona egoísta!

Juzgar, al fin y al cabo, no es más que establecer ese límite -muchas veces injusto y sin matices- entre "lo bueno" y "lo malo" en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, como si la cuestión fuera siempre tan fácil, como hicimos en nuestros juegos infantiles. Juzgarse a uno mismo -o a los demás- nos priva del fundamental derecho a la duda o al perdón, necesarios ambos! Porque perdonarse es una actitud, olvidar el pasado, aprendiendo de él y no teniéndolo más en cuenta en nuestra vida! Perdonar es tener el propósito de la enmienda de no volver a caer -"conscientemente", añado yo- en el mismo error... aunque sea humano que pase! Somos humanos y, como tales, disculpados de equivocarnos una y otra vez, aunque no exculpados de intentar siempre aprender la lección que la vida trae consigo e intentar aplicar el aprendizaje a lo que se vivimos ahora!

Yo he cometido muchos errores en mi vida, como todos. No vale la pena ennumerarlos! Sí merece la pena recordar que, hoy y ya, mi intención es no repetirlos, pues haciéndolo, solo me garantizo que mi vida siga siendo un cliclo repetitivo de sufrimiento, de desdicha y de autoculpa conmigo mismo. Cuando somos capaces de perdonarnos, ese ciclo interminable, cíclico y repetitivo de nuestra vida malvivida se rompe... y deja paso a lo nuevo... y al verdadero protagonismo en nuestra vida! Hasta ese gran momento, cada uno arrastramos de por vida los errores propios, los errores de los que nos ayudaron a crecer y educaron, los errores del pasado vivido y los errores, en fin, de toda la civilización que nos precedió en la historia... ¿el famoso y bíblico Pecado Original, quizás? A eso algunos lo llaman "el karma", es decir, todo eso que cada uno de nosotros nosotros debemos subsanar de anteriores vidas, para acabar nuestro aprendizaje vital! Yo no creo demasiado en el karma, lo siento, como tampoco creo en el designio divino en nuestra vida! Todo eso promueve el seguir siendo espectadores pasivos ante nuestra propia vida y perpetua esa justicia humana predeterminada y limitada, negando la verdadera libertad del hombre (otorgada por Dios, qué duda cabe) de decidir por sí mismo, cada día, su propia y nueva vida... y desde su siempre justa conciencia!

Y volviendo a los cuentos infantiles, aquí te traigo una entrevista a una "cuentacuentos" que habla de su trabajo y de cómo los cuentos reflejan las ilusiones e inquietudes más profundas y humanas. Disfruta de la entrevista...


Ana Cristina Herreros, 44 ños, editora y narradora de cuentos"...Y cada año los Reyes Magos le traían una naranja". La Contra de La Vanguardia. IMA SANCHÍS - 06/01/2010

Mi madre era analfabeta y muy pobre. Todos los años los Reyes Magos le traían una naranja que compartía con sus hermanos.

¿Se conformaba?

Las pocas veces que fue al colegio pudo ver las muñecas de porcelana de las niñas ricas, y ese era su sueño, así que un año la familia decidió que todos pondrían dinero para comprarle una muñeca de porcelana. Era una muñeca pequeñita, porque pese a que todos pusieron dinero no daba para mucho.

… Pensaron que ese regalo tan fabuloso no podía entregarse de cualquier manera. Así que un tío de mi madre suspendió a la muñeca con hilo de pescar entre las tablas del pajar, como si la muñeca bajara del cielo.

Qué bonito.

Cuando mi madre entró en el pajar alzó las manos para cogerla, mí tío fue soltando hilo, pero de repente… se rompió el hilo.

¡No!

La muñeca se hizo añicos, pero mi madre la remendó con esparadrapo, y así tuvo la muñeca de porcelana más valiosa del mundo: una muñeca que había que cuidar mucho porque estaba enfermita.

¿Cuándo descubrió que era usted una narradora nata?

Montse, mi amiga del instituto, se estaba muriendo de sida y fui a verla. "¿A qué te dedicas?", me preguntó. Yo era editora, pero me pareció que era algo aburrido de contar, así que le dije: "Cuento cuentos".

Y le pidió uno, claro.

Sí, y cuando acabé mi cuento era como si la vida hubiera vuelto a su mirada. "¡Qué cosa tan bonita haces!", me dijo, y comprendí que si eso lo decía un moribundo era realmente el oficio más bello del mundo.

Desde entonces le cuenta a pobres, a ricos, a ancianos y a bebés...

Los bebés no se enteran del argumento pero sí de lo que tú estas sintiendo mientras cuentas, si te atreves a sentir. Entienden tus emociones, la comunicación es muy profunda.

Cuentan que sus cuentos hicieron descender la mortalidad de una residencia de ancianos.

Cierto. Para que los abuelos estuvieran más interesados utilizaba la técnica de los narradores sirios que cuentan en los cafés: cuando el cuento está en el momento álgido se interrumpen y acaban al día siguiente. Así estuve tres meses, al cabo de los cuales la directora me dijo: "Los abuelos no se mueren... ¡qué les da?". Lógico, pensé, ¿cómo te vas a morir sin saber cómo acaba un cuento? Los cuentos son para vivir.

Ha contado cuentos a príncipes.

En Ammán, a los hijos de Rania de Jordania y sus primos les conté el del monstruo que se comía a los niños, y para que no lo hiciera, cada día una familia le llevaba algo de comer. Pero un niño se comió las albóndigas por el camino y las sustituyó por caca de cabra... "¡Pecado!", gritó la traductora.

… Lo intenté con varios cuentos, incluso con uno palestino, y descubrí que en todos hay pecado, porque los protagonistas se permiten en los cuentos lo que no se permiten en la vida. Y finalmente me dejaron contar.

¿Dónde pasó la noche?

En una jaima de beduinos contadores de historias. Sus historias de amor no acaban con el matrimonio como las nuestras, comienzan con él, ya que antes no se conocen.

Príncipes, y también mendigos...

Estuve montando una biblioteca con textos que encontrábamos en la basura y contando cuentos en el basurero de Guatemala alrededor del cual viven 500 familias. Para que los niños no se mueran durante las vacaciones, las maestras les van a llevar comida, fíjese qué cosa tan tremenda. También he contado cuentos a sordo-ciegos.

¿Cómo se hace eso?

Los niños ponen una mano en la traductora y otra en mi cuerpo para sentir la resonancia de la voz y la respiración. "¿La princesa tiene el pelo rojo?", me preguntó una niña.

¿Qué ha aprendido a lo largo de 18 años contando historias?

Necesitamos contarnos a través de las historias, y tener la certeza de que un mundo justo es posible, porque lo que cuentan los cuentos populares es que no importa lo equivocadamente que obres en un momento de tu vida, siempre habrá alguien que te ayude. Cuentan la confianza en el otro.

Tiene usted algo de bruja, de maga.

La mujer fue polarizada entre el hada (guapa y buena) y la bruja; pero los cuentos populares dicen que hada, maga y bruja son la misma persona: mujeres con experiencia y poder, que viven solas, que no necesitan la protección de ningún hombre, algo muy transgresor para la sociedad patriarcal, por eso se las aparta, se las relega a los bosques.

Ahora las princesas de los cuentos no quieren comer perdices, y resulta triste.

Es la otra cara del mismo estereotipo, el de la princesa y su príncipe. El arquetipo de la princesa es la mujer que es capaz de ponerse en camino y encontrarse a sí misma mejorada, por eso todas las mujeres acaban convirtiéndose en princesas, si quieren.

¿Qué vence a los monstruos?

El humor, la astucia, no la violencia. Y los vence el ser más pequeño. Tras cada monstruo hay un miedo profundo, tras los tragaldabas el miedo a que tu madre te devore, a que no te deje ser. El cuento cuenta lo que le preocupa profundamente al ser humano.



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miércoles, 20 de enero de 2010

REALIDAD Y SUEÑO... SON FRONTERAS FICTÍCIAS!



Los científicos intentan desesperadamente describir procesos mentales que expliquen el comportamiento humano. Nuestra reacciones frente a un estímulo dado son singulares y personales! En la percepción de la realidad, consciente o inconscientemente, participan los recuerdos, las experiencias, las creencias que están en nuestra psique. El hecho de que estén ahí, muchas veces fijadas sin procesar (como todo aquello que aceptamos como referente porque sí, en nuestra infancia) o de manera insconciente, está latente y siempre dispuesto a salir a la superficie de nuestra conducta, condicionándonos comportamiento y nuestra decisiones más cotidianas. Erróneamente creemos que, intentando evitar las situaciones que nos remueven o bien intentando olvidarlas, logramos que éstas desaparezcan de nuestra memoria y de nuestra vida. Quizás lo hacen, sí, pero solo durante un tiempo y aparentemente -y solo de la memoria consciente- aunque permanecen a la sombra de ella -en el subconsciente- esperando una nueva situación parecida para volver a emerger a la superficie de nuestro comportamiento, cuando la situación lo propicie.

Es por esto que que conocerse bien uno y ahora, no hay que intentando evitar o solo olvidar los hechos y circunstancias adversas de nuestra vida pasada! Debemos mirarlos de cara, cuestionarlos, buscar la lección que siempre traen consigo... y olvidarlos, dándonos cuenta de que no pueden ser cambiados, perdonándonos por haberlos vivido y, lo más importante, aceptando que lo verdaderamente esencial en nuestra vida es nuestro hoy y lo que en éste sentimos! Podríamos decir que ese proceso de perdonarse es vaciarse uno, para dejar entrar lo nuevo a nuestra vida! Demasiadas veces la gente se esfuerza por olvidar lo sufrido y vivido! Y eso no es posible, pues, aparte de que no siempre desaparece el estímulo que provocó el dolor a nuestra vida, esconderlo en el pretendido olvido no significa -como hemos visto antes- que desaparezca, solo lo hace ante nuestra vista, aunque esperando a reaparecer en el momento más inesperado y, lo que es peor, volviéndonos a perjudicar!

Veamos una consecuencia práctica del potencial de nuestra mente a la hora de percibir la realidad. Hay una clara diferencia entre ver y mirar! Al mirar, estamos poniendo nuestra atención en algo! Por eso cuando nos sentimos mal (muy posiblemente por algo que desconocemos y que está en nuestro interior oculto), nuestra atención se fija en todas aquellas circunstancias en el mundo real que necesitamos para seguir sintiendo lo que sentimos o para reforzar nuestro sentimiento. Y, ante cualquier realidad completa de cada día, hay tantas razones para sentirnos bien, como otras para seguir sintiéndonos mal. Es la mente, a través de la atención, la que se fija en esa parte de la realidad que "quiere ver" y la escoge entre todas las posibles de nuestra realidad, dispuesta a distorsionarla en cualquier momento. De ahí la importancia de cuestionar lo que pensamos y creemos para, luego, ser capaces de modificar nuestra percepción de la realidad, de lo que vivimos.

El proceso siempre es el mismo: pensar, sentir y actuar! Según pensamos, sentimos y, según eso, actuamos. Solo así se entiende que, ante un estímulo cualquiera, dos personas puedan sentir exactamente lo contrario, dependiendo de sus vivencias, su experiencia o sus creencias... o que muchas veces, incluso, tengamos sentimientos erróneos! Mientras que, a una de esas personas ese algo le produce, por ejemplo, placer, a otra le puede producir dolor! Este hecho -difícil de explicar científicamente, pero fácil de entender-, aunque nos parezca algo obvio e inevitable, es precisamente lo que justifica el poder de la mente, pues ésta nos brinda la privilegiada posibilidad de modificar ese pensamiento, sentimiento y, como consecuencia, nuestra percepción del mundo que nos rodea, o sea, la posibilidad de cambiar nuestra vida! Repito, la mente es una herramienta muy poderosa en el ser humano, pues nos permite ver, sentir y vivir lo que queremos ver, sentir y vivir! Eso, obviamente, nos invita a no ser meros espectadores o afectados de nuestra vida pasada y presente y de lo que sucede a nuestro alrededor, sino a ser verdaderamente conscientes de nuestra capacidad de cambiarlo y actuar como protagonistas verdaderos y únicos de nuestra vida!

Un inciso. Muchas veces insisto en mis escritos afirmando que la mente humana es uno de los mayores enemigos que tenemos para vivir libres! Es verdad que la mente es crucial en nuestra existencia, porque, como hemos visto, en ella se fragua todo lo que vemos, sentimos y vivimos. Pero también es verdad que la mente humana, limitada, egocéntrica y cartesiana, intenta desesperadamente controlar de manera exclusiva nuestra vida, categorizando todo lo que experimientamos, sentimos y vivimos... cuando hay situaciones, sentimientos y circunstancias que -afortunadamente- no pueden ser catalogados según el razonamiento, premisa siempre necesaria para la mente. Es por eso que la mente debe ser un siervo más...y nunca nuestro único y excluyente guía. De ahí la inútil controversia humana entre el corazón y la mente, como si de dos enemigos acérrimos se tratara, cuando ambos son tan humanos como necesarios para vivir plenamente. Pero deberíamos admitir que cualquier extremos es malo, lo que hace que yo -y muchas otras personas- considere necesaria la equidistancia entre ambos, eso a lo que particularmente llamo Alma, sin buscar más allá en los fenómenos obscurantistas, religiosos o metafísicos... aunque algo espiritual contiene! En este contexto, para mí el Alma -y su apuntador, la Conciencia- es ese punto medio y justo entre la razón y la emoción, aunque sirviéndose de ambos para conformar correctamente nuestra vida!

Y volviendo al tema del gran poder de la mente humana, me sorprende ver cómo la gente quedó fascinada al leer un libro como "El Secreto", en el que bastarían un par de frases para resumirlo "El Secreto significa que somos creadores de nuestro Universo y que todos los deseos que queramos crear se manifiestan en nuestra vida. Por consiguiente, nuestros deseos, pensamientos y sentimientos son muy importantes porque se manifiestan en lo que vivimos", como describía una amiga virtual en su perfil de FB. Ni más ni menos! Y, como consecuencia de ello, aquí tenemos la tan ansiada libertad, pues, como decíamos, esto nos hace responsables únicos de lo que sucede en nuestra vida... y no solo espectadores o víctimas de ella! ¿No es esa una buena noticia? ¿No nos obliga esto a soñar, para mejorar nuestra vida? ¿No nos permite elejir libremente lo que queremos vivir, sin resignarnos a lo que en nuestra vida sucedió o sucede, porque sí? ¿No vale la pena el esfuerzo de revisar nuestras malas experiencias, recuerdos y creencias para cambiarlas, si es necesario y no nos hacen felices, tal como deseamos? ¿No nos invita a dejar de resignarnos ante los hechos y a cambiar nosotros, ante esa realidad sesgada que vemos y vivimos, pero que nos es ajena a nosotros o, en muchos casos, incluso nos perjudica? Recuerda, eres amo de tu vida y de todo lo que ocurre en ella!

Aquí tienes una entrevista de La Contra de La Vanguardia, donde una neurobióloga española afirma lo mismo, pero desde la perspectiva de la Ciencia. Disfrútala y extrae tus propias conclusiones...


Susana Martínez-Conde, 40 años, neurobióloga. "Toda experiencia vivida es fruto de la imaginación". La Contde La Vanguardia. IMA SANCHÍS - 19/01/2010

Es usted fruto de mi imaginación?

Todo es fruto de la imaginación: cada experiencia vivida, cada persona conocida, cada objeto observado. El cerebro no reconstruye la realidad, sino que construye nuestra experiencia de la realidad.

¿Por mucho que quiera ser consciente de la realidad voy a inventármela?

Existe cierta correspondencia entre nuestra percepción subjetiva y el mundo real, de lo contrario andaríamos chocando contra los muebles, pero mi percepción de los objetos no es exactamente idéntica a la realidad.

¿A qué se refiere?

Si cojo un periódico y lo leo con luz artificial y con luz natural veo lo mismo: letras negras sobre fondo blanco; sin embargo, la cantidad de fotones que reflejan las letras negras con luz natural es mucho mayor.

Es decir…

No existe para el cerebro una experiencia absoluta de lo que es negro y de lo que es blanco, todo depende de con qué se le compare. Otro caso es el de la tercera dimensión: la información del volumen de los objetos no llega al cerebro porque nuestras retinas son bidimensionales. La tercera dimensión es una construcción cerebral, una ilusión.

¿Imaginar y ver es lo mismo?

Mirar una imagen de una persona o cerrar los ojos e imaginar esa imagen de la persona activa los mismos circuitos del cerebro. Realidad e ilusión son fronteras ficticias.

Siendo así, ¿cómo estudia la realidad?

Precisamente las ilusiones visuales son una de nuestras herramientas más importantes para entender cómo el cerebro construye nuestra experiencia de la realidad.

... Y por eso ha llenado usted su laboratorio de magos e ilusionistas.

Las ilusiones visuales y cognitivas desarrolladas por magos son muy útiles para estudiar las bases neuronales de la consciencia.

Cuénteme sus averiguaciones.

Al mago no le importa tanto distraer la mirada del espectador como manipular su atención. El espectador puede mirar atentamente el truco y sin embargo no verlo, porque está prestando atención a otro lugar.

No es lo mismo ver que mirar.

Exacto, que estés mirando algo no quiere decir que esa información se esté procesando conscientemente si la atención está puesta en otro lugar o está dividida, y esa es una de las técnicas de los magos: dividir la atención del espectador.

¿Y cuál es el valor científico de esta argucia?

Comprobar que nuestro cerebro puede disociar lo que es la atención de la información visual.

Entre sus colaboradores tiene a uno de los mayores carteristas de la historia.

Apollo Robbins, que saltó a la fama porque fue capaz de robar todo tipo de objetos al personal del servicio secreto de Jimmy Carter. En un visto y no visto les sustrajo sus carteras, identificaciones oficiales, el itinerario oficial del presidente, sus armas y todo tipo de objetos sin que se enterasen.

Excelente colaborador.

Robbins se dio cuenta de que podía manipular de manera diferente la atención del sujeto si realizaba un movimiento curvo o un movimiento recto con su mano. Utiliza un movimiento recto cuando quiere que la atención del sujeto vaya del punto A al punto B, y curvo si quiere que la atención se mantenga a lo largo de todo el movimiento. Sabemos que funciona, pero no por qué.

¿Cuál es su hipótesis?

Que estos dos tipos de movimiento activan sistemas diferentes de movimientos oculares en el cerebro. El movimiento recto activa el sistema sacádico (un movimiento rápido del ojo) y el movimiento curvilíneo activa un movimiento suave.

¿Y?

Durante el movimiento sacádico, mientras los ojos van de A a B, la percepción está suprimida. Vemos A y vemos B, pero no lo que ocurre entre A y B. Otro ejemplo.

...

Con Johnny Thompson, el Gran Tomsoni, investigamos el papel de la risa en sus espectáculos de magia. Mediante la comedia consigue manejar la percepción del espectador. Según Thompson, cuando la gente ríe, el tiempo se para y su truco pasa desapercibido.

¿Existe una relación entre humor y descenso de atención?

Todo apunta a una conexión importante entre emoción y atención que hoy por hoy es desconocida en neurociencia cognitiva.

¿A mayor emoción, menor atención?

Esa es la hipótesis. Los magos no sólo juegan con la atención, sino que también introducen falsas memorias. El mago describe la acción que acaba de hacer pero no de la manera exacta como sucedió, y eso da lugar a que el espectador lo recuerde como lo describió el mago y no como en realidad pasó. Así, al final del espectáculo, el espectador no puede reconstruir lo que ocurrió.

... Le faltan piezas del puzle.

Exacto, hay piezas que ha eliminado haciendo que el espectador preste atención a otro lugar y piezas que no corresponden. Por tanto, la reconstrucción no es posible.

¿Nadie puede?

Nadie, porque son procesos muy generales que tienen que ver con el cableado de nuestros cerebros, a excepción de los autistas, que no responden a las claves sociales que utiliza el mago para manipular la atención.




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