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jueves, 10 de junio de 2010

COMO ES DENTRO ES FUERA...


Sin duda la violencia es una lacra de la Humaniad. El miedo en forma de odio se impone en un mundo donde el terror campa libremente y por doquier. Ya se trate de violencia organizada, de tono "bajo" como el maltrato -doméstico, de género, infantil o hacia los animales- ya sea institucionalizado por países aparentemente civilizados que se muestran como estandartes de la libertad y la democracia o en países del mal llamado subdesarrollo...

Y esa violencia nace de la agresividad humana y del miedo que la genera. La agresividad es algo inherente al ser humano y la violencia no es más que su uso explícito, continuado y premeditado. Pero la agresividad, habiendo nacido del ser humano, solo puede erradicarse en él, en cada uno de nosotros como personas con capacidad de ser y de elejir libremente nuestra vida y nuestro comportamiento y actitud en ella. Simplemente porque la suma de cada uno de nosotros -y de nuestras dicisiones voluntarias- formamos la sociedad. Si cada uno de nosotros permitimos, aceptamos o nos mantenemos indiferentes ante la agresividad personal o la violencia explícita, ésta domina la sociedad y hace de este mundo nuestro algo insoportable e insano para el propio ser humano y su entorno natural. Da igual que esa violencia se cebe con mujeres, con personas desvalidas y pobres, con niños o con animales...

Para evitarlo, cada uno de nosotros debe asumir y aceptar que es en nuestro interior donde reside la agresividad, no fuera... donde es fácil de denunciar o de culpar a los demás, ya sean instituciones, países o exlotadores de cualquier tipo. Debemos -cada uno- reconocer que la agresividad no es algo ajeno e inevitable, sino algo que tenemos dese que nacemos, que alienta esta sociedad enferma... pero que podemos -y debemos- controlar y evitar! Quizás empiece con una sutil falta de respeto hacia alguien de nuestro entorno... seguramente fruto de haber sufrido antes en propia carne esa sutil pero tóxica falta de respeto de un familiar o nuestra pareja... "Ofrecemos lo que hemos recibido y buscamos lo que nos falta"! De esta manera, una persona que ha sido puntual o continuamente vejada, maltratada o vilipendiada, llegará -incluso- a aceptar ese trato indigno, lo considerará "normal", "merecido" e incluso alentará su sentimiento de culpa...

El único antídoto para desprenderse de esa lacra será asumir la propia responsabilidad de su vida, cuestionando y eligiendo libremente qué quiere y qué no en ella. En un primer paso, quizás se considere víctima de alguien cercano o de las circunstancias de su propia vida... Pero buscando culpables de nuestras desdichas no hacemos más que admitir nuestra incapacidad de controlar y asumir nuestro rol de protagonistas de nuestra propia vida! Exculpar a los demás, exculparse a uno mismo por haber permitido que esa situación adversa sucediera! Perdonar y perdonarse! Ese es, sin duda, el primer y decisivo paso para erradicar todo eso que perturba nuestra vida, nuestro mundo... y nuestro camino hacia nosotros mismos y, por tanto, hacia nuestra felicidad! Porque no debemos olvidar que nadie se siente bien consigo mismo cuando se deja llevar por sus debilidades, condicionantes y carencias... Pero, de igual modo, nadie debe ser víctima de uno mismo ni de nadie más... solo por no tener el valor de asumir su propio protagonismo en su vida y elegir libremente lo que desea en ella...

Aquí te traigo un artículo aterrador sobre un tipo evidente de violencia humana e institucionalizada. Hay muchos tipos más y quizás te resultarán ajenos y lejanos de tu entorno habitual y de tu vida! Pero piensa que cada vez que tú alzas tu voz, no atiendes o no intentas comprender a un familiar, conocido o compañero de trabajo -con o sin justificación- estás sembrando de agresividad tu entorno... y la violencia no es más que la perpetuidad -organizada o no- de esa conducta humana, pero perjudicial para tí y para los que te rodean! Extrae tus propias conclusiones...


VIAJE AL CORAZÓN DE LA TRATA DE BLANCAS

La periodista mexicana Lydia Cacho dibuja el mapamundi del tráfico de mujeres Cada año, 1,39 millones de personas pasan a engrosan la nómina de esclavos sexuales. Xavi Ayén La Vanguardia. Barcelona 04/06/2010

Nunca en la historia de la humanidad se habían secuestrado, comprado y esclavizado sexualmente a tantas mujeres como ahora. La trata de seres humanos está documentada en 175 naciones y, cada año, 1,39 millones de personas –la mayoría, mujeres y niñas– pasan a engrosar la nómina de esclavos sexuales. Las cifras crecen y crecen y, según la periodista Lydia Cacho (México, 1963), "muy pronto se superará el número de esclavos vendidos en la época de la esclavitud africana que se extendió del siglo XVI al XIX".

El libro de Cacho recoge la investigación que durante cinco años ha llevado a esta corajuda mujer a recorrer medio mundo (Turquía, Israel, Japón, Camboya, Birmania, Argentina, México, Senegal, Uzbekistán, España...) rastreando los flujos del tráfico de mujeres, y entrevistando a víctimas, clientes, proxenetas, militares, políticos, mafiosos, banqueros, policías, sicarios, familiares... disfrazándose si era menester –a la manera de su admirado Günter Wallraff–, por ejemplo, de novicia para pasear sin peligro por un barrio mafioso de México, o de turista para visitar un prostíbulo de jóvenes en Tokio. El resultado de su trabajo no ofrece lugar a dudas: pese a las versiones oficiales que minimizan la cuestión y a la tendencia occidental de mirar hacia otro lado, este negocio vive –protegido por múltiples poderes– su momento de máximo esplendor.

"Las mismas fuerzas que tendrían que haber erradicado la esclavitud –afirma Cacho, refiriéndose a la economía de mercado y al mundo global– la han potenciado a una escala sin precedentes". Además, se ha impuesto, en el terreno de las ideas, "una cultura de normalización de estas prácticas, vistas como un mal menor". Cacho –que fue torturada y encarcelada en México en el 2005 por sus denuncias sobre pornografía infantil– demuestra en su libro cómo los grupos criminales actúan en connivencia con el poder político y económico. Una imagen puede simbolizarlo: en la ciudad japonesa de Kobe, "varios policías vestidos de civil" protegían la entronización del nuevo padrino de la mafia. Menos espectacular, pero igualmente revelador, la periodista detalla cómo en Europa y EE.UU., a pesar de sus leyes contra el tráfico, se permite de facto. "En EE.UU. –afirma Cacho– ser cliente de prostitución está penado por la ley. Sin embargo, miles de centros nocturnos, casas de masajes y servicios de acompañantes se anuncian en los diarios más prestigiosos".

La periodista, que ha llegado a hablar con madres que le vendían a sus hijas, explica cómo "naciones profundamente religiosas, como Turquía" no solamente han legalizado la prostitución "sino que el propio gobierno maneja los burdeles" mientras, en el polo opuesto, "Suecia ha penalizado el consumo de sexo comercial". Y, en Pattaya (Tailandia) ha hablado con niñas de diez años "que tenían seis o siete clientes de yum-yum (sexo oral) todos los días del año".

En su estancia en Israel y Palestina, Cacho ha comprobado que, bajo el conflicto, late un drama oculto: la creciente desaparición de adolescentes y jóvenes, ya sea para prostituirlas o para vender sus órganos. En el 2007, un juez obligó a unas chicas violadas a casarse con sus verdugos ya que "el padre las había vendido y las niñas ya no eran honorables" pues habían perdido su virginidad. Aunque Israel reconoce sólo 2.000 casos, diversas ONG hablan de 20.000 prostitutas, la mayoría "forzadas y sometidas a una deuda con sus traficantes".

El libro detalla los mecanismos de funcionamiento de las mafias, a las que describe no como "grupos aislados" sino como una industria organizada que, además, paga impuestos con sus negocios legales o tapaderas. Cacho cuenta cómo, cuando los empresarios pierden a sus esclavas por cualquier motivo, "en 72 horas sus brókers ya tienen a las suplentes".

La autora consagra un capítulo a la guerra y muestra cómo, por ejemplo, en la de Iraq el ejército norteamericano usó en algunos casos la violación como arma intimidatoria –a la manera de los serbios en Yugoslavia– y cómo, a pesar de las declaraciones oficiales, EE.UU. auspició la creación de nuevos circuitos prostibularios en el país invadido.

Asimismo, analiza con detalle los modos en que los hombres se convierten en proxenetas –apadrinamiento y tradición familiar, básicamente– y sobre todo cómo ejercen su labor, usando las nuevas tecnologías –las redes sociales de internet– y desarrollando unos mecanismos para domar a las chicas.

El fenómeno no es anecdótico. La explotación sexual comercial es la forma de trata de personas más extendida en el mundo (79% del total), seguida del trabajo forzado (18%), recuerda Cacho. El 3% restante lo componen la servidumbre doméstica, el matrimonio forzado y la extracción de órganos.

miércoles, 15 de abril de 2009

LA MALDAD EN ESTE MUNDO INCIERTO...



Hoy te traigo una información desagradable, pero -lamentablemente- demasiado cotidiana ya en nuestro mundo insano e inhumano. La maldad existe, pues es inherente al ser humano. Y, como no podía ser de otro modo, ésta se refleja en el mundo que hemos creado y vivimos.

En nuestro mundo, la fuerza, la competitividad y el poder engrandecen el Ego, ese maldito ego que nos engaña haciéndonos creer y vivir lo que no somos. Pero no a cualquier precio, sino valiéndose de los pobres, los débiles y los desamparados, ya sean hombres, mujeres o niños. Y es que el débil no puede defenderse de la superioridad del vanidoso, rico y dominador. Ya se trate -como en este artículo concreto- de explotación sexual en toda regla, o del demasiado común, más civilizado y camuflado maltrato familiar o de género, el fuerte se impone al débil. Situaciones como estas deberían hacernos pensar en el ser humano y en cómo éste debe vivir su vida plena y satisfactoria, sin que para ello deba valerse del débil en su entorno. Como suelo afirmar, "hay gente que solo crece apoyándose y haciendo sucumbir al de al lado suyo, tal vez porque -aunque parezca lo contrario- no pueden valerse por sí mismos para crecer y ser únicos!" Tras un explotador sexual, tras cada maltratador del tipo que sea, hay una persona débil y atemorizada que se teme a sí mismo y le asusta su vida. ¿Crees sinceramente que alguien que maltrata, abusa o explota es feliz con su vida?

Al miedo hay que mirarlo de cara para superarlo, sin intentar justificarlo o tratar de esquivarlo, como si no existiera; el sentimiento del miedo es humano y solo puede ser reemplazado por el amor! Si en nuestra vida tuviéramos el valor suficiente para imponer el amor, nosotros y nuestro mundo sería mucho mejor de lo que es ahora. Simplemente porque nosotros mismos creamos nuestro mundo y todo lo que en él habita. Pero para imponer el amor uno debe ser realmente fuerte, valeroso y sobre todo entender que es el único sentido que podemos darle a nuestra vida! Y por favor, deja ya de compadecerte de ti mismo o de buscar un enemigo ajeno y lejano a lo que pasa en tu vida o en el mundo! Afortunadamente, el protagonista ineludible de todo lo que pasa cerca o lejos en tu vida está en tu interior... solo debes tener el valor de redescubrirlo y de vivirlo!

Lee el siguiente artículo y medita. Tú puedes hacer algo para cambiar las cosas que suceden en nuestro incierto mundo: simplemente trata de ser tú mismo y deja que el amor que todos tenemos dentro fluya contigo mismo y entre los tuyos. Eso cambiará el mundo, el tuyo propio y el que te rodea!


Niñas mauritanas a cambio de petrodólares
12.04.09 PERIODISTA DIGITAL


(PD).- En ese lucrativo y asquesoro negocio participan desde los padres de las menores -acuciados por la miseria y la incultura- hasta intermediarios mauritanos, instalados en el reino saudí, que las conducen a clientes árabes de holgada posición económica.

"Esas niñas son destinadas a emires y a personalidades acaudaladas y acaban siendo víctimas de explotación sexual y proxenetismo", asegura a EFE la presidenta de la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia (AMCF), Aminetu Mint Moctar.

"A veces las hacen trabajar como amas de casa, y después de quitarles su bien más preciado (la virginidad), las echan a la calle sin miramientos ni compasión", añade la representante de esa ONG, que ha registrado ya quince casos de ese tipo.

Mint Moctar explica que las niñas, normalmente de entre 12 y 15 años de edad, "suelen permanecer uno o dos años en casa del comprador, y cuando se quedan embarazadas o ya han parido, son expulsadas y se ven obligadas a practicar la prostitución como medio de vida".

Esa es la sombría perspectiva que la mauritana Aminetu Mint Ahmed cree que le espera a su hija de nueve años Aicha, que según ella está "secuestrada" por su padre y junto con sus dos hermanos en Arabia Saudí.

Los compradores pagan por esas jóvenes entre 50.000 y 80.000 riales (entre 10.000 y 15.800 euros), afirma esta mujer, expulsada de Arabia Saudí tras haber denunciado a su ex esposo, al que acusa también de estar involucrado en la falsificación de documentos de identidad.

La tenencia de una falsa tarjeta de residencia es necesaria para las menores que son enviadas allí, puesto que sin ella las extranjeras que dan a luz en el país "son consideradas culpables de adulterio y asesinadas, o, en el mejor de los casos, flageladas antes de ser expulsadas".

Para la presidenta de la AMCF, "la degradación de la situación económica de los hogares mauritanos y la ausencia de programas de educación ciudadana en los medios públicos" contribuyen a estas situaciones.

La impunidad de los responsables de ese delito es uno de los factores clave en la intensificación del tráfico de menores.

"Hasta el momento, las autoridades de Nuakchot no se muestran lo suficientemente sensibles a ese fenómeno, a pesar del llamamiento de nuestra ONG, de las acusaciones de adulterio contra jóvenes mauritanas en Arabia Saudí y de sus continuas expulsiones del país", añade Moctar.

De esa impunidad es consciente la madre de la pequeña Aicha, tras ver que su ex marido ha conseguido escabullirse, con la ayuda de uno de esos jeques saudíes, de una orden internacional de arresto emitida por las autoridades mauritanas tras una denuncia presentada por ella.

Algunas ONG como la de Moctar han volcado sus esfuerzos en la erradicación de situaciones como la descrita.

"Estamos trabajando en la elaboración de una estrategia de lucha contra ese tráfico y en la de una queja ante las autoridades para que castiguen a los autores de esa práctica degradante para el futuro de la mujer mauritana -asegura- y para el de toda la nación".

Hasta que eso suceda, las niñas mauritanas más indefensas, las de menos recursos, seguirán estando sometidas a la incertidumbre de que un día su propia familia decida hacer negocio con ellas por un montón de petrodólares.

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