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jueves, 13 de enero de 2011

EN BUSCA DE VERDADEROS AMIGOS



A veces me sorprende la actitud de ciertas personas, lo reconozco! El otro día una persona rehusó mi ofrecimiento de amistad, aludiendo que solo quería "buenos amigos" y que yo ya tenía 3.000 y pico contactos en Facebook! Bueno, le agradecí el mensaje de rechazo, pues ante todo respeto la libertad de cada uno para tener en la vida lo que desea. Quizás no perdía nada renunciando a mi amistad, pero le comenté que, ni en la vida real ni en la virtual busco buenos amigos así, a la primera! Me dejo llevar por mi intuición, trabajo por crear y mantener una amistad... y dejo que la vida fluya!

Y ahora reflexiono sobre la actitud de esas personas que, de vez en cuando, niegan una amistad... en la vida real o virtual! Y pienso cuánto miedo -o desconfianza y/o dolor- hay en esa renuncia! En general, veo mucho sufrimiento y desconfianza ante lo que nos encontramos diariamente en nuestra vida! Estaría básicamente de acuerdo si todos y cada uno de nosotros fuéramos ya perfectos y no requiriéramos ya de nada ni de nadie para mejorar. Pienso también en las posiblemente malas experiencias de esas personas al renunciar a una puerta desconocida... pero abierta, cuando surje la oportunidad. Es también verdad que, tal como está nuestro mundo loco, hay que ser prudentes para no exponernos a personas que actúan de manera desaprensiva, manipuladora o mal intencionada, que nos puedan herir a la primera de cambio! También debemos recordar que, en muchas ocasiones, no nos dejamos llevar por la intuición, las apariencias engañan... y lo que llega a nuestra vida no es siempre aparentemente lo mejor!

¿Tanta desconfianza tenemos en nosotros mismos para rechazar algo que desconocemos? ¿No nos fiamos de nuestra intuición? ¿Creemos que lo nuevo que llega es igual que lo que ya hemos vivido? ¿Nos conformamos con lo que tenemos en nuestra vida? ¿Somos ya felices? Soy de los que piensa -y siente- que cada nueva persona es una nueva oportunidad... para acertar o para equivocarse, una vez más! Sobran los ejemplos! Pero también sé que ambos extremos -los aciertos y los errores- son necesarios en mi vida... aunque prefiero estar prevenido ante el dolor, es verdad! Y por eso hoy confío en mi propia intuición -que no suele fallar-... y en el transcurso del tiempo, para darme cuenta de la realidad de esa persona y descubrir qué me aporta en la vida, un acierto... o una lección más que aprender!

Pero la verdad es que en la vida real, en Facebook o en cualquier otro mundo "virtual o real", las personas que llegan no llevan tatuada su intención o su actitud ante nosotros! Los "buenos amigos" no llevan un rótulo de "buenos amigos" cuando llegan a nuestra vida. La "buena persona" no lleva un rótulo de "buena gente" visible, evidente y permanente. Habrá que estar bien atento, descubrirlo con el tiempo que dirá qué papel desempeñará cada persona en nuestra vida! Alguien nació como "amigo" y tal vez acabará como "amor"; otro nació como "amor" y quizás terminará como "enemigo"; otro más nació como simple "conocido" y acabará como alguien que estará para siempre en nuestra vida! En todo caso, lo que sí es seguro, es que cada persona juega un papel determinado en nuestra vida y todos son igualmente necesarios para vivir... es decir, para aprender... y para crecer!

Evidentemente, no siempre podremos -de antemano- elejir la gente que habita nuestro entorno. Familia, amigos, amigos de amigos, compañeros de trabajo, conocidos, vecinos... conforman el personal ecosistema de cada uno de nosotros y constituyen nuestra vida, nos guste o no! En algunas ocasiones, sí tendremos la oportunidad de aceptar o rechazar su presencia, pero en otras, no tendremos más remedio que compartir con ellos algunos momentos o incluso algunos años de nuestra vida! La libertad se gana día a día y... ¿llegará ese momento en que las personas de nuestro entorno serán elejidas por uno mismo? Seguramente no llegará nunca, es verdad, la vida está hecha de contrastes y riesgo... pero sin duda llegará la libertad para actuar en cada momento y con cada uno, como uno mismo decida... y no solo condicionados por nuestra historia! Pero, aún así, necesitaremos de personas nuevas que nos aporten lecciones, puntos de vista y experiencias diferentes a nuestra vida! Al final, vivir una vida plena no significa más que aceptar el riesgo ante lo que viene y aprender con ello!

Si ahora miráramos atras, en nuestra propia historia, veríamos -con sorpresa- qué poco se han cumplido nuestras promesas y deseos con respecto a la mayoría de las personas en nuestra vida! Me atrevería a decir que raro será el caso de una persona concreta que, realmente, se ha cumplido lo que habíamos planeado con ella! Ni tan siquiera nuestros familiares más cercanos -y, en teoría, conocidos- parecen haber cumplido ese rol preasignado a los miembros de cualquier familia. El hecho es que cada persona tiene un sentido en nuestra vida y que es la propia vida quien desentrañará la incógnita, con el paso del tiempo! ¿Para qué planear y/o crear espectativas con alguien, si luego será la propia vida la que decidirá qué es y hace cada persona en nuestra vida? ¿Por que no nos creemos capaces de crear las relaciones que queremos, según nuestra propia actitud y la de la otra persona? ¿Por qué esa desconfianza inmediata y espontánea en nosotros mismos, en el otro y en la vida, sin concedernos siquiera el derecho a confiar de verdad... quizás por primera vez en nuestra vida? A fin de cuentas, la vida es una oportunidad, no una trampa para que caigamos... aunque a veces nos lo parezca! ;-)

Miguel Benavent de B.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

TIEMPOS PASADOS...¿SIEMPRE FUERON MEJORES?



Casi se han acabado las fiestas navideñas y ya estamos llegando al final de año, como cada año! Como sabes, es la única época del año que me concedo la licencia de mirar atrás en mi vida. Estas fiestas de Navidad, es verdad, invitan a la nostalgia, pues en ellas uno rememora lo vivido antes con personas que quizás ya no están cerca nuestro, circunstancias que no se repetirán jamás, momentos únicos e irrepetibles que aún remueven nuestra memoria, nuestra conciencia y nuestro corazón cuando las evocamos. Pensar en el pasado de vez en cuando no es algo malo, en sí. Sí lo es, en cambio, vivir del pasado, intentando repetirlo una y otra vez, con sus mismos aciertos y errores, sin aprender... y no vivir el "hoy"!

Cuando pienso en mi pasado veo cosas -aparentemente- buenas y malas acaecidas en mi vida. Hace ya tiempo llegué a la conclusión de que siempre miro al futuro porque mi pasado no fue como yo imaginé que sería, luego, de alguna manera, me entristece y, en cambio, tengo la lamentable sensación de que todo está aún por hacer en mi vida. Me angañaría si quisiera que volviera mi pasado pues, como el de casi todos, nunca fue mejor que mi presente! No puedo sentir nostalgia de un tiempo que, aunque necesario para llegar hasta aquí, al hoy, dejaría mucho que desear en la vida de cualquier persona. Demasiadas historias sin final feliz, llenas de ausencias, de incomprensiones, de carencias... como seguramente casi todo el mundo! En todo caso, entiendo más el sentimiento de autocompasión, que el de nostalgia por lo que realmente fue! Pero la mente fabrica recuerdos a medida, sesgados de la realidad vivida, para que encontremos a faltar todo eso que nunca vivimos, como si de un paraíso se tratara! Si somos honestos con nosotros mismos y con nuestra historia, muy probablemente veremos nuestro presente -sea cual sea- mucho mejor que nuestro pasado!

¿Qué ha cambiado en mi vida hoy, con referencia al pasado? Seguramente pocas cosas o, como mínimo, nada tan relevante como para dejar de sentirme a ratos "injustamente maltratado" por la vida! ¿Nuestro referente para sentirnos así? Todo eso que creímos que debió ser nuestra vida! Pero la verdad es que hoy mi vida no es mucho mejor que la de antaño, pero sin duda algo ha cambiado en ella! He aprendido a aceptarla tal y como es... y sin recurrir a la resignación ni a la abnegación! Hoy entiendo que todo lo bueno y malo vivido me han traído hasta aquí! Y, sobre todo, me ha enseñado que, para ser dueño de mi vida, no es necesario controlarla y preveer sus próximos movimientos, sino aceptar lo que llega, aprender de todo ello y utilizarlo en positivo en mi vida hacia mí mismo... o hacia los demás! Esa manera de vivir es radicalmente opuesta a la vivida en mi pasado, donde quizás había demasiada vanidad y/o falta de humildad en los buenos momentos y, en los momentos malos, demasiada resignación o sentimiento de impotencia! Por decirlo de una manera simple: aprendí a surfear, pero sin tener noción de hacia dónde me dirigía y siempre siendo una víctima, bailando al son de la vida! En el peor de los casos, siempre podía recurrir a la autocompasión para sentirme el peor de los mortales, dadas las circunstancias de mi vida!

Pero la autocompasión es un mal consejero, incluso en los malos momentos que todos tenemos, como lo es creerse dueño de la vida sesgándola y solo aceptando lo agradable en ella, como cuando nos sentimos agradecidos con la vida! Y eso es, precisamente, lo que he cambiado en mi vida: la capacidad de admitir la vida sin reservas y aceptar lo que ella me ofrece, ya sea felicidad o sufrimiento. Es lo que me da valor como persona firme y, aunque como ser humano también tengo mis momentos bajos, intento que día a día esto domine mi manera de pensar, sentir y vivir mi vida! Si -como muchos creen o pretenden lograr en su vida- no me enterneciera mirando una escena de amor, sufriendo una distancia o un silencio o no me doliera el dolor ajeno, no sería un ser humano. No es ganando insensibilidad o dureza como me hago fuerte, sino todo lo contrario, siendo plenamente consciente de mis fortalezas y debilidades como hombre, pero dándoles siempre el oportuno sentido y momento! ¿Eso me hace fuerte o vulnerable, al fin? Sin duda fuerte, capaz no solo de aceptar mi propio sufrimiento, sino de ayudar -en lo posible- a los demás, intentando dar esa visión positiva y, sobre todo, encontrándole su sentido!

Sé que esta manera de ver y de aceptar la vida tiene su alto coste! Pocas personas a mi alrededor entienden el sufrimiento y la alegría como componentes -a partes iguales- de nuestra vida, plena! Inclinar la percepción de la vida hacia uno u otra, depende de uno mismo... y eso no es más que la libertad de decidir qué queremos y qué hacemos cada día por nuestra propia vida! Es verdad que es una opción libre y continuada, pues la vida nos reta a menudo poniéndonos a prueba en nuestro tesón por alcanzar lo que merecemos realmente en ella! También es verdad que es una lucha interna, dificilmente explicable y entendible por los de fuera, pero no está demás pensar que todo el mundo tiene su propia lucha personal e intransferible, aunque tratemos de distraernos o disimularlo... y que, al fin, las cosas no son lo que son, sino cómo somos, o sea como somos capaces de sentirlas y de gestionarlas... en el momento oportuno!

Miguel Benavent de B.

jueves, 23 de diciembre de 2010

TUS SUEÑOS TE AYUDAN A VIVIR MEJOR LA REALIDAD



En muchas ocasiones acusamos a la vida de ser injusta con nosotros, por cómo creemos que nos trata! ¿Puedemos reclamar justicia a la vida, sin ser muchas veces justos con nosotros mismos, con los demás o con ella, la propia vida? Pero, sin pretender invitar a la culpabilidad en este asunto, la vida sabe bien lo que hace, nada es puro azar en ella... aunque quizás nos cueste aceptarla con nuestra mente reduccionista y pragmática! La vida no es justa ni injusta, simplemente es! Y, seguramente, nos sorprende porque esperábamos otra cosa de ella!

Es humano sentirse así. Pero, levantando la vista por encima de las circunstancias y de las dificultades, la vida no pretende otra cosa que nuestro bien y que reconozcamos que, tal vez solo gracias a las dificultades, aprendemos lo que tenemos que aprender en ella! Sé que es difícil de aceptar esto último, quizás tan difícil como alcanzar la felicidad sin ello. Evidentemente, algo deberemos hacer para aprender a aceptarla tal como viene... e incluso amarla como merece!

Pero la vida también tiene sus remedios caseros y sus fórmulas mágicas para que sepamos aceptarla tal y como es! Por un lado, nos permite que le demos sentido a todo lo que nos llega, sentido que deberemos encontrarlo en el corazón y no en la mente como pretendemos y nos han enseñado -erróneamente- a hacer! Por otro lado, también tenemos la capacidad de soñar, es decir, trascender a la vida ordinaria y previsible, siendo capaces de verla desde arriba, entender el verdadero sentido que tienen las circunstancias y así aceptarlas como parte de nuestra vida, esa vida plena que siempre hemos soñado, pero que pocas veces hemos tenido el valor de vivir!

Estas aseveraciones sé que cuestan de entender! Y lo sé, precisamente, porque aún a ratos, muchas veces, me cuesta aceptar la vida, mi vida, tal y como es... como a ti! Últimamente incluso pienso que, si es verdad que la vida solo pone a prueba a alguien cuando realmente estás preparado para aprender y aprobar con nota las lecciones que trae consigo, debería ser un maestro, porque en estos últimos tiempos realmente me cuesta digerir muchas de las cosas que pasan en mi vida y a mi alrededor! No entraré en detalles personales, porque no es comprensión, ni justificación, ni tan siquiera compasión lo que busco y lo que me ayudará a superar las adversidades, sino amor a mí mismo y a la vida... Pero te diré -con rotundidad- que nunca me hubiera imaginado siquiera ser capaz de aceptar y de mantener el temple en muchas de las situaciones que hoy estoy viviendo, en piel propia o ajena! También te diré, aunque sea un tópico, que el amor todo lo puede y doy fe de ello... ;-)

¿Es quizás por eso que la vida me pone pruebas y más pruebas, para que me dé cuenta, al fin, que lo importante no es lo que me pasa, sino lo que yo hago -y siento- con todo ello? ¿Me pone pruebas la vida para que le demuestre que soy capaz de actuar sin dejar de ser yo mismo y desde el amor y sin miedo, a pesar de las dificultades? ¿No sería más fácil culparle a ella y tirar la toalla frente a la realidad, mi realidad? ¿No querrá enseñarme la vida que, por mucho que me obstine en no aceptarla, nunca podré dejar de vivirla? ¿Intenta la vida, quizás, evitar que yo la juzgue justa o injusta, sin darme cuenta de que es ella quien más sabe de mi propia vida? ¿Será verdad que la vida sabe qué es lo mejor para que yo aprenda, de una vez por todas, a vivir de verdad y a confiar en ella, tal y como es? ¿Acaso cuando yo he -creído- pilotado mi vida he alcanzado mi dicha y mi felicidad? ¿Hay, tal vez, otra manera más fácil de llegar a la ansiada felicidad, si despertarme?

Pues, aunque sea porque estamos próximos a la Navidad y es época de buenos deseos, hoy solo le pido a la vida que sepamos y tengamos el valor de soñar siempre, así como la voluntad de encontrar el verdadero sentido de nuestra vida, para aceptar y vivir plenamente nuestra realidad! ¿No es ese el mejor deseo para alguien a quien quieres?

Miguel Benavent de B.


Te copio un texto ajeno que habla, precisamente, de los sueños, como una eficaz manera de ver, entender y vivir la vida! Extrae tus propias conclusiones...

Los cinco pasos para conseguir tus sueños.
¿Tienes algún sueño? ¿Sabes que los sueños pueden hacerse realidad? Hay cinco pasos mágicos, como los dedos de la mano izquierda, para conseguirlo. Mira:

• Tenerlo: Si no tienes sueños, no llegarás a ningún lado. Nada te impulsará. No tendrás motivación ni nada te hará ilusión. Eso sería sobrevivir, no vivir.

• Explicarlo: Ya hemos visto lo esencial de comunicarse. Con tu familia, amigos, pareja. Explícate. Cada vez que lo cuentes, el sueño crece, parece más real.

• Escribirlo: Cuando escribes algo, puedes leerlo siempre, y esto hace que lo recuerdes. Así, el sueño adquiere fuerza, consistencia y contenido. Escribe los detalles, los imprevistos. El proceso. Te ayudará mucho escribir.

• Pensarlo: Tu mente tiene el poder de crear cosas. Es energía. Imagínate tu sueño. Visualízalo. Siéntelo. Si te emocionas con él, para ti ya es real. Ya lo ves en tu imaginación. Tiene un poder increíble. Todos los grandes sueños de esta humanidad antes fueron imaginados en la mente de un soñador.

Queda el último paso, el más importante de todos, la culminación de todos los demás.

• Trabajar con voluntad: Necesitamos voluntad para conseguir nuestros sueños. Sin voluntad no hay felicidad. Sólo lo que consigues con esfuerzo tendrá valor para ti. Sin reto, sin emoción, sin entrega, no hay vida.

¿Qué es trabajar? Trabajar es perseverar. Tener voluntad para superar dificultades. Paciencia y humildad para saber que el cómo y el cuándo lo pondrá la vida. Tú céntrate en el qué.

Para ser o hacer lo que quieras, debes entrenarte, debes practicar, debes experimentar, debes trabajar. Pasa a la acción. Está muy bien saber cosas, leer libros, aprender y comprender nuevas ideas, pero lo que realmente te hará sentir bien, realizado, es llevar todo lo que sabes a la práctica, experimentarlo, vivirlo. Pasa a la acción ¡y alcanza tus sueños!

“Cómo ser feliz cada día”, de Raimon Solà

martes, 14 de diciembre de 2010

¿MADUREZ... TRANSGRESORA?



A veces me han preguntado qué es para mí la "madurez". Y lejos de pensar en lo común, es decir, ser serio, responsable, no equivocarse, conveniente, coherente, experimentado, etc. pienso que la madurez es mucho más que todo eso y es fácil definirla: madurez es ser capaz de saber hacia dónde vas, dejar que la vida fluya y te lleve "cómo" y "cuando" decida, admitir las equivocaciones como algo que nos enseña el camino y rodearte solo de todo aquello que te ayuda a conseguir lo que quieres para tu vida! Esa afirmación resume muchas cosas que están implícitas en el concepto de madurez, popularmente aceptado.

Seguramente es más fácil definir la madurez, que ser maduro, como suele pasar. Saber hacia dónde vas es tener claro qué quieres de tu vida y luchar con ahinco para conseguirlo, desechando todo aquello que creíste o te dijeron que debía haber en ella; dejar -o sea, confiar- que la vida te llevará a su manera y en el debido momento, a partir de tu esfuerzo por conseguirlo y dejando de creer que la vida va en contra tuyo, como muchos se obstinan en creer; ir con firmeza hacia tu objetivo personal, pero admitiendo que, antes y después, durante el camino, errarás para que aprendas todo aquello que necesitas saber para alcanzar y valorar tu destino; y ser capaces de abrir -con valor- las puertas que te ayuden a seguir tu camino y también tener el valor de cerrar todas aquellas que te alejan de ti mismo y de tu destino, aunque no sea -a priori- siempre fácil saber cuales debes abrir y cuales, cerrar.

Eso es la madurez! Hasta llegar a ella, uno tiende a aceptar todo aquello que debe ser su vida, aunque no sea cierto o le exija dejar de ser él mismo. Además, pretende hacerlo de manera unívoca y sin admitir errores, ni aceptar que solo la vida tiene el poder de lograrlo. Intenta desesperadamente no transgredir demasiado, ni ser demasiado uno mismo, ni despertar suspicacias en los demás, intentando complacer a los que le rodean! Pero la verdad es que eso sería como subirse a un tiovivo o carrusel del parque, sin riesgo a caerse, ni a cambiar de trayectoria, ni de ser entorpecido por los demás y siguiendo siempre el mismo recorrido circular... hacia ninguna parte!

Simplificando, madurar significa tan solo decidir tu camino y quitar de delante todo aquello que te estorbe... ya sea interno o externo! O sea, desembarazarse de todo lo postizo que hemos llevado puesto para protegernos durante años... y quedarte con lo esencial de ti mismo! Y eso cuesta, porque nos cuesta decidir, nos duele aceptar las equivocaciones... y admitir ese riesgo! Andar hacia uno mismo exije coraje y decisión, además de generar no pocas incomodidades en las personas que nos hicieron llegar a ser como fuimos y que están encantadas con su papel histórico y autoadjudicado en nuestra vida! Cuando uno se mueve, su horizonte se modifica y, por tanto, cambia su posición frente a los demás, y, como consecuencia, también nuestras relaciones personales, del tipo que sean. Pero todos esos inconvenientes solo pueden recompensarse con un gran premio: Llegar a ser uno mismo y a vivir como uno merece... y no solo -como hasta entonces- buscando el beneplácito y la complacencia de los demás, por mucho que afirmen habernos querido! Es por eso que nuestro camino hacia la madurez lo vamos sembrando de víctimas propiciatorias de nuestra desorientación y nuestros desvaríos personales... Pero, la verdad es que todos hacemos lo mismo mientras aprendemos a ser nosotros mismos, que dura toda la vida!

Esa decisión -porque, al fin y al cabo, madurar es una opción personal, libre y, por tanto, voluntaria- debe salir de dentro y ser firme, no puede ser inducida desde alguien más! Y recuerda que la vida te brinda continuamente oportunidades -muchas veces basadas en el sufrimiento y en la desdicha, propios o ajenos- para madurar y aprender a afrontar -al fin- la vida que realmente mereces y siempre has deseado... pues en ella habita el amor y la felicidad que siempre buscaste en el vacío. Así, todo lo anterior, lo actual y lo venidero, cobra su verdadero sentido! ¿Y qué hacer, luego, con las víctimas propiciatorias que dejamos detrás, en nuestra propia historia? Pues perdonarse uno, sabiendo que todos aprendemos de equivocaciones... siendo humildes y conscientes de que, en cualquier caso, en nuestra vida errónea éramos tan víctimas propiciatorias nosotros, como las personas a las que dañamos en el camino!

Tomar el rumbo hacia uno mismo exije tesón y firmeza, es verdad. Pero esa nueva actitud que trae consigo nos hará sentirnos transgresores, quizás solitarios y/o especiales (aunque los demás nos llamarán raros), pero eso no significa que rompamos los moldes ante los demás y, lo que es peor, con nosotros mismos. Sí, es verdad que deberemos cuestionar y luego resquebrajar esa personalidad que creamos para engañarnos a nosotros mismos y defendernos de los demás! Pero la fuerza para hacerlo debe surgir del interior, no solo ser rebeldes por ser rebeldes, pero sin sentido! Es muy distinto -y fácil- transgredir en un mundo uniforme, gris y plano como el nuestro, pero no es tan fácil seguir nuestros designios internos para no transgredirse uno mismo, o lo que es lo mismo, faltar a nuestro ser auténtico que yace en nuestro interior!

Pero te aviso que, como ves, el camino no es fácil ni en linea recta, pues -para bien o para mal- estás al albur de la vida, que te da pistas y luego las esconde súbitamente, para comprobar tu firmeza y convicción! Aunque te diré un secreto: Al igual que la vida te reta continuamente poniéndote de frente la cruda realidad y sin escapatoria posible hasta que la aceptes, la misma vida te manda señales sutiles del verdadero camino para que, si estás atento y confías en ella, llegues a tu destino! Alguien dijo que Dios (y llámale como quieras) no se deja ver más que a través de esas señales! Será verdad o no, pero mira lo que te rodea ahora mismo, intenta captar las señales (personas, momentos y lugares) cuando aparecen... y solo tienes que ser valiente para encontrarles su sentido y ser libre para atenderlas, tal y como vienen! ¿Cómo reconocer estas señales, cuando llegan a tu vida? Pues, entre otras cosas, te traerán paz a tu vida porque resonarán en tu interior... o les llamarás "casualidades de la vida"!

Miguel Benavent de B.

domingo, 12 de diciembre de 2010

UNA GRAN LECCIÓN DE LA VIDA...



Estos días pienso, lejos de sentirme abatido -aunque en ciertos momentos, así me siento- que la vida es drástica en su maestría, haciéndonos aprender lecciones que nunca hubiéramos deseado o imaginado tener que aprender. Y esta vez me está enseñando a soportar el dolor de alguien querido en la distancia, a no poder hacer nada para remediarlo y, sobre todo, a querer a alguien en silencio y respetando su vida, hoy trastocada sin previo aviso... pero que necesita de su propia energía para salir adelante!

Quizás esta tremenda lección -como todas- exije mucho de mí mismo, como que abandone esa vanidad de sentirme útil ante los problemas de los demás, que sepa acallar mi propio sentimiento humano y lo supedite a la realidad -en este caso dramática y lejana- de alguien que necesita de todas sus fuerzas para hoy aceptar su vida! Y, ¿qué es eso, si no verdadero amor por alguien apenas conocido, siendo capaz de soportar la impotencia y, a la vez, amar en silencio y a distancia, confiando en esa persona querida y en su propia capacidad de triunfar sobre la adversidad? Muchas veces confundimos nuestra necesidad de amar, con nuestra capacidad de sentirnos necesarios para alguien! ¿No es esa una debilidad humana y una manera de hacer algo o la necesidad de expresarlo, cuando nos sentimos vulnerables frente el dolor propio o ajeno? "La libertad es ausencia de necesidad" vociferaba mi profesor de Filosofía...

Alguien me enseñó a hacerme una simple pregunta sobre el amor, que yo aplico a menudo en mi vida: "¿la amas porque la necesitas o la necesitas porque la amas?" Porque, evidentemente, no es lo mismo amar que necesitar, aunque a menudo lo confundimos. Pero algo más allá, ¿aceptar el dolor como un tránsito de alguien querido para que aprenda y acepte su vida y, en cambio, no hacer nada por evitarlo, como humanamente sería deseable? Esa es una gran lección que nosotros los padres debemos aprender bien ante el crecimiento de nuestros hijos, porque sin duda -como nosotros hicimos y hacemos cada día- sufrirán y lo sentiremos, lo sufriremos... pero por amor deberemos intentar desesperadamente no tratar de evitarlo ni interferir en ese sufrimiento al que toda persona tiene derecho -y deber- de asumir como propio y como eficaz maestro de la vida!

Otra de la lecciones que aporta este especial momento -como cada uno, sin duda- a mi vida es admitir que, en el amor, se unen la paradógica necesidad de compartir la felicidad y, a la vez, compartir la infelicidad, con alguien realmente querido. Seguramente compartir la felicidad es lo deseado y siempre expresado, pero, lamentablemente -admitámoslo- compartir el sufrimiento sea lo más más difícil y heróico, porque es la otra cara de la misma vida que deseamos compartir! Mira, si no, el amor de unos padres cuidando a un hijo enfermo o con una dolencia del tipo que sea, fortaleciendo el frente común del amor entre ellos y hacia éste! Pero compartir el sufrimento no es siempre fácil, pues es difícil poner el límite, es decir, saber si debemos paliarlo o solo acompañarlo para que la propia persona que lo sufre pueda y sepa encontrarle su propio sentido...

Y porque no todo es blanco o negro en la vida, también es verdad que para demasiadas personas ese "compartir" también el sufrimiento con los demás se convierte en su sino -a veces, obsesivo- en la vida... aunque muchas veces sea como huida hacia adelante para evitar u olvidar su propio sufrimiento! Yo mismo lo hice durante demasiados años de mi juventud! Querer y saber de verdad compartir el sufrimiento con alguien exije, es verdad, libertad y olvidarse de uno mismo, para hacerlo sutil y silenciosamente, sin alimentar el Ego y dejándose guiar por el corazón: ser capaces de no emplear fórmulas personales e intrasferibles de uno mismo como remedio para los males ajenos, porque significa olvidar -o no tener en cuenta- las necesidades concretas y reales de la otra persona o lo que la vida espera de ella... incluso cuando, por amor, creamos conocer lo que esperaría de nosotros! Es humano hacerlo, pero deberemos admitir que, tanto la alegría como el sufrimiento, forman parte de nuestra vida plena e intentar potenciar la una o evitar el otro, es desoir el derecho de todo ser humano a vivir lo que la vida le pone delante para aprender de todo ello... y dejar de compartir la vida plena y la verdad del otro, que deseamos!

Desear lo mejor para la persona querida es lo humanamente deseable, pero ¿quién se atreve a determinar qué es lo mejor para una persona frente a su propia vida? Humano es también amarle lo suficiente como para acompañarle -necesariamente, en silencio o a distancia- en su sufrimiento... o simplemente ayudarle a buscar su sentido! Eso, tal vez, forma parte de ese amor incondicional y verdadero que nos obliga a dejar nuestros intereses y debilidades propios y humanos aparte, para concentrarnos plenamente en la otra persona -con sus derechos y deberes ante la vida- y en nuestro amor verdadero por ella, sin esperar nada a cambio, ni tan siquiera el agradecimiento! Cuesta, no es algo fácil ni humanamente razonable, pero es una aspiración mitad humana y mitad divina que implica creer en el amor y, como consecuencia, querernos a nosotros mismos, a los demás y a la propia vida, lo que no siempre es fácil en momentos difíciles!

Miguel Benavent de B.

viernes, 10 de diciembre de 2010

CUANDO NO SE TIENE NADA QUE PERDER...



Lamentablemente, el ser humano parece necesitar perder algo para valorarlo! Es tal vez por eso que, cuando estamos confortables y distraídos en nuestra vida, tendemos a olvidar la verdadera esencia y sentido de ésta! Evidentemente, quien ha estado a punto de perderla por alguna causa, aprende a valorarla y a vivirla tal como es y, sobre todo, a amarla!

Curiosamente, a medida que evoluciona nuestro mundo exterior hacia una mayor seguridad, complejidad, comodidad o supuesto "estado de bienestar" (término, cómo no, acuñado por los mayores creadores de espectativas que son los políticos), perdemos de vista el sentido de nuestra vida y dejamos de darle valor, como si solo fuera un derecho adquirido e inapelable! Pero la vida, afortunadamente, impone su realidad y, de vez en cuando, nos despierta del engaño y nos hace reaccionar, aunque sea a regañadientes... o con el debido sufrimiento!

En esta vida todos debemos aprender las mismas lecciones, nos cueste o no, tardemos mucho o poco! Eso es, precisamente, vivir una vida plena -que no quiere decir siempre feliz y dichosa- y no una emulación de la vida hecha de engaño, falsas realidades y despreciando una gran parte de ella! Una vida sesgada es siempre una vida sesgada, nos guste o no reconocerlo! Es verdad que existen personas que creen vivir esa vida a medias, con cierta dignidad... aparente! Pero, precisamente, son esas mismas personas quienes menos preparadas están y más se resisten a ver y luego aceptar la vida cuando ésta se rebela con toda su intensidad y riqueza!

Para ser felices, hay que saber ser infelices! Es una ley eterna e incuestionable que nos afecta a todos, en un momento u otro de nuestra vida! Por decirlo de una manera cruda -pero real-, solo el sufrimiento nos enseña la verdad de la vida, luego la ecuación es simple: ¿a más sufrimiento más se aprende, luego más capacitados para ser realmente felices? ¿Conoces algo de valor en esta vida nuestra que no tenga su alto coste?

Uno de los ejemplos es la paradójica sonrisa de los niños en países pobres, donde la vida es un milagro que se renueva cada nuevo día que llega! Mientras, nuestros hijos consentidos, ricos y rodeados de todo tipo de parabienes, apenas saben sonreir sinceramente y mucho menos agradecer la vida que les fue regalada! ¿No es paradójica la situación? ¿Será que para saber reir, uno debe -necesariamente- aprender a llorar? El día que descubrimos que todo tiene su propio sentido en nuestra vida y que, casi seguro, tiene poco que ver con nuestros planes y espectativas, la vida cambia y se hace plena! Y solo en una vida plena habita la felicidad y el amor verdaderos, no lo dudes nunca!

Sé que este es un mensaje difícil de hacer entender a personas que, quizás, están ahora sufriendo algún infortunio! También sé que no soy nadie para dar lecciones sobre lo que a mí, muchas veces, también me cuesta entender de la vida! Pero solo puedo desear que tú, como yo, dejes de intentar entender la vida con la mente, porque haciéndolo solo vivirás una parte de la realidad y renunciarás a vivir toda su magia! No intentes entender la vida, acéptala y vívela tal como viene, tan solo confía en ella! Confiar en la vida solo exije que seas capaz de crear y vivir tu propio sueño, esperando que, de alguna manera imprevisible, la vida te premie por ello! No hagas planes de antemano, no intentes fabricar una vida solo dichosa... esa no es la vida plena que mereces! Como se suele decir, la realidad supera -con creces- a la ficción que puedas hacerte solo con tu mente!

Miguel Benavent de B.

Aquí te traigo una espeluznante entrevista que relata la crueldad de la vida como medio de superación personal! Léela, piensa en tu actual vida y extrae tus propias conclusiones...


Nadia Ghulam: "Vida no tenía, así que daba igual que fuera vestida de hombre o de mujer"

Con 8 años una bomba la desfiguró, y de los 11 a los 21 se hizo pasar por un chico en el Afganistán de los talibanes. Ahora, cuenta su historia en un libro que ha ganado el Prudenci Bertrana. La Vanguardia. Ivan Vila Barcelona 02/12/2010

"Su vida ha sido muy dura, pero ella tiene las ideas muy claras. Y cuando la oyes hablar, cómo se expresa, cómo lo cuenta todo, aún impresiona más", advierte Agnès Rotger (Badalona, 1973) de Nadia Ghulam (Kabul, 1985) mientras la esperamos en una cafetería del Eixample. Ambas firman el último premio Prudenci Bertrana, El secret del meu turbant, que edita Columna en catalán y Planeta en castellano. Rotger, periodista, ha puesto la forma, y Ghulam aporta el fondo, su tremenda peripecia, la de una niña afgana que con ocho años fue víctima de una bomba que le provocó graves quemaduras en todo el cuerpo y la desfiguró, y que con 11, en la época de los talibanes, decidió disfrazarse de hombre para poder trabajar y alimentar a su familia. Su historia la oímos por primera vez hace cuatro años, cuando tras una década manteniendo su falsa identidad masculina, llegó a Barcelona de manos de la asociación Ashda para someterse a una serie de operaciones para reconstruirle el rostro. Un rostro que entonces mantuvo oculto, por miedo a que, difundida su foto por los medios, pudiera ser identificada por aquellos que en su país la conocían como hombre. Ahora, en cambio, ya no teme mostrar su cara. Ha decidido compartir su secreto, dice. De hecho, viene de dar una charla en un colegio. Cuando llega, pide un zumo de naranja.

Nadia Ghulam, autora de 'El secret del meu turbant' junto a Agnès Rotger / Ivan Vila

El libro empieza narrando su infancia, una infancia en un país muy pobre pero que para usted es una infancia normal y feliz.
Yo hasta los 8 años no tenía ningún problema, era la reina de la casa, como todos los niños. Mi padre tenía una vida muy feliz. Trabajaba en el ministerio de salud, era farmacéutico, distribuía las medicinas. Tuve una infancia muy feliz y de pronto todo cambió.

Con la guerra y la bomba.
Cayó una bomba en casa, y me quemé entera y también se quemó la casa, todo lo que teníamos. A mi casa cuando venían visitas se pasaban horas y horas y lo miraban todo porque era como un museo. Mucha gente le pedía a mi padre venir a verla, que los invitáramos. Y todo se quemó. Mis padres me llevaron al hospital y cuando mi padre volvió a casa, le dijeron que no había quedado nada. Ni un pañuelo para mi madre. Nada.

Y después su hermano mayor muere asesinado y su padre pierde la razón. El libro describe un mundo en el que la vida no vale nada, en el que te pueden matar por cualquier cosa.
La vida cambia. Cuando no hay guerra, tú no matas ni una hormiga. Pero en la guerra, pasa por aquí una persona, la matan y no pasa nada. Durante la guerra civil, murieron más de 65.000 personas en muy poco tiempo. Murió mucha gente, y se destruyeron todas las casas.

Y las vidas de la gente, de los supervivientes.
Claro. Después de la guerra, ¿como puede vivir la gente? No es fácil. Mira, tú tienes un vaso y se te rompe y te apena porque te gustaba mucho. Así que imagínate si lo que pierdes de golpe es tu casa y todas tus cosas, y ya no tienes nada. Aquí tenemos de todo y no lo valoramos, pero cuando no tienes de nada, nada de lo que necesitas, ¿como te las apañas? No te lo puedes ni imaginar. Yo era pequeña, pero recuerdo nuestros juguetes, nuestra habitación... Es muy, muy duro.

Con 11 años, tras la muerte de su hermano, toma la decisión de adoptar su identidad porque ve que no hay otra solución para poder trabajar y sobrevivir.
Fue la primera idea que me vino a la cabeza: si no podemos trabajar, ¿qué hacemos? Yo he cogido muchas cosas de mi madre, y mi madre es una mujer muy valiente, nunca le ha gustado tener que pedir nada. Nunca. Siempre decía: "Si una persona quiere, puede hacer algo, ¿por qué nosotros no?" Y cuando decidí vestirme como un hombre lo que pensé fue eso: si un hombre puede trabajar, ¿por qué yo no? ¿Por qué me voy a quedar como una víctima en casa o pedir caridad, si puedo trabajar?

Y se pasó 10 años disfrazada de hombre. ¿Se imaginaba que tendría que mantener esta identidad tanto tiempo?
La verdad es que cuando tomé la decisión no pensaba que llegaría a los 25 años, pensaba que viviría sólo unos pocos años, pero que mientras viviera, así podría hacer algo por mi madre, porque ella me ha dado mucho. Todos los niños nacen una vez, y las madres sufren en el parto. Y mi madre ha sufrido ese dolor dos veces: cuando nací y cuando me quemé, y me dio dos veces la vida. Porque nadie creía que Nadia se curaría. Y los médicos decían que si me curaba, sería una persona loca. Nadie creía que yo sería capaz un día de estudiar, o de hacer una entrevista como ésta. Porque yo estaba muy quemada, y un trozo de la bomba me abrió la cabeza. Pero mi madre sí creyó que yo saldría de ahí. Así que luego yo pensaba que la poca vida que tuviera, sería para ayudarla. Aunque me quedara poco tiempo, porque yo estaba muy cansada, y con mucho dolor. No es fácil, eh. Tú te quemas un trocito del dedo y ¿cómo quema, cómo duele? Pues imagina una persona que se quema el 50 o 60% del cuerpo. ¿Cómo puede aguantar una niña pequeña? Así que pensé: vida no tengo, así que da igual que vaya vestida de hombre o de mujer. Pero no imaginaba que llegaría un día a Barcelona, que escribiría un libro y que mi vida le podría interesar a la gente.

Cuando ya llevaba cinco años haciéndose pasar por hombre, cayeron los talibanes y se eliminó la prohibición que impedía a las mujeres trabajar, pero usted se dio cuenta de que no era tan fácil recuperar su identidad femenina de nuevo y siguió igual.
Porque en realidad los talibanes no se fueron. Los americanos vienen y se van. Pero los talibanes no eran extranjeros, no venían de fuera. Los mismos que antes eran muyahidines, después son talibanes y ahora son del régimen de Karzai. Todo es igual, son la misma gente, mis vecinos. Imagina que después de cinco años le digo a mis vecinos: "Mira, como tu me decías que eras talibán, yo te decía que era un hombre, y ahora cambiaremos y ya está". No podía hacerlo.

Pero a partir de entonces hay ámbitos, la escuela, por ejemplo, en los que ya se sabe que es una mujer, y en otros no. Mantiene una doble vida.
Si no fuera por los estudios, no habría hecho esa doble vida. Pero me interesaban mucho mis estudios. Para mí, era estudiar o morir. Así que decidí volver a arriesgar mi vida.

Porque usted estaba convencida de que si la descubrían, su vida podía correr peligro.
Sí, pero es que la vida para mi significaba ser libre. Si no soy libre, estoy encerrada, como lo estaría metida en una caja en el cementerio. Si a mi me encerraban en casa sin salir, prefería la muerte. Con los talibanes, podía ser libre para trabajar y estudiar vestida de chico. Y como luego no me daban un certificado para estudiar como chico, tuve que cambiar otra vez para mantener mi libertad. Porque yo sabía que si estudiaba podría conseguir lo que yo quisiera. Así que decidí estudiar aunque me costara la vida.

Dice que encontró gente que la ayudó, pero también que muchos después esperaban algo a cambio.
Ésa es la vida de una víctima. Siempre pasa. Hay mucha gente que te ayuda, pero hay algunas de esas personas que, sin que tú lo sepas, esperan algo de ti. Y como yo no era una persona independiente, sino dependiente de otros, era muy fácil que la gente se pudiera aprovechar de mí. Yo siempre he tenido mis ideas muy claras, pero si no eres independiente, no puedes aplicarlas, ni sobre tu vida. Si yo trabajo en el campo y veo que el hijo del jefe no hace las cosas bien, no puedo decirle que no es justo que acabe de llenar un saco de patatas con piedras y luego lo venda. No puedo decírselo porque soy su empleada. Y eso mismo pasó cuando mi país cambió, cuando vinieron los occidentales. Recibía ayudas de ellos, pero a veces no podía decirles: "Lo que me recomiendas no me gusta, yo quiero hacer otra cosa". Tenía que hacer siempre lo que me pedían para recibir alguna ayuda.

O hacerles creer que lo hacía, al menos.
Es que muchos extranjeros no entienden y nunca entenderán una cosa. En mi país, los invitados son sagrados, enviados de los dioses, y para mí sobre todo, porque yo soy muy creyente, y estas personas llegaban y me pedían venir a mi casa. A una persona de allí, si me pide venir a casa yo le pido que nos de algo, porque somos muy pobres, pero a los extranjeros no. Yo les pedía el taxi, los llevaba a casa, les hacía la comida y mi madre estaba todo el tiempo pendiente de ellos. A mi me han entrevistado no uno, sino 5.000 periodistas, y a ninguno que ha venido a casa le he pedido ni un euro. ¿Por qué? Porque yo era pobre, pero para mí los invitados son sagrados. Pero yo fui honesta con ellos y algunos luego se aprovecharon y no lo fueron conmigo. Ha habido gente que me ha hecho fotos diciendo que eran para ellos o para enseñárselas a sus amigos, y luego las ha vendido por dinero. Y yo de todo eso no tenía ni idea. Yo era una persona del campo, una campesina. Nosotros no tenemos contratos para todo como los que tenéis aquí. Allí te dice tu jefe que mañana te sube el sueldo y ya está. Aquí todo se hace con contratos, abogados... y allí no conocen la palabra abogado. Todo es muy simple. Así que te fiabas y ya está. Pero muchos de los que venían de fuera eran muy desconfiados, y cada palabra que les decías pensaban era una mentira para que te ayudaran.

¿Habla de los periodistas o de las ONG?
De todos los extranjeros que llegaban a mi país: periodistas, cooperantes... Y aquí también lo oigo mucho, mucha gente dice de los extranjeros: "Vigila mucho con éstos, porque tienen tela". Van con mucha desconfianza, y les estás explicando algo que es verdad y no se lo creen. Eso me ha pasado muchas veces.

¿No encontró a nadie que sospechara nada en todo el tiempo que se hizo pasar por un hombre?
Bueno, yo estaba muy pendiente todo el tiempo para evitar que me descubrieran, y era fácil. Por ejemplo, si veía a un grupo hablando bajito y pensaba que podrían estar hablando de mi, o que podían sospechar algo, hacía algo para demostrar que era un hombre, algo que nunca podrían pensar que hiciera una mujer afgana. Por ejemplo, llegar y decirles: "Mirad, tíos, os cuento un secreto: he visto en la calle a una chica que me ha gustado mucho, y tenía muchas ganas de besarla". Y claro, una mujer nunca haría ese comentario, en mi país eso es imposible. Además, desde que se nos quemó la casa, aunque no nos moviéramos de Kabul, cambiábamos mucho de barrio, no teníamos una residencia fija.

¿Y en el círculo de amigos que hizo con su identidad masculina, no cree que alguien podía sospechar? Porque usted explica que se enamoró de un chico, que luego falleció, y que sentía que de algún modo él le correspondía, que se sentía especialmente bien al estar con usted. ¿No cree que quizá él intuía algo?
No. Me querían, eso sí, pero no sabían que yo era una chica. En 2008, cuando yo ya estaba en Barcelona, uno de esos amigos se enteró, y lo primero que hizo fue preguntarme: "¿Seguro que no tenías un hermano? Es que, tío –porque aún me llama tío-, no me lo puedo creer. ¿Pero cómo lo hacías?". Porque a veces me había pedido que lo acompañara hasta casa para no ir solo, porque le daba miedo. Y ahora me pregunta si yo no tenía miedo. Pues no. Y él me dice: "Pues no me puedo creer que una chica me haya tenido que acompañar porque tenía miedo. ¡Qué vergüenza!"

¿Es el único con el que ha vuelto a tener contacto de ese círculo de amigos?
Tengo contacto con todos, pero por correo electrónico. El amigo que descubrió mi secreto no lo supo por mí. En 2008, en la televisión de Afganistán sacaron fotos de víctimas de guerra, y él vio una de una chica que luego comentó con todos porque se parecía mucho a mí. Le dijeron que no podía ser, pero él me lo preguntó. La primera vez le pregunté: "¿Tú qué crees, que la de la foto soy yo?". Y como me dijo que no, le dije: "Pues ya está". Pero al cabo de unos días, insistió, porque decía que los ojos se parecían mucho, y al final, como tenía mucha confianza con él, le dije que sí, que era yo. No sé si la de la foto era yo, porque no la he visto y no recuerdo si me hicieron alguna, pero le conté la verdad.

¿Y se lo ha dicho a los demás?
Yo le pedí que no se lo contara a nadie, pero no sé. Pero tengo amigos que seguro que no lo saben, porque estamos en contacto y algunos comentarios que me hacen son una prueba de que no tienen ni idea de quien soy.

¿Cuando vuelve a Afganistán a visitar a su familia, vuelve como una mujer?
Sí, pero no puedo ver a mis amigos. Ahora cuando estoy en Afganistán voy muy tapada, con un niqab, y hasta me pongo gafas de sol para que no me conozcan por los ojos, y sólo tengo relación con mi familia.

¿Cada cuánto visita a su familia?
Voy cuando puedo. Hasta ahora he ido cuatro veces. A partir de ahora, creo que iré una o dos veces al año, al menos hasta que acabe mis estudios.

¿Su vida a partir de ahora estará aquí, o volverá a Afganistán?
Mi vida no sé cómo está. Hasta ahora no he sabido adónde me llevaba la vida, porque creo mucho en el destino, pero trabajaré entre esos dos mundos: mi país y Catalunya. Porque en Afganistán tengo mi familia pero aquí también, la familia que me ha acogido. Ahora tengo dos familias.

Dice que cree en el destino, pero su destino lo ha cambiado usted.
No, es que a veces aunque no quieras cambiarlo, cambia.

Pero usted ha tenido que echarle mucha voluntad para llegar hasta aquí.
No, yo no pongo voluntad. El destino me obliga a hacerlo. El destino me dice: "Hoy tendrás que ir a hacer una entrevista y te tomarás un zumo de naranja". Y yo cojo corriendo un taxi para llegar.

(...)

domingo, 21 de noviembre de 2010

LUNA LLENA



Esta noche, de nuevo, nos llega la luna llena. Hoy esta luna es especial para mí! Como siempre es mágica y radiante, pero a ésta, especialmente, le pediré por todas aquellas personas que necesitan ver y aceptar la realidad de la vida para volver a amarla!

Estoy convencido de que la vida se revela siempre tal y como es, en cada momento. Pero al ser humano nos cuesta aceptarla, pues poco tiene que ver con la que esperábamos, con la que nos habían contado. Y, evidentemente, la vida hace poco por mantenernos en el engaño. Cada persona, cada momento y cada lugar es una provocación y, a la vez, la oportunidad singular e irrepetible para conocernos mejor nosotros mismos y a la vida, con toda su riqueza.

He tardado más de 40 años en verla y aceptarla como es, aunque a ratos me cueste aún no seguir engañándome, creyendo que es tal y como yo la había soñado. Pero hoy me doy cuenta de que el valor de soñar no es hacerse una falsa ilusión de la vida como siempre hice, sino ser capaz de crear y vivir un gran sueño en la vida minuciosa y real, la de cada día. No hay que cambiar nada en ella, solo hay que vivirla como viene, pero siendo capaces de mirar más allá de lo que nuestros ojos ven y nuestra mente entiende. Hay que aprender a vivirla desde el corazon, allí donde estamos solos cada uno de nosotros y desde donde la paz verdadera fluye!

Y qué mejor que pedirle a la radiante, enigmática, amarilla y poderosa luna llena de hoy que ilumine nuestro camino -no siempre fácil-, nos ceda parte de su energía para no perder la calma y tener fortaleza suficiente para aceptar -incluso- lo que no estaba previsto, así como nos desvele el sentido de cada cosa que llega día a día nuestra vida! Y pienso especialmente hoy en todas esas personas que temen menos la muerte que a la vida; a las personas que creen tener pocas razones para quererla; a los que la desperdician pensando que es eterna; a los que a veces pierden la ilusión intentando ayudar a los demás sin recibir a cambio más que silencio...

A ti, luna llena y radiante, que iluminas una noche especial como ésta y todos esos tejados donde te espera ese gato y esa mujer que, ahora más que nunca, necesitan de tu magia para seguir sonriendo!



Miguel Benavent de B.

martes, 16 de noviembre de 2010

UNO CRECE CONTINUAMENTE Y CAMBIA... SU AMOR, TAMBIÉN



Frecuentemente oigo hablar del amor a la gente. Incluso me hacen comentarios y me consultan sobre el mismo. Hoy pienso que el amor es algo dinámico en la vida, como nosotros mismos. Definirlo, acapararlo o fijarlo, es limitarlo! Uno, en principio, crece y con él, el amor también lo hace. Para mi el amor que hoy siento es el resultado de amores pasados, amores aprendidos y, seguramente, amores superados. Sin menospreciar el valor que en su día tuvieron cada uno de ellos, el último amor es siempre el mejor, qué duda cabe.

Porque para mí, amar hoy es una actitud ante la vida! Los primeros amores dejan huella, se afirma con nostalgia, contundencia... y con ignorancia. Es verdad que el ser humano suele aferrarse a los recuerdos y los mitifica en su memoria, aunque muchas veces sesgándola en un inocente autoengaño. También es verdad que esos amores pasados se convierten en referentes y, por tanto, a modelos a reproducir en las nuevas oportunidades que aparezcan. Pero, si mi vida hoy tiene poco que ver con lo que fue entonces, ¿cómo quiero que mi amor por alguien sea el mismo o siquiera parecido? Nuestro escenario vital cambia, como lo hace el amor que en él existe!

Hoy mi amor es infinitamente mayor y mejor que lo fue antaño. Hoy mi amor envuelve todo lo que toco en mi vida e ilumina mis pasos por entero. Cuando amo a alguien, ese amor romántico no se circunscribe solo a esa persona. Con ella amo todo lo que me rodea, porque ambos formamos parte de ese Todo que favorece el amor que sentimos. El día a día, mi realidad y mis sueños, la gente que me rodea y la Naturaleza que nos envuelve, cobran un mágico y singular sentido! Y es que, cuando uno abre su corazón sin miedo, en él penetra todo lo que sus sentidos perciben, lo que uno siente a cada instante y todas las circunstancias, momentos y lugares que ante él desfilan. Los anteriores lances amorosos encumbraban tan solo a la persona amada... ahora ella representa solo una parte -importante, si quieres- de todo lo amado y todo lo amable en mi escenario de la vida.

Y, aunque el amor no permite espectadores ni ensayos generales, cada uno de los anteriores amores no son más que pruebas y aprendizajes para ir creciendo y para expresar, cada día más y mejor, nuestra propia e innata capacidad de amar. Y es por ello que pienso que mi amor de hoy es, ni más ni menos, que la suma de mis amores vividos o mal vividos. De todos aprendí y que todos y cada uno de ellos fueron necesarios para llegar a mi amor de hoy, infinitamente más íntegro, más coherente y más pleno, como lo es hoy mi propia persona y mi vida! Muchas personas radiografían su propia historia y se estancan en uno de los amores vividos y, seguramente, hoy perdidos o malogrados. Intentan fijar esa experiencia como un referente a repetir... sin saber que -como las nubes, el mar o los atardeceres de nuestra vida- todo cambia y, si un quiere y no se obstina en lo contrario, todo mejora, cada día! Y, como consecuencia, nuestro amor también lo hace.

Seguramente -y ahora atizo a mi memoria- en los amores pasados no entregué más que partes convenientes de mi mismo, en función de quien fue la afortunada y en cada momento vital dado! En algunos intercambiamos -con un poco de suerte y pasión incontenida- alteración de hormonas; en otros, románticos momentos; en otros, sabias conversaciones; en otros compartimos aventuras y desventuras... pero ninguno de ellos perduró porque quizás el Miguel de hoy es, ni más ni menos, que la suma integrada de todos ellos y requiere de todos para ser más él mismo y para compartir una vida que hoy es más rica, más íntegra y, sin duda, más plena. Y es que, en un momento dado, dejamos de jugar un solo rol de nuestro ser poliédrico y auténtico.. y conocemos, aceptamos y exigimos vivirlos todos y cada uno, compartiéndolos con ese otro conglomerado de roles que es también la persona amada.

Como suelo decir, la Naturaleza nos enseña que todo cambia a cada instante, en nuestra vida... y en nosotros mismos! En cada brevísimo momento y miles de veces cada día, uno llora, se rie, se pone serio, se divierte, se entretiene, ama, se enfada, odia... y el amor no es más que la capacidad de valorar todo eso en una sola persona singular, irrepetible y siempre ajena. Y eso requiere, sin duda, ese interés y atención constante del "otro", para ser capaz de respetar, conocer y aceptar esos diferentes estados de ánimo y convertirlos en el motor de sus propios estados de ánimo, aunque con la intención mutua, voluntaria y aceptada por ambos de compartirlos y crecer con ellos. Esa dinámica, cambiante y necesariamente positiva para ambos cualidad -¿o privilegio?- de aceptar, entender y compartir todo eso que cada uno es a cada instante, sin perder ese camino conjunto e incierto hacia la felicidad simple, cotidiana y voluntariamente compartida por amor, sin esfuerzo y por ambos protagonistas, al unísono!

Aquí te traigo una entrevista a un experto en esa lides amorosas. Léela y extrae tus propias conclusiones.

Otto Kernberg, 82 años, psiquiatra, psicoanalista e investigador. "Uno crece continuamente y cambia". La Contra de La Vanguardia. IMA SANCHÍS - 01/11/2010

¿Se volvió a enamorar?
Sí, trabajaba con ella desde hacía 30 años, amiga de la familia. Una vieja amistad se transformó en una relación de amor.

Curioso.
Uno crece continuamente y cambia.

Ojalá.
Estoy agradecido de esa capacidad de no quedar encerrado en mí mismo y en mis propias ideas.

¿Sus cambios esenciales?
Mi vida ha estado muy influida por mi actividad profesional, y he aprendido a respetar las corrientes inconscientes que guían la vida personal y que son fuente de inspiración, de conflicto y de conductas autodestructivas. Y también las profundas dimensiones del amor que uno sólo llega a reconocer plenamente a través del tiempo.

Hábleme de esas dimensiones...
La importancia de lo erótico a lo largo de toda la vida.

¿El erotismo no se apaga con los años?
Esa es una idea muy convencional. Lo erótico no se transforma en una amistad cariñosa, hay evidencia empírica de que no es así.

Un tema sobre el que investiga.
Estudios sobre parejas felices que comenzaron con la combinación de apasionamiento sexual y amor intenso mantenían el mismo tipo de relación a lo largo de muchos años. La destrucción de la vida erótica es uno de los síntomas más importantes de la destrucción de la vida emocional.

Es triste cuando ocurre.
Hay también estudios neurobiológicos que muestran lo mismo: viejas parejas enfrentadas con las imágenes de su pareja activan ciertos neuropéptidos específicos de la excitación sexual, igual que recién enamorados.

¿Congeniar, encontrar a esa persona, es cuestión de suerte?
Es una combinación de suerte y potencial de crecimiento emocional. Influye el grado en el que uno está limitado por conflictos inconscientes no resueltos. Pero a medida que crecemos nuestra capacidad de elección es mayor, porque podemos reconocer valores en personas muy distintas y adaptarnos, en contraste con rigideces iniciales.

Pero en cualquier relación de amor hay siempre un elemento de agresión.
Cierto, y hay que integrarlo. Una buena pareja no es la que nunca pelea, sino la que es capaz de tener momentos difíciles con la conciencia clara de que en el fondo el amor es lo constante.

Volvamos a sus aprendizajes.
La diferencia entre la tolerancia individual a la complejidad y la intolerancia en lo convencional. Necesitamos una moral convencional, unos sistemas de pensamientos comunes, pero son generales y no toleran complejidad, por eso los grandes avances siempre se deben a un grupo reducido.

¿El peligro es que lo convencional nos devore?
Sí, porque necesariamente interfiere con el pensamiento individual. Hay que mantener el pensamiento individual a la vez que la empatía con lo que nos une a los demás.

Más de cincuenta años escuchando a personas tumbadas en un diván. ¿Cuál suele ser la piedra en el zapato?
Yo diría que hay dos niveles de problemas: los casos menos graves y más frecuentes, cuya problemática se centra alrededor de la sexualidad infantil, tienen que ver con atreverse a una relación íntima con una persona sin prohibiciones inconscientes a un amor pleno. A menudo, cuando uno tiene la posibilidad de una buena relación, inconscientemente la socava.

¿Cómo ayudar a los niños para que no desarrollen esa mala costumbre?
Respetando su personalidad, interesándonos por lo que les pasa y conociéndolos para influir en su modo de pensar en vez de imponer órdenes y estructuras.

Respetarlos.
La negación de la vida sexual infantil sigue siendo uno de los grandes tabúes. El otro caso que suelo ver es un conflicto entre amor y odio intenso: separan lo bueno de lo malo y ven al otro y a sí mismos buenos o malos según su estado del momento.

Los y las "nunca más".
Sí, los que te mandan al diablo, una incapacidad de entender a otros en profundidad, con lo bueno y lo malo. Se llama difusión de identidad y es otra de mis especialidades. Hacemos estudios mediante resonancia magnética, porque existen zonas del cerebro que activan afectos negativos.

... Y repetimos comportamientos.
La experiencia del afecto y su significado se acumula en el hipocampo. Cuando hay una nueva experiencia, el hipocampo nos dice qué nos pasó antes en situaciones similares y ya estamos predispuestos.

¿Cómo acabar con esas repeticiones?
Crecemos cuando nos damos cuenta de la responsabilidad que tenemos en lo que nos sucede y cambiamos nuestra actitud, aprendemos del pasado. Yo he aprendido a tolerar en mí tendencias autodestructivas sutiles y ser más tolerante con los demás.

¿Cuáles son las herramientas que debemos trabajar para tener una buena vida?
Curiosidad, persistencia, modestia, conocimiento de los propios límites y suerte.

¿Usted la ha tenido?
Sí, en las personas que he llegado a conocer, mi primera mujer, la actual, grandes profesores y grandes amigos. Es una combinación de estar alerta, de saber apreciarlo y de buena suerte. Y que la salud te acompañe.

martes, 9 de noviembre de 2010

¿TENER RAZÓN...O CORAZÓN?



En muchas ocasiones, amigos y conocidos afirman que "tengo razón", cuando les explico mi especial punto de vista sobre algo que pasa en la vida. Hasta hace unos años, "tener razón", para mí era un privilegio de mi razón, de mi inteligencia... por llamarle de alguna manera! Hoy, sin embargo, creo que, tenga o no razones para explicar las cosas, no obedece a mi inteligencia, sino a mi corazón! Parece un cambio írrelevante, pues razón y corazón están ambos ligados inexorablemente al mismo ser humano! Pero la diferencia -y, por tanto, el equilibrio- es sustancial, esencial diría yo, para entender, aceptar y vivir la vida!

La razón está hecha de, valga la redundancia, de razones, convicciones y argumentos mentales... y, por tanto, adquiridos, procesados y susceptibles de ser modificados. De hecho, desde pequeños se nos ha enseñado a entender nuestra vida desde la razón, más previsible, pero menos enigmática! Cuando la verdad es que, si atendiéramos únicamente a la parte razonable de la vida -lo que, lamentablemente hacemos comunmente a partir del fin de nuestra infancia- dejaríamos de entender la mayor parte de nuestra vida y lo que en ella ocurre, en toda su amplitud. Quizás esa es nuestra principal lacra a la hora de entender, aceptar y vivir la vida tal y como es, nuestra mejor vida! Lo contrario, es decir, intentar entenderla solo desde la razón, aunque es tentador porque nos da la sensación -falsa, por supuesto- de controlarla y preveerla, nos privamos de vivir lo inesperado, lo mágico y lo relevante de la vida. La razón es limitada... y, por tanto, la visión que nos procurará será, igualmente, limitada. Lo que no conocemos, no lo aceptamos y, como consecuencia, nos da miedo. Y es humano y "razonable" tener miedo a lo desconocido!

Y así nos va, a pesar de los años vividos, gran parte de la vida la pasamos huyendo de lo inesperado, lo incontrolado, lo ignorado, lo no programado... en virtud del miedo que nos provoca lo desconocido, como antes decíamos. Así, es el miedo lo que domina gran parte de nuestros pensamientos, actitudes y actos en nuestra vida ordinaria. Pero eso entraña -siempre y en lo posible- despreciar, desatender y evadir u obviar todo eso que no admite clasificación ni programación y que también forma parte consustancial de nuestra existencia. Así, el verdadero amor, la muerte y muchas otras emociones y situaciones inesperadas, son sustituidas por sucedáneos de ellas mismas, más previsibles y, aparentemente, más controladas y menos desequilibrantes. Ni que decir tiene que eso es como solo aceptar una sola tonalidad de verde al admirar un bosque frondoso en primavera... sesgar la realidad en virtud de unos valores prefijados y, por tanto, restrictivos. En fin, por decirlo de una manera, crear una realidad falsa, pero tranquilizadora!

Menos mal que la propia vida, mucho más sabia de lo que nos pensamos, por sí misma tiene mecanismos para romper esa falsa sensación de confortabilidad y control que intentamos aplicar a todo en nuestra vida. Ella, por sí misma, busca, crea y recrea continuamente situaciones que transgreden nuestra ordinaria percepción de la vida... ordinaria. Una persona que llega a nuestra vida súbitamente y con una mirada silenciosa nos descompone; una situación no prevista (una enfermedad, etc.) que actúa como un detonante, rasgando nuestra realidad controlada, exponiéndonos inevitablemente a lo nuevo, desconocido e inesperado... y, la mayor parte de las veces, obligándonos a tomar cartas en el asunto! Eso es, precisamente, lo que rompe los esquemas y favorece el crecimiento de la persona... acercándole más a su realidad total y, por tanto, a su felicidad! Desde la confortabilidad y la alienación, nadie maduraría, ni aprendería a vivir la vida, tal y como es!

Y es en ese preciso -y precioso- momento cuando la persona tiene la opción de escojer entre el amor o el miedo, eternos contrincantes en nuestra propia y dinámica vida! El amor se basa en la confianza ante lo nuevo y el miedo, en cambio, procura la evitación de lo desconocido... aunque seguramente con argumentos aparentemente sólidos, como experiencias similares vividas y que han producido daño y sufrimiento. Esa es la grandeza del ser humano creado, que en todo momento puede aceptar y disfrutar de la vida plena... o renunciar a ella! Ni que decir tiene que la aceptación de la realidad plena -lo conocido y lo desconocido- trae consigo la felicidad y la satisfacción de sentirse libre para optar por ella! Y, en el extremo opuesto, el miedo y renuncia a lo existente en la vida y a lo sentido en ella, provoca más dolor e incrementa nuestro sentimiento de culpa, de por sí bien alimentado por una sociedad que domina a los individuos "desde dentro", haciéndonos sentir culpables! Así, el amor proviene del corazón, mientras el miedo nace en la razón! Y seguramente la felicidad dependerá de nuestra opción ante cada pequeña decisión de nuestro día a día, de ese sutil equilibrio entre razón y corazón, que es donde yo sitúo al Alma! La resultante es, para mi, una mejor vida y la felicidad simple y cotidiana que, desde hace cierto tiempo, propugno para mi vida... y para la tuya!

Miguel Benavent de B.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Y SE HIZO LA LUZ!!!



Supongo que hoy los diarios de medio mundo ya escriben sobre la epopeya y salvamento de los 33 mineros chilenos que ayer empezaron a ser rescatados de las entrañas de la tierra, donde trabajaban y quedaron aprisionados. Detrás de este lamentable suceso hay un fenómeno social y económico, como suele pasar, con condiciones laborales precarias, indiferencia social y miseria a raudales. Pero, como sabes, no entro en estos derroteros, "doctores tiene la iglesia". Ya habrá quien se ponga las oportunas medallas y quien, incluso, se lucre con todo ello, aunque el pueblo chileno -y, podríamos decir, el mundo entero- ha demostrado estar a la altura humana, en cuanto a solidaridad se refiere! Lástima que deban suceder estas cosas para despertar las conciencias dormidas...

Hoy he intentado ponerme en la piel de estos mineros y de sus familias... y he sufrido un poco como cada uno de ellos. Tampoco voy a llamarles "hermanos" como muchos hacen, como si solo su desgracia nos hubiera hecho hermanos! También son "hermanos" -mal que nos pese a veces- los empresarios dueños de la mina, los técnicos que han propiciado el rescate, los sanitarios que les devolverán la salud... Porque hermanos somos todos, los felices, los infelices y todos los habitantes de esta Tierra nuestra, que tanto degradamos y malversamos entre todos. Me es difícil ponerme en su piel y sentir el horror de estar en una oscura caverna a cientos de metros bajo la superficie y sin poder salir, durante más de 2 meses. Ni ponerme en la piel de los que, desde fuera, esperaron impacientes y solo aguantados por la fe, que la moderna tecnología hiciera posible el milagro de recuperarlos a la luz del día... y a la vida!!!

Creo que resulta más fácil buscar una experiencia similar vivida por uno mismo para intentar -en lo posible- sentir lo que ellos -y sus familiares y allegados- sienten hoy y ahora. Sé que alguien pensará lo difícil que resulta vivir una experiencia similar sin ser minero! No querría frivolizar sobre este tema, caer en el agravio comparativo ni herir susceptibilidades... pero déjame seguir explicándote la metáfora real como la vida misma!

Creo que cada uno de nosotros, hoy y ahora, se halla en una obscura mina bajo tierra... o bien saliendo de ella! Nacimos a plena luz del día y nuestra infancia transcurrió sobre la superficie de este entonces bello, redondo e infantil planeta llamado Tierra. Pero, con los años, adquirimos el aprendizaje de "lo conveniente y necesario" para habitar un mundo que tiene poco de humano... y, mucho menos, de infantil! Entonces es cuando comenzamos nuestra involuntaria andadura hacia las profundidades de la mina, enterrando a nuestro paso nuestro verdadero ser, nuestros sueños e ilusiones, nuestros sentimientos y ese Alma que -sin saber del todo qué es- de vez en cuando nos recuerda de su existencia y se rebela para salir a flote, aprovechando el menor descuido o cualquier infortunio, propio o ajeno!

Y nosotros, obedientes y aventajados alumnos de una vida ajena, pero aparentemente plácida, previsible y segura (realmente en una estrecha y oscura cueva hay pocas opciones), aprendemos a subsistir -incluso con una cierta dignidad y orgullo- en un hábitat sombrío, ajeno, inhumano, pero en el que estamos -casi- todos inmersos. Fuera, sigue luciendo la luz del sol, pero incluso llegamos a olvidar su grata presencia. Llega un momento en que estamos tan acomodados a la gruta, que incluso tememos salir de ella por miedo a lo desconocido de allí fuera, sin darnos cuenta -ni recordar siquiera- que ya habíamos vivido antes a plena luz del día, cuando éramos niños y solo nos importaba la salud, la alegría y nuestra felicidad fácil y espontánea! En la cueva, aunque hay obscuridad, ya hemos aprendido a sentirnos confortables y seguros... ¿para qué salir, entonces, a la temida y desconocida intemperie? ¿Tan valioso es lo que nos fuéramos a encontrar como para asumir el riesgo de salir de la protectora mina donde una mayoría convive?

Salir a la luz de Alma es como hablar de la muerte o como, para estos mineros, volver a salir a la superficie! Nadie ha estado muerto para contarlo, luego no hay testigos para promocionar el vital tránsito... y pocos de nosotros hemos estado encerrados en una mina para saber qué significa volver a la superficie! Con el Alma sucede un poco lo mismo: los que creemos perseguirla y creemos estar un poco fuera de la mina, nos tienen por unos locos chiflados o por poetas románticos en un mundo donde todo eso no está bien visto! Pero la verdad es que el camino desde la gruta hacia la luz del sol es, en sí, apasionante... y vale por sí mismo, más que llegar a la meta! En éste, uno crece, madura, empieza a tener esa extraña sensación -hasta entonces- de entender la vida y, a la vez, a confiar en ella, traiga lo que traiga... y eso te empieza a hacer sentir definitivamente libre y dueño de tu vida! ¿No será, por casualidad, lo que sentían esos pobres mineros mientras, uno a uno, salían de la mina que pudo haberlos sepultado en vida?

Fuera hay sol, es verdad -aunque no se vea cada día- y es necesario tener fe en él para proseguir el camino... hacia una mejor vida! Pero ¿quién nos ha dicho que la vida debía ser siempre y en todo momento fácil y luminosa? Seguramente bastará recordar que el primer paso para salir de la cueva -donde permanecimos demasiado tiempo aletargados- fue, precisamente, el sufrimiento, ante una situación dramática que nos forzó a cuesionar primero y a romper después nuestra apática vida de "hombres de las cavernas"... y perdoname la ironía!

¿A cambio de qué? ¿Qué certeza tenemos de que, el nuevo camino hacia la luz, nos lleve realmente a donde siempre quisimos ir... o soñamos? Ninguna garantía, es verdad, pero uno se acaba dando cuenta de que el propio logro de salir de la gruta oscura y andar un camino desconocido -aunque igualmente lleno de placeres y sufrimientos- te hace sentir bien y pleno... y que es difícil mirar atrás y sentir nostalgia por algo que nadie merece vivir! Seguramente esta plenitud del ascenso es lo más parecido al concepto de "felicidad" que todos aprendimos... y pocos vivimos! Porque, ese camino incierto que es la vida, está hecho de amor -o confianza, que es lo mismo- y en la remota posibilidad de llegar a ver la luz del sol... o, lo que es lo mismo, descubrir que, al fin y al cabo, el sol está -y siempre ha estado- dentro de cada uno de nosotros... aunque antes nos conformáramos a vivir en la oscuridad!

lunes, 31 de mayo de 2010

LA PERMANENTE HUIDA HACIA ADELANTE...



Si hay un síntoma claro de lo insano de nuestro mundo actual es el estrés! El estrés no es más que esa permanente ansiedad ante lo cotidiano, lo exigible... Pero tras él está el miedo a "no llegar", "a ser menos de lo que se espera de nosotros", "a no estar a la altura"... Y ese estrés es crónico, algo muy distinto -y tóxico- cuando permanece con nosotros durante gran parte de nuestra vida adulta! En sus orígenes, el estrés era la respuesta eficaz ante una amenaza, lo que suponía un modo de supervivencia -defensa o huida-, pues activa todo el cuerpo y la mente para ello. Pero hoy el estrés se ha convertido en una actitud permanente, una peligrosa manera de afrontar la vida cotidiana y, lo que es peor, algo bien visto por la sociedad como virtud personal y competitiva! "No tengo tiempo", "no me cunde el día", "voy a tope" son sus más claras evidencias en un mundo en el que estar eternamente ocupado es un símbolo de eficacia personal y profesional...

Y ni que decir tiene que el estrés es el gran mal de nuestra Era y lo que provoca más enfermedades. Tras el estrés está el miedo! A fin de cuentas el estrés no nos permite estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor y nos impide que procesemos la realidad y aprendamos de ella! Por decirlo de alguna manera, el estrés, en sus últimas consecuencias, nos permite evadirnos de nuestra realidad no siempre grata, haciéndonos vivir un mundo ilusorio y tremendamente efímero, pues todo dura lo que dura! Basta que alguna circunstancia imprevista y ajena nos haga parar esa cotidiana velocidad que llevamos, para provocar el peor de los males humanos: el miedo. Cuando uno se para de repente, toma consciencia de lo que uno es y de lo que hay a su alrededor. Y eso, a veces, asusta, por lo desconocido... Y, evidentemente, la vida está hecha de momentos veloces y de momentos de sosiego, a partes iguales! Así, el estrés se convierte en una actitud, más que en una capacidad momentánea y eficaz de acción-reacción, donde se prima el zapping en nuestra vida y la falta de verdadera atención a lo que sucede en ella. ¿Otra consecuencia inmediata? La inmadurez reflejada en cómo transitamos nuestra vida cotidiana a toda velocidad, surfeando sin procesar -y, por tanto, sin aprender- lo vivido en ella!

Realmente la inmadurez es realmente nuestro gran enemigo, pues al no tener tiempo para aprender de nuestras experiencias, las vida se convierte en algo desconocido, que nos provoca vértigo y que no tiene sentido. Y, por contra, la madurez es una m,anera de vivir la vida que poco tiene que ver con la edad o, como alguien pretende engañarnos, con la eficacia, la competitividad y la seriedad! La madurez, por el contrario, nos enseña a ver la vida de otra manera, a aprender de todo lo que vivimos y a estar bien atentos a todo lo que ocurre en nuestro interior y en nuestro entorno. La madurez no es transitoria, sino una actitud ante la vida basada en la confianza... es decir, en la ausencia de miedo! Cuando uno decide madurar -porque es una decisión volitiva, seguramente a partir de algún suceso externo que actúa como detonante de ese cambio- aprende a vivir de otra manera, a ser capaz de percibir las señales que hay ocultas tras cada vivencia y a valorar el "hoy" como el momento preciso y necesario que vivimos, sin tener en cuenta el ayer ni el mañana! Sé que no es fácil, pues para llegar a ser maduro -desde ese punto de vista- es necesario dejar de ser inmaduro, es decir, dejar atrás los condicionantes del pasado o del futuro, desechar todo lo impuesto desde fuera sobre nosotros mismos -siendo responsables de nuestra vida y de lo que sucede en ella- y, por último, tener el valor de ser lo que uno es y vivir como tal! Claro que, para ello, tenemos toda la vida por delante... aunque siempre es preferible madurar cuanto antes para poder disfrutar de una vida plena y, sin duda, mejor que la que vivimos a toda prisa y cometiendo cíclicamente los mismos errores por no haber aprendido de ellos...

Te traigo una interesante entrevista de un experto que habla sobre el estrés y describe sus efectos evidentes y nocivos. Espero te interese el tema ya que, quien más y quien menos, padece estrés en algún que otro momento... y ser conscientes de su existencia y efectos es el primer paso para solucionarlo! Extrae tus propias conclusiones...


Shlomo Breznitz, 74 años, que investiga el estrés y la restauración cognitiva; creador de Cognifit. "Nuestro cerebro puede saber y no saber al mismo tiempo" La Contra de La Vanguardia. LLUÍS AMIGUET - 06/05/2010

En el ejército israelí estudié las reacciones de los soldados ante el miedo y el estrés.

¿Y qué descubrió?

Algunas cosas, pero después de 50 años investigando el estrés y el sistema inmunológico; la esperanza y el deterioro cognitivo en la Universidad Hebrea, Stanford, Berkeley, la Rockefeller y el National Health Institute de EE. UU.

Pues cuénteme...

Somos primates...

¡Qué me va a contar!

Y por eso nuestro sistema fisiológico está adaptado a miles de años en la selva. Allí las situaciones de estrés eran cortas e intensas.

O corres o te come el león.

Como un susto tremendo, pero corto. Y por eso ese estrés repentino de corta duración fortalece nuestro sistema inmunológico.

Si sobrevives al león.

... En cambio, el estrés moderno: ese que produce quedarse en paro o - peor aún-tener miedo a quedarse en paro o un jefe insoportable o la pareja mal avenida...

Angustia tenue, difusa e inacabable.

Es peor que el encuentro con el león porque no estamos preparados para él y, al contrario que el otro, deprime nuestro sistema inmunológico. De ahí que esas situaciones acaben a menudo por propiciar enfermedades crónicas o hasta un cáncer.

¿Cómo paliar ese estrés de cada día?

Estamos preparados para afrontar tragedias instantáneas pero no largos e interminables culebrones. Así que rompa la tensión cotidiana. Búsquese un momento sólo para usted: sin móvil, sin e-mails, sin obligaciones...

¿Un año sabático? ¿Una semanita?

Es suficiente con quince minutos cada día. Yo paseo cada mañana solo por las montañas de Haifa mirando el mar un cuartito de hora. Y luego vuelvo nuevo a trabajar.

¿Cómo trataban ustedes a los soldados con estrés postraumático?

Hay que actuar de inmediato: sacar al afectado del servicio y aislarlo para que se desahogue largo y tendido: llorar, expresarse...

¿Fuerzan un desahogo inmediato?

Sí, por eso es mejor aislarlo, para que no se contenga ni reprima por vergüenza ante sus compañeros, pero después de ese desahogo lo devolvíamos inmediatamente a su unidad, a su vida normal, sin dejar que se considerara a sí mismo enfermo. Creo que ese patrón sirve en la vida civil.

¿Y qué aprendió de la esperanza?

Su relación con la negación de la evidencia.

No sé si la veo.

Un fumador inteligente, por ejemplo, es demasiado listo como para negar la evidencia de que el tabaco le perjudica, así que negará de forma indirecta: dirá que sí va a dejarlo "pero no ahora".

¿Todos los adictos niegan así?

También creen que las consecuencias de la adicción afectarán a todos los demás adictos menos - y no querrán profundizar en el porqué- a ellos mismos. Así utilizan la capacidad de nuestro cerebro de saber y no saber al mismo tiempo. A menudo, a esa capacidad la denominamos esperanza.

¿...?

Lo observará no sólo con los adictos: también muchos enfermos terminales tienen el suficiente miedo para investigar lo que les pasa, pero sólo hasta cierto punto. A partir de ese cierto punto, el enfermo no quiere saber más. Niega la evidencia para dejar algún hueco a la esperanza.

¿Verdad a medias duele la mitad?

Y es más cómoda. Mantener la lucidez es un ejercicio tan duro como mantener la línea y no es una frase: la forma mental se mantiene exactamente igual que la física.

¿Sudando?

Sí, luchando contra la rutina producto de nuestro innato sentido del mínimo esfuerzo: desafiando la comodidad, el inmovilismo, la pereza mental, la aversión al cambio.

Por ejemplo.

Los occidentales acostumbramos a idealizar una vida en la que puedas vivir cerca de donde has nacido y si puede ser en la misma empresa siempre...

El ideal de ser funcionario del catastro.

Y nuestro cerebro para mantenerse en forma necesita justo lo contrario: desafío, reto, exigencia, cambio, movilidad.

Casi la mitad de los españoles vive en la misma ciudad donde nació.

Pues mal: no hay mejor estimulante mental que el cambio de trabajo, de ambiciones, de ciudad, de idioma, de cultura, de país.

El destierro es una maldición bíblica.

Pero muy saludable para el cerebro y para las sociedades que se renuevan con el estímulo mental de los recién llegados.

¿Es una aseveración científica?

Demostrable. Desde 1983 podemos observar cómo determinadas áreas neuronales se iluminan en pantalla al activarse.

¿Y eso qué probaría?

Demostré que era porque recibían más oxígeno, luego revivían, se rejuvenecían, creaban nuevos circuitos... Si no usas esos circuitos y activas nuevos, pierdes neuronas igual que si no usas músculo lo pierdes.

"Use it or lose it" (úsalo o piérdelo)

Por eso me especialicé en diseñar programas para ejercitar el cerebro.

¿El ajedrez o los videojuegos sirven?

Sólo para jugar al ajedrez o al videojuego: los ejercicios mentales para ser efectivos deben ser personales y modificarse continuamente para obligar al cerebro a adaptarse: ahí está el ejercicio: siempre en lo que más esfuerzo nos cuesta.

lunes, 29 de marzo de 2010

MEDIO SIGLO ATRÁS...



El pasado sábado cumplí mis 50 años de edad. Fue un día especial para mí, como lo es cualquier cumpleaños, aunque por alguna razón solo nos guste celebrar las decenas! De todos modos, en mi historia, recuerdo haber celebrado los 30 con muchos amigos, pero los 40 coincidieron con el entonces reciente nacimiento de mi querida hija y los 50... han sido harina de otro costal! No me preocupa cumplir años, lo reconozco y, como suelo decir, no cambiaría ni diez minutos de mi vida ahora por un año de existencia en mi juventud! Hoy me siento pleno y con suficiente "savoir faire" como para empezar a disfrutar de la vida y, sobre todo, confiar en ella!

Aún así el sábado fue un día sorprendente para mí! Se acabó una larga crisis de 50 años! Por un lado, muchas de las personas reales -hasta hace poco habituales en mi vida cotidiana-, pareció que se habían puesto de acuerdo para no felicitarme! Por otro, muchos de los amigos de mi mundo virtual en Facebook sí lo hicieron! ¿Será verdad aquello que alguien dijo sobre Facebook, que nos aleja de los amigos cercanos y, en cambio, nos acerca a los amigos lejanos? Es posible, por lo visto el sábado! Si me diera por pensar en ello, definitivamente afirmaría que, lo que diferencia a unos y a otros, es que mis amigos "reales" me conocen en persona y los de Facebook, no! En cualquier caso, mirando desde dentro -como he aprendido a hacer en mi ya madura edad- unos y otros, los reales y los virtuales, los que me felicitaron y los que no, todos me deseaban lo mejor! Unos con sus palabras y otros, con su silencio! No suelo despertar antipatías, aunque sí que a veces incomodidad e incluso miedo, gracias a mi hábito de decir siempre la verdad a bocajarro... o de hacer de sincero espejo ante quien se mira en mí!

Hoy mi vida es firme y plena, porque no juzgo lo que sucede solo fuera, ni le pongo nombre siquiera... lo siento y lo vivo tal como viene! Mi alma intenta interpretar, cada día más, lo que acontece dentro y fuera dándole siempre un sentido! Porque fuera o desde la mente, es difícil entender ciertas cosas de nuestra vida, como que personas que se llaman a sí mismas amigos e incluso que te quieren o te aman en silencio, se olviden o pasen -por la razón que sea- de manifestarme sus mejores deseos en una fecha importante para mí como lo fue el sábado! Desde dentro, el alma, uno aprende a interpretar esa comunión entre seres humanos más allá de las palabras y de los gestos explícitos... incluso en algunos casos se agradece el silencio porque dice mucho más que lo que deja escrito! El hecho es que, ante la alternativa de celebrar mi cumpleaños con algunos amigos, este año opté por hacerlo mano a mano con mi hija y con mi amor del alma y lejano (pero que me acompaña siempre), que representan para mí ese amor puro e incondicional que hoy vivo y comparto con muchos de vosotros -estéis o no cerca mío...- aunque subitamente un beso virtual pueda, en un momento dado, tornarse en real y mágico!

Hasta llegar al sábado pasado quedaron atrás demasiados días, semanas, meses y años plagados de momentos aparentemente buenos y malos, pero gracias a los cuales he llegado hasta aquí y a ser como soy! Personas han iluminado a ratos mi vida... otras, en cambio, la ensombrecieron por momentos; purgué demasiados años por mis propias culpas y errores... y también por los ajenos; me entristecí o me alegré por ver cómo desfilaban por mi historia personas de todo tipo y condición, pero cada una de ellas dejó su huella en mi caracter, en mi recuerdo y en mi forma de pensar! ¿Qué ha cambiado ahora y ya en mi vida? Hoy soy capaz de ver -y de aceptar- que la vida me ofrece en cada momento justo lo que necesito vivir... y cuando no soy capaz de verlo, me pregunto qué espera la vida de mí en ese momento de duda! Hoy ya no temo a la vida, confío en ella y la comparto con todos aquellos que quieren ser felices o que, en sus vivencias, aún reina el miedo a ser y a soñar lo que merecen! Esta es hoy mi misión en esta vida, aunque ahora sé que esto no me traerá necesariamente riqueza, ni nuevos amigos, ni tan siquiera nuevos enemigos, sino que cada una de esas personas que se cruzan en mi vida hallarán lo que desean de mí, ya sea una palabra de ánimo en un momento difícil... o bien sea un amor charlatán o en silencio para reencontrarse a sí mismas, aún en la distancia! Seguir al alma trae consigo aceptar... incluso la soledad! Hoy, por decirlo de alguna manera, a mis 50 años recién cumplidos estoy -al fin- en el sendero hacia mí mismo, un sendero a ratos tortuoso para aprender y en otros, plácido como el que más, porque, como nunca antes, me siento amado y puedo compartir mi amor, acrecentándolo así día a día! Hoy tengo la sensación de estar ya escribiendo diariamente el epitafio de mi muerte, por lo que estoy como nunca preparado para recibirla... así como para vivir 100 años más, como si siempre fueran nuevos!

lunes, 22 de febrero de 2010

NO TE RINDAS...



Reconozco que, muchas veces, cuando hablo con alguien que está sufriendo, es difícil transmitirle lo que me ayuda a mí a seguir siempre hacia adelante y a no ceder en mi empeño! Como alguna vez he dicho, la palabra renuncia, aunque dominó demasiados años de mi vida, hoy ya no la acepto en ella, ni en la de nadie a quien quiera. No puedo evitarlo, desde que descubrí que tenía cielos y más cielos esperándome a que alzara mi vuelo hacia mí mismo... Y yo, por entonces, estaba arraigado a mi propio pozo de la desdicha! Pero el tiempo me enseñó que la felicidad no es un lugar al que se llega un buen día, sino el trayecto de abandonar ese pozo de infelicidad al cielo que merecemos. Un día descubres que el Cosmos está hecho para nosotros y brindarnos todo lo que creamos necesitar en nuestra vida para obtener la dicha. Lamentablemente, ese sentimiento llega cuando llega, pero es difícil de transmitirlo a quien se niega a aceptarlo! Así descubres que la infelicidad y la desdicha es también un aprendizaje, pero una opción personal e intransferible, como lo es la propia felicidad en nuestra vida!

Trabas para alcanzar esa actitud de felicidad hay muchas, como para pedir a Dios que nos saque, al fin, de nuestro sufrimiento de cada día. Pero llegamos a convivir con él, a adaptarnos a su presencia, aceptándolo como parte consustancial de nuestra vida! Hasta que un buen día, seguramente fruto de un encuentro mágico e inesperado con nosotros mismos -gracias a alguien o a algo que irrumpe en nuestra vida- descubrimos que ese pozo de infelicidad nos lo hemos fabricado nosotros para sentirnos desdichados, pero seguros. También sé que si alguien nos invita a salir de él, surje el miedo y nos negamos a salir a la superficie! Podríamos afirmar que llegamos a estar confortables en la desdicha y no vemos una razón convincente para salir de ella y aventurarnos a lo desconocido, por óptimo que parezca o nos cuenten! Pero también es verdad que, en ese preciso día glorioso, descubrimos que fuera, también hay otra vida posible!

Y es que intentamos desesperadamente anclarnos a lo conocido de nuestra vida resignada, como si otra vida mejor fuera imposible! Pero hay un momento, en que nace el amor y desaparece paulatinamente el miedo a lo desconocido, todo eso que está ahí fuera para nosotros, pero que renunciamos a explorar, sin haberlo probado siquiera. ¿Por qué buscar argumentos convincentes para conocer algo que nuestra Alma ya reconoce y espera, para hacernos felices, tal como soñamos? ¿Por qué concentrarnos en los posibles problemas, sin pensar que la solución está en nuestro interior, esperando que la queramos ver y tengamos el valor de vivirla? ¿Por qué conformarnos con un pozo oscuro pero conocido, si precisamente la vida nos insiste a cada momento que lo deconocido no es, necesariamente, malo ni bueno, simplemente es y está en nuestra propia vida? ¿Por qué renunciar a algo a lo que tenemos derecho e intentamos desoír esas señales del Alma que nos invitan a confiar en lo soñado, aunque sea desconocido? ¿Por qué nos arraigarnos a algo que sabemos nos impide vivir lo que realmente deseamos? ¿Hasta cuando resistiremos a salir de nuestro engaño, para reencontrarnos con todo eso que intuímos y anhelamos desde dentro? ¿Por qué no podemos aceptar que nuestra Alma sabe más que nuestra restrictiva y programada mente obtusa? ¿Tanto perdemos en el intento? ¿No es la vida el simple salto del pozo aceptado y conocido hasta el cielo que deseamos, desconocemos, pero merecemos?

Mi amiga virtual Cori nos regala un espléndido texto en el que nos invita a alzar el vuelo! Despojados de lastres del pasado... abiertos y confiando de nuevo en la vida, siempre es posible volar alto y conquistar ese cielo que está hecho para que lo descubramos. Disfruta de este texto y extrae tus propias conclusiones... vuela alto!


NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo de abrazar la vida y comenzar de nuevo, aceptar tu sombra, liberar el lastre y retomar el vuelo.

No te rindas, que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, abrir las esclusas, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor, no cedas ..., aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se acalle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque yo te quiero, porque existe el vino y el amor es cierto, porque no hay herida que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos, bajar el puente y cruzar el foso, abandonar las murallas que te protegieron, volver a la vida y aceptar el reto.

Recuperar la risa, ensayar un canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida, remontar los cielos.

No te rindas, por favor, AMIGO, no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se acalle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.

Porque cada día es un comienzo nuevo, porque ésta es la hora y el mejor momento, porque tienes alas y puedes hacerlo, porque no estás solo y porque yo te quiero.

Cori Caniza

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