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miércoles, 30 de junio de 2010

FÁBRICA DE ENFERMOS



Crear enfermos es más rentable que curarlos, lamentablemente. Nuestro sistema económico vive tanto de lo que crea, como de lo que destruye. Hoy en día se habla de reciclaje, que es rizar el rizo y rentabilizar incluso lo que cae en desuso. Y todo ello incluye la salud, tanto en su vertiente física como mental. Solo hay que ver la gran proliferación de gimnasios y actividades físicas que pretenden mejorar la salud, aunque provocan más que nunca lesiones en simples practicantes sociales; en el campo de la alimentación, creamos alimentos de dudosa procedencia (transgénicos, etc.) y luego investigamos y creamos el remedio para resolver las dolencias que provocan, es decir los fármacos; y en el terreno de lo psicológico, hemos pasado de ignorar a los terapeutas, a endiosarlos como si fueran nuestros guías y mentores en una vida cada día más complicada. Todo tiene su precio, su solución y su remedio!

No hace mucho tiempo una amiga mía me presentó al dueño de una clínica de tratamientos psicológicos, especializada (según su propio nombre) en estrés, depresión y ansiedad, con el objetivo de que colaborásemos profesionalmente. Yo soy aficionado a los relojes y ese día concreto llevaba una buena imitación del reloj italiano Panerai, que me costó unos pocos euros en un mercadillo de las Islas Canarias, tras el consiguiente regateo; mi interlocutor, el dueño del mencionado centro llevaba -casualmente- el mismo modelo de reloj Panerai, pero el original y se fijó en el mío; al darme cuenta, le comenté que su reloj le había costado 4.000 euros, mientras que mi imitación -que llegó incluso a confundirla- solo 35; ironicamente le dije "sin duda, es mucho más rentable fabricar enfermos, que intentar curarlos como yo hago"! Y así es, su próspero negocio "terapéutico" consistía -sobre todo- en comprobar la veracidad de las bajas laborales por estrés, ansiedad y depresión para las compañías aseguradoras y las empresas, más que a sanar a esas personas. Ni que decir tiene que, a pesar de nuestras conversaciones posteriores, nunca llegamos a colaborar! La verdad es que para muchos, un presunto enfermo deja de ser negocio... justo en el momento en que éste sana!

En el loco mundo actual han proliferado los sanadores, videntes y terapeutas de todo tipo, cada uno con su técnica singular e infalible -según ellos, claro está-, ya sea mediante terapias presuntamente naturales y/o revolucionarias, procedimientos milenarios de todo tipo y curaciones casi milagrosas a partir de ritos de dudosa procedencia y eficacia! Y es que la generalizada desorientación de la gente, unida a momentos de marcada incertidumbre como el actual, provocan miedo y hace que muchas personas se entreguen a cualquier remedio que les garantice un mínimo equilibrio, seguridad y bienestar, ya sea a través de productos milagrosos o de prácticas presuntamente infalibles y casi divinas! Ni que decir tiene que la sugestión y fe ciega del paciente tienen su importancia en estos fenómenos, actualmente tan comunes! Y si, además, consideramos la tendencia adictiva de muchas personas hacia su terapeuta o su terapia milagrosa, el negocio está servido!

Siempre he creído que la solución a nuestra incertidumbre y nuestra ansiedad ante lo desconocido o incontrolado de nuestra vida está dentro de cada uno de nosotros. Nadie puede hacer por nosotros más de lo que cada uno puede hacer por sí mismo! Alguien desde fuera puede, eso sí, ayudarnos a cuestionar nuestras fortalezas y debilidades para -posteriormente- ayudarnos a replantear nuestra vida, facilitando que surjan las alternativas y visiones que tenemos interiormente cada uno de nosotros. Esa creo que es la única misión del Coaching, muy lejos de la función de maestros que muchos se autoadjudican y de terapias prolongadas, más basadas en la adicción -lucrativa para el terapeuta, claro está- que en la autosanación de la persona. Mi experiencia como terapeuta me dice que hay momentos en los que es necesaria la acción del Coaching, pero, en otros, es conveniente que el propio paciente trabaje por sí mismo en sus áreas de mejora o procese sus conflictos en solitario. En la vida cada cosa tiene su momento y sus actores... y hay que tener claridad al respecto -y ética, por qué negarlo- y saber cuándo uno debe pedir ayuda y dejarse ayudar... y cuándo uno debe dejar de hacerlo, cuando el remedio es peor que la enfermedad, y en aras del crecimiento personal del "paciente" y de la propia capacidad de gestionar su vida...

Aquí te traigo un texto en que el entrevistado expone ejemplos y prácticas habituales de la Medicina, en las que se demuestra que, demasiadas veces, el paciente y su salud no se tienen en cuenta. Léelo y extrae tus propias conclusiones...

Francisco Kovacs, 45 años, director de la Fundación Kovacs, que investiga las dolencias de espalda. "Un tercio del gasto sanitario se pierde en falsos remedios". La Contra de La Vanguardia. La Contra. LLUÍS AMIGUET - 26/06/2010

Tengo la espalda hecha polvo, doctor: ¿me meto en la cama y me cuido?

¡Nooo! ¡Nada de cama! Al contrario: ¡a la calle! Cuanto más ejercicio haces, incluso durante los episodios de dolor de espalda, menos dura ese dolor y más posibilidades sumas de que no se vuelva a repetir.

Pero si me duele la riñonera, no voy a ponerme a jugar al tenis.

Sólo tienes que evitar lo que de verdad aumente el dolor, no lo que te parece que puede aumentarlo. Localízalo bien y evita durante unos días esos gestos precisos que lo agudizan, pero sólo unos días y sólo esos gestos: con el resto..., ¡a trabajar!, ¡a moverse!

¿Y para que no me vuelva a doler?

El 80 por ciento de los españoles sufre en alguna ocasión un dolor de espalda. Lo único - lo hemos demostrado-que previene las dolencias de espalda es el ejercicio.

Yo creí que me hablaría de remedios.

¿Remedios? En EE.UU., de 1997 al 2005 el gasto sanitario causado por dolencias de espalda aumentó un 65 por ciento y - gracias a esa suma ingente-se logró que empeoraran espectacularmente los malos resultados.

A menudo, gastar más logra menos.

La sanidad se ha convertido en un gran negocio para algunos a costa de la salud de otros.

Parece probado que la Organización Mundial de la Salud fue incentivada por fabricantes de vacunas de gripe A.

¡Es un episodio recurrente! ¡El de las pandemias que nunca existieron pero que nos costaron miles de millones! ¿Recuerda la epidemia de meningitis? ¿O la gripe aviar?

Primero nos acongojan con los virus y después nos sangran los presupuestos.

La industria sanitaria es la única que mantiene beneficios con crisis o sin ella, y si no hay enfermedad, pues hay quien se la inventa.

Pero tenemos ensayos y controles.

Sólo en lo farmacológico, pero incluso en eso, veamos: ¿por qué aprobar un nuevo antiinflamatorio, por ejemplo, si ya tenemos los de siempre más contrastados y más baratos? ¿Por qué se recetan fármacos a sabiendas de que no son los más indicados?

Me quita las ganas de ir al médico.

Si la gente supiera los efectos secundarios de ir al médico, sólo iría en los casos estrictamente necesarios y se ahorraría así contagios, malas prácticas y enfermedades iatrogénicas, cuyo riesgo aumenta exponencialmente sólo con pisar un hospital.

¡Ojalá le escuchen los adictos al doctor!

Le daré un dato: se hacen 980.000 resonancias magnéticas lumbares al año en España y nuestros estudios demuestran que 670.000 son perfectamente inútiles, lo cual también significa que son perniciosas para el paciente... ¡y para nuestros presupuestos!

¿Hacer muchas pruebas no mejora el diagnóstico?

Sólo añadiré que hacerse una resonancia lumbar aumenta un 400 por ciento el riesgo de que te operen innecesariamente.

¿Se hacen operaciones, pruebas y resonancias sólo para ganar dinero?

La mayoría de los profesionales de nuestra sanidad son honestos y tienden a hacer el bien, porque nadie estudia Medicina - sería una estupidez-para hacerse rico.

Pero otros se hacen ricos a costa de la buena fe de todos.

Y temo que el sistema desincentiva la correcta toma de decisiones, por ejemplo, ante el paciente que insiste en hacerse la dichosa resonancia sin necesitarla: "Si cedo - piensas-,nadie se queja; si no, tal vez me busque un lío". Y lo mismo ante otras presiones.

El sistema debería incentivar el ahorro y premiar a los buenos profesionales.

Y dar poder al médico para que resista al caradura - otro ejemplo-que va a pedir la baja laboral sin tener la mínima excusa. Aunque entiendo que, al final, los médicos se cansan de pelearse con inspectores, quejas, presiones... Todo un sistema que fomenta el pasotismo y acaba quemando a los profesionales que se arriesgan a ser honestos.

Me temo que con los años, me guste o no, mi espalda me llevará al médico.

Es una vieja y falsa creencia. Antes se pensaba que la edad acababa tarde o temprano por estropear todas las espaldas. Y es falso.

Al fin una buena noticia, doctor.

Si la ejercitas, tu espalda puede durar en buenas condiciones tanto como toda tu vida, y eso hoy pueden ser muchísimos años.

¿Y el abuelo encorvado con bastón?

Es cierto que perdemos estatura, poca, y que los discos se desgastan, pero sólo eso. Si haces ejercicio, caminarás recto como un pincel un siglo si lo vives e incluso más.

Y si no, supongo que habrá prótesis...

Ojalá, pero por ahora ningún ingeniero biomecánico ha sabido replicar el prodigioso tándem discos-musculatura.

¿Si me duele mucho es que es grave?

La intensidad del dolor no es lo que más debe preocuparle; lo determinante es su duración. La mayoría de los pacientes se cura a los 14 días: haga lo que haga el médico o incluso a pesar de lo que haga el médico...

¿Y si la cosa dura más de dos semanas?

A los 14 días comienza la fase subaguda hasta los 90 días de dolencia... Ahí concentramos todos los esfuerzos terapéuticos...

¿Por qué?

Porque cuando pasan 90 días, el dolor se vuelve más difícil de curar. Y si ese dolor de espalda se acompaña de síntomas neurológicos, como pérdida de fuerza o irradiación hacia los miembros..., entonces sí que hay que ir al médico.

lunes, 14 de junio de 2010

LA VIDA ES COMO UN HOSPITAL!



NOTA: Próximamente tendré buenas noticias para darte! Pronto podrás seguir de forma cómoda mis textos en Facebook, escuchar mi música, obtener mis reflexiones sobre la vida, etc. con un solo clik. El gran evento está cerca, te mantendré informad@...

Estos días he tenido la siempre desagradable -para mí- experiencia de estar en una clínica. Mi madre lleva unos días internada, por un problema de salud. Supongo que pasar horas tediosas en un centro hospitalario te permite reflexionar sobre la vida y, en mi caso, escribir sobre ella. De entrada, una clínica es donde confluyen nuevas personitas recién nacidas que llegan a este mundo, personas que padecen trastornos de salud de todo tipo y personas que acaban sus días en esta vida. Como en la vida misma, unos llegan y otros, se van!

Curiosamente mi madre, por la urgencia en ingresarla, está hospedada en la planta de recién nacidos. Para quien no lo recuerde, esa es una planta donde reinan sonrisas, plantas con peluches y flores frente a las habitaciones y, de vez en cuando, el llanto de los neo-natos reclamando la atención de sus madres. Por los pasillos de esta planta, hay abuelos sonrientes que rememoran el nacimiento de sus hoy adultos hijos, papás primerizos que deambulan arriba y abajo con esa cara de susto agradable, algunos niños-hermanitos contentos por la llegada de su nuevo compañero de juegos o su rival del trono… En todo caso, como en la vida, cada uno halla el sentido de su presencia en un hospital, por cierto, casi siempre involuntaria! Y es que a un centro hospitalario casi nadie acude voluntariamente. No conozco nadie que, aparte del médico y del personal sanitario, disfrute de un hospital, ni como paciente, ni tan siquiera como mero visitante… Su inconfundible olor, un cierto sufrimiento acumulado e impregnando las paredes y el carácter casi siempre involuntario de sus pacientes-usuarios logran una atmósfera especial, donde nadie es quien es y todos somos iguales!

Ahora y aquí pienso que una clínica es como la vida! Nadie te preguntó para traerte a ella, no estás solo por placer y siempre hay algo de sufrimiento inevitable y, para bien o para mal, las personas –compañeros de fatigas o los visitantes- entran y salen, sin previo aviso. Én una clínica, como en la vida, cada cual es como es, con sus debilidades y sus fortalezas, por acompañado que uno esté, todos nos sentimos solos frente a nuestro destino... y podemos llevarlo con una sonrisa de esperanza o bien con sufrimiento, hasta que nos den el alta médica o nos saquen con los pies por delante!

Te recuerdo que ya está a tu disposición en Internet el primer libro del Blog Contigo Mismo, una recopilación de los artículos publicados y que ya no están en el Blog.






miércoles, 8 de julio de 2009

SENTIRSE VERDADERO: VOLUNTAD, SABER ESCUCHARSE Y DARSE



Es curioso como descubrimos la verdad cuando estamos en el límite de nuestra vida. Hasta entonces retozamos y surfeamos con nuestras ideas, circunstancias vitales, proyectos personales y expectativas terrenas como si la vida fuera a durar siempre. Pero la verdad se impone, más tarde o más temprano, en nuestra vida. Lamentablemente, muchas veces justo en el borde del precipicio, antes de la muerte. Ante ella se nos abren súbitamente los ojos y vemos y entendemos de qué va la vida, nuestra vida... aunque sea demasiado tarde!

Pero dejando de lado cuándo descubrimos la verdad, preferiría tratar la verdad en sí. La verdad está permanentemente ante nosotros, en nuestra vida diaria. Se muestra tangiblemente y nos envía continuamente señales para que la reconozcamos, la veamos y actuemos en consecuencia. Aún así, en demasiadas ocasiones no deseamos ver su firme e inflexible evidencia... y lo logramos engañándonos a nosotros mismos, mediante ingenuas tretas de aprendiz de ser humano o bien, al contrario, mediante sofisticados razonamientos intelectuales que desvirtúan la verdad hasta diluirla en nuestra existencia artificial y carente de sentido. Porque la verdad es el poderoso reconstituyente del sentido de todo, es lo que nos da luz en nuestra vida... aunque no siempre queramos o sepamos verla y dejarnos iluminar por ella. Y eso nos trae una vida insulsa, vacía y que, incluso, tenemos el valor de juzgarla como injusta con nosotros -o con nuestro entorno inmediato- cuando nos decepciona... precisamente porque hemos faltado a nuestra verdad! Razones para pensar de esta manera sesgada hay muchas: nuestro mundo insano está repleto de agravios, injusticias y ejemplos evidentes de tal evidente injusticia y, por tanto, de la crueldad de nuestra vida con nosotros, sus presuntos protagonistas. Hay quienes incluso reprochan a un dios sobre esta desaguisada vida! En cualquier caso, como no podía ser de otra manera -visto lo visto- hemos aprendido a desestimar nuestro indudable protagonismo y, como consecuencia, tememos la verdad y, como consecuencia, tememos a nuestra vida!

Pero volvamos a la verdad y a donde se halla. Está escondida tras ese día a día que nos distrae y nos ayuda a escaparnos de ella cuando no es como queremos, como habíamos pensado o como nos habían contado. Repito, la verdad está permanentemente aquí, con nosotros y cada día, queramos o no verla tal como es. Jose Manuel Serrat afirma en una espléndida canción que "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio", aunque lo admitamos con una cierta resignación y sobre todo cuando se nos manifiesta en contra nuestra. Pero no es así, la verdad es siempre... favorable o desfavorable, pero es lo que es y tiene su sentido. Y aunque nunca es conveniente juzgar los acontecimientos de la vida como positivos o negativos (el tiempo, los hechos y sus consecuencias suelen cuestionar tal primera apreciación), también deberíamos pensar si es -precisamente- nuestra innata obstinación en ver y vivir la vida de una determinada manera falsa lo que nos aleja de nuestra verdad y, por ende, del sentido de nuestra vida y de nuestra siempre perseguida felicidad. ¿No seríamos más felices si confiáramos en la verdad de la vida -esa que habla desde dentro-, en vez de intentar trastocarla para que se asemeje a lo que nosotros -errónea e ingénuamente- habíamos planeado en ella?

Insisto, la verdad -como el amor, la libertad y la felicidad, compañeros inseparables de ella- está siempre junto a nosotros, en nuestro interior, más exactamente! Claro que es el último sitio donde la buscamos, lamentablemente. Y se manifiesta cuando estamos solos y en silencio con nosotros mismos, cuando cerramos los ojos antes de dormir o cuando observamos la naturaleza y queremos ver en ella un modelo de nuestra vida, ya sea ante una flor, un paisaje o la bóveda celeste estrellada. O, simplemente, en la mirada sincera de un niño o de alguien que quiere o está aprendiendo a revivir la verdad como éste, aunque sea a las puertas de la muerte. Pero, además, la verdad lanza señales evidentes hacia afuera, creando las mal llamadas casualidades, que no son más que sincronismos que nos muestran si estamos o no persiguiendo nuestra verdad interior. Claro que incluso éstos podemos dejar de verlos o de presentirlos, normalmente por miedo a reencontranos y chocar con la imagen de nosotros mismos que siempre tuvimos. Mientras, hay personas -como yo mismo intento- que degustan las señales, las siguen e incluso podría afirmar que las generan para ir, día a día, reconociendo el camino y comprobando la correcta dirección. Seguramente estas personas un tanto raras o especiales (según quien nos mire y juzque) cometemos los mismos errores que todos, pero los consideramos señales para aprender , aunque nos devíen temporalmente de nuestro destino. Somos humanos y la dificultad radica en saber ver y entender las señales en el momento preciso en que se dan, pero creo que con el tiempo uno aprende a verlas, luego a buscarlas y más tarde confiar en ellas -y en sus vecinos inseparables el amor, la libertad y la felicidad- para dejarse guiar hasta la verdad, que por cierto se hospeda en el Alma y la apacigua cuando la encontramos!

La ventaja de intentar estar siempre cerca y aceptar la verdad es que uno no tiene la necesidad de perdonarse cuando se aleja temporal y accidentalmente de ella. Hay momentos en que uno tiene la irresistible necesidad de transgredir su verdad para probarse a sí mismo o ante los demás. Somos humanos y estas cosas pasan, debemos aceptarlas y perdonárnoslas porque son una parte importante de nuestro aprendizaje: "solo encuentra su camino quien se ha perdido antes diez mil veces", dice un proverbio chino. Porque la verdad no hay que buscarla ni aceptarla, sino sentirla como propia! Otra ventaja de no estar demasiado lejos de la verdad es que nunca nos sorprenderá, pues estaremos habituados a convivir con ella y no admitir la mentira; además, intentar vivir la verdad nos permite el privilegio de poner el adjetivo "verdadero" a muchas de nuestras vivencias -hasta entonces solo naturales y humanas, por tanto efímeras-, como el amor, la libertad o la felicidad, entre muchas otras. Así, día a día, nace una nueva y verdadera vida, sustentada en el amor verdadero, la libertad verdadera y la felicidad verdadera... lo que no es poco en este loco mundo nuestro.

Quizás ahí el quid de la cuestión sobre la verdad! ¿No será nuestra misión en la vida llegar a poner el adjetivo "verdadero" a todo lo que sentimos, vivimos y compartimos en nuestra vida? Así, estaríamos siempre más atentos de vivir la verdad, de manera intensa y sin miedo; confiaríamos más los unos en los otros, pues todos nos basaríamos en la verdad; y, sin duda, también reconoceríamos que un error no es más que un fallo temporal de apreciación de la verdad, un cierto alejamiento... y que siempre sirve para permitirnos luego recobrar el camino perdido hacia ella. Vivir la verdad cuesta, lo sé y lo vivo cada día: Hay que trabajarla cada día, luchando permanentemente contra nuestra mente y nuestro corazón polarizados y excluyentes, buscando la equidistancia del alma! Pero precisamente porque la verdad está en el alma, convivir con ella nos dota de una firmeza y paz interior, necesarias para disfrutar sin miedo de nuestra maravillosa y verdadera vida!

Hoy te traigo una interesante entrevista de La Contra de la Vanguardia. Destacaría, entre otras, una frase que dice "El milagro es la serenidad que te llega, un equilibrio fortísimo conmigo mismo. Cada uno debe ser el artífice del propio milagro". Y he aquí lo que yo le llamo nuestro milagro: descubrir y vivir la verdad de nuestra vida, pues con ella llega el verdadero amor, la verdadera libertad y también la verdadera felicidad!

Disfruta de la entrevista. Extrae tus propias conclusiones...


Mario Melazzini, oncólogo, 50 años, sufre la enfermedad de ELA (esclerosis lateral amiotrófica)"Ser verdadero simplifica enormemente la vida". La Contra de La Vanguardia. - 06/07/2009

Con qué palabra definiría lo que le ha sucedido?

Como una gran oportunidad, como hombre y como médico. Esta enfermedad devastadora me ha permitido hacer un nuevo recorrido.

¿Qué tipo de persona era antes?

En algunos aspectos he madurado, me he vuelto mucho más sincero, espontáneo, verdadero. He tenido la suerte de hacer una brillante carrera, y cuando me diagnosticaron la enfermedad, a los 45 años, estaba en la cima de mi especialidad.

¿Era feliz?

Tenía problemas en casa porque me dedicaba plenamente al trabajo. Era feliz pero me faltaba algo, y eso, paradójicamente, lo he descubierto con la enfermedad, aunque los primeros dos años fueron dramáticos.

Cuénteme.

Pese a que siempre me había considerado un médico atento a las necesidades de los enfermos, a estimularlos, con mi propia enfermedad me di cuenta de hasta qué punto somos frágiles mentalmente. Y topé con la impotencia de la medicina. "No hay nada que hacer - me dijeron- Vivirá dos, tres meses; máximo, seis años".

Vas quedándote paralizado hasta acabar totalmente inmóvil; para alimentarte necesitas nutrirte artificialmente y una máquina tiene que hacerte respirar. Durante dos años viví concentrado en lo que no podía hacer y olvidé lo que podía hacer.

¿Optó por la muerte?

Sí. En nuestra cultura, vivir con determinadas discapacidades es incompatible con una vida digna. Así que ya ve, yo, católico, me dirigí a una asociación en Suiza, donde el suicidio asistido no esta penalizado. Finalmente - no sé si fue miedo o una incipiente conciencia de que pese a la enfermedad podría llegar a disfrutar-,decidí seguir adelante.

Eso es valentía.

Pasé ocho meses solo en la montaña con una asistente. La caída física fue impresionante: perdí la movilidad, la capacidad de comer, de beber, de respirar solo. Pero cuando tenemos el coraje de permanecer solos, de enfrentarnos con nosotros mismos, la recompensa es ser nosotros mismos, ser sinceros, y esto me ha ayudado muchísimo, porque ahora me siento verdadero.

¿Verdadero?

No tengo dificultad en dialogar a fondo con usted, que no la conozco. Ser verdadero simplifica inmensamente la vida, la hace fácil.

Pero usted antes ya era sincero, ¿o no?

Lo que pasa es que nos contamos historias a nosotros mismos, nos escondemos detrás de ideas y conceptos, y eso falsea la relación con la gente que amamos. Estoy aprendiendo a escuchar, a ser una persona humilde, que no es fácil pero es fundamental, y sobre todo a no dar nada por descontado.

¿Y no abandonó sabiendo que la vida le abandonaba cruelmente?

Comprendí que como médico todavía podía dar muchas cosas a mis pacientes y como hombre, a mí mismo y a mis hijos.

¿Pero qué le hizo cambiar?

Entendemos el milagro como un cambio rotundo, no se trata de que uno se levante de la silla de ruedas y comience a caminar. El milagro es la serenidad que te llega, un equilibrio fortísimo conmigo mismo. Cada uno debe ser el artífice del propio milagro y en ello la mente tiene un papel fundamental.

¿Voluntad, saber escucharse y darse?

Sí. Este nuevo papel de enfermo experto me ha permitido crear un centro para el cuidado y la investigación de enfermos de ELA y distrofia muscular.

(...)

¿Cómo lo vive su familia?

Mi mujer vivía mal que yo hiciera de la enfermedad el instrumento para poder reprogramar mi vida; con dificultad, pero conseguimos hablar y separarnos. Con mis hijos vi el cambio cuando yo conseguí cambiar. La relación que tengo ahora con ellos es bellísima, mi enfermedad les ha ayudado a madurar, a entender que la vida puede dar un vuelco en cualquier momento.

¿Han hablado de la muerte?

Sobre todo conmigo mismo, no la temo, forma parte de nuestro recorrido. Yo creo que todo el que pide ayuda para morir, en realidad, está pidiendo ayuda para vivir, porque vivir con una discapacidad grave cuesta y si no eres ayudado es casi natural decirse: ¡pero qué clase de vida es esta!

¿Cómo cambiar sin tener que llegar al extremo de sentir tu vida amenazada?

Basta con que en nuestra cultura aceptemos que la enfermedad, la discapacidad, la fragilidad forman parte de nuestro ADN y por tanto no son hechos que se deban gestionar paralelamente a la vida, son parte de la vida. Ese es el gran esfuerzo que permite valorar todo lo que yo le estoy diciendo sin necesidad de vivirlo.

¿Cómo decirle a un paciente que su enfermedad es terminal?

Primero escuchar, y debe existir el compromiso de que yo como médico estaré siempre a su lado a medida que la enfermedad avance. "Yo estoy" en lugar de "usted tiene".


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