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jueves, 25 de noviembre de 2010

NO A LA VIOLENCIA... DE GÉNERO!



Ya sabes que no me gustan las fechas claves en las que conmemoramos nuestra mala memoria ante los temas escabrosos (sida, anorexia, hambre, cáncer, etc.) o los problemas que nos acucian en nuestro mundo insano, injusto e insolidario. Hoy se celebra la Jornada Internacional contra la violencia de género... hacia la mujer! Ni que decir tiene que yo la hago extensible hacia cualquier tipo de violencia y, como ya sabes, creo que esto es un tema que nos afecta a diario, no solo el día en que lo conmemoramos.

Antes pensaba que la violencia era algo ajeno a mí, que flotaba en el ambiente, pero que yo no tenía ese "defecto de serie" en mis genes. Evidentemente no hace falta ser muy audaz para descubrir la violencia a nuestro alrededor y en el mundo que nos envuelve, basta con ver cualquier informativo de TV para darse cuenta uno de que ésta invade cualquier rincón de nuestro planeta, cada día. Pero, desengañémonos, la violencia es algo inherente al ser humano! Todos tenemos -en un momento dado- un ápice de violencia que brota en el momento más inesperado y ante nuestra propia perplejidad! El día que me di cuenta de ello, dejé de mirar a los presuntos culpables de violencia -del tipo que fuera- como antes lo hacía! A pesar de la machacona mala costumbre de los noticiarios y la prensa de mostrarnos unos rostros muy feos, crueles e inexpresivos de presuntos culpables, psicópatas, asesinos, maltratadores, terroristas, etc. aprendí que yo podría haber sido cualquier día uno de esos antipáticos rostros. Seguramente, dado su origen policial o judicial, no saldría mucho más guapo en las fotografías... y perdona por la ironía!

Eso fue un gran descubrimiento, para mí, lo reconozco! ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre ellos (los asesinos, maltratadores, psicópatas, etc.) y yo, una persona corriente? De entrada, ninguna... y eso que yo no recuerdo en toda mi historia haber levantado demasiado la voz ni haberme peleado con un compañero de mi escuela! Queramos o no, somos todos iguales, personas, aunque unas más que otras. Pero sí -seguía pensando yo- debe haber algo que nos distingue! ¿Solo que yo cuento a 1.000 antes de enfadarme con alguien o que pienso que enfadarme me dará el doble trabajo de, después, tener que desenfadarme? No creo que solo sea esa la diferencia! ¿Que a mi me perturba e incomoda -como a casi todos- permanecer enfadado con alguien, sea por el motivo que sea? ¿O que a mi me gusta más la armonía y la paz, que a otras personas aficionadas a liarla y/o a imponerse sobre los demás como sea, para creerse superiores? ¿O que, en el fondo, me gusta más dar -o recibir- un beso, que una bofetada? Tampoco creo que sea esta la razón fundamental, aunque quizás se acerque a ella!

La verdad -y pienso en ella frecuentemente- es que la verdadera diferencia entre ellos -los presuntos malos- y yo es que yo empiezo a ser dueño de mi vida y ellos solo padecen la suya, aunque lo demuestren cebándose con el más débil que tengan cerca! Yo hoy elijo qué doy y qué recibo en mi vida... y ellos solo dan y reciben lo que el mundo les ha dejado o enseñado a dar y recibir! Ellos son víctimas de su entorno... y yo ya no lo soy tanto! Empiezo a ser libe, sí señor, esta es la diferencia clave! Yo no necesito imponerme a los demás a golpes, ni tan siquiera responder a golpes cuando me los dan! Estoy por encima de ésto, lo que me da fortaleza, confianza y seguridad como para no tener que demostrarlas ante nadie! Mis palabras sutiles, mis silencios y mis gestos mudos tienen más autoridad que la que persiguen los que deben imponerla a gritos, a golpes o a balazos, sea cual sea la razón cuestionada o el ego herido!

Pero la libertad, no hay que olvidarlo, es algo también inherente -que no, siempre cómoda de ejercer, ni fácil- a todo ser humano, sea el dominante o el sumiso, el maltratador o el maltratado, el fuerte o el débil, el culpable o la víctima! La libertad es, precisamente, lo que nos hace humanos -frente al reino animal, que carece de ella- y lo que nos permite elejir qué queremos y qué no, en nuestra vida! Y, salvo en situaciones realmente extremas -que, sin duda, las hay en muchas partes del mundo- en las que prevalece la necesidad por encima de la libertad, existe la libertad de ser violento o de no serlo! Al final, como siempre digo, la opción es el amor o el miedo, tome la forma que éste tome! Mientras sigamos pensando que la violencia está solo fuera de nosotros, no haremos nada por resolverla y erradicarla de nuestra vida...

Te traigo aquí un aterrador relato de la prensa, en el que se describe algo más que la sutil violencia que todos padecemos de alguna u otra forma en nuestra vida cotidiana! Es un claro ejemplo de rincón olvidado del mundo que carece de libertad para decidir qué quiere o no en su vida! Léelo y extrae tus propias conclusiones...

Una activista congoleña denuncia la pasividad del mundo ante la violencia contra la mujer

"Violándonos desmoralizan al enemigo". Una activista congoleña denuncia la pasividad del mundo ante la violencia contra la mujer.

La Vanguardia. ROSA M. BOSCH 14/11/2010

Cada día muere una mujer a causa de la violencia sexual en la República Democrática del Congo (RDC); desde el año 1996 se han contabilizado más de 200.000 violaciones; el hospital de referencia de Bukavu, en el este del país, asiste cada día a 14 víctimas de violaciones..." Adèle Safi Kagarabi sigue vomitando cifras espeluznantes sin parar: "Desde niñas de ocho años hasta ancianas de 75 son víctimas de las agresiones". Esta activista de los derechos de las mujeres en la RDC luce un colorista vestido pero su sombrío rostro lo dice todo. "Si entrara en detalles estaría hablando días y días, el mundo tiene que actuar ya". Kagarabi, representante de la Marcha Mundial de las Mujeres de la RDC, ha llegado esta semana a Barcelona para explicar la situación que sufre la mujer en su país desde que estalló la guerra, formalmente zanjada en el 2003, y se avivó la pugna por los recursos naturales en esta codiciada zona de los Grandes Lagos.

¿Qué hacen las agencias internacionales y las oenegés para frenar la violencia contra las mujeres en la RDC?
Tenemos muchas oenegés, muchas banderas, muchos coches, muchos despachos climatizados, muchos funcionarios, muchos expatriados a sueldo de organizaciones internacionales... ¿Y qué hacen? ¿Qué hace la ONU? Eso es lo que nosotros nos preguntamos. Desde que llegó la misión de las Naciones Unidas empeoró la situación, en las zonas donde su presencia es más numerosa y donde se producen más casos de violencia. ¿Son cómplices?

¿Nadie se salva?
La presencia de oenegés debería haber hecho cambiar la situación, pero no. Llegan oenegés pequeñas, sin recursos, y recurren a fondos de la ONU que podrían destinarse directamente a la población local. Además, estas organizaciones deberían contratar a personal del país en lugar de traer a expatriados. Aunque debo reconocer que no todos lo hacen mal, un ejemplo positivo es el del Fondo de Naciones Unidas para la Población que está realizando un buen trabajo sanitario con las mujeres.

Kagarabi habla con la contundencia y también la vehemencia que impone la desesperación y la impotencia ante la perpetuación de una situación que escandaliza a todo el mundo pero que sigue enquistada en la RDC. "Esto no se soluciona sino se va a la raíz del problema. La causa es simple: la lucha por los recursos naturales de nuestro país".

¿Cuál es la relación entre la pugna por el coltán, el oro, el petróleo... y las agresiones a la mujer?
Nos quieren hacer creer que la violencia responde a las tensiones étnicas, pero no es así. La causa de las violaciones y de todo tipo de agresiones a la mujer es la guerra por los recursos naturales. Las multinacionales desarrollan una estrategia para desestabilizar al país, provocar conflictos y llevarse nuestro oro, nuestro coltán... La expoliación nos deja en la miseria y genera más agresividad.

Kagarabi destaca que las mujeres son "la columna vertebral de las comunidades congoleñas, la fuerza económica de las familias".

Encarrilan jornadas de 16 horas de trabajo, en el campo, en el pequeño comercio, cuidando a los niños..." El ataque a las mujeres se convierte en una suerte de extorsión al pueblo, se juega con el miedo que convulsa y debilita a la sociedad. "Llegan los grupos armados y violan, torturan y asesinan a las mujeres, son el botín de guerra para desmoralizar y deshonrar al enemigo. Si tienes una comunidad débil es más fácil hacer lo que quieres: utilizan el cuerpo de la mujer para atacar al pueblo", relata Kagarabi, que lucha por mejorar la situación desde la secretaría ejecutiva de la Plataforma de Organizaciones de Mujeres de Kivu-sur.

Al preguntar a Kagarabi si ha sufrido en sus propias carnes la violencia, se levanta y hace ademán de bajarse la falda para mostrar la huella dejada por dos balas. "Yo voy donde no llegan ni funcionarios de la ONU, ni oenegés, voy a comunidades donde por la noche las mujeres huyen de sus casas y se encaraman a los árboles, donde duermen, para evitar a los grupos armados".

¿Sabe lo que es vivir en paz?
Sí, antes de la guerra teníamos problemas de empleo, de pobreza, pero no vivíamos tan mal. Ahora es terrible. Los niños mueren o los reclutan, las mujeres son forzadas varias veces y se ven obligadas a dejar el campo para irse a la ciudad, lo que provoca más miseria. Antes yo podía ir de vacaciones a mi pueblo natal, pero no he podido regresar ni he tenido la oportunidad de mostrárselo a mis hijos.

Kagarabi, durante una charla el pasado jueves en el Centre Internacional de Premsa de Barcelona, no fue capaz de esbozar sonrisa alguna. Su rostro lo decía todo y tras gritar: "No quieren que el Congo se desarrolle, quieren tenernos arrodillados para seguir explotándonos" rompió a llorar. "La mujer africana vive cada día un drama, no hay más que ver esas imágenes de madres que no superan los 40 kilos cargando fardos de cien y a su bebé".

Miguel Benavent de B.

jueves, 10 de junio de 2010

COMO ES DENTRO ES FUERA...


Sin duda la violencia es una lacra de la Humaniad. El miedo en forma de odio se impone en un mundo donde el terror campa libremente y por doquier. Ya se trate de violencia organizada, de tono "bajo" como el maltrato -doméstico, de género, infantil o hacia los animales- ya sea institucionalizado por países aparentemente civilizados que se muestran como estandartes de la libertad y la democracia o en países del mal llamado subdesarrollo...

Y esa violencia nace de la agresividad humana y del miedo que la genera. La agresividad es algo inherente al ser humano y la violencia no es más que su uso explícito, continuado y premeditado. Pero la agresividad, habiendo nacido del ser humano, solo puede erradicarse en él, en cada uno de nosotros como personas con capacidad de ser y de elejir libremente nuestra vida y nuestro comportamiento y actitud en ella. Simplemente porque la suma de cada uno de nosotros -y de nuestras dicisiones voluntarias- formamos la sociedad. Si cada uno de nosotros permitimos, aceptamos o nos mantenemos indiferentes ante la agresividad personal o la violencia explícita, ésta domina la sociedad y hace de este mundo nuestro algo insoportable e insano para el propio ser humano y su entorno natural. Da igual que esa violencia se cebe con mujeres, con personas desvalidas y pobres, con niños o con animales...

Para evitarlo, cada uno de nosotros debe asumir y aceptar que es en nuestro interior donde reside la agresividad, no fuera... donde es fácil de denunciar o de culpar a los demás, ya sean instituciones, países o exlotadores de cualquier tipo. Debemos -cada uno- reconocer que la agresividad no es algo ajeno e inevitable, sino algo que tenemos dese que nacemos, que alienta esta sociedad enferma... pero que podemos -y debemos- controlar y evitar! Quizás empiece con una sutil falta de respeto hacia alguien de nuestro entorno... seguramente fruto de haber sufrido antes en propia carne esa sutil pero tóxica falta de respeto de un familiar o nuestra pareja... "Ofrecemos lo que hemos recibido y buscamos lo que nos falta"! De esta manera, una persona que ha sido puntual o continuamente vejada, maltratada o vilipendiada, llegará -incluso- a aceptar ese trato indigno, lo considerará "normal", "merecido" e incluso alentará su sentimiento de culpa...

El único antídoto para desprenderse de esa lacra será asumir la propia responsabilidad de su vida, cuestionando y eligiendo libremente qué quiere y qué no en ella. En un primer paso, quizás se considere víctima de alguien cercano o de las circunstancias de su propia vida... Pero buscando culpables de nuestras desdichas no hacemos más que admitir nuestra incapacidad de controlar y asumir nuestro rol de protagonistas de nuestra propia vida! Exculpar a los demás, exculparse a uno mismo por haber permitido que esa situación adversa sucediera! Perdonar y perdonarse! Ese es, sin duda, el primer y decisivo paso para erradicar todo eso que perturba nuestra vida, nuestro mundo... y nuestro camino hacia nosotros mismos y, por tanto, hacia nuestra felicidad! Porque no debemos olvidar que nadie se siente bien consigo mismo cuando se deja llevar por sus debilidades, condicionantes y carencias... Pero, de igual modo, nadie debe ser víctima de uno mismo ni de nadie más... solo por no tener el valor de asumir su propio protagonismo en su vida y elegir libremente lo que desea en ella...

Aquí te traigo un artículo aterrador sobre un tipo evidente de violencia humana e institucionalizada. Hay muchos tipos más y quizás te resultarán ajenos y lejanos de tu entorno habitual y de tu vida! Pero piensa que cada vez que tú alzas tu voz, no atiendes o no intentas comprender a un familiar, conocido o compañero de trabajo -con o sin justificación- estás sembrando de agresividad tu entorno... y la violencia no es más que la perpetuidad -organizada o no- de esa conducta humana, pero perjudicial para tí y para los que te rodean! Extrae tus propias conclusiones...


VIAJE AL CORAZÓN DE LA TRATA DE BLANCAS

La periodista mexicana Lydia Cacho dibuja el mapamundi del tráfico de mujeres Cada año, 1,39 millones de personas pasan a engrosan la nómina de esclavos sexuales. Xavi Ayén La Vanguardia. Barcelona 04/06/2010

Nunca en la historia de la humanidad se habían secuestrado, comprado y esclavizado sexualmente a tantas mujeres como ahora. La trata de seres humanos está documentada en 175 naciones y, cada año, 1,39 millones de personas –la mayoría, mujeres y niñas– pasan a engrosar la nómina de esclavos sexuales. Las cifras crecen y crecen y, según la periodista Lydia Cacho (México, 1963), "muy pronto se superará el número de esclavos vendidos en la época de la esclavitud africana que se extendió del siglo XVI al XIX".

El libro de Cacho recoge la investigación que durante cinco años ha llevado a esta corajuda mujer a recorrer medio mundo (Turquía, Israel, Japón, Camboya, Birmania, Argentina, México, Senegal, Uzbekistán, España...) rastreando los flujos del tráfico de mujeres, y entrevistando a víctimas, clientes, proxenetas, militares, políticos, mafiosos, banqueros, policías, sicarios, familiares... disfrazándose si era menester –a la manera de su admirado Günter Wallraff–, por ejemplo, de novicia para pasear sin peligro por un barrio mafioso de México, o de turista para visitar un prostíbulo de jóvenes en Tokio. El resultado de su trabajo no ofrece lugar a dudas: pese a las versiones oficiales que minimizan la cuestión y a la tendencia occidental de mirar hacia otro lado, este negocio vive –protegido por múltiples poderes– su momento de máximo esplendor.

"Las mismas fuerzas que tendrían que haber erradicado la esclavitud –afirma Cacho, refiriéndose a la economía de mercado y al mundo global– la han potenciado a una escala sin precedentes". Además, se ha impuesto, en el terreno de las ideas, "una cultura de normalización de estas prácticas, vistas como un mal menor". Cacho –que fue torturada y encarcelada en México en el 2005 por sus denuncias sobre pornografía infantil– demuestra en su libro cómo los grupos criminales actúan en connivencia con el poder político y económico. Una imagen puede simbolizarlo: en la ciudad japonesa de Kobe, "varios policías vestidos de civil" protegían la entronización del nuevo padrino de la mafia. Menos espectacular, pero igualmente revelador, la periodista detalla cómo en Europa y EE.UU., a pesar de sus leyes contra el tráfico, se permite de facto. "En EE.UU. –afirma Cacho– ser cliente de prostitución está penado por la ley. Sin embargo, miles de centros nocturnos, casas de masajes y servicios de acompañantes se anuncian en los diarios más prestigiosos".

La periodista, que ha llegado a hablar con madres que le vendían a sus hijas, explica cómo "naciones profundamente religiosas, como Turquía" no solamente han legalizado la prostitución "sino que el propio gobierno maneja los burdeles" mientras, en el polo opuesto, "Suecia ha penalizado el consumo de sexo comercial". Y, en Pattaya (Tailandia) ha hablado con niñas de diez años "que tenían seis o siete clientes de yum-yum (sexo oral) todos los días del año".

En su estancia en Israel y Palestina, Cacho ha comprobado que, bajo el conflicto, late un drama oculto: la creciente desaparición de adolescentes y jóvenes, ya sea para prostituirlas o para vender sus órganos. En el 2007, un juez obligó a unas chicas violadas a casarse con sus verdugos ya que "el padre las había vendido y las niñas ya no eran honorables" pues habían perdido su virginidad. Aunque Israel reconoce sólo 2.000 casos, diversas ONG hablan de 20.000 prostitutas, la mayoría "forzadas y sometidas a una deuda con sus traficantes".

El libro detalla los mecanismos de funcionamiento de las mafias, a las que describe no como "grupos aislados" sino como una industria organizada que, además, paga impuestos con sus negocios legales o tapaderas. Cacho cuenta cómo, cuando los empresarios pierden a sus esclavas por cualquier motivo, "en 72 horas sus brókers ya tienen a las suplentes".

La autora consagra un capítulo a la guerra y muestra cómo, por ejemplo, en la de Iraq el ejército norteamericano usó en algunos casos la violación como arma intimidatoria –a la manera de los serbios en Yugoslavia– y cómo, a pesar de las declaraciones oficiales, EE.UU. auspició la creación de nuevos circuitos prostibularios en el país invadido.

Asimismo, analiza con detalle los modos en que los hombres se convierten en proxenetas –apadrinamiento y tradición familiar, básicamente– y sobre todo cómo ejercen su labor, usando las nuevas tecnologías –las redes sociales de internet– y desarrollando unos mecanismos para domar a las chicas.

El fenómeno no es anecdótico. La explotación sexual comercial es la forma de trata de personas más extendida en el mundo (79% del total), seguida del trabajo forzado (18%), recuerda Cacho. El 3% restante lo componen la servidumbre doméstica, el matrimonio forzado y la extracción de órganos.

jueves, 29 de abril de 2010

MORDER LA MANO DE QUIEN TE DA... AMOR!



El ser humano tiene hábitos sorprendentes. Uno de ellos es, sin duda, mostrarse huraño, desconsiderado o incluso agresivo con las personas que más afirma querer. En situaciones de tensión, estrés o de desconcierto, muchas personas tienen ese hábito aprendido y se ceban en personas que están a su alrededor mostrándose agresivas. La agresividad es un comportamiento aprendido en nuestro mundo loco que responde a la necesidad inculcada desde niños de ser competitivos o defenderse de las amenazas. Ni que decir tiene que detrás está el Ego que, ante una situación que se nos escapa de las manos, nos hace sentir miedo y lo manifiesta espontáneamente tal como nos enseñaron a hacer. En sí, la agresividad es un comportamiento humano pues nos prepara para defendernos en situaciones extremas, como podría ser una situación peligrosa o de acoso, o que en muchos casos supondrá la supervivencia del individuo.

Pero quiero hablar aquí de la agresividad de bajo tono y gratuita, esa que todos en alguna ocasión manifestamos y recibimos en situaciones ordinarias, proveniente de personas a las que queremos, admiramos o simplemente respetamos. En el mundo profesional es demasiado común que un jefe manifieste su autoridad imponiéndola a la fuerza con sus empleados. En una relación sentimental, uno de los cónyuges nervioso o excitado por algún motivo, lleva a su hogar el mal humor y lo manifiesta con su pareja o con los hijos. Entre otras, esos son escenarios cotidianos que quien más y quien menos vive de manera ordinaria. Porque la agresividad no tiene sexo ni condición, está ahí, entre nosotros, en un mundo que nos ha enseñado que para hacerse respetar uno debe imponerse y competir para sobrevivir a las amenazas del entorno. No obstante, suele suceder que esta agresividad –que no es otra cosa que otra cara del miedo- busca siempre personas vulnerables y cercanas, lo que garantiza que no recibamos más agresividad como respuesta. Así, mujeres, niños, ancianos, empleados se convierten en víctimas propiciatorias de nuestra necesidad de desfogar nuestra ira o nuestra impotencia!

Ni que decir tiene que esa agresividad gratuita hacia seres presuntamente más débiles y cercanos es el caldo de cultivo idóneo de lo que socialmente denominamos maltrato, ya sea doméstico, acoso profesional o de género, como nos gusta etiquetar a los humanos. Pero en todos ellos, del tipo que sean, hay miedo ante la incertidumbre y, aunque no lo parezca, hay un sentimiento de vulnerabilidad, de impotencia…. es decir, sufrimiento en general. Hijos adolescentes que se enfrentan incluso físicamente a sus progenitores, maridos que maltratan psíquica o físicamente a sus mujeres, niños que humillan e incluso maltratan a sus compañeros más débiles, jefes que imponen su autoridad despiadada ante sus empleados, etc.

Pero la agresividad, siendo humana y necesaria en determinadas situaciones extremas, es algo aprendido y, como tal, puede modularse y reconducirse para evitarse. Lo más fácil es, aparentemente y sin duda, manifestarla y no dejarla en nuestro interior. Pero es posible disolverla sin que esa agresividad debida a nuestra impotencia o miedo provoque víctimas o genere más agresividad gratuita. Ser consciente de ella, reflexionar sobre su inutilidad en muchas situaciones (la agresividad no conduce a nada y mucho menos soluciona nuestra inquietud interna) y pensar antes de actuar manifestándola, sería lo mejor, sin duda. Yo nunca he sido una persona de actitud agresiva. Aún así, en muchas situaciones adversas tengo el vicio o la tentación de buscar culpables de lo que sucede en mi vida o simplemente personas a quien recriminar algo. Lamentablemente se trata, como he dicho antes, de personas cercanas, incluso queridas por mí a quienes castigo de alguna manera, ya sea con mi indiferencia o con mi más áspero carácter. Pero, con el tiempo, a medida que he sido capaz de darme cuenta del miedo que genera esa conducta y de intentar evitarlo, la agresividad prácticamente ha desaparecido de mi vida.

Por decirlo de alguna manera, he aprendido a renunciar al temor e imponer el amor en mi vida, lo que me enseña a ver que detrás de la agresividad (para mí injustificable en casi todos los casos) hay siempre miedo o sufrimiento. Anecdóticamente, en el momento en que he sido capaz de dominar mis impulsos agresivos más primarios, me he convertido en la víctima propiciatoria de mucha de la agresividad a mi alrededor. Cuando alguien acude a mí para gestionar alguna situación de maltrato –del tipo que sea- sé bien qué se siente! Como alguien me dijo hace un mucho, ir a pecho descubierto y con los sentimientos a flor de piel es una peligrosa invitación a ser agredido de alguna manera! Es verdad, muchos terapeutas sufrimos algún tipo de ataque de personas a las que intentamos ayudar!

La suma de personas que manifiestan su agresividad conforma el mundo agresivo en que vivimos. Y el mundo nuestro no cambiará a menos que lo hagamos cada una de las personas que habitamos en él. Si cada uno de nosotros fuera capaz de evitar contaminar a nuestro entorno inmediato con esa agresividad de baja intensidad y gratuita, nuestro mundo no se mostraría tan destructivo como es actualmente, ya sea hacia las poblaciones desasistidas o hacia en medio natural.

Ese peligroso comportamiento aprendido no soluciona nada en nuestra vida –yo diría que, al contrario, la complica- y en cambio se propaga con rapidez en nuestro escenario vital! La agresividad genera más agresividad! ¿Soluciones? En primer lugar ser capaz de detectar la agresividad en nosotros, sobre todo en situaciones que no la justifican; querer entender que esa agresividad responde al miedo ante algo que se nos escapa de las manos y ser capaces de aceptar que estamos confundidos y que ese miedo nos invade. Nunca hay que buscar razones para justificar ese comportamiento, sino las causas de lo que nos provoca tanto miedo como para mostrarnos agresivos con los demás! Por último, aceptar que la agresividad no soluciona nada que nos perturbe y que nuestro entorno humano o natural no tiene por qué padecer el efecto de nuestro miedo. En pocas palabras, ser capaz de romper esa maléfica cadena que nos hace seguir el dicho "en la vida, cada uno ofrece lo que ha recibido y busca lo que le falta", que, en el caso de la agresividad, resulta nefasto, para uno mismo y para los demás

viernes, 18 de diciembre de 2009

¿MALTRATO... PROPIO O AJENO?



Hace unos días se celebraba el día del maltrato de género en España. Curiosa fecha y curiosa celebración! Siempre pienso que celebrar el día del Orgullo Gay, o del Día Mundial del Medio Ambiente, del Sida, o el día de la madre o del padre, etc. es destacar lo inexistente o ignorado en nuestro mundo, como si de algo anormal y raro se tratara!

Pero, lamentablemente, esas cosas que celebramos en estos señalados días son más comunes de lo que creemos los ciudadanos de a pie! Desgraciadamente la violencia está anclada en nuesro mundo y no es otra cosa que consecuencia del miedo, ese miedo que tenemos a todo lo que nos es ajeno. El ser humano se siente amenazado por aquello que desconoce... y, demasiadas veces, por lo que él mismo se niega a conocer o reconocer en sí mismo o en los demás! Y al miedo, como siempre digo, hay que mirarlo siempre de cara, aunque nos duela hacerlo, para que se disipe, para que desaparezca de nuestra mente -o del subconsciente- y lo podamos dejar de lado, definitivamente. Es humano y natural temer lo desconocido, pero también debería serlo asumir que la vida nuestra tiene mucho de misterio, de incógnita y de sorpresa... y, por qué no admitirlo, de riesgo! No hacerlo es negar la vida tal y como es! Y para ello es necesario aceptar lo que nos ofrece, ya sea conocido o desconocido... y eso solo es posible desde el amor, desde la confianza absoluta ante la vida!

Como decía, la violencia, en cualquiera de sus versiones y formas, está presente en nuestro mundo y en nuestra vida! Es una versión eficaz y pública del miedo... y el ser humano tiende al miedo, propiciado por lo vivido, lo visto y lo promocionado por nuestra injusta y tóxica sociedad! Pero, a la vez, el ser humano es libre de reconocerlo, aceptarlo y desestimarlo en su vida en favor del amor! Porque el amor es lo que surje cuando el miedo abandona nuestra vida y dejamos de lado nuestros miedos mirándolos de cara! Muchos creen que el miedo y la violencia es cosa de otros, de los demás, del mundo circundante y del lejano! Y, de esta manera, lo niegan en sí mismos, perpetuándolo en su propia vida... y en la de los que les rodean, que igualmente sufren sus efectos! Así, el mundo nuestro, ese que pocos aceptan públicamente por su inhumanidad, su toxicidad y sus muchas veces malévolas circunstancias, no es más que el resultado del miedo no asumido como propio de millones de personas en todo el mundo! Cuando el mundo no es más que la proyección de cada uno de nosotros, lo que cada uno ve en él, según como se siente y se comporta! Si cada una de esas personas temerosas hiciera algo por cambiar su propio mundo desterrando el miedo, el mundo exterior cambiaría, adaptándose a nuestra personal y deseada realidad.

La vida nos ofrece siempre lo que queremos ver, en lo que concentramos nuestros pensamientos, ya sean positivos o negativos! Así, si nos creemos miserables o no merecedores de la paz y la felicidad, la vida -sin juzgar la conveniencia o no de nuestros al parecer deseos- nos da oportunidades para obtener lo que parecemos querer con nuestros pensamientos. Por decirlo de una manera sencilla, si uno está preocupado por su falta de trabajo, solo verá que personas sin trabajo y en el paro! Y, en cambio, no se permitirá a sí mismo ver que mucha otra gente trabaja sin descanso y en exceso! Donde fijamos nuestra vista, se proyecta lo que parecemos desear!

La vida tiene una peculiar manera de reclamar de nuestra atención! Mostrándonos la felicidad o la infelicidad en los demás o en el mundo, nos invita a decidir qué queremos para nuestra vida... aunque evidentemente espera la mejor solución para cada uno de nosotros y para nuestra vida! Pero somos siempre libres de decidir qué queremos en ella, basándonos en si dejamos al amor o al miedo decidir por nosotros.

A veces pienso que insisto demasiado en esto, ultimamente! Pero es que, tras años de mi vida completamente dedicados intensamente al miedo, hoy he descubierto y soy consciente de él y, sin haberlo desterrado del todo de ella, al citarlo estoy mirándolo de cara o, lo que es lo mismo, asumiendo que lo tengo... e invitándolo a que desaparezca en favor del amor que hoy he decidido imponer en mi vida! Como casi todos hoy, mi vida está llena de incertidumbre, de trabas cotidianas y de percances propios y ajenos que me invitan a perpetuar el miedo... pero que, a la vez, me brinda la oportunidad de reforzar mi propósito de paz y amor en mi vida actual. Y no siempre resulta fácil no seguirle el juego al miedo, aunque reconocerlo como propio es un primer paso. Ni que decir tiene que me exigirá que me deshaga de malos hábitos, como buscar culpables a mis circunstancias, apelar al derecho que tengo a ser, sentir e incluso equivocarme como humano y/o a intentar escapar del temor huyendo de mí mismo y del escenario donde creemos que está anclado nuestro miedo! Pero, hoy soy consciente de que esas son simples armas del ego, ya que no me conducen a nada bueno y, mucho menos, solucionan mis presuntos problemas o incertidumbres, además de hacerme incurrir en más errores! El miedo no puedo negarlo, ni apelar a mi derecho a desoírlo, ni tan siquiera a huir de él y de sus escenarios favoritos... más que nada porque está en mi interior y hasta que no lo expulse, estará ocupando el espacio que le corresponde al amor y a la paz en mi corazón!

Aquí tienes una entrevista desgarradora sobre el maltrato aceptado y legalizado, en un país con una cultura propia y unas costumbres sociales determinadas... aunque creo que criticarlo nos sirve demasiadas veces para ocultar esa otra violencia, más clandestina y sutil, pero muy real que hay mucho más cerca nuestro, en nuestro interior! Extrae tus propias conclusiones...

Suraya Pakzad, 39 años, activista afgana que ha creado una red de refugios para mujeres maltratadas. "Cualquier hombre de la familia puede pegar a la mujer" La Contra de La Vanguardia. IMA SANCHÍS - 03/12/2009

El mundo debería vivir en situación de igualdad, sin discriminación por sexo, color de piel, nacionalidad o religión. Soy musulmana

Conoció muy pronto la violencia.

A los 12 años fui testigo de un asesinato.

El de su maestra.

Sí, fue durante la invasión soviética. El grupo que luchaba contra el gobierno no quería que las niñas se escolarizaran. La directora tenía una mentalidad muy abierta y se negaba a usar el pañuelo, así que la mataron delante de las alumnas.

...

Al cabo de unos días atacaron el colegio con un cohete. Mataron a muchos niños, entre ellos a mi amiga, mi compañera de pupitre.

Eso marca...

Tenía mucho miedo. Habíamos pasado un año de luchas desde el inicio de la invasión soviética. Las continuas manifestaciones siempre acababan con sangre. Más de 4.000 personas fueron asesinadas en un día.

A los 14 años ya estaba casada.

En Afganistán, el porcentaje de matrimonios forzosos es del 80%.

¿Le gustó el hombre que eligieron para usted?

Creo que sí. Sabía que muchos matrimonios por amor en otros países se rompían. Si no es por la dote que el novio debe dar a la familia de la novia, no es una mala solución.

A los 15 años ya era madre.

Sí, pero es muy común en Afganistán, muchas de mis amigas fueron más precoces.

¿A los 29 años, con cuatro hijos, se rebeló?

Desde muy jovencita escribía en un periódico sobre cuestiones de la mujer: cómo criar a los hijos, la relación con la familia...

¿Y qué opinaba su marido?

Estaba orgulloso, él forma parte de mis éxitos, me apoya; si no fuera así, no estaría aquí. Y hay bastantes hombres en Afganistán como él, gente formada que cree en los derechos de la mujer.

¿Cuándo empezó a ser una mujer incómoda en su país?

Durante los seis años de gobierno talibán creé escuelas clandestinas. Vivía atemorizada por la posibilidad de que los talibanes irrumpieran en una de nuestras escuelas.

¿Ocurrió?

En dos ocasiones dos escuelas fueron registradas, pero lo teníamos todo muy bien planeado: en cada casa había un horno y junto a él un galón de gasolina para quemar todo el material de la escuela rápidamente. Y así lo hicimos.

Qué desperdicio.

Sí, pero sobrevivimos. Con el nuevo gobierno creé el primer refugio para mujeres en Herat y con los años he abierto más en otras regiones para todas esas mujeres que escapan de la violencia doméstica y los matrimonios de niñas forzados.

¿De qué edades estamos hablando?

De niñas de 9, 10 y 11 años. Nosotros les damos apoyo legal, psicosocial y formación profesional para que puedan defenderse cuando regresen a sus pueblos.

El regreso puede ser muy traumático.

Mediamos con la familia y le recordamos que es ilegal casar a las niñas antes de los 16 años, porque muchas familias no saben que por ello pueden ir a la cárcel. Intentamos formar a la comunidad.

¿Maltratadas por su padre, sus hermanos y luego por su marido?

Sí, eso es lo corriente. Cualquier miembro masculino de la familia puede pegar a la mujer, y lo hace. En las zonas rurales no hay ningún tipo de conciencia respecto a los derechos de la mujer. Es necesario cambiar la mentalidad de las comunidades.

¿El maltrato es tradicional en su país?

Las jóvenes generaciones que han crecido en la guerra, tres décadas y media, no han visto movimientos de mujeres, pero las viejas generaciones sí han visto la igualdad. De los años 70 hasta finales de los 80 las mujeres vestían como usted y trabajaban en todos los campos. Hemos retrocedido cientos de años.

En las zonas rurales el maltrato siempre existió.

Sí, pero no en el grado en que está sucediendo ahora. La pobreza crea muchos problemas de adicción, desarraigo, salud mental…: los hombres se vuelven más violentos.

¿Una mujer violada es juzgada por adulterio?

A las mujeres les cuesta mucho denunciar casos de violación porque ponen en entredicho la reputación de la familia, así que callan. Y en el caso de que queden embarazadas y no puedan abortar, ya que es ilegal y se necesita dinero para ello, los hijos, la familia y los vecinos las denuncian y las meten en la cárcel.

Terrible realidad.

Las mujeres siempre son víctimas responsables de la reputación de la familia. Y si han sido violadas y se deciden a denunciarlo, deben presentar tres testigos. Hay 110 mujeres en la cárcel de Herat por adulterio, la mayoría inocentes.

Usted está amenazada de muerte.

Constantemente. Siempre que tenemos un caso en el albergue, me llaman los hombres yme amenazan con matarme o raptar a uno de mis hijos. Hace un par de meses intentaron atacarme en un comercio; sacaron la pistola, pero había mucha gente y no estaban del todo seguros de quién era yo porque vestía el chador. Todo mi cuerpo temblaba.

¿Cómo se protege?

Cambio constantemente de coche, ruta y horarios. No comparto mi agenda con nadie y uso el chador para salir a la calle. Podría marcharme, ¿pero quién haría mi trabajo?


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martes, 15 de diciembre de 2009

DE LA AUTOESTIMA... AL EGOÍSMO



Uno de los temas más recurrentes en mi labor como coacher es el de la baja autoestima. En muchos casos, una terapia de Coaching se suele empezar por sesiones para recuperar la autoestima de alguien, lo que le permitirá tener la fortaleza necesaria ante el entorno, no siempre favorable ni positivo. Normalmente la baja autoestima se da en personas que, por alguna razón, han estado expuestas de manera continuada a situaciones extremas o a otras personas cuyo super-ego se sustenta únicamente en someter a alguien. Un caso lamentablemente tópico es el de los maltratadores, ya sean padres, maridos, hijos... o jefes. La persona que ha estado sometido a cualquier tipo de maltrato -ya sea psicológico o físico, no quiero distinguirlos- con el tiempo ha ido socabando su autoestima, a medida que acepta la autoridad sin condiciones de su dominador, quedando prácticamente anulada como persona autónoma y autodeterminada. El resultado es que, a través de años de maltrato, el ego de la persona sometida va diluyéndose y, día a día, se ve incapaz de tomar sus propias decisiones ante la vida, creándose una relación basada en la dependencia ante el dominante y no en la soberanía de ambos "contendientes".

Por mi experiencia, normalmente el inicio de este tipo de relación tóxica y dependiente es a una edad temprana, seguramente fruto de una autoridad paterna excesivamente estricta y dogmática, en cierto sentido. Sutiles imposiciones y consignas continuadas a un hijo van logrando que la autoestima de éste vaya disminuyendo desde la propia infancia, haciéndole creer que sin su autoritario control, él se halla sólo y desvalido ante la vida. Todo niño busca la aceptación y el amor de sus padres, al precio que sea! Si a esto añadimos ciertos perfiles de personalidad, en algún sentido débiles o tendentes a la sumisión y/o obediencia incondicional, el rol de víctima ya está adjudicado!

Y así, la personalidad se va fraguando con la peligrosa necesidad de alguien autoritario -cuando no, déspota- que la tutele y la dirija hacia el bien. Frases y sentencias, aparentemente gratuitas pero manipuladoras, como "con ese caracter que tienes, no te aguantará nadie" o "si sigues así, no saldrás adelante por ti mismo" hacen que el sujeto interiorice esa vulnerabilidad o esa inconveniencia, por lo que en su vida irá inconscientemente buscando a su redentor o salvador, quien le guíe en la vida. Ni que decir tiene que ese anómalo y peligroso hábito personal (aunque muchas veces, inconsciente), si no se hace por identificarlo, comprenderlo, aceptarlo y luego corregirlo, hará que durante la vida de esa persona se vayan repitiendo -una tras otra- situaciones similares y relaciones basadas siempre en el dominio y en la sumisión!

Evidentemente, para existir personas sumisas deben también existir personas dominantes! Y uno no es maltratado, si él mismo no lo permite! Esas dos son premisas básicas para que exista este desagradable y anómalo fenómeno humano y social, mucho más generalizado de lo que parece! Es, por decirlo de una manera simple, consecuencia del respeto... o mejor dicho, de la falta de respeto! Por tanto, respetarse y hacerse respetar es la única clave! Ni que decir tiene que el respeto es una premisa básica en el amor, por lo tanto podemos afirmar con contundencia que en este tipo de relaciones existe adicción, necesidad... y nunca amor, a pesar del "la maté porque la quería... o porque era mía", que suele oirse del agresor cuando se informa de un asesinato -mal llamado pasional- en que una mujer o un hombre es asesinado por su pareja o su ex-pareja.

Este tipo de -mal llamado- amor está basado unicamente en el Ego, es decir, en el miedo, donde siempre hay un superior y un inferior, la confrontación de dos egos, aunque se barajen sentimientos confusos y elementos tóxicos, como la posesión, la dominación o sumisión y la excesiva dependencia o entrega desmedida. Ese falso amor vive única y exclusivamente del ego propio y de la proyección de éste en el ego del otro! Solo hay que recordar que el ego es hijo de la mente y que ésta solo sabe imponer el miedo, invitándonos siempre a comparar, diferenciar o clasificar a las personas y sus actos como buenos o malos, apropiados o inapropiados, morales o inmorales, acertados o equivocados! Por ello sus víctimas propiciatorias son las personas muy auto-exigentes, excesivamente rígidas y controladas por su mente o las muy dogmáticas!

Ni que decir tiene que el amor verdadero en una pareja debe ser siempre positivo y enriquecedor para quien lo siente y quien lo vive! Ese amor verdadero está basado, fundamentalmente, en la igualdad, el enriquecimiento y el crecimiento mútuo entre las personas implicadas. Por eso tiene poco que ver con el Ego! En el crecimiento personal y en la transformación, una de las primeras fases es, precisamente, deshacernos del Ego, para lograr la unidad de nuestro ser auténtico, es decir, la conexión de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón. Ninguno de esos componentes humanos es suficiente por sí mismo y el crecimiento personal pasa por la unificación y el consiguiente equilibrio entre los mismos para llegar a ser Uno! Y lo único que puede unirlos definitivamente
es el amor a uno mismo, pues ese necesario amor -a diferencia del Ego- siempre une y cohesiona, nunca separa o compara entre el cuerpo, la mente o el corazón.

Así, en cuanto una persona logra la coherencia interna -cuyo síntoma más evidente es la serenidad interior, por tanto, la ausencia de ego- se halla realmente capacitada para compartir esa singularidad y coherencia con otras personas igualmente singulares y coherentes; eso garantiza que esas relaciones de amor se basen en compartir sus seres unificados y, por tanto, promuevan el crecimiento personal de ambos, pues cada uno sirve de espejo de las fortalezas y debilidades del otro, ayudándole a conocerse mejor y a mejorar como persona. No hace falta decir que, en nuestra sociedad enferma e inhumana, no hay muchas parejas que consideren estas premisas esenciales a la hora de establecer una relación sentimental...

Mi amigo virtual de FB, Mariano Merino, en sus diarios mensajes, me hace llegar un breve y clarificador texto sobre la autoestima. Extrae tus propias conclusiones...

El Ego es necesario, imprescindible para la vida. Es lo que nos permite identificarnos, adquirir consciencia de qué y quienes somos, relacionarnos con las demás personas. Su dimensión fluctúa entre el vacío y el egoismo total (nada y todo para nosotros mismos) y su contenido de egoismo es el que provoca sufrimiento. Pero lo necesitamos. Si queremos anular el sufrimiento, anulemos el Ego pero conscientes de que nos anulamos a nosotros mismos. Si queremos convivir, debemos administrarlo de manera que nos permita una sana convivencia. No es nuestro enemigo, es nuestro amigo si sabemos manejarlo.


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martes, 16 de junio de 2009

SI NO ADMITIMOS LA MALDAD, NO PODEMOS ELEGIR LA BONDAD




El ser humano es "bueno" y "malo", intrínsecamente, por naturaleza. Pero tiene el privilegio de ser libre para elegir qué quiere para su vida, en cada momento. Si, como hacen muchos, uno cree que el mal o el bien vienen de fuera de uno mismo, está cediendo su propio protagonismo y negándose el derecho de ser libre para ejercerlo! Debemos ser conscientes de que la sombra existe porque existe la luz, el dolor existe porque existe la alegría, el odio existe porque existe el amor... y debemos conocer a ambos contendientes para luego poder escojer el que más nos convenga para nuestra vida! Eso destierra el presagio de que hay personas buenas o malas, convenientes o inconvenientes... solo hay personas que actúan de diferente manera ante la vida, unas guiadas por el amor y otras, en cambio, por el miedo! No busques fuera lo que, sin duda, está dentro tuyo... simplemente déjalo salir y elige qué es lo que quieres para tu vida, siendo -al fin- protagonista de ella! ¿Amor o miedo? Si es miedo lo que ves en tu vida, míralo de cara, siéntelo intensamente y recházalo sin argumentos... irá lentamente desapareciendo de tu vida! Si, en cambio, es amor lo que ves y sientes, vívelo intensamente y compártelo con quienes te rodean... verás como se prolonga y se expande a todo lo que vives, sientes y haces! Y, ni que decir tiene, que lo que eres, sientes, quieres y haces en tu vida, la propia vida te lo devuelve con creces!

Aquí una entrevista de La Contra de La Vanguardia. Habla de la maldad en nuestro mundo, aunque cita casos extremos, habla de la perversión. Por último, recordarte que la maldad no es algo siempre ajeno, grandilocuente o dramático... muchas veces es la simple consecuencia de dejar de quererse a uno mismo y, por extensión, dejar de amar al prójimo, provocándole sufrimiento! Y de esto, no hay nadie exento ni libre de toda culpa...

Disfrútala y extrae tus propias conclusiones!


Élisabeth Roudinesco, 65 años, historiadora social"Pretender extirpar toda perversión es una perversión". La Contra de La Vanguardia. VÍCTOR-M. AMELA - 11/06/2009

¿Quién es perverso?

Un verdugo en plena faena con una erección.

Señora...

Esa caricatura, en un diario francés, ilustraba una entrevista conmigo sobre la historia de la perversión. Me gusta, porque resume bien la idea que he investigado: perverso es quien goza dañando.

Cíteme al más perverso de la historia.

Nerón no está mal. Calígula, tampoco. El troquel está en la tragedia de Edipo, causante del fin de su propio linaje. El perverso disfrutará destruyendo o autodestruyéndose.

¿El perverso es siempre criminal?

Puede no serlo. El perverso criminal es el que más nos horroriza y fascina, eso sí.

¿Por qué?

Todo lo extremo fascina. Te dices: "¡Yo no soy así!". Y, sin embargo, lo perverso es intrínsecamente humano. En cada momento histórico percibiremos algo como perverso. La perversión: fruto del animal humano.

Hágame su lista de perversos en la historia de Occidente.

Los flagelantes medievales y algunos ascetas y místicos. El noble francés Gilles de Rais, que torturaba y mataba niños. Sade, príncipe de los perversos. En el siglo XIX, el niño masturbador, la mujer histérica, el homosexual… Yenel siglo XX, los oficiales nazis de los campos de exterminio...

Los flagelantes, ¿perversos?

Gozaban atormentando su cuerpo, visto como su parte viciada. El de las mujeres más, claro. Por eso ellas fueron más salvajes...

Ponga ejemplos.

Una mística francesa comía vómitos de enfermos y excrementos de disentérica. Catalina de Siena se deleitaba con pus de los pechos de una cancerosa. Liduvina de Schiedam, bellísima, se afeó y dormía en una tabla de estiércol, ceñida por un cinturón de crin que la ulceraba...

¿Qué pretendían?

Veían el cuerpo como basura y querían someterlo al orden divino. Los flagelantes inquietaron a la Iglesia: escapaban a su control, y se les acusó de poseídos. El flagelante filme de Mel Gibson sobre la pasión de Cristo es perverso: ha recuperado esa tradición.

Eso ya no se lleva entre creyentes.

La flagelación pasó de ser asimilada a la mortificación a serlo al desenfreno sexual. En particular, el azote en las nalgas. Sade lo asoció a la sodomía. A Sade le excitaba ver a los otros como objetos para sexo anal. Encarcelado durante 28 años, Sade canalizó sus pulsiones en literatura.

En libertad, ¿qué habría hecho?

No existiría su obra. Y si Sade hubiera vivido hoy, sería un señor con sus particulares gustos sexuales, no penados si son consentidos. A Sade - ¡príncipe de los perversos!-hoy sólo le reprocharíamos el maltrato a su esposa, porque la forzaba al sexo anal.

¿El arte sublima perversiones?

Sucede en muchos casos: Sade, Wilde, Proust, Süskind (El perfume),Almodóvar...

¿Almodóvar?

Sí, por su mirada complacida hacia los transexuales, que a la postre son la nueva encarnación del flagelante, pues someten su cuerpo a una mortificante transformación para ganarse el paraíso de una identidad sexual.

¡Olé!: sugerente hipótesis...

A los transexuales no les gusta oírla.

¿Fueron los oficiales nazis la expresión máxima de la perversión?

En la poderosa pulsión de muerte del nazismo, perversa de por sí, encajaban bien personas como el comandante de Auschwitz, Rudolf Höss, que mutilaba y asesinaba convencido de hacer lo correcto en beneficio de la humanidad, ¡y convencido de que los judíos no sufrían en la cámara de gas!

¿Algún otro perfil de perverso nazi?

El del fanático cientifista Mengele, que torturaba y mataba niños, gemelos, enanos y ancianos… ¡siempre al servicio de la ciencia!

¿Qué rasgos caracterizan al perverso?

No siente empatía por el otro. Instrumentaliza al otro como a un objeto. Suele ser seductor. Inteligente. ¡O estúpido! Flaubert equiparaba estupidez y perversión.

¿Por qué?

Por lo que decía Lacan: "El psicoanálisis puede con todo menos con la estupidez".

¿Habrá siempre perversos?

La perversión es parte de la naturaleza humana. Todos tenemos un lado perverso, que da relieve a nuestro lado compasivo.

Creo que la entiendo: sólo puedes ser bueno si tienes la posibilidad de ser malo.

Pretender extirpar toda perversión ¡deviene la mayor perversión! La aversión al mal puede ser perversa. Anhelar una sociedad perfecta, sin sombra de infelicidad, limpia de todo mal... ¡es muy perverso! Una humanidad del todo beatífica ¿sería humanidad?

¿Quién está pretendiendo hoy tal cosa?

Los que hoy reclaman seguridad absoluta. O salud absoluta, los higienistas... A lo largo del tiempo, predicadores, ideologías, iglesias, estados. Hoy medicalizamos infinidad de actitudes viéndolas como perversiones, extremismo en sí mismo perverso.

¿Qué perversión ha sido más longeva?

Todo lo que ha erosionado la reproducción humana: masturbación, bestialismo, sexo oral o anal, flagelación, homosexualidad, placer sexual sin engendramiento...

¿Quién es el último perverso?

Bin Laden: diseñó la masacre del 11-S por el placer de dañar con sentido de espectáculo. Bin Laden sería ese verdugo que, regocijado, reparte fotos de sus ejecuciones.


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jueves, 14 de mayo de 2009

LA MANTIS RELIGIOSA



Hace ya unos días que me ronda por la cabeza este curioso animal. Para quien no lo sepa y según la mitología popular, la mantis religiosa hembra es un insecto que tiene el extraño hábito de matar y devorar a su macho, durante o una vez éste ha copulado con ella, aunque según dicen, solo cuando está en cautiverio. Creo que es una costumbre sentimental y animal un tanto macabra... y que algunas personas parecen obstinados a seguir en su vida... ¿hacer sufrir o denigrar al ser amado, aúnque solo cuando están en cautiverio de su pasado y ante su falta de libertad para decidir su propia vida?

Me explico! Alguien dijo que "ofrecemos lo que nos han dado en la vida y buscamos en el otro lo que nos falta". Así, personas que han sido injustamente tratadas, que han padecido falta de respeto o han sido vilipendiadas reproducen esto con sus allegados, incluyendo a sus seres más queridos. Las estadísticas demuestran que, incluso las personas que han vivido algún tipo de maltrato familiar suelen acabar como maltratadores o en manos de parejas maltratadoras y déspotas, por paradógico que parezca. Y es que, en esta vida, las cosas pasan para que aprendamos de ellas, sino, se repiten y se repiten hasta que aprendamos! De hecho, interiorizamos inconscientemente lo que hemos visto y vivido durante nuestra infancia en el hogar y en la propia vida, lo damos por bueno y, si no hacemos por revisarlo, lo perpetuamos en nuestras relaciones con los demás, muchas veces sin darnos cuenta; si se nos negó el amor, nos lo negamos a nosotros mismos y a los demás; si fuimos tratados con un cierto despotismo por alguien como nuestro padre, tutor o profesor, prodigamos incoscientemente ese trato a nuestros hijos, amantes o amigos. Así, observo perplejo cómo personas que dicen querer a los suyos, les tratan despiadadamente, los maltratan de alguna manera, a pasar de negarlo públicamente! Es más, cuanto más afirman quererlos, más los machacan! ¿Cuántas veces los homicidas maltratadores afirman ante la policía querer apasionadamente a sus maltrechas víctimas? ¿Cuántas veces personas que afirman querernos, acaban por negarnos nuestro derecho a ser y a vivir tal como somos e incluso nos imponen a la fuerza sus criterios? Ni que decir tiene que eso es aplicable a las relaciones padres e hijos, a las parejas o cualquier tipo de relación humana. En el sentido práctico, basta ver cómo es nuestra posible pareja con sus progenitores para deducir cómo será ésta con sus hijos; basta ver cómo es alguien con su amado para saber cómo fuéron sus anteriores relaciones sentimentales... Claro que esta maquiavélica e insistente dinámica logra romperse en cuanto la persona cuestiona eso, aprende de sus aciertos y de sus errores pasados, es decir, cuando madura, escoje lo que le conviene y así decide vivir su propia vida!

Y ese es el círculo vicioso que debemos romper para mejorar nuestra existencia y la de los que nos rodean. Para alejar ese mal hábito de repetir lo vivido, basta que analicemos nuestra vida pasada y elijamos, de todo lo vivido, lo qué nos ayuda a ser tal y como somos.... y desechemos lo que nos impide serlo! Mientras no lo hagamos así, reproduciremos una y otra vez lo vivido, sea bueno o sea malo... para nosotros mismos o para los demás!

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lunes, 11 de mayo de 2009

LA AUTORIDAD... ¿IMPUESTA O GANADA?



Hoy te traigo un "recorte" de una entrevista a un ilustre hombre de negocios y reputado mandatario español, Ricardo Fornesa, 77 años, presidente de honor de la corporación financiera Criteria, ex presidente de La Caixa y de Aigües de Barcelona. Pero reproduzco solamente un par de preguntas de la mencionada entrevista, pues creo interesante lo que dice del concepto de autoridad en el ámbito profesional, aunque en este caso yo desee extrapolarlo al siempre más interesante terreno personal.

No voy a discutir aquí si en el terreno profesional es como dice el señor Fornesa o no, aunque a mi me parece más una manifestación de intenciones que una realidad empresarial, después de mi dilatada experiencia trabajando como consultor en numerosas empresas de todo tipo, sector y dimensión. Pero me gustaría utilizar sus sabias afirmaciones, en el terreno personal. Creo que la autoridad no se impone, sino que es fruto de ganarse el respeto de quienes nos rodean, ya sea nuestra pareja, hijos o amigos. Y eso tan evidente, no es siempre una tarea fácil! En nuestra sociedad actual -a pesar de lo manifestado por Fornesa- la autoridad no solo tiende a imponerse, sino que es una virtud para quien impone su liderazgo de esta manera; evidentemente, no es la manera, pues conseguir y mantener ese falso tipo de liderazgo es una cuestión de tiempo, depende de la coyuntura y, sobre todo, provoca inquietud en el presunto aspirante a lider. Recuerdo haber trabajado durante un tiempo en una gran corporación pública, en la que su máximo responsable -instalado en su mejor nivel de incompetencia personal- nunca fue capaz de ganarse la autoridad de sus miles de empleados más que ha "baquetazos" y con oscuras tramas de pasillería empresarial, lo que no le evitaba sentir su verdadera debilidad personal y su evidente falta de apoyo en la organización, además de la tensión que le provocaba la siempre posible rebelión a sus espaldas. Sin duda, nunca fue un lider, aunque el organigrama y la jerarquía lo avalasen como tal y le mantuvo en su cargo hasta que fue súbitamente despedido... No era un líder, simplemente! Y como este caso, hay demasiados en este ámbito profesional y empresarial!

Pero, en la vida personal nuestra, las cosas no son muy distintas, lamentablemente! Muchos de esos aparentes lideres profesionales llevan esa vanidad y sus carencias personales a su hogar, en la que sus súbditos son el consorte y los hijos, si los hay. No es de extrañar, pues los valores autocráticos, basados en la imposición, la falta de transparencia y de honestidad personal y, sobre todo, el poder absoluto son elementos importantes en nuestra sociedad, inculcados desde la cuna para garantizar la permanencia de un sistema irracional y poco humano, además de poco solidario! Así tampoco es sorprendente el papel desmesurado y arcaico del "pater familias", normalmente basado en el dominio -por qué no admitirlo, mayormente económico- y el liderazgo mal entendido; de ahí al maltrato "por disciplina doméstica", un paso, pues el presunto dominador hace todo lo posible para preservar su control y su poder, en vez de ganarse el respeto de los que conviven con él, lo que, a largo plazo, supondría el deseado respeto mutuo y la verdadera cohesión familiar. Solo hay que ver lo que sucede cuando, por cualquier razón o circunstancia, desaparece tal figura o personaje... La familia prevalece y, aún diría más, aunque en los primeros momentos se sienta desvalida ante la nueva situación -afortunada, qué duda cabe-, con el tiempo, logra reconstruirse y hallar la cohesión real que, anteriormente, nunca se había logrado! Así, muchas mujeres y madres e hijos que, en estas situaciones aparentemente desoladoras, recuperan su entidad personal... y, lo que es mejor, se estructura el nuevo hogar en base a la necesaria transparencia, la sensibilidad humana y la participación de todos los miembros integrantes de la familia.

Aunque, dicho lo dicho, habrá que admitir que en estas situaciones -como en tantas otras- en las que reina el liderazgo autoimpuesto, es necesario que se de la sumisión, también auto impuesta. Y ese es un tema en el que no voy a entrar aquí y ahora. Solo recordarte que uno vive -o padece- lo que éste (se) permite vivir o padecer! Y ser consciente de ello es el primer paso para resolverlo...

Aquí tienes las palabras de Fornesa en La Contra de La Vanguardia, hablando del liderazgo y la autoridad en la empresa. Trasládalas a tu vida personal, ya sea con tu pareja, tus hijos -si los tienes- o tus amistades. Verás que no son dos realidades tan distintas...


Y ha mandado usted mucho.

Siempre he tenido muy claro que mandar no es conseguir el cargo sino el respeto de tu equipo, y mantener el poder no es mantener la silla, sino ese respeto.

Autoritas versus potestas.

En realidad, el poder puedes lograrlo tú, pero la autoridad que lo legitima te la confieren los demás mientras admiten tu capacidad de transmitir ideas y criterios de actuación, consiguiendo su aceptación. A mayor aceptación, mayor capacidad de liderazgo.

Rara habilidad, me temo.

Pero imprescindible, porque sin ese respeto de tu equipo por tu visión colectiva acabas concentrado en tu propio interés y, al final, corrupto. Y acaban echándote.

Sí, pero a veces te toca cada equipo...

A mí siempre me han respondido. Lo que no soporta nadie - yo menos- es la palabrería para disfrazar la ambición personal.


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jueves, 16 de abril de 2009

ROMPER LAS CADENAS...



Una generación sucede a otra... y a otra! Los condicionantes se van acumulando de padres a hijos... y se transmiten con la educación y lo que alguien cree que es lo mejor para nosotros. Ofrecemos lo que hemos vivido -como si de una única realidad se tratara- y buscamos desesperadamente lo que nos falta en la vida! Pero ese modelo no tiene en cuenta la realidad singular de cada uno, ni del momento histórico en que se aplica. Así, personas que han sufrido, muestran y transmiten su modelo a sus hijos, que obedientemente copian para sus vidas... por erróneo que éste sea! Y el crecimiento personal es la única salida airosa, pues supone romper con esa infinita cadena de agrabios y de injusticias perpetuadas de una generación a otra!

Cada madre debe ser mejor que su propia madre; cambiar todo lo que ella recibió por solo lo que a ella le ayudó a ser mejor como persona; cada padre debe escojer lo mejor que recibió y ser capaz de transmitirlo a sus hijos. Cada uno de nosotros tiene unos deberes consigo mismo y con la vida que le ha tocado vivir... y aplicarlo en el ahora! Si no, esa cadena de sufrimiento sigue aprisionándonos de unos a otros, de padres a hijos. Como siempre afirmo, hay que preguntarse ¿Qué espera la vida de mí, hoy y ahora? Yo tengo conmigo mismo el deber de vivir mi propia vida, sentir lo que siento y, como consecuencia de ello, cambiar y mejorar la vida que me han dado...

Admito que durante demasiados años yo viví una vida ajena, basada en los condicionantes ajenos, involuntarios e históricos que recibí como herencia no escrita. Eso sin duda me hizo crecer -lo veo hoy-, pero gasté demasiada energía para mantenerme firme y capear todas esas inclemencias que me eran ajenas, injustas y, la mayor parte de las veces, insolventables... simplemente porque no eran mías! Por eso, también resultó fácil encontrar culpables a lo que en mi vida pasaba! Pero llegó el gran día en que supe ver que lo que a mí me sucedía, tenía mucho que ver con lo que yo había permitido que me sucediera, que yo no era tan ajeno a mi vida. A partir de ese día, mi vida cambió, pues después de perdonar a todos los píos expiatorios a los que siempre había culpado de mi incierto destino y de perdonarme a mí mismo por haberlo permitido, empecé a vivirla como solo mía y cuyo único protagonista era yo mismo y lo que yo permitía. Seguramente en ese tránsito hacia mí mismo y hacia mi vida, también hubo temor y, como consecuencia de ello, faltó mucho amor en mi vida. Tal vez debía pasar por todo ello para llegar hasta hoy y aquí, permitiéndome hoy reconocer mi vida como mía, tomar de ella y de mi herencia solo lo que yo realmente necesito y, como consecuencia de ello, ser protagonista de una nueva vida en la que ya no existe apenas temor, lo que, sin duda, abría definitivamente la puerta al amor! Pero un amor más verdadero y más pleno del que siempre había deseado: un amor a mí mismo por estar donde estoy, un amor a los que me rodean porque dejaron de ser culpables de lo que pasa hoy en mi vida y, sobre todo, un amor y una confianza ciega en esta vida porque en ella dispongo de todo lo necesario para ser feliz!

Te invito a que leas esta interesante entrevista. Piensa en la vida que relata alguien que, día a día, vivió una injusta vida heredada, que condicionó sus tempranos años... hasta que fue capaz de enderezarla para vivir su propia vida!

Jacinta Sáenz, 55 años, maestra y trabajadora social"La fe en mí misma me ha dado el poder que me negaban". La Contra de La Vanguardia. IMA SANCHÍS - 13/04/2009

La novena de una familia de quince hermanos...

Crecí en el campo, al servicio de mis hermanos mayores y al cuidado de los menores. Allí todos trabajábamos. A los 6 años me levantaba a las tres de la madrugada, iba a buscar el agua al pozo, molía maíz y preparaba tortitas. Mis padres me pegaban a menudo, era la costumbre.

¿Iba a la escuela?

Sí, allí también pegaban. Un día me pegaron tanto que no volví. Mi hermana mayor vivía en la ciudad, era muy religiosa y había hecho la promesa de que en cuanto pudiera nos llevaría con ella para que estudiáramos. Nos fuimos los nueve más pequeños, de los que yo era la mayor.

¿Tuvo mejor vida?

Seguí encargándome de la casa y recibiendo palos. Mi hermana reproducía el patrón que se vivía en mi casa. Al terminar la secundaria decidí quedarme con las monjas.

¿Vocación o refugio?

Pensaba que me habían maltratado tanto porque yo era mala. Mis cuatro hermanas mayores se fugaron con los novios, y mi madre, que temía que yo hiciera lo mismo, no paraba de repetirme: "Tú también serás una puta". Creo que eso es lo que más me afectó.

¿Por qué no casarse en vez de fugarse?

En mi país, en el campo, es habitual que los hombres rapten a las mujeres, con o sin su consentimiento. A veces a niñitas de 10 y 12 años, pero nadie lo denuncia ni hay castigo. El hombre se la lleva a casa de los padres, y comienzan a tener hijos.

¿Las chicas quieren ser raptadas?

Lo están deseando para huir de su casa, pero la historia de violencia se reproduce ahí donde vayan. Con los años, supe que mi madre también había sido raptada.

Mejor el convento.

El convento se convirtió en mi refugio hasta los 23 años. Siento un profundo agradecimiento hacia las monjas. Pero mi familia, muy pobre, estaba en una situación muy difícil. Una de mis hermanas menores enloqueció. Yo veía pasar a mis hermanos desharrapados, ninguno había podido seguir estudiando, mientras que yo me había diplomado en secretariado y contabilidad, y formado como maestra. Me sentía culpable.

Y dejó los votos.

Tras un gran conflicto interno, sí. Las monjas me enviaron a Costa Rica, donde permanecí un año yendo a un psicólogo y trabajando con drogadictos y con matrimonios-problema,parejas cuyo principal problema eran los malos tratos del hombre.

¿Qué le diagnosticó el psicólogo?

Recomendó a la madre superiora que me facilitara la salida y me despojé de los hábitos. Me fui a Matagalpa a trabajar de maestra y me encargué del sustento de toda mi familia. Pronto cogí novio.

¿Y cómo le fue?

Bebía y llegó a pegarme. Cuando quise abandonarle me violó siendo virgen, quedé embaraza y mis padres le obligaron a casarse.

Mal comienzo.

Me abandonó. Yo estaba convencida de que aquel embarazo era un castigo de Dios por haber dejado el convento. Mi madre decía que me había abandonado a causa de sus dudas sobre la paternidad del niño.

Más que una madre, una enemiga.

Mis padres vivieron conmigo hasta su muerte. Por dentro yo estaba deshecha, pero seguía luchando. Era delegada del Ministerio de Educación de mi municipio cuando estalló la revolución sandinista, y me impliqué de lleno. Fui a la universidad, estudié Ciencias Sociales e hice un máster en Historia.

¿Satisfecha por fin?

Trabajaba por reconstruir la vida de muchas mujeres, pero la mía estaba deshecha. Seguía acudiendo al psicólogo porque sufría insomnio, depresión e irritabilidad, y fue él quien me recomendó establecer una relación afectiva.

Huy.

Pronto me volví a quedar embarazada, fue entonces cuando me enteré de que él tenía otra relación. Lo dejé y seguí adelante con mi embarazo, llena de vergüenza.

¿Qué tal la relación con sus hijos?

Han sido el motor de mi vida.

¿Y con los sandinistas?

Recién terminada la guerra, una noche un chófer vino a buscarme para un operativo político militar, una reunión urgente. Me llevó fuera de la ciudad, a un lugar apartado, y ahí mismo un militar me violó.

Caray.

Después del triunfo de la revolución hicieron eso: usar a la mujer. "Tráeme a aquella mujer o a esa otra", decían. Yo no sabía ni quién me había violado, lo supe después, y le tenía terror. Por fortuna, murió en una emboscada.

¡. ..!

Continué trabajando con mujeres, intentando que lo que yo viví fuera más suave para ellas, y formándome. En los años noventa daba clases de Historia en la universidad, hasta que hace un par de años empecé a trabajar con Intervida en comunidades rurales en temas de violencia interfamiliar.

Usted sabe de eso.

Sí, sé que la posibilidad de formarme me sacó del abismo. Si no hubiera llegado a pensar y valerme por mí misma, habría sucumbido al patrón social: el tú sólo sirves para esto. Romper con ese patrón hizo que ya nada me intimidara. He entendido que hablar cura y que la fe en mí misma y en mi valía me ha otorgado el poder que me negaban.


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jueves, 9 de abril de 2009

¿HAY VIOLENCIA ACEPTABLE?



Sin duda, la violencia está anclada en nuestro mundo. La violencia forma parte del ser humano. Basta leer testimonios de protagonistas o espectadores de escenas de guerra, maltrato o tortura para ver que, en ciertos momentos, el ser humano se ensaña con el prójimo... ¿más allá de lo razonable? Pero ¿hay violencia razonable, personal o socialmente justificada?

Nos gusta poner calificativos a las cosas: violencia de género, familiar, paterno-filial, juvenil, callejera, racista... qué más da qué color tenga y cual sea su escenario, aparentemente justificado o no! La violencia es y será siempre despreciable... aunque intrínsecamente humana. No hay que recurrir a Satanás para buscarla!

Me sorprenden las "calificaciones" en el ámbito de la violencia, como si hubiera una aceptable y otra, no. Una tolerada y otra, no. Una exhibida y otra, no. Hace unos días el presunto redentor del mundo en crisis, Obama, ha cambiado una ley por la cual será lícito publicar en los medios fotografías de soldados norteamericanos fallecidos en combate, hasta ahora algo prohibido, pues "daba mala imagen" a la indiscriminada y no siempre popular participación de USA en conflictos bélicos más allá de sus fronteras con unos fines, en cualquier caso, obscuros o/y reprochables, aunque convenientemente disfrazados de "promoción de las libertades y de la democracia en el mundo". Por lo visto, hasta ahora estas imagenes de violencia inconveniente eran políticamente incorrectas, por lo tanto debían ser censuradas por las Autoridades competentes. Aquí tenemos una descriminación y, en algunos casos, una puerta abierta para la justificación o no de cierto tipo de violencia!

El ser humano es violento, por naturaleza, como hemos dicho anteriormente. Razones hay muchas para, aparentemente, caer en la tentación de justificar la violencia como recurso: el miedo ante la incertidumbre, el descontrol propio, la restauración del órden establecido, la defensa propia... y un largo etcétera de situaciones cotidianas que avalan algún tipo de violencia -o nuestra actitud ante ella- cubierta o encubierta, ya sea de palabra, acto u omisión. Creo firmemente que no se debería aceptar nunca la violencia como recurso -ni primero ni último- ante lo evitable o lo inevitable. Para llegar a la violencia, antes deberíamos haber desechado la reflexión, el diálogo, la negociación... capacidades genuinamente humanas, fruto del autodominio y el control del ser humano sobre las circunstancias, por adversas que éstas sean. Como alguna vez le he comentado a mi hija, ningún otro ser vivo ataca a otro por el mero placer de hacer daño, como lo hace el hombre; cualquier animal lo hará, según el caso, para alimentarse, para defenderse o, en algún momento, para mantener el liderazgo ante los demás del grupo, lo que puede suponer su propia supervivencia; pero, en cambio, la violencia humana suele tener premeditación, nocturnidad y alebosía, es decir, está convenientemente programada, institucionalizada y, según el tipo y el momento, incluso aceptada y recompensada!

Aquí te traigo un angustioso vídeo de una campaña publicitaria contra la violencia de género del Reino Unido donde, según los últimos datos estadísticos, mueren dos mujeres cada semana...



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jueves, 5 de marzo de 2009

UN HOMBRE MATA A SU MUJER... ¿POR AMOR?



Sé que es un tema reincidente en este Blog. Supongo que es porque me preocupa! Para mí el maltrato (y no voy a cambiar el nombre) tiene que ver con la humillación, la falta de respeto... hasta llegar a la violencia hasta la muerte. En una sociedad como la nuestra, en que la agresividad está presente y hasta justificada en cualquier relación personal o profesional -aunque muchas veces convenientemente disfrazada de competitividad, soberbia o jerarquía- no debería extrañarnos que ésta llegue a nuestro ámbito más personal y familiar. La educación temprana, los medios de comunicación y la propia calle muestran, favorecen y hasta promocionan esta violencia de tono bajo que empapa nuestra vida cotidiana. Ejemplos lamentablemente cotidianos hay muchos ¿Quién fue el primero y más listo en tu clase del colegio?, ¿Qué empleado es el mejor del trimestre? ¿Quién es la persona que más presitigio tiene en la empresa o en tu ciudad? Esas sutiles y ordinarias expresiones muestran la competitividad, la diferenciación de unos sobre otros en función de sus logros sociales o profesionales, obviando cómo los alcanzó y a costa de quien. No se premian los valores, sino la manera de obtener la riqueza, el cargo o el prestigio personal, social o profesional. Una buena amiga mía, lamentable víctima de maltrato durante años, no cuestionaba la valía profesional de su ex marido maltratador -y lo decía con un cierto orgullo-, al parecer, un reputado directivo de empresa, y solo le reprochaba la falta de respeto de éste hacia ella y hacia sus hijos. Y, sinceramente, creo que una cosa va ligada a la otra, en un mundo en que para medrar y enriquecerse es necesario ser competitivo, agresivo y, la mayoría de las veces, poco honesto. ¿Por qué aceptamos, justificamos y promovemos la agresividad y el exceso de competitividad en entornos profesionales para lograr el supuesto éxito y, en cambio, lo criticamos en otros ámbitos, como el personal o familiar? Creo que la agresividad es lo que nos pide la sociedad hoy a nosotros, como ciudadanos y profesionales... y es difícil no llevarla con nosotros a casa. A los clásicos líderes empresariales y directivos de antaño nunca se les requirió que fuesen empáticos, comprensivos ni éticos con los demás ¿por qué, entonces, les pedimos ahora que lo sean en sus hogares, con su consorte o con sus hijos?

Aquí te traigo una entrevista interesante publicada en La Vanguardia hace unos días. En ella un poeta, psicoanalista, escritor y algunas cosas más, responde a unas preguntas, aunque algunas de sus respuestas me asombran. Afirmar que "la criminalidad está muy emparentada con el amor" (curioso y provocativo título, aunque peligroso) o, como responde posteriormente a una pregunta sobre cuándo debe la mujer denunciar la situación, respondiendo un "¡No! Una bofetada, un empujón leve, son sólo malas palabras", evidencian que en nuestro mundo estamos perdiendo la dimensión de lo que nos pasa, incluso a un psicoanalista, teórico sanador de mentes ajenas. Sin profundizar en ello aquí y ahora, deberíamos aceptar que el odio es siempre la ausencia de amor y que la violencia gratuita (por leve que sea) nunca justifica un buen fin. Recuerdo haber leído hace un tiempo que, en el Derecho Canónico de la iglesia católica, se acepta una bofetada como medio disciplinario para mantener una relación matrimonial. Sin comentarios! Y es que el machismo -como la agresividad cotidiana- está inmerso en todos los estamentos de la sociedad!

Te dejo con un extracto del mencionado artículo. Espero lo disfrutes y saques tus propias conclusiones sobre este lamentable y cada día más frecuente tema.


"La criminalidad está muy emparentada con el amor"

Miguel Oscar Menassa, médico, psicoanalista, pintor, escritor, poeta y cineasta aclara que se debería usar el término maltrato familiar en vez de violencia de género.
La Vanguardia. Marta Cuatrecasas.

¿Violencia familiar?

El hombre no mata a la mujer por un tema de machismo, sino por celos, envidia y amor. Es muy difícil encontrar un caso de una mujer maltratada por un hombre que no esté enamorado. La criminalidad está muy emparentada con el amor.

Cree que con la nueva ley se está plantando cara al problema.

Creo que sigue habiendo mucho machismo.

¿No decía que el maltrato de un hombre a una mujer no es por un tema de machismo?

Me refiero a que hay mucho machismo en la sociedad, es decir, en las instituciones que deben proteger a la mujer.

¿Por ejemplo?

Un juez le dio la razón a un hombre porque la mujer, víctima del maltrato, iba bien vestida, "excesivamente" maquillada, llevaba pendientes. Según el juez, era una provocadora.

¡Debió ocurrir hace años!

Si no recuerdo mal, hace sólo dos, en España. Es aquí donde está el machismo y no en el asesinato o maltrato. Vivimos en una sociedad de hombres, creada por hombres, legislada por hombres. Cuando la mujer engaña, la matan, al hombre, le da prestigio.

Entonces, ¿la ley contra la violencia de género no funciona?

Yo creo que no porque sino, ¿cómo es posible que con una orden de alejamiento la mujer acabe muriendo igual? Lo quiero entender y no lo entiendo. Sigue habiendo el mismo número de víctimas. Tan sólo varía en una o dos muertes.

Como psiquiatra, ¿qué solución propone?

Hay que evitar que las mujeres estén en contra de todos los hombres ya que no serviría de nada. Hemos de reforzar a la mujer y enseñarle a cuidar sus relaciones amorosas para que no se desvíen. Recuerdo una película española "Abre los ojos" dónde muestra claramente que cuando la mujer comienza a despreciar al hombre éste deja de maltratarla. Sólo cuando se somete, él la maltrata. La mujer ha de fortalecer su espíritu para poder decidir y liberarse.

La mujer se puede salvar, ¿y el hombre?

Soy muy negativo porque pocas veces he visto buenos resultados. El criminal debe seguir una rehabilitación y terapia estrictas y aún así es muy difícil. En el último trimestre salieron tres maltratadores rehabilitados pero volvieron a reincidir.

¿Existe salvación para la pareja?

Sólo si existe un inicio de maltrato, pero si es crónico o prolongado es imposible. En este caso la única salvación es la separación de ambos y resguardar a la mujer. Estoy escribiendo un libro para demostrar que cuando las denuncias son tardías, hay mucha probabilidad de que la mujer acabe siendo asesinada. Después de 10 o 15 años de mala convivencia, las cosas que se han dicho, las cosas que saben, es mucho más difícil de que la mujer escape.

¿Cuándo debe una mujer pedir ayuda?

En el primer castigo, sin lugar a duda.

¿Una bofetada?

¡No! Una bofetada, un empujón leve, son sólo malas palabras. Hablo de una paliza. Las mujeres que atendemos vienen magulladas, con la mandíbula rota, ojos morados, etc.

¿Qué me dice del nuevo maltrato familiar, el de hijos a padres?

Los niños no nacen ni buenos, ni malos, se hacen maltratadotes y es responsabilidad de la familia y de la educación. Esto que está pasando ahora está forjado por cincuenta años de una educación victoriana donde se usaba la fuerza para castigar a un niño. Ahora se han intercambiado los papeles. No es culpa de los chicos pero hay que revisar el sistema educativo y la televisión…

¿Tanto daño hace la televisión?

Mucho. La televisión sólo muestra las malas noticias. Esto genera que desconfiemos de todo: maestros, padres, jefes. La televisión no enseña a defenderse de lo malo con lo bueno, sino con lo malo.

(...)

¿Qué método se sigue para curar a una pareja que sufre maltrato?

Él o ella hablan con el psicoanalista y éste interviene sólo cuando hace falta. Lo más interesante es que el propio paciente consigue hablar de cosas que nunca se habría imaginado y que afloran durante la conversación. No es como curar una tuberculosis donde el médico puede obligar al paciente a curarse con medicación. Con el psicoanálisis la persona ha de tener voluntar y ganas de curarse.(...)

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domingo, 18 de enero de 2009

VOLAR ALTO, DONDE LAS JAULAS NO EXISTEN...



Espléndido comentario de la joven autora de 32 años del Blog http://sirens-sea.blogspot.com/ a mi post de ayer "¿Del amor al odio?". Te invito a leerlo y a sentirlo como yo lo he sentido... a pesar de ser un hombre... especial, pero hombre al fin y al cabo. Evidentemente es difícil, como mero observador, poder incidir de manera vivida en un tema como este. A veces me pregunto si debería escribir sobre estos temas que, de no haberlos vivido y sentido personalmente, puedo caer en el error de desvirtuarlos o, simplemente, frivolizarlos, pudiendo herir -aún más- a quien los ha padecido en su propia piel. Pero en estos últimos años, he tenido el privilegio de querer e intentar ayudar a personas que sufren -o han sufrido- algún tipo de maltrato o agresión, lo que me ha permitido sentirlo como propio. Aún así, solo espero que juzgues mi osadía escribiendo sobre esto como una prueba de comprensión e intentar ayudar a quienes, dándoles la oportunidad de leerlo, puedan sentirse acompañados en su silencioso sufrimiento!

Aquí el maravilloso comentario...

"Constante lucha, por buscar esa verdad a medias, ese halo de aire suelto, siempre ante la adversidad, el mundanal desasosiego por lo absoluto, por saber qué es lo que alcanzamos con el objetivo del bien.

Nos esforzamos por algo, que ya debería ser innato, tanto, que la respiráramos en la piel, con tan solo ver el primer rayo de luz y saber que los que nos miran, son producto de su bien, son discípulos del saber que las almas libres, vuelan allí donde su corazón y su mente les llevan, que se esfuerzan por un mundo desatado de perjuicios, de contratos con espacios encadenados, de posesiones indebidas por parte de amantes insatisfechos con su propia vida, aferrándose a la del que tienen al lado, para manipularla y destruirla, creándose en su mente, unos celos obsesivos, porque el subconsciente le dice, le insinúa suspicazmente, que eso que hace para mantener a esa persona a su lado, no es suficiente y ha de desconfiar totalmente de las acciones y repercusiones que ella es capaz de provocar, creyéndose que así, la mantendrá a su lado felizmente y para siempre.

Lo que no sabe es que cada vez que marca algo, cada vez que lo impone, cada vez que prohíbe, cada vez que desconfía, cada vez que priva a ese ser de su libertad, da un paso agigantado hacia el despego, la desunión, el miedo, la represión, la mentira, el desamor, y la muerte del propio Amor.

La cuestión está en decidir, practicar cual será el momento en el que esa misma persona obturada, cortada, ausentada de los momentos, infeliz desde dentro, pueda hablar alto y decir que quiere volar lejos, donde las jaulas no existen, ni las maleables ni las de oro, donde unos y ortos se perdonan, por amar algo distinto, por entender la vida de otra manera, por ser libres para decidir, para disfrutar, para escoger quien la acompañará hasta su final o hasta su principio, o quizá hasta su mitad.

Compartir con quien quiera compartir, sin riesgo de parecer una moda innovadora, acercarse a los demás sin miedo al “que dirán” como el que se acerca a una puesta de sol maravillosa, expectante, esperando a ver que le acontece, sin pensar en quien le espera ahora, viviendo cada segundo, cada fulgor en su vida. Esperar a que lleguen las olas, trasnochar y acordarse de los que le quieren, comer una hamburguesa a deshora, cambiarse tres veces de ropa, ducharse tres veces al día, aparcar algo porque decide que no le gusta, que no le aporta nada, quedarse un poco más porque le ha gustado la conversación,…hay tanto, tanto por lo que ser feliz, por lo que luchar, por lo que sentir, que no es merecedor de ese amor posesivo, intransigente, un alma libre, con ganas de volar, pero lo que es aún más importante, con ganas de gritarlo, fuerte…"


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sábado, 17 de enero de 2009

¿DEL AMOR... AL ODIO?



Hace unos días, una amiga participante de nuestro Foro de Opinión preguntaba ¿por qué se pasa tan facilmente del amor al odio en una relación? Aunque supongo que cada caso es un mundo, esta pregunta no tiene fácil respuesta... ¿o sí la tiene?

Intentando evitar peligrosas generalizaciones en un tema tan lamentable como escabroso y que, la mayoría de las veces, tiene consecuencias nefastas en lo personal, como es el maltrato psíquico o físico, habría que ver primero a qué le llamamos amor. En demasiadas ocasiones llamamos amor a la posesividad, a una persona que domina irracionalmente a otra, etc. Y eso no es amor. El amor debe estar fundamentado en el respeto, la comprensión y el sentimiento mútuo de quererse. Pero no todo el mundo es capaz de sentir o practicar este tipo de amor. Hay muchas personas para las que el amor es, simple y llanamente, amarse demasiado a ellas mismas, imponiéndo sus criterios y valores y, lo que es peor, desoyendo los del "otro", ya sea su pareja, su amigo o su empleado; eso es vanidad, egocentrismo o soberbia... pero nunca amor! Así, cuando se llega a una situación en que el sometido y/o la víctima propiciatoria de este ser egocentrico que no sabe amar a alguien, se rebela, su hasta entonces dominador se ofende y se siente amenazado en su Ego y en su amor propio exacerbado, por lo que intenta ejercer y/o mantener su innato e incuestionable dominio y autoridad de la forma que sabe y puede. Ni que decir tiene que, ante una amenaza así, está dispuesto a emplear, si es necesario, la fuerza física para recobrar el poder sobre la otra persona... Quizás hay pasos intermedios hasta llegar a ese extremo, como es el maltrato psíquico que no consiste en nada más que intentar socabar la resistencia del otro mediante el continuado y a veces sutil ataque a su estima y valía personal. Es por ello que una de las consecuencias más evidentes del maltrato psíquico y/o físico es la paulatina aniquilación de la autoestima de la víctima.

Sin entrar en detalles escabrosos, lo más paradógico de una situación de maltrato es cómo una persona puede ejercer su dominio sobre otra al precio que sea... y cómo esa otra consiente tal sometimiento, en contra de su propia persona e integridad psíquica, emocional e incluso física. Deberíamos afirmar con contundencia que el amor debe ser siempre favorable y positivo para sus protagonistas, si no, no es amor, es complacencia, miedo o algún tipo de adicción. Hay incluso quien afirma que esto, al menos en unas primeras fases, se debe al amor ciego o a la propia perseverancia y voluntad por mantener la relación por parte del sumiso... supongo que con la esperanza de que el maltratador llegue a cambiar algún día y se convierta en aquella persona adorable de la que creyó enamorarse. Particularmente pienso que el trasfondo del problema radica en un cierto tipo de personalidad de la persona sometida, que debido a su predisposición a dejarse dominar y cuestionar su propia conducta, acepta ser corregida y disciplinada por su ser amado, su protector, su maestro... dominador. Las raíces que fraguan este tipo de personalidad vulnerable ante estas situaciones deberíamos buscarlas en su infancia o adolescencia, donde posiblemente fue inconscientemente truncada su personalidad debido a su educación excesivamente estricta e intolerante, muchas veces de la mano de sus mismos progenitores y/o presuntos educadores. De hecho, estadísticamente hablando, las personas que han sido de alguna forma maltratadas en sus relaciones de pareja, muchas veces provienen de familias en las que existía algún tipo de maltrato -por sutil que fuera- habiendo sido víctimas directas o meros espectadores de escenas de este tipo en su entorno familiar cercano. Es por ello que no hay que buscar en sus relaciones sentimentales el origen, sino en el tipo de educación que recibieron o cómo llegaron a asumir su rol de víctimas en la vida, lo que les hace buscar -inconscientemente- relaciones malsanas y/o destructivas. De alguna manera, hasta que estas personas que aceptan -e incluso creer necesitar- la conveniente sumisión hasta doblegarse ante otra persona por su propio bien no llegan a ser conscientes de tal error y peligro, seguiran encontrándose una y otra vez personas dominantes en su vida, tanto en lo sentimental, como en lo profesional o en lo social. Y es que este tipo de personalidad, aparentemente débil y sumisa, atrae poderosamente a personalidades fuertes, egocéntricas y dominadoras. Y así, hasta que corrijan la vital y peligrosa tendencia, dándose cuenta de que la mal aprendida abnegación y sumisión a otra persona va siempre en contra de uno mismo y trae, como hemos visto, consecuencias graves en la propia personalidad y vivencia. Ni que decir tiene que también es necesario cambiar el erróneo concepto del amor que estas personas tienen interiorizado. El amor no puede ser nunca un correctivo, sino un sentimiento que nos debe procurar el crecimiento personal mútuo y, con éste, la pretendida y ansiada felicidad!

Como conclusión, aunque la cuestion tratada era por qué se llega tan facilmente del amor al odio en una relación, podríamos afirmar que no se trata de amor, sin más. O, en cualquier caso, no es amor entre dos personas, sino un "amor" exacerbado de y hacia uno mismo de una persona insegura, hasta el extremo de creerse con el derecho de imponer su personalidad, su autoridad y sus valores a otra persona que, por la razón que sea, permite tan cruenta y desequilibrada relación. Ni que decir tiene que, aunque merecería otro artículo aparte, la personalidad normalmente dominadora corresponde al hombre, auspiciada por factores educacionales que promueven y sobrevaloran su fortaleza física, su absoluto control de las situaciones y su capacidad de imponer su autoridad; en el otro lado, la persona sumisa suele ser una mujer educada para ser complaciente, abnegada y, sobre todo, con una peligrosa predisposición a admirar y sobrevalorar a su hombre, que supuestamente le confiere la necesaria protección y seguridad... aunque sea a un muy alto precio!

Seguramente podríamos seguir ahondando sobre este tema que hoy ya es una lacra social en países como España. Incluso podríamos buscarle un sentido más trascendental y profundo a este tema humano y, desgraciadamente, tan candente en los medios de comunicación social. Pero desearía acabar afirmando que la mal llamada violencia de género es, a mi parecer, una consecuencia más de un tipo de sociedad y, por ende, de educación que, con el tiempo, se irá quedando obsoleta, pues está basada en valores inamovibles que diferencian el rol masculino y femenino a partir de principios erróneos, otorgando al fuerte -el hombre- el deber de dominar a la presuntamente débil, es decir, la mujer. Creo sinceramente que, aunque el devenir del mundo sigue favoreciendo aún hoy esta distribución injusta e inhumana de roles entre los sexos, el mundo poco a poco va cambiando... y nuestros hijos e hijas tendrán una visión diferente y lograrán cambiar estos hábitos que no benefician ni al hombre ni a la mujer!


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