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viernes, 10 de septiembre de 2010

¿DERECHO A LA VIDA... O A LA MUERTE?




Es curiosa la controversia que genera el suicidio! Y, a la vez, no conozco a casi nadie que, en sus fueros internos, no haya pensado alguna remota vez en él como salida airosa de esta vida, aunque pocos lo reconozcan publicamente. ¿Quién no, en mitad de un sufrimiento, no ha pensado en dejar esta vida? ¿Quién no ha envidiado -aunque sea en privado y en secreto- a alguien que ha muerto que, con esa muerte plácida, ha logrado dejar atrás los malos momentos o sus penas? Detrás de este sentimiento tan humano como -en ciertos momentos, incluso razonable- está el derecho a la muerte, la eutanasia... incluso el derecho a la vida!

Para muchos, la muerte no es algo que forma parte de la vida, sino -paradogicamente- solo la escapada de ella. Obedece al miedo a la propia vida, sin más! Y aunque la muerte ajena sobrecoje siempre y genera inquietud ante el desconocimiento del paradero final, para muchos esa incertidumbre queda compensada con la supuesta desaparición del sufrimiento y del sobresfuerzo en la vida! Durante muchos años afirmé sin pudor que "cambiaría 10 años de vida por una muerte súbita, rápida y sin dolor". Seguramente también era miedo... a la vida... y, sin duda, al sufrimiento! Y, aunque no me enorgullezco de ello, puedo afirmar que durante un tiempo no demasiado lejano, hubiera dado mi vida entera... por morir o por no vivir como vivía, que es casi lo mismo! Claro que ese tiempo se convirtió -precisamente- en mi plataforma de despegue hacia una mejor vida, la que hoy intento vivir cada día! Y es que, como se suele decir, en muchas ocasiones hay que tocar fondo para poder reflotar y salir a la superficie, volviendo a salir victorioso y empezar a volar alto, de una vez por todas!

Creo que es lícito que alguien sienta la necesidad de marcharse de este mundo, ¿quién no lo ha sentido alguna vez? Generalmente no se discute cómo debe ser la muerte digna, ni cuál es el mejor momento... simplemente uno desea ausentarse para siempre! Seguramente cuando uno siente eso es porque aún no ha encontrado el sentido de su propia existencia, es decir, porque vive una vida a medias! Y claro, esta vida así, sin sentido, no merece la pena vivirla! Si miras a tu alrededor, tal vez te parecerá ver cientos de razones para menospreciar e incluso odiar a la vida, desde ver gentes queridas desorientadas, resignadas y/o desencantadas -aunque sus labios esbocen una sonrisa...artificial- a confictos y problemas de todo tipo en el mundo! Pero, cada uno de éstos, son -precisamente- buenas razones para vivir, oportunidades para hallar el sentido real a la vida y, con éste, hacer algo por este mundo, del que todos somos un poco responsables!

Aquí te traigo una entrevista que habla del suicidio en la historia. Te recuerdo que, en virtud de un acuerdo tácito internacional, los medios de comunicación no citan el suicidio en sus textos, pues los expertos creen que hablar de éste incita a personas con ciertos rasgos psicológicos. Disfruta de esta entrevista y extrae tus propias conclusiones...



Carlos Janín, 66 años, autor del Diccionario del suicidio. "Los intelectuales se suicidan más, porque tienen más ego" "Nuestro suicidio como especie, el ecológico, es el que más me preocupa". La Contra de La Vanguardia. LLUÍS AMIGUET - 28/08/2010

El poeta Yannópoulos, desesperado por la falta de eco de su manifiesto nacionalista griego, firma sus escritos con la palabra "muerte".

Por la patria, mejor vivir.

Pero convirtió su suicidio en un poema: ¡Junto a Brunilda y Marco Curcio, Yannópoulos cabalgó hacia su apocalipsis!

No sé si el caballo estaría de acuerdo.

El caballo, amigo mío, es un caballero. Es más que un animal: recuerde que no figura en el Arca de Noé, donde en cambio sí se censan unicornios. Y la épica universal abunda en caballos tan fieles que lloran la muerte de sus jinetes y al cabo se suicidan.

En este caso, Yannópoulos lo suicida.

Desconocemos ese extremo. Lo seguro es que el 10 de abril de 1910 en Eleusis, lanza su caballo hacia las olas y, cuando ya no puede avanzar más, se pega un tiro en la sien.

Espero que el caballo se salvara.

Otro poeta griego, Kariotakis, también se lanza al mar para ahogarse, pero, tras diez horas de porfía, gran nadador, por no salir a flote, es devuelto a la playa por las olas...

... ¡Y tantos que se ahogan sin querer!

Agotado, vuelve a casa; se pone su mejor traje y seva al café El Jardín Celestial de Préveza; allí se le ve degustando un habano y un ristretto y redactando una breve nota: "Aconsejo a cuantos sepan nadar que no intenten jamás suicidarse tirándose al mar: durante diez horas he tragado agua y siempre subía a la superficie sin saber cómo...".

Suicida, pero quería sentirse útil.

Al día siguiente, tras un largo paseo por la playa, Kariotakis se sienta bajo un eucalipto y se pega un tiro en el corazón.

Supongo que no todos los suicidios tienen un final tan elegante.

El más escabroso y desagradable de mi diccionario es el del estoico Catón de Útica - no confundir con Catón el Viejo-,quien, tras fracasar en su defensa de la República frente al César, se abre el vientre con un cuchillo.

El suicidio político no es tan raro.

Pero Plutarco nos refiere con detalle cómo llaman al cirujano, que remienda el estropicio recolocando los intestinos del filósofo, sólo para que el obstinado Catón vuelva a reabrirse el vientre con sus manos y muera.

Sería estoico, pero fue una casquería.

Como las de Ron Brown en El arte de suicidarse y el suicidio en el arte, donde compila grabados inspirados en suicidios reales reportados en su día por el Illustrated Police News: autocrucifixiones, autoguillotinamientos... Barbaridades.

Pero, vamos a ver, señor Janín: ¿entre el suicidio y usted hay algo personal?

En absoluto. Al redactar el diccionario, sólo me he guiado por la curiosidad y la pregunta "¿por qué tantos creadores se suicidan?".

¿Por qué tantos creadores se suicidan?

No hay una respuesta sino muchas razones.

Universales, porque el suicidio lo es.

Pero aquí en la Península - desde Numancia hasta Alicante-tenemos una rica tradición local de suicidio colectivo ante el enemigo.

Lo de Alicante no me suena.

Bien documentados están los suicidios de familias enteras de republicanos acorraladas y bombardeadas por Franco en Alicante: el padre tiraba de la anilla de una granada y... evitaban caer en manos de los fascistas.

Esa guerra fue un suicidio colectivo.

Nada colectivo, pero igual de empecinado fue el escritor Ganivet al volver a arrojarse al mar minutos después de haber sido rescatado ya una vez de las frías aguas del Báltico: en la segunda tentativa logró ahogarse.

¿Cuál ha sido la época más suicida?

Tal vez el romanticismo: con el Werther de Goethe y su suicidio por amor, desencadenó una epidemia, la Werther-Fieber, frenada cuando la autoridad ordenó exhibir desnudos los cadáveres de los suicidas.

Hasta en el morir somos gregarios.

Los totalitarismos y las tiranías hacen del suicidio huida: Klemperer cuenta cómo la Gestapo recorre hogares judíos incitando a las familias a suicidarse dando pistolas.

El nazismo fue genocida y suicida.

Pero donde el suicidio ha gozado de mayor respetabilidad fue con los mayas, donde la diosa Ixtab, patrona de los suicidas, los guiaba al cielo sin pasar por el purgatorio.

No era una cultura humanista.

La obsesión precolombina por la muerte y los baños de sangre lleva a los antropólogos a concluir que ese raro afán autodestructivo fue la razón de la fácil conquista española.

El suicidio libraba de la esclavitud.

Así se explicaría Matachín, pueblo panameño que toma su nombre del suicidio de un centenar de chinos esclavizados para excavar el canal. Deprimidos por las horribles condiciones de su existencia, los chinos se ahorcaron colgándose de su propia coleta.

¿Cuál es el mensaje de suicida que más le ha impresionado?

El más citado es el de Cesare Pavese: "Basta de palabras, un gesto".

Definitivo.

El poeta segoviano Nicolás Arnero deja subrayada esa frase de Pavese, que contradice con dos versos más: "Intuyo la cobarde humillación / de sustraerme al suicidio". Pero Arnero comete una segunda contradicción y se ahorca el 20 de enero de 1991.

¿Usted cree en el derecho al suicidio?

Otros más grandes hablan por mí: Hegel lo define como "la última soberanía del yo" y Jaspers como "la última libertad de la vida"; Rousseau concluye: "Cuando la vida es un mal para uno y no es un bien para nadie, está permitido librarse de ella".

lunes, 29 de junio de 2009

¿HA MUERTO AHORA MICHAEL JACKSON?



Aunque no me declaro fan de nada ni de nadie, ni mucho menos aficionado a la mitomanía, reconozco el valor de Michael Jackson como artista universal de la música reciente. En mi temprana juventud, pude disfrutar de la música de vinilo de su primer grupo familiar, los Jackson Five, en el que un prematuro, simpático y aplicado Michael -con unos 4 años, si no recuerdo mal- nos deleitaba con un inigualable ritmo y una peculiar y aguda voz, adelanto de lo que, con el tiempo, llegaría a ser como estrella mundial de la música. El tiempo fue consolidando al incipiente cantante hasta encumbrarlo en el Olimpo de La Música, de la mano de uno de los productores más geniales y prolíficos de la historia de la música negra, Quincy Jones. Mi trabajo actual en el sector discográfico -desde http://www.apadrinaunartista.com/ - portal donde descubrimos y lanzamos nuevos talentos de la música en España y Latinoamérica me ha enseñando que la labor y gran parte del éxito de un artista depende de su productor musical, quien le da la forma y la manera adecuada al talento bruto del artista. Sea como fuere, desde la cumbre del éxito -soñada por cualquier artista- Michael Jackson nos ha dejado... ¿o es que ya no vivía entre nosotros, desde hacía tiempo?

Dejando de lado sus indudables logros musicales y huyendo de esa falsa mitología actual que encumbra a artistas fabricados y mercantilizados solo por y para las -hasta ahora- poderosas discográficas multinacionales, Michael Jackson había muerto hace ya unos años, cuando voluntaria y tercamente se empeñó a dejar de ser él mismo. No hace ni un par de días que escribía un Post sobre "el suicidio en vida" como fenómeno, en que mencionaba que, para morir en vida, no hace falta dejar de vivir, sino negarse a uno mismo. Y esa, precisamente, fue la obstinada, dilatada y prematura carrera hacia la verdadera muerte de Michael Jackson, intentando desesperadamente dejar de ser negro, hombre, adulto... o sea, ser él mismo. Y ese es su ya histórico suicidio, que culminará ahora con su multitudinario y mediático entierro. Sin duda, durante los próximos días, semanas y meses, los fabricantes de mitos desarrollarán su trabajo en busca de datos, fotografías, lugares sagrados y otros aditamentos de la vida del universal intérprete musical, no sin antes haber especulado con los ya clásicos "dimes y diretes" sobre las causas reales o aparentes de su muerte, una vez realizada la oportuna autopsia.

Pero repito, Michael, ese sonriente, superdotado y aparentemente feliz niño de color, con apenas 4 años de edad que empezó a cantar junto a sus cuatro hermanos también menores de edad por entonces, hacía ya bastante que había muerto como ser humano. No quería ser él mismo y eso le hizo un extraño ser, ajeno a sí mismo y al mundo que le rodeaba, al cual temía como algo tóxico y agresivo contra su persona... ¿He dicho su persona? ¿Quién y cómo era Michael?¿La persona que era en verdad o la que no quiso ser nunca mas? Porque, en su vida reciente, había más negación que afirmación, visible en su obsesión por dejar de ser negro, hombre, adulto... singular e irrepetible como cualquier ser humano. Aunque evidentemente logró -real y afortunadamente- ser irrepetible como intérprete de la música, nunca consiguió saber ni expresar como quería ser como persona. Y una persona que simplemente "no quiere ser", está muerta en vida. A medida que los cirujanos parcheaban y modelaban su ya desvirtuado, andrógino y atemporal rostro pretendidamente angelical, le fueron extirpando -a golpe de bisturí y de talonario- también sus raíces, sus sueños, sus deseos, sus ilusiones, sus valores esenciales como persona. Y, sin todo eso, ya no era capaz de ser, ni de vivir plenamente, ni de amar, ni de sentir su vida, aparentemente colmada de éxito mal entendido y muy posiblemente envidiada por muchos.

El aparentemente repentino y -como no podía ser menos- enigmático fallecimiento del gran artista Michael Jackson es el claro y vívido ejemplo de cómo algunos, con tal de llegar al pretendido éxito, renuncian a ser ellos mismos y, por ello, mueren en vida o, lo que es lo mismo, se van suicidando día a día. Cuando, precisamente, el verdadero éxito en la vida es llegar a ser uno mismo, identificando y explotando esos talentos singulares e irrepetibles que cada uno tenemos para cambiar el mundo y, con el tiempo, poder dejar esa huella trascendente, profunda e indeleble de nuestro efímero paso por esta vida. Ni que decir tiene que la huella sonora de Michael persistirá en forma de discos, vídeos, películas, libros y revistas que lograran eternizar el mito y, de paso, generar sustanciosos beneficios con alguien que, para ser famoso, tuvo que renunciar a él mismo!

Adios Michael, aunque cambiaste el éxito y la fama por la humana búsqueda de sentido a tu vida y eso no te trajo la felicidad que todos anhelamos, gracias por tu fantástica música, que nos acompañará para siempre y te entronará como el Rey de la Música... porque, como sabes, solo los dioses mueren jovenes!


Te dejo con este vídeo de uno de mis temas favoritos, "She´s out of my life", de su temprana época musical. En esta suave, desgarradora y tierna canción parece presagiar, más que la no presencia de alguien concreto, el vacío y la dolorosa ausencia de su propia alma en su ser y en su vida.




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viernes, 26 de junio de 2009

EL SUICIDIO EN VIDA



Suicidarse es renunciar voluntariamente a la vida... que merecemos! Generalmente por miedo, falta de valor para vivirla. Pero no hace falta quitarse del todo la vida para renunciar a ella. Para renunciar a ella solo es preciso dejar de vivirla como viene, cerrarse en el autoengaño, pensando que eso evita lo inevitable y renunciando a una vida mejor, a cambio de una vida presuntamente segura, programada y confortable, aunque vacía! Suicidarse es matarse uno mismo desoyendo nuestro fuero interno, dejando de soñar lo que merecemos y tenemos derecho, resignándonos a lo que nos ha tocado y no haciendo algo para cambiarlo. En una palabra, acumulando agravios y yendo contra uno mismo. Eso es el suicidio en vida!

Porque el suicidio real y evidente tiene como protagonista a una persona temorosa que desea abandonar este mundo... porque siempre lo ve como algo ajeno, frustrante y medio vacío de alegría! Porque, más alla de si tenemos derecho o no a decidir sobre nuestra vida o de la presunta ilegalidad del asunto, el suicidio no es más que dejarse llevar por el miedo y, por tanto, desterrar el amor de nuestra vida. Ambos no caben, ¿amor o miedo, decisiva elección? Y es que, sin amor, esta vida nuestra no vale la pena! Pero amar exije una actitud determinada en la vida; el amor empieza -necesariamente- por uno mismo, sigue por los que nos rodean y por todos los demás... y acaba en el Todo lo que la vida nos ha puesto a disposición para que vivamos y alcancemos la felicidad! Es decir, amar la propia vida!

Generalmente hablamos del suicidio -entendido como tal- como algo extraño, lejano y ajeno, como si no hubiera estado presente en algún momento de nuestra existencia. Quien más y quien menos ha sentido en alguna circunstancia adversa y gestionada desde el miedo, el irrefrenable y lícito deseo de suicidarse... aunque fuera un impulso pasajero y no culminara por la falta de valor para llevarlo a cabo. Seguramente, si existiera un método rápido, efectivo y discreto, muchos de nosotros estaríamos muertos! Sí, no hace mucho tiempo que me rondó por la cabeza el deseo de suicidarme, lo reconozco y no me avergüenzo por ello, pues fue precisamente mi palanca de ascenso hasta mi hoy, en camino hacia mi plenitud y mi felicidad. Entonces, estaba ofuscado ante una vida que detestaba, un amor verdadero y ausente y, sobre todo, llevaba demasiado lastre histórico y ajeno para poder transitarla con entera libertad, con dignidad y tal como yo deseaba. Sin duda, más fácil y cómodo quitarse de enmedio... que intentar cambiar las cosas que me impedían vivir la vida que merecía. Por entonces, incluso comentaba a mis mejores amigos -con un cierto impudor- mi sincero pensamiento, provocando la perplejidad en mis fortuitos oyentes; supongo que más que asustarse ante mis explicaciones, muchos de ellos incluso encontraron en mis argumentos poderosas razones que compartían y que, sobradamente, justificaban una decisión límite como aquella... Pero, como dicen los terapeutas, el pretendido suicida que lo anuncia, generalmente nunca lleva a cabo su amenaza. Y así fue, nunca tuve el valor de suicidarme o tal vez porque no supe encontrar la píldora mágica que lo hiciera ;) Pero no es que tuviera o no valor suficiente, sino que opté -en medio de esa profunda borrasca del trastorno mental transitorio- por dedicar mi valentía a cambiar realmente las cosas, empezando por mí mismo. Supongo que hay que tocar fondo en algún aspecto de nuestra vida para lograr dar el gran salto hacia arriba, hacia uno mismo y lo que uno merece!

Dar el salto desde las profundidades hasta el Cielo implica, simplemente, cambiar el miedo por el amor, dejar de resignarse ante la vida y luchar despiadadamente por lo que uno siente (no piensa, ni cree) merecer en ella. Significa dejar de pensar que la vida es injusta, nos engaña y nos pone trampas -para probar nuestra lealtad con nosotros mismos- y darnos cuenta de que la vida no es más que el fiel espejo de nosotros mismos y de lo que, con nuestra actitud vital, parecemos pedir a la vida. ¿O el amor solo significa simplemente ser capaces de mirar la botella medio llena cuando hasta entonces la veíamos medio vacía? Y ese esencial cambio de prisma en la vida no puede hacerlo nadie por nosotros! La solución, sin duda, pasa por abandonar ese viejo sentimiento de culpa -inducido por nosotros mismos o por los otros- para sustituirlo por un sentimiento positivo, como es la gratitud. Si logramos considerarnos afortunados poseedores de lo que tenemos y nos brinda la vida en cada instante, siempre tendremos poderosas razones para vivir y, así, tener tiempo suficiente para devolverle a la vida lo que, generosamente, nos ha regalado. Si no, siempre habrá un reproche, una razón injusta, una acumulación de errores propios y ajenos para considerar seriamente la marcha forzada de este loco mundo nuestro. Si, además, somos conscientes de que la vida, al final, siempre pone las cosas donde han de estar o, como comunmente se dice, pasa factura, uno siempre puede pensar en abandonarla antes de que llegue la factura y así se evite el pago, expiando sus erróneas decisiones del pasado o sus simples indecisiones. Huelga decir que resulta mucho más efectivo tomar decisiones en vida, basadas en la coherencia con uno mismo, evitando equivocarse reiteradamente, aunque siempre aprendiendo de ello. Los errores siempre son subsanables, aunque para ello debamos dejar de lado nuestro miedo... y ver que, muchas veces, en su caso, son un camino hacia el amor! Seguir en el miedo significa la sistematización de los errores hasta que realmente aprendamos de ellos y, sobre todo, la renuncia al amor que se nos ofrece... lo que convierte nuestra existencia en una muerte en vida, o en un suicidio más!

Aquí te dejo una entrevista de La Contra en la que se habla del suicidio. Léela y extrae tus propias conclusiones.


Carmen Tejedor, 66 años, psiquiatra; dirige el programa de prevención del suicidio del Eixample"Yo nunca he encontrado libertad en un suicida". La Contra de La Vanguardia. LLUÍS AMIGUET - 13/06/2009

Cuando podemos hablar de algo, también empezamos a controlarlo; por eso el mejor remedio contra el suicidio es la palabra. Cada día llegan suicidas a mi consulta: si todos cooperamos, podríamos reducir su número

Veo a un suicida a punto de lanzarse al vacío, ¿qué hago?

Para empezar, no demuestre nervios ni precipitación e intente buscar ayuda. ... ... Con naturalidad y calma, trate de hacerle hablar con respeto y tacto, encontrando el tono adecuado, preguntándole por su nombre por qué está actuando así.

Por ejemplo... "Bueno, vale, Lluís, entiendo que se siente muy mal, explíqueme por qué está aquí...".

... Debe intentar rebajar dramatismo; aplazar el acto, pero no se enfrente a él ni trate de predicarle, y llámele por su nombre.

¿Por qué?

La libertad del suicida es falsa. Lo explica muy bien The bridge,un documental rodado con cámara oculta en The Golden Gate de San Francisco, lugar habitual para suicidas.

¿Qué explica?

Recoge un suicido frustrado por una foca que empuja al suicida, con las piernas rotas, hacia la superficie: "Me arrepentí - confiesa el pobre-cuando aún estaba en el aire".

Esa foca merece una medalla. Otro suicida también se arrepiente en el último segundo y se desuella las manos aferrándose a la cornisa: "No era yo cuando me tiré". Ahí está la respuesta de cordura de no reconocerse a sí mismo en la situación.

El retorno de la dignidad.

Por eso hay que afirmarle la identidad al suicida llamándole por su nombre y demostrándole que nos importa; que es alguien para nosotros y que su vida es necesaria.

¿Y si no quiere hablar ahora?

Hágale olvidarse del ahora.

...

Recuerde el tarrito de Alicia en el país de las maravillas donde ponía "Para comer mañana". Para que aplace su decisión, hay que meter el impulso suicida en ese tarrito haciéndole hablar y escuchándole.

"No puedo explicarle lo que me pasa".

Inténtelo: vamos, en cuanto somos capaces de verbalizar un sentimiento, un deseo, un impulso, ya estamos empezando a controlarlo. Y lo mismo sucede con los intentos de autodestrucción y el suicidio.

Quien mucho avisa no se mata.

Falso: quien mucho habla de suicidio es quien acaba cometiéndolo. Hablar de quitarse la vida es un indicador de riesgo: tómeselo en serio.

Bueno, los suicidas son ínfima minoría. El 10 por ciento de nuestra población ha pensado en poner fin a su vida alguna vez y el 1,5 por ciento lo ha intentado, pero es muy difícil dar estadísticas fiables, porque el suicidio se suele encubrir.

¿Por qué?

El suicidio sigue siendo algo vergonzante. El 10 por ciento de los suicidas deja una nota. Recuerdo una ilustrativa al respecto que decía: "Y, sobre todo, hija mía, di a las vecinas que ha sido una embolia y no que me he tomado unas pastillas".

¿Por qué el suicidio avergüenza?

Porque creemos que es un acto libre y si hay libertad hay culpa, así que existe una especie de juicio popular que condena de antemano al suicida y a quienes le rodean.

¿Suicidarse no es nunca un acto libre?

Yo nunca he encontrado libertad en el suicida: siempre eran víctimas de un estado anímico alterado que no les permitía decidir libremente.

¿No hay un suicidio racional?

El 95 por ciento de los suicidas presentan claros síntomas de trastorno mental: depresión, ansiedad, irritabilidad, impulsividad patológica. El otro 5 por ciento es el denominado suicidio balance,al que se llega tras un diagnóstico de enfermedad somática terminal.

¿Y entonces?

Suele haber una depresión más o menos encubierta.

¿Hay familias de suicidas?

Existe un factor genético comprobado en grupos endogámicos como los amish. Y también hay sociopatías que lo favorecen.

¿Como en la anomia de Durkheim?

La falta de referencias, de sentirte de un grupo, te hace más vulnerable a las depresiones, y en ese sentido será interesante comprobar si las redes sociales digitales nos protegen de esa soledad anómica.

¿El amor sigue matando?

Seguimos suicidándonos por amor. El desengaño amoroso aún es la primera causa de suicidio en todas las edades, pero suele ir acompañado de otras disfunciones.

Por ejemplo...

Los cinco factores que favorecen el suicidio son el trastorno mental; los pensamientos o ideas suicidas tras intentos previos; una enfermedad somática crónica; el desarraigo social, o impactos externos que rompen el equilibrio emocional del suicida.

¿Hablar del suicidio lo propicia?

Ocultarlo lo propicia. En cambio, una actitud social proactiva ante el suicidio lo reduce. La prueba es nuestro programa de intervención en la Dreta de l´Eixample, que ha logrado reducir un 66 por ciento las repeticiones de intentos suicidas.

¿Cómo?

Haciendo que, además de los médicos, todo el barrio participe en prevenir el suicidio: residencias geriátricas, servicios sociales, escuelas, asociaciones de vecinos, bomberos, policías... Poca inversión con mucho resultado. Es un modelo que ahora implementarán en otras comunidades.


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