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martes, 14 de diciembre de 2010

¿MADUREZ... TRANSGRESORA?



A veces me han preguntado qué es para mí la "madurez". Y lejos de pensar en lo común, es decir, ser serio, responsable, no equivocarse, conveniente, coherente, experimentado, etc. pienso que la madurez es mucho más que todo eso y es fácil definirla: madurez es ser capaz de saber hacia dónde vas, dejar que la vida fluya y te lleve "cómo" y "cuando" decida, admitir las equivocaciones como algo que nos enseña el camino y rodearte solo de todo aquello que te ayuda a conseguir lo que quieres para tu vida! Esa afirmación resume muchas cosas que están implícitas en el concepto de madurez, popularmente aceptado.

Seguramente es más fácil definir la madurez, que ser maduro, como suele pasar. Saber hacia dónde vas es tener claro qué quieres de tu vida y luchar con ahinco para conseguirlo, desechando todo aquello que creíste o te dijeron que debía haber en ella; dejar -o sea, confiar- que la vida te llevará a su manera y en el debido momento, a partir de tu esfuerzo por conseguirlo y dejando de creer que la vida va en contra tuyo, como muchos se obstinan en creer; ir con firmeza hacia tu objetivo personal, pero admitiendo que, antes y después, durante el camino, errarás para que aprendas todo aquello que necesitas saber para alcanzar y valorar tu destino; y ser capaces de abrir -con valor- las puertas que te ayuden a seguir tu camino y también tener el valor de cerrar todas aquellas que te alejan de ti mismo y de tu destino, aunque no sea -a priori- siempre fácil saber cuales debes abrir y cuales, cerrar.

Eso es la madurez! Hasta llegar a ella, uno tiende a aceptar todo aquello que debe ser su vida, aunque no sea cierto o le exija dejar de ser él mismo. Además, pretende hacerlo de manera unívoca y sin admitir errores, ni aceptar que solo la vida tiene el poder de lograrlo. Intenta desesperadamente no transgredir demasiado, ni ser demasiado uno mismo, ni despertar suspicacias en los demás, intentando complacer a los que le rodean! Pero la verdad es que eso sería como subirse a un tiovivo o carrusel del parque, sin riesgo a caerse, ni a cambiar de trayectoria, ni de ser entorpecido por los demás y siguiendo siempre el mismo recorrido circular... hacia ninguna parte!

Simplificando, madurar significa tan solo decidir tu camino y quitar de delante todo aquello que te estorbe... ya sea interno o externo! O sea, desembarazarse de todo lo postizo que hemos llevado puesto para protegernos durante años... y quedarte con lo esencial de ti mismo! Y eso cuesta, porque nos cuesta decidir, nos duele aceptar las equivocaciones... y admitir ese riesgo! Andar hacia uno mismo exije coraje y decisión, además de generar no pocas incomodidades en las personas que nos hicieron llegar a ser como fuimos y que están encantadas con su papel histórico y autoadjudicado en nuestra vida! Cuando uno se mueve, su horizonte se modifica y, por tanto, cambia su posición frente a los demás, y, como consecuencia, también nuestras relaciones personales, del tipo que sean. Pero todos esos inconvenientes solo pueden recompensarse con un gran premio: Llegar a ser uno mismo y a vivir como uno merece... y no solo -como hasta entonces- buscando el beneplácito y la complacencia de los demás, por mucho que afirmen habernos querido! Es por eso que nuestro camino hacia la madurez lo vamos sembrando de víctimas propiciatorias de nuestra desorientación y nuestros desvaríos personales... Pero, la verdad es que todos hacemos lo mismo mientras aprendemos a ser nosotros mismos, que dura toda la vida!

Esa decisión -porque, al fin y al cabo, madurar es una opción personal, libre y, por tanto, voluntaria- debe salir de dentro y ser firme, no puede ser inducida desde alguien más! Y recuerda que la vida te brinda continuamente oportunidades -muchas veces basadas en el sufrimiento y en la desdicha, propios o ajenos- para madurar y aprender a afrontar -al fin- la vida que realmente mereces y siempre has deseado... pues en ella habita el amor y la felicidad que siempre buscaste en el vacío. Así, todo lo anterior, lo actual y lo venidero, cobra su verdadero sentido! ¿Y qué hacer, luego, con las víctimas propiciatorias que dejamos detrás, en nuestra propia historia? Pues perdonarse uno, sabiendo que todos aprendemos de equivocaciones... siendo humildes y conscientes de que, en cualquier caso, en nuestra vida errónea éramos tan víctimas propiciatorias nosotros, como las personas a las que dañamos en el camino!

Tomar el rumbo hacia uno mismo exije tesón y firmeza, es verdad. Pero esa nueva actitud que trae consigo nos hará sentirnos transgresores, quizás solitarios y/o especiales (aunque los demás nos llamarán raros), pero eso no significa que rompamos los moldes ante los demás y, lo que es peor, con nosotros mismos. Sí, es verdad que deberemos cuestionar y luego resquebrajar esa personalidad que creamos para engañarnos a nosotros mismos y defendernos de los demás! Pero la fuerza para hacerlo debe surgir del interior, no solo ser rebeldes por ser rebeldes, pero sin sentido! Es muy distinto -y fácil- transgredir en un mundo uniforme, gris y plano como el nuestro, pero no es tan fácil seguir nuestros designios internos para no transgredirse uno mismo, o lo que es lo mismo, faltar a nuestro ser auténtico que yace en nuestro interior!

Pero te aviso que, como ves, el camino no es fácil ni en linea recta, pues -para bien o para mal- estás al albur de la vida, que te da pistas y luego las esconde súbitamente, para comprobar tu firmeza y convicción! Aunque te diré un secreto: Al igual que la vida te reta continuamente poniéndote de frente la cruda realidad y sin escapatoria posible hasta que la aceptes, la misma vida te manda señales sutiles del verdadero camino para que, si estás atento y confías en ella, llegues a tu destino! Alguien dijo que Dios (y llámale como quieras) no se deja ver más que a través de esas señales! Será verdad o no, pero mira lo que te rodea ahora mismo, intenta captar las señales (personas, momentos y lugares) cuando aparecen... y solo tienes que ser valiente para encontrarles su sentido y ser libre para atenderlas, tal y como vienen! ¿Cómo reconocer estas señales, cuando llegan a tu vida? Pues, entre otras cosas, te traerán paz a tu vida porque resonarán en tu interior... o les llamarás "casualidades de la vida"!

Miguel Benavent de B.

martes, 16 de noviembre de 2010

POR QUÉ EL "AYER" INTERFIERE EN EL "HOY"?



Soy un soñador, por qué voy a negarlo! Quizás porque nuestra vida ordinaria no nos salpica con demasiadas alegrías, ni motivos de felicidad, tal como entendemos nuestra "felicidad", claro! Uno, con los años, lamentablemente aprende a vivir sin sueños, a transitar por esta vida nuestra intentando pasar desapercibido, no salir dañado de las inclemencias que nos llegan día a día...

Pero, con el tiempo, uno empieza a entender que la vida no es más que lo que nos permite, precisamente, ver y conocer nuestro interior... por decirlo pronto y bien "así estamos, así vemos"! Alrededor nuestro tenemos de todo: alegría y sufrimiento, a partes iguales. Pero sí podemos escojer lo que observamos, dónde fijamos nuestra atención. ¿Botella medio llena o botella medio llena? Tu escojes. Ni que decir tiene que, en función de lo que creamos ver, sentiremos y actuaremos. Pero ser dueño de nuestras percepciones no siempre es fácil! En ellas participan, además de lo objetivamente recibido por nuestros sentidos, todo aquello que ocupa nuestra mente -tanto consciente como inconsciente-, que puede llegar incluso a distorsionar nuestra visión, como si de un defecto óptico se tratara!

Así, en nuestra percepción personal interfieren todos esos asuntos vividos y no resueltos, asignaturas pendientes de aprobar, miedos... que salen a la supeficie en cuanto las circunstancias son similares en algo a las vividas anteriormente, transgreden demasiado nuestra confortabilidad o apelan al sentimiento que, en su día, generaron. Cada vez que un suceso rememore nuestro recuerdo mental o su huella emocional, saltarán las alarmas y actuaremos de manera automática y, seguramente, inesperada e incontrolada.... y no siempre beneficiosa! Es como si nos dominara un "acto reflejo" que reactiva todas nuestras reacciones para actuar con rapideza y, aparentemente, de manera efectiva, ante las circunstancias que, a diario, aparecen en nuestra vida! Es, por decirlo de alguna manera, como si nuestras respuestas de "hoy" se basaran única y exclusivamente en nuestros actos -y sus efectos- del "ayer"!

Esa es, quizás, la principal razón para revisar nuestro comportamiento en cada momento y regularmente: para poder vivir el "hoy", en toda su amplitud y riqueza! Particularmente creo que no es necesario realizar una regresión en el tiempo para rememorar una vivencia, averiguar sus origenes, circunstancias del momento y su efecto que produjo emocionalmente... y que la mantiene latente a la sombra de nuestra conciencia. Creo que basta con ser consciente de su presencia-ausente y saber o intuir que puede haber dejado secuelas en nuestro comportamiento. Cada vez que se dé un estímulo parecido, debemos intentar actuar de nuevo, sin condicionantes ni miedos del pasado, es decir, estando bien atentos al "hoy", con todos sus detalles! Vivir el "hoy" no es más que actuar -en lo posible- sin condicionar nuestros actos a reacciones creadas en el pasado, que seguramente ya no serán válidas ni beneficiosas para nosotros...

Curiosamente, la gente tenemos el mal hábito de intentar borrar nuestro pasado, especialmente cuando éste no es agradable de recordar y nos duele. Pero es tan absurdo como, ante un problema cualquiera, evitar mirarlo y reconocerlo, creyendo que de esta manera desaparece definitivamente de nuestra vida! El pasado está ahí, en la obscuridad del subconsciente y, desgraciadamente, afecta -más de lo que queremos aceptar- nuestros actos y comportamientos actuales. Pero, la verdad es que, seguramente, basta con ser conscientes de su existencia oculta y de cómo nos limita como personas ante el momento presente, para estar ya en el camino de su solución. Cuando uno aprende a estar bien atento al momento presente, es respetuoso con él y con sus detalles específicos, y no lo "etiqueta" con esterotipos caducos, sino que permite que la realidad se imponga y es, precidsamente, esa plena conciencia en el "hoy" lo que nos aporta la paz interior y la actitud correcta en nuestra vida.

Así, cada persona, momento y lugar son un referente nuevo, singular e irrepetible, por tanto una privilegiada oportunidad para conocernos mejor y ejercitar la libertad de sentir, pensar y actuar lo que decidamos, libremente. De esta manera, no juzgamos a priori -como usualmente hacemos- los hechos o las personas, sino que dejamos que éstos se manifiesten (fluyan) tal y como en realidad son... luego solo tendremos que encajarlos o no en nuestra propio "hoy, en linea con lo que surje desde dentro de nuestro corazón"! ¿Cuántas veces hemos juzgado -o sido juzgados- antes de poder dar una oportunidad a los hechos, a los momentos o a las personas para manifestarse tal y como son? Y, lo más importante ¿ese juicio previo -a partir de nuestras experiencias del pasado- nos garantiza acertar y evitar repetir los errores del pasado? En cualquier caso, lo que nos mueve a actuar de esta manera es nuestro miedo (lo contrario del amor, que genera confianza) a un nuevo fracaso... olvidando que cada error es una nueva lección -necesaria- en la vida... y, precisamente, lo que nos hace crecer como personas! Alguien dijo que un error es una gran lección; dos veces el mismo error, sí es un error! ¿Crees de verdad que hay dos personas, momentos o lugares capaces de repetirse, tal cual son en realidad? ¿A qué tenemos miedo, entonces?

Miguel Benavent de B.

viernes, 10 de julio de 2009

¿TENEMOS LO QUE MERECEMOS... O LO QUE CREEMOS MERECER?



Comunmente nos surje la duda de si tenemos o no en nuestra vida lo que realmente merecemos. De ahí concluímos si es justa o no nuestra vida o, lo que es casi lo mismo, si la vida nos trata bien.

Seguramente habría que darle una vuelta a este tema. En primer lugar, deberíamos matizar si en esta vida tenemos lo que merecemos o bien si tenemos lo que creemos merecer, lo que es muy distinto. Aunque sea porque "creer" es algo inducido cultural y educativamente, por tanto algo cambiante en nuestra vida. Es obviamente bueno tener creencias y valores personales, pero siempre y cuando estos se correspondan con nuestro yo interno y en el ciclo vital en que estemos. Si no es así, las creencias suelen ser limitativas y, aunque parezca lo contrario, ir en contra nuestra. De todos modos, en nuestra sociedad se nos exije ser coherentes con nuestras creencias impuestas, como signo de identidad propia. A la gente, a la sociedad, le gusta etiquetar... y no equivocarse con la etiqueta! Pero, visto lo visto, esas creencias ajenas, inoculadas en la educación y preservadas en nuestro entorno social no hacen más que garantizarnos la supervivencia del Ego, o sea la personalidad adquirida y no siempre verdadera. Cuando, a decir verdad, esa personalidad o, lo que es lo mismo, nuestro Ego, no es más que un impedimento para poder alcanzar la verdadera integración como ser humano, como suma de su esencia humana y divina. Esa integración, mucho más elevada que el simple, dual, limitativo y testarudo Ego, exije aceptar la humanidad peculiar de cada uno (con sus cualidades y virtudes, además de con los errores necesarios para aprender) para luego trascender y permitirnos a nosotros mismos optar por una vida mejor de la que el Ego nos ofrece. El Ego se conforma con perseguir infructuosamente la seguridad, la estabilidad y el inmovilismo personal y para él todo es "bueno" o "malo", sin matices. Cuando precisamente la vida es todo lo contrario, aunque nos obstinemos en negarlo. La vida es algo muy rico en matices, contrastes, y, evidentemente, inclasificable por la mente binaria que fabrica nuestro Ego. Y, por decirlo de alguna manera, nuestra verdadera felicidad depende solo de ser capaces de aceptar la vida como viene y con toda su amplitud y variados detalles, siendo como realmente somos, es decir, ricos en repertorio y capaces de saborear los diferentes matices que ella propone! ¿Cuantos "yo" conoces en ti mismo? ¿El realista, el romántico, el trabajador, el soñador, el calculador, el enamorado, el alegre, el temeroso, el triste, etc.? ¿Por qué escoger un solo "yo" para vivir, si precisamente la vida nos brinda cada día miles de momentos y requiere de nosotros un amplio repertorio de sentimientos para vivir esas situaciones cambiantes? ¿Has pensado alguna vez cuántos sentimientos diferentes sientes a lo largo de un solo día?

La otra felicidad aparente, la fabricada por el Ego inamovible, egocéntrico y limitado, solo nos trae problemas con nosotros mismos y, como consecuencia inmediata, con lo demás. Basta mirar la vida de cualquiera de nosotros y sus visicitudes para darnos cuenta de esto! Porque luego -vaya ironía- es el propio ego cuestionado el que nos reprocha el habernos confundido ante las cambiantes circunstancias de nuestra cotidiana vida y quien nos hace sentirnos culpables. Y para seguir adelante en nuestro camino, deberemos saber perdonarnos, entender que, para aprender en esta vida, es necesario el error y saber leer la lección que siempre trae consigo. Y solo mirando de cara al miedo que induce al error es cuando avanzamos en el verdadero crecimiento hacia nosotros mismos y hacia nuestra felicidad; si no lo hacemos así, los errores se van acumulando -porque la vida nos presenta nuevas oportunidades y versiones del mismo escenario del error hasta que aprendamos-, la culpabilidad crece y nuestra propia estima va menguando, haciéndonos sentir cada día más vulnerables, más inciertos y, lo que es peor, haciéndonos aceptar -con resignción y con pena- lo que la vida ajena del Ego nos ofrece... que es muy distinto a lo que soñamos y merecemos en nuestro corazón. Y esa paulatina renuncia a nosotros y a nuestros sueños siempre se paga, de una u otra manera...

Solo aceptando nuestra naturaleza humana -con todas sus flaquezas y torpezas- podemos trascender a esa otra vida que anhelamos y realmente merecemos. Pero, como leí hace poco, las circunstancias no son simplemente, sino que las circunstancias están para cada uno y llegan porque uno, de una manera u otra, las provoca en su propia vida. Lo realmente importante es saber quien reina -o quien queremos que lo haga- en nuestra vida, si el amor o el miedo... a ser, a sentir o a vivir lo que nos toca en cada especial momento y con el sentido apropiado y propio que le demos. Eso, sin más, es lo que hace que sintamos merecida o no nuestra vida singular, irrepetible y mágica. Así, nunca deberíamos acusar a la vida de ser injusta o inmerecida para nosotros, pues dependerá de lo justos que seamos con nosotros mismos y con los demás y de que tengamos el valor de vivir -o al menos aspiremos a ello- lo que realmente merecemos! Y no olvidemos nunca que la Verdad está siempre en nuestro corazón y que nos habla -bajito- desde la conciencia, que llevamos todo el día puesta encima, queramos o no! Y esa Verdad, al fin, siempre se acaba desvelando ante nuestros ojos y entonces solo hay que ser valientes para vivir lo que realmente merecemos... y olvidarnos de lo que creemos merecer!

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viernes, 26 de junio de 2009

EL SUICIDIO EN VIDA



Suicidarse es renunciar voluntariamente a la vida... que merecemos! Generalmente por miedo, falta de valor para vivirla. Pero no hace falta quitarse del todo la vida para renunciar a ella. Para renunciar a ella solo es preciso dejar de vivirla como viene, cerrarse en el autoengaño, pensando que eso evita lo inevitable y renunciando a una vida mejor, a cambio de una vida presuntamente segura, programada y confortable, aunque vacía! Suicidarse es matarse uno mismo desoyendo nuestro fuero interno, dejando de soñar lo que merecemos y tenemos derecho, resignándonos a lo que nos ha tocado y no haciendo algo para cambiarlo. En una palabra, acumulando agravios y yendo contra uno mismo. Eso es el suicidio en vida!

Porque el suicidio real y evidente tiene como protagonista a una persona temorosa que desea abandonar este mundo... porque siempre lo ve como algo ajeno, frustrante y medio vacío de alegría! Porque, más alla de si tenemos derecho o no a decidir sobre nuestra vida o de la presunta ilegalidad del asunto, el suicidio no es más que dejarse llevar por el miedo y, por tanto, desterrar el amor de nuestra vida. Ambos no caben, ¿amor o miedo, decisiva elección? Y es que, sin amor, esta vida nuestra no vale la pena! Pero amar exije una actitud determinada en la vida; el amor empieza -necesariamente- por uno mismo, sigue por los que nos rodean y por todos los demás... y acaba en el Todo lo que la vida nos ha puesto a disposición para que vivamos y alcancemos la felicidad! Es decir, amar la propia vida!

Generalmente hablamos del suicidio -entendido como tal- como algo extraño, lejano y ajeno, como si no hubiera estado presente en algún momento de nuestra existencia. Quien más y quien menos ha sentido en alguna circunstancia adversa y gestionada desde el miedo, el irrefrenable y lícito deseo de suicidarse... aunque fuera un impulso pasajero y no culminara por la falta de valor para llevarlo a cabo. Seguramente, si existiera un método rápido, efectivo y discreto, muchos de nosotros estaríamos muertos! Sí, no hace mucho tiempo que me rondó por la cabeza el deseo de suicidarme, lo reconozco y no me avergüenzo por ello, pues fue precisamente mi palanca de ascenso hasta mi hoy, en camino hacia mi plenitud y mi felicidad. Entonces, estaba ofuscado ante una vida que detestaba, un amor verdadero y ausente y, sobre todo, llevaba demasiado lastre histórico y ajeno para poder transitarla con entera libertad, con dignidad y tal como yo deseaba. Sin duda, más fácil y cómodo quitarse de enmedio... que intentar cambiar las cosas que me impedían vivir la vida que merecía. Por entonces, incluso comentaba a mis mejores amigos -con un cierto impudor- mi sincero pensamiento, provocando la perplejidad en mis fortuitos oyentes; supongo que más que asustarse ante mis explicaciones, muchos de ellos incluso encontraron en mis argumentos poderosas razones que compartían y que, sobradamente, justificaban una decisión límite como aquella... Pero, como dicen los terapeutas, el pretendido suicida que lo anuncia, generalmente nunca lleva a cabo su amenaza. Y así fue, nunca tuve el valor de suicidarme o tal vez porque no supe encontrar la píldora mágica que lo hiciera ;) Pero no es que tuviera o no valor suficiente, sino que opté -en medio de esa profunda borrasca del trastorno mental transitorio- por dedicar mi valentía a cambiar realmente las cosas, empezando por mí mismo. Supongo que hay que tocar fondo en algún aspecto de nuestra vida para lograr dar el gran salto hacia arriba, hacia uno mismo y lo que uno merece!

Dar el salto desde las profundidades hasta el Cielo implica, simplemente, cambiar el miedo por el amor, dejar de resignarse ante la vida y luchar despiadadamente por lo que uno siente (no piensa, ni cree) merecer en ella. Significa dejar de pensar que la vida es injusta, nos engaña y nos pone trampas -para probar nuestra lealtad con nosotros mismos- y darnos cuenta de que la vida no es más que el fiel espejo de nosotros mismos y de lo que, con nuestra actitud vital, parecemos pedir a la vida. ¿O el amor solo significa simplemente ser capaces de mirar la botella medio llena cuando hasta entonces la veíamos medio vacía? Y ese esencial cambio de prisma en la vida no puede hacerlo nadie por nosotros! La solución, sin duda, pasa por abandonar ese viejo sentimiento de culpa -inducido por nosotros mismos o por los otros- para sustituirlo por un sentimiento positivo, como es la gratitud. Si logramos considerarnos afortunados poseedores de lo que tenemos y nos brinda la vida en cada instante, siempre tendremos poderosas razones para vivir y, así, tener tiempo suficiente para devolverle a la vida lo que, generosamente, nos ha regalado. Si no, siempre habrá un reproche, una razón injusta, una acumulación de errores propios y ajenos para considerar seriamente la marcha forzada de este loco mundo nuestro. Si, además, somos conscientes de que la vida, al final, siempre pone las cosas donde han de estar o, como comunmente se dice, pasa factura, uno siempre puede pensar en abandonarla antes de que llegue la factura y así se evite el pago, expiando sus erróneas decisiones del pasado o sus simples indecisiones. Huelga decir que resulta mucho más efectivo tomar decisiones en vida, basadas en la coherencia con uno mismo, evitando equivocarse reiteradamente, aunque siempre aprendiendo de ello. Los errores siempre son subsanables, aunque para ello debamos dejar de lado nuestro miedo... y ver que, muchas veces, en su caso, son un camino hacia el amor! Seguir en el miedo significa la sistematización de los errores hasta que realmente aprendamos de ellos y, sobre todo, la renuncia al amor que se nos ofrece... lo que convierte nuestra existencia en una muerte en vida, o en un suicidio más!

Aquí te dejo una entrevista de La Contra en la que se habla del suicidio. Léela y extrae tus propias conclusiones.


Carmen Tejedor, 66 años, psiquiatra; dirige el programa de prevención del suicidio del Eixample"Yo nunca he encontrado libertad en un suicida". La Contra de La Vanguardia. LLUÍS AMIGUET - 13/06/2009

Cuando podemos hablar de algo, también empezamos a controlarlo; por eso el mejor remedio contra el suicidio es la palabra. Cada día llegan suicidas a mi consulta: si todos cooperamos, podríamos reducir su número

Veo a un suicida a punto de lanzarse al vacío, ¿qué hago?

Para empezar, no demuestre nervios ni precipitación e intente buscar ayuda. ... ... Con naturalidad y calma, trate de hacerle hablar con respeto y tacto, encontrando el tono adecuado, preguntándole por su nombre por qué está actuando así.

Por ejemplo... "Bueno, vale, Lluís, entiendo que se siente muy mal, explíqueme por qué está aquí...".

... Debe intentar rebajar dramatismo; aplazar el acto, pero no se enfrente a él ni trate de predicarle, y llámele por su nombre.

¿Por qué?

La libertad del suicida es falsa. Lo explica muy bien The bridge,un documental rodado con cámara oculta en The Golden Gate de San Francisco, lugar habitual para suicidas.

¿Qué explica?

Recoge un suicido frustrado por una foca que empuja al suicida, con las piernas rotas, hacia la superficie: "Me arrepentí - confiesa el pobre-cuando aún estaba en el aire".

Esa foca merece una medalla. Otro suicida también se arrepiente en el último segundo y se desuella las manos aferrándose a la cornisa: "No era yo cuando me tiré". Ahí está la respuesta de cordura de no reconocerse a sí mismo en la situación.

El retorno de la dignidad.

Por eso hay que afirmarle la identidad al suicida llamándole por su nombre y demostrándole que nos importa; que es alguien para nosotros y que su vida es necesaria.

¿Y si no quiere hablar ahora?

Hágale olvidarse del ahora.

...

Recuerde el tarrito de Alicia en el país de las maravillas donde ponía "Para comer mañana". Para que aplace su decisión, hay que meter el impulso suicida en ese tarrito haciéndole hablar y escuchándole.

"No puedo explicarle lo que me pasa".

Inténtelo: vamos, en cuanto somos capaces de verbalizar un sentimiento, un deseo, un impulso, ya estamos empezando a controlarlo. Y lo mismo sucede con los intentos de autodestrucción y el suicidio.

Quien mucho avisa no se mata.

Falso: quien mucho habla de suicidio es quien acaba cometiéndolo. Hablar de quitarse la vida es un indicador de riesgo: tómeselo en serio.

Bueno, los suicidas son ínfima minoría. El 10 por ciento de nuestra población ha pensado en poner fin a su vida alguna vez y el 1,5 por ciento lo ha intentado, pero es muy difícil dar estadísticas fiables, porque el suicidio se suele encubrir.

¿Por qué?

El suicidio sigue siendo algo vergonzante. El 10 por ciento de los suicidas deja una nota. Recuerdo una ilustrativa al respecto que decía: "Y, sobre todo, hija mía, di a las vecinas que ha sido una embolia y no que me he tomado unas pastillas".

¿Por qué el suicidio avergüenza?

Porque creemos que es un acto libre y si hay libertad hay culpa, así que existe una especie de juicio popular que condena de antemano al suicida y a quienes le rodean.

¿Suicidarse no es nunca un acto libre?

Yo nunca he encontrado libertad en el suicida: siempre eran víctimas de un estado anímico alterado que no les permitía decidir libremente.

¿No hay un suicidio racional?

El 95 por ciento de los suicidas presentan claros síntomas de trastorno mental: depresión, ansiedad, irritabilidad, impulsividad patológica. El otro 5 por ciento es el denominado suicidio balance,al que se llega tras un diagnóstico de enfermedad somática terminal.

¿Y entonces?

Suele haber una depresión más o menos encubierta.

¿Hay familias de suicidas?

Existe un factor genético comprobado en grupos endogámicos como los amish. Y también hay sociopatías que lo favorecen.

¿Como en la anomia de Durkheim?

La falta de referencias, de sentirte de un grupo, te hace más vulnerable a las depresiones, y en ese sentido será interesante comprobar si las redes sociales digitales nos protegen de esa soledad anómica.

¿El amor sigue matando?

Seguimos suicidándonos por amor. El desengaño amoroso aún es la primera causa de suicidio en todas las edades, pero suele ir acompañado de otras disfunciones.

Por ejemplo...

Los cinco factores que favorecen el suicidio son el trastorno mental; los pensamientos o ideas suicidas tras intentos previos; una enfermedad somática crónica; el desarraigo social, o impactos externos que rompen el equilibrio emocional del suicida.

¿Hablar del suicidio lo propicia?

Ocultarlo lo propicia. En cambio, una actitud social proactiva ante el suicidio lo reduce. La prueba es nuestro programa de intervención en la Dreta de l´Eixample, que ha logrado reducir un 66 por ciento las repeticiones de intentos suicidas.

¿Cómo?

Haciendo que, además de los médicos, todo el barrio participe en prevenir el suicidio: residencias geriátricas, servicios sociales, escuelas, asociaciones de vecinos, bomberos, policías... Poca inversión con mucho resultado. Es un modelo que ahora implementarán en otras comunidades.


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martes, 24 de marzo de 2009

¿APRENDER SIN MIEDO A EQUIVOCARNOS?



Precisamente durante estos días estoy acudiendo a un interesante curso de Coaching-PNL. La Programación Neuro-Linguística (PNL) no pretende otra cosa que crear un modelo mental para entender el por qué hacemos ciertas cosas. Como si fuéramos un ordenador, en nuestra mente están instalados programas, basados en la experiencia y en las sensaciones vividas, que hacen que actuemos de una manera concreta, cada vez que un estímulo nos llega. Y así, repetimos como autómatas ciertas reacciones ante un hecho concreto que evoca -consciente o inconscientemente- lo experimentado. Amor, felicidad, temor, confortabilidad son programas pre-instalados que evocan momentos vividos y nos hacen actuar de una determinada forma cada vez que aparecen en nuestro día a día. Y eso, precisamente, provoca nuestra actitud previsible ante lo que vivimos. Pero esas respuestas automatizadas no siempre se corresponden a nuestro ahora, ni son necesariamente beneficiosas para nosotros en un determinado momento.

El crecimiento personal, basado en cada nueva experiencia y en adaptarnos de manera continua a nuestro hoy, no es más que nuestra innata capacidad de ir deshaciéndonos de esos viejos programas pre-instalados y muchas veces caducos, para dejar paso a otros nuevos que se adapten mejor a nuestro yo y nuestro ahora. Alguien los describió como ventanas, en las que asociamos una sensación o sentimiento a una experiencia determinada vivida. Cambiar esa unión -aparentemente indivisible, pues el cambio produce miedo- es esa facultad de abrir la ventana de nuevo y ser capaz de asociarle un sentimiento o una sensación nueva y favorable. Podemos seguir utilizando esos programas pre-establecidos y seguir actuando -y, quizás, equivocándonos también- como siempre hicimos... o bien deshacernos de ellos y, aprovechando el espacio que dejan, instalar otros nuevos, más cercanos a nosotros mismos y a nuestro nuevo ahora. Tal vez lo único que exije es ser capaz de cambiar lo conocido -y no necesariamente bueno- por algo que desconocemos, pero que es más auténtico!

Aquí te dejo la entrevista del creador del PNL. Disfrútala y aprende!


John Grinder, cocreador y pionero de la programación neurolingüística (PNL) desde 1976. "Puede saber si le mienten por el movimiento de los ojos". La Contra de La Vanguardia-LLUÍS AMIGUET - 17/03/2009

Nuestra cultura prescinde del subconsciente...

Ignora medio cerebro.

Porque nos educan sólo para ser útiles en el sistema productivo y, sinceramente, creo que, como humanos, somos capaces de muchas más cosas...

... Que se consideran secundarias.

Pagamos un precio por esa miopía: perdemos capacidad de aprendizaje y de conexión interpersonal y sufrimos ansiedades paralizantes y disfunciones frustrantes.

La razón no se entiende con la otra mitad de la mente, pero tampoco sin ella.

No es que el subconsciente no tenga lógica; tiene sus reglas, pero no son las mismas de la razón y tampoco necesitamos saberlas para beneficiarnos de todo su potencial.

¿Y eso es lo que aprovecha la PNL?

La programación neurolingüística la creamos Richard Bandler y yo en 1976 a partir de los grandes descubrimientos de la neurología y la lingüística de los setenta.

Década pionera para la neurociencia.

Aprendimos de Bateson, Beethoven del pensamiento; Pearls, el creador de la Gestalt; Satir, avanzada de la terapia familiar, y Erickson, maestro de la metáfora y experto en conseguir respuestas del subconsciente.

¿Para qué sirve la PNL?

Tratamos de explicar cómo los humanos conseguimos estados mentales en los que realizamos nuestros objetivos.

¿Alguna técnica específica?

Tal vez la más popular es la de las pautas del movimiento ocular: si ahora mis ojos van hacia mi izquierda es que estoy recordando, ergo diciendo la verdad; si hacia mi derecha, es que estoy creando imágenes, ergo podría estar mintiendo.

Para mentir, mejor llevar gafas de sol.

Su movimiento ocular delata la tarea mental que está haciendo: creando una imagen (sus ojos se mueven arriba y a su derecha); recordando una imagen (arriba izquierda); creando sonidos (centro derecha); recordando sonidos (centro izquierda); reviviendo emociones (abajo izquierda); y hablando consigo mismo (abajo derecha).

¿Cómo enseña usted a aprender?

¿Acaso los niños se preocupan por la gramática? Y sin embargo aprenden a hablar más rápido que los estudiantes de idiomas que se esfuerzan en racionalizar y memorizar las reglas gramaticales de los adultos.

Aquí se estudia, pero no se habla inglés.

Porque aprenden inglés, pero no a hablar. Otra manera habitual de no aprender un idioma es concentrarse sólo en la traducción y obsesionarse con no cometer errores.

¿Es mejor equivocarse?

Para aprender, debe suspender el juicio y poner en ello toda la mente y no sólo la razón.

¿Suspender el juicio es hacer bobadas?

Al contrario. Ser capaz de no razonar automáticamente ante un problema requiere concentración, entrenamiento y sabiduría. Nos han hecho creer que el aprendizaje es fruto siempre del raciocinio, pero nuestra capacidad más importante - hablar- la aprendemos sin razonar: simplemente imitando.

Los primates aprendemos copiando.

Si pudiera aprender a pintar con Picasso o a tocar con Mozart, ¿trataría usted de deconstruir sesudamente su obra? Si los imitara sin racionalizarlos, aprendería más rápido.

Si pienso en cómo ando, me caigo.

Los niños cometen errores, pero sin ser conscientes de ellos, por eso sin tener profesores de idiomas acaban hablando bien. En cambio, el adulto es demasiado consciente de sus faltas y su temor a cometerlas paraliza a menudo su capacidad de aprender.

¿Su consejo?

Debe acceder a un estado mental en el que adquiera la flexibilidad natural del niño para escuchar y reproducir sonidos sin el miedo del adulto a equivocarse. Cuando lo logre, su voz interna le hablará su nueva lengua; con errores, sí, ¿y qué? Ya corregirá.

¿Una regresión para poder avanzar?

Una regresión en la que la nueva lengua se aprehende sin interferencia de la materna. Y ese estado de suspensión de conciencia también es útil para otros aprendizajes.

Por ejemplo...

A mí me aburre repetir lo que sé. Prefiero experimentar y equivocarme a repetir sin meter la pata, pero también sin aprender nada nuevo.

El error aquí tiene muy mala prensa.

La obsesión por no arriesgarse en el ensayo de lo nuevo es consecuencia de nuestra inseguridad, pero también al mismo tiempo la prolonga. Evita que avancemos. La repetición de lo sabido minimiza el error, pero también el aprendizaje.

Los banqueros parecían infalibles.

Cuanto más inseguro es un negocio en realidad, más necesitan los negociantes simular seguridad y predictibilidad. Y, sin embargo, a menudo avanzar en zigzag de forma inesperada es el mejor modo de llegar lejos.

Los experimentos, con gaseosa: dicen.

A los empresarios convencionales les provoca pánico, no ya equivocarse, sino simplemente la posibilidad de que alguien crea que pueden equivocarse. Están paralizados por la necesidad de simular que tienen todo bajo control.

¿Cómo aprender sin miedo al error?

Cualquier ansiedad aumenta si no la confrontamos, pero se desvanece en cuanto le plantamos cara. Es como un fantasma imaginario que crece y crece hasta que te atreves a quitarle la sábana y, ¡zas!, resulta que debajo sólo había un ratoncito.


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