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miércoles, 21 de abril de 2010

EL MUNDO QUE DEJAMOS TRAS NUESTRO PASO...



Huelgan comentarios. Aquí te traigo un interesante texto escrito por Leopoldo Abadía, un personaje de avanzada edad que dice las cosas por su nombre con la perspectiva que da el paso del tiempo... aunque no comparta todos sus principios e ideas!

Como ves, suele preocuparme bastante la educación de los niños, los futuros ciudadanos del mundo, de pleno derecho! Pero la educación de estos hijos nuestros depende de lo que ellos vean que hacemos en nuestra vida, más que por lo que nos oigan a nosotros! Si nos ven coherentes, luchadores por nuestra felicidad, capaces de aprender errando, sabiendo gestionar el fracaso y, sobre todo, dispuestos a vivir una mejor vida, ellos harán lo propio con sus vidas! Ese es el mejor patrimonio que podemos dejar a nuestros hijos!

Aquí tienes el acertado texto de Leopoldo Abadía, disfrútalo y extrae tus propias conclusiones...

¿Qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos?

Me importa muy poco
Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados".

Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.
En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?" Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya está crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"

Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: "¡y a mí, ¿qué me importa?!" Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.

Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.

Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu ciudad, tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz.y me exigieron mucho.

Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

1.La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización .........

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!

Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.

Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.

A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales,.Lo que por ahí se llama "buena gente".

Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano. (Si son mala gente, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)

Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos.En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.

Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo.

A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.

Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.

Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

P.S.
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.

Leopoldo Abadía

martes, 20 de abril de 2010

LA ENSEÑANZA ANTE EL SIGLO XXI



Siempre he creído en la importancia de la educación para cambiar el mundo! Cuando yo era un estudiante de secundaria se constituyó -por primera vez en España- el Consejo Escolar en los centros educativos, un órgano que agrupaba en una misma mesa a profesores, alumnos, padres, personal no docente y, en el caso de mi colegio, los religiosos, propietarios del centro. Yo, tras una votación entre los estudiantes, fui elegido el representante de todos los alumnos de secundaria, que sumábamos más de 2.000. En en mencionado Comité se debatían temas que incumbían a todos, desde los valores, los métodos para mejorar nuestra educación, hasta cómo gestionar el centro. Yo, por aquel entonces, siempre insistía en la necesidad de incrementar la responsabilidad de los alumnos y en cómo mejorar nuestra futura incorporación a la vida real.

Han pasado ya muchos años desde mi participación en ese Comité, tal vez el primero en mi vida. Pero ahora veo con claridad el error del sistema educativo en sí. Por un lado, el excesivo "paternalismo" del centro, los padres y los profesores ante los alumnos, negándoles la responsabilidad de ser y la libertad de estudiar. Pero lo más grave aún -vistos los resultados en mis compañeros de entonces- es no habernos enseñado a gestionar el fracaso, siendo éste algo evidente -y necesario- en la vida de cualquier ser humano. Obviaré ejemplos de compañeros míos que sucumbieron ante el fracaso personal o profesional a lo largo de su ya dilatada vida en el mundo real. Pero hoy pienso en voz alta ¿qué se podía esperar de un sistema educativo creado por un sistema socio-económico mundial que solo exije sin piedad el éxito y que, en cambio, ignora e incluso castiga el fracaso? ¿Cómo puede un Sistema cíclico como el nuestro obviar los valles y las cumbres? ¿No habría que redefinir el concepto de éxito y el de fracaso?

Ni que decir tiene que el fracaso forma parte inherente de nuestra propia vida! Es más, aprendemos gracias a él, así como la economía y el bienestar crecen tras una caida, ya sea por una crisis económica o por un conflicto del tipo que sea. ¿Por qué se obstinan los políticos en insistir en la falacia de la sostenibilidad, cuando hablan de países, empresas, proyectos o sistemas? Nuestro Sistema actual, repito, no contempla más que la linealidad y la permanencia, las cuales niegan en esencia nuestra vida de contrastes y cambiante, por definición! Así, aún hoy, observamos -aparte de la inutilidad de muchos de nuestros políticos ante una simple crisis- generaciones de jovenes que se incorporan a la sociedad tras sus estudios sin tener esa necesaria tolerancia a la frustración, ni tan siquiera la mínima cultura del esfuerzo para conseguir aquello que quieren en su vida o en su trabajo. ¿Serán ellos dignos padres, profesores, empresarios, políticos, ciudadanos... del mundo futuro? Seguramente, como suele pasar, no será solo una responsabilidad suya... ellos al fin y al cabo solo replican obedientemente lo que han visto o lo que les hemos explicado nosotros, sus mayores! Porque, por no ser, ni son rebeldes!

Aquí te traigo un interesante artículo de prensa en el que presuntos expertos de varias disciplinas explican las herramientas necesarias que deberán utilizar los jovenes estudiantes para enfrentarse al reto del presente Siglo XXI. Ni que decir tiene que seguimos confundiendo herramientas con la esencia de su necesario cambio y adaptación al nuevo mundo que viene. Las herramientas cambian, la esencia permanece! Creo sinceramente que aún hay demasiados cerebros pensando obsesivamente en cómo prolongar este insano, arcaico, corrupto, inhumano y autodestructivo Sistema... cuando en verdad deberíamos estar pensando todos hacia dónde deberíamos ir para mejorar -al fin y de verdad- nuestro mundo, gracias a los avances de que disponemos! Como suele pasar, ¿no estaremos enseñando a nuestros jovenes de hoy a adaptarse a un mundo que, llegado su momento, mañana ya no existirá para ellos? ¿No me educaron a mí para ser el líder de un mundo que ya no existía cuando yo llegué a él?

Extrae tus propias conclusiones!


Lo básico es aprender a resolver problemas y a elegir la estrategia adecuada

Lo que hay que saber en el siglo XXI

Resulta necesario conocer otras culturas y trabajar en equipo y se ha de disponer de un alto nivel de lectura crítica y reflexiva

Es difícil prever qué necesitarán saber los escolares cuando lleguen al mundo laboral, pero parece que no precisarán haber acumulado mucha información, sino habilidades para buscarla, seleccionarla y utilizarla de forma eficaz

La Vanguardia. MAYTE RIUS 12 abril 2010

¿Qué ha de enseñar hoy la escuela para preparar a los profesionales de las próximas décadas? ES ha preguntado a sociólogos, pedagogos, profesores, psicólogos... y todos han coincidido en su respuesta: a ser competentes.

Formación de base

A · Saber comunicarse bien
- Lectura crítica y reflexiva
- Interpretar la información y los medios de comunicación
- Escritura argumentativa
- Utilizar e intercambiar diferentes códigos
- Debatir y contrastar puntos de vista
- Idiomas

B· Dominar las nuevas tecnologías
- Buscar y evaluar críticamente la información
- Organizar y crear contenidos digitales
- Comunicarse y trabajar a través de redes
- Participar en la vida pública a través de internet

C · Ser creativos e innovadores
- Espíritu crítico
- Apertura a perspectivas nuevas
- Hacer preguntas y plantear hipótesis
- Originalidad e inventiva
- Expresividad artística

D · Conocer cómo funcionan los negocios
- Trabajo en equipo
- Negociación de metas y proyectos
- Flexibilidad y resolución de conflictos

E · Ser multiculturales
- Conocer otras culturas y valores
- Implicarse en la comunidad
- Dialogar y negociar

F · Conocerse a sí mismo
- Expresar las propias emociones
- Entender a los demás
- Ser responsables y confiables

La formación de los alumnos del siglo XXI obliga a reinventar la escuela o, como mínimo, sus métodos. Las fuentes consultadas abogan por trabajar por problemas, pero con problemas reales que tienen o tendrán los niños en su vida cotidiana.

Con este método, un plano de metro puede ser libro suficiente para enseñar todas las matemáticas de primaria, desde aritmética hasta las unidades de medida o las fracciones, con cálculos reales que los alumnos sentirán próximos y útiles.

Y la respuesta a la curiosidad infantil sobre cómovivían los dinosaurios permite enseñar historia, ciencias, matemáticas y lenguas todo un trimestre mientras se desarrolla la expresión oral y escrita, el trabajo en equipo, la búsqueda y selección de información y se usan nuevas tecnologías

¿Influencia del plan Bolonia y de la ley de Educación porque plantean las competencias básicas que debe desarrollar el currículo educativo? "No. Se habla de competencias porque ser competente no es sólo ser hábil en la ejecución de tareas y actividades concretas tal y como han sido enseñadas, sino, a partir de las habilidades adquiridas, ser capaz de afrontar nuevas tareas o retos que suponen ir más allá de lo ya aprendido; la competencia es disponer de recursos (saber qué, saber cómo y saber cuándo y por qué) para enfrentarse a los problemas propios de los escenarios en que uno se desenvuelve, y eso es lo que necesitarán los actuales escolares para desenvolverse como adultos", resumen Carles Monereo, profesor de Psicología de la Educación de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), y Juan Ignacio Pozo, profesor de Psicología Básica de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Y como los escenarios en que transcurrirán sus vidas son el educativo, el profesional y laboral, el vinculado a la comunidad y el personal, opinan que la clave es formar a los futuros adultos para ser aprendices permanentes, profesionales eficaces, ciudadanos participativos y solidarios y personas felices.

Ya, pero ¿qué han de aprender para llegar a ello? ¿Qué contenidos ha de ofrecer la escuela? "El mercado laboral va a pedir que sean competentes, así que, más que cambiar el currículo, hay que introducir más habilidades y actitudes, sobre todo actitudes; porque el mundo laboral exige sobre todo una buena actitud, gente de fiar, que sepa trabajar en equipo, con iniciativa y autodirección, porque el conocimiento ya se supone y, si no, lo ofrecerá la propia empresa", explica Albert Sáenz, director de ESO y bachillerato del colegio Sant Estanislau de Kostka-SEK, uno de los centros de la Fundació Jesuïtes Educació.

David de Prado, director del Instituto Avanzado de Creatividad Aplicada Total y del máster en Creatividad de la Universidad Fernando Pessoa, cree que la clave es "olvidarse de materias y asignaturas y centrarse en los procesos; en lugar de dedicarse a dar respuestas, hay que enseñar a hacer preguntas, despertar la curiosidad, fomentar el pensamiento libre, automático e inconsciente para formar mentes pensantes y desarrollar personas creativas, investigadoras y emprendedoras".

Como él, Rafael Feito, profesor de Sociología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, opina que hay que romper con la enseñanza por asignaturas y ofrecer a los alumnos una formación más interdisciplinar donde el objetivo no sea que aprendan matemáticas, historia o geografía, sino que tengan inquietudes, que sepan expresarse, trabajar en equipo, hablar otros idiomas, leer periódicos... Monereo y Pozo son partidarios de "podar" el actual temario escolar para poder introducir otros contenidos de mayor utilidad y vinculados a los problemas reales que tendrán que resolver los niños en el futuro, en su vida adulta, desde entender las facturas o los prospectos de los medicamentos, hasta saber comunicarse a través de redes digitales o comprender un telediario.

Por ello, su propuesta es introducir en la programación escolar módulos o asignaturas como salud o cuidado del cuerpo, medio ambiente o cuidado del entorno, cómo informarte o cómo cuidar el país, que permiten vincular diferentes disciplinas. Este es el modelo que desde hace tiempo utilizan en Finlandia, el país que obtiene mejores resultados educativos según el controvertido informe PISA. "Si los alumnos estudian como materia el cambio climático, para responder a ese problema necesitarán conocimientos de física, ciencias, matemáticas, historia...; y deberán buscar información, comprenderla, reelaborarla en gráficas, comunicarla... y para ello utilizarán herramientas digitales, trabajarán en grupo, defenderán sus puntos de vista...", ejemplifican Pozo y Monereo.

Porque, según los expertos consultados, para desempeñarse adecuadamente en las primeras décadas de este milenio serán más necesarias determinadas habilidades que los conocimientos teóricos adquiridos. "Antes se pensaba que lo que aprendías en la escuela te servía para toda la vida, pero ahora todo cambia a mucha más velocidad, y si hoy pensamos que es indispensable saber inglés, quizá dentro de unas décadas lo básico sea conocer el chino; por ello, más que acumular información, lo que importa es aprender a aprender", explica el sociólogo Rafael Feito.

Albert Sáenz apunta que esta competencia se alcanza cuando el alumno es capaz de crear conocimiento, de autorregular su proceso de aprendizaje y de autoevaluarse. Y ambos enfatizan la importancia de que la enseñanza vaya destinada a capacitar a los jóvenes para resolver problemas, de forma que, ante cualquier situación, conozcan varias estrategias y sepan cuál es la que han de aplicar en ese momento. "Las empresas contratarán a un filósofo como gestor si sabe crear equipo y romper tensiones", resume Feito, convencido de la trascendencia de desarrollar habilidades personales y sociales.

Y sus planteamientos encajan bastante con el modelo de aprendizaje propuesto por el Consorcio de habilidades indispensables para el siglo XXI de Estados Unidos, una institución creada en el 2002 por entidades públicas y privadas con el objetivo de integrar las demandas académicas, cívicas y económicas en la enseñanza de aquel país. Los estadounidenses han establecido como indispensables unas materias básicas, en las que se combinan asignaturas curriculares (lenguaje y comunicación, lenguas extranjeras, matemáticas, historia, arte, economía, gobierno, ciencias y geografía) con temas interdisciplinarios del siglo XXI (conciencia global, alfabetización económica y financiera, alfabetización cívica y conocimientos básicos de salud), y una serie de habilidades para la vida personal y profesional (flexibilidad, iniciativa, liderazgo, responsabilidad...) y de manejo de información y de tecnologías digitales.

De las propuestas y reflexiones planteadas por todos estos interlocutores cabría concluir que la formación de los escolares del siglo XXI implica su alfabetización lingüística, digital, emprendedora, ciudadana, sociolaboral y emocional, de manera que al acabar la enseñanza obligatoria los jóvenes sepan comunicarse bien, dominen las nuevas tecnologías, sean creativos e innovadores, multiculturales, conozcan cómo funcionan los negocios y sepan identificar y autorregular sus emociones.

Alfabetización lingüística
El área de comunicación y lenguaje resulta fundamental en la sociedad de la información. Es imprescindible que los alumnos aprendan a leer, a entender e interpretar los periódicos, los telediarios, los libros y webs de ciencia, las facturas y contratos... Que entiendan cómo se construyen los mensajes mediáticos, para qué propósitos y con qué herramientas, características, convenciones... Han de salir de la escuela con un alto nivel de lectura crítica y reflexiva y el entrenamiento suficiente para poder identificar las fuentes e intereses que hay detrás de cada escrito y discernir entre el alud de información y publicidad al que se enfrentan cada día. También han de ser capaces de expresarse de manera argumentada y razonada de forma oral y por escrito, y saber defender sus puntos de vista. Y para ello han de poder utilizar diferentes códigos y pasar de uno a otro: convertir gráficas o imágenes en textos, trasladar un texto a una gráfica... Además habrán de estudiar idiomas (como mínimo inglés) para poder comunicarse, entenderse y trabajar con personas de cualquier otro lugar del mundo.

Alfabetización digital
Los escolares han de aprender a buscar información por internet de forma eficiente, contrastada y más allá de Google. Es decir, tienen que saber cuándo y dónde buscar información, ser capaces de seleccionarla según unos objetivos y elaborarla adecuadamente para después exponerla, escribirla o aplicarla. Esta formación les abre las puertas a nuevos e inagotables conocimientos y les convierte en aprendices permanentes.

Pero la formación de ciudadanos digitales exige ir más allá. Hay que enseñarles a comprender y producir documentos digitales; a saber cuándo, cómo y por qué utilizar las redes sociales para comunicarse; a trabajar en red con personas de otros lugares, y a participar en la vida pública y política a través de internet.

Y para desarrollar estas habilidades digitales no se trata de implantar una asignatura de informática, sino de integrar el uso de las herramientas digitales en cualquier aprendizaje, sea de historia, de lengua o de matemáticas, y de utilizar internet como algo más que un mero buscador o escenario de juegos.

Alfabetización emprendedora
Los escolares del siglo XXI han de salir de la escuela habiendo aprendido a aprender y sabiendo pensar. Puede parecer una perogrullada pero los especialistas en enseñanza aseguran que no lo es. Si la sociedad actual exige aprendices permanentes, las personas habrán de ser capaces de regular el propio proceso de aprendizaje y de autoevaluarse.

Y para disponer de mentes multicreativas y capaces de adaptarse a los cambios profesionales y laborales, habrán de saber utilizar la imaginación y la fantasía, mantener despierto el interés y la curiosidad. Por ello la escuela debe enseñar a hacer preguntas e hipótesis, a pensar de forma innovadora, a descubrir múltiples aficiones, a crear conocimiento en lugar de repetir o imitar, a ser artísticos en lugar de teorizar sobre el arte. Para conseguir emprendedores hay que formar jóvenes abiertos a perspectivas nuevas y capaces de demostrar originalidad e inventiva.

Alfabetización sociolaboral
Muchas de las necesidades laborales de los escolares son impredecibles ahora. Pero parece claro que, sean cuales sean las profesiones más demandadas o los títulos exigidos dentro de una o dos décadas, tendrán que negociar, trabajar en equipo, demostrar flexibilidad para llegar a acuerdos, saber resolver conflictos, apoyarse en otros y apoyarlos, ser socialmente responsables y sensibles al contexto social, comunicarse bien de forma directa y a distancia. Así que todas estas materias o capacidades deberían trabajarse en la escuela. Y los alumnos deberían salir de ella conociendo cómo funcionan los negocios.

Alfabetización ciudadana
Si algo han de ser los escolares de esta primera parte del milenio es multiculturales. Su formación ha de acercarles a otras culturas y permitirles conocer otros valores para saber entender los problemas actuales y trabajar con personas de otras procedencias. También ha de enseñarles a participar en la vida civil, a implicarse en la comunidad, a mantenerse informado y a entender los procesos políticos y administrativos, y a ejercer sus derechos y obligaciones como ciudadanos. Para todo ello es importante formarles en valores, en el diálogo y la negociación, enseñarles a entender las implicaciones locales y globales de las decisiones cívicas.

Alfabetización emocional
El reto es formar personas que sepan expresar sus propias emociones, que se conozcan y tengan capacidad de autocontrol y de autorregular sus comportamientos. Otras cuestiones básicas que hay que desarrollar para capacitar a los alumnos para su vida personal son la responsabilidad y la confianza, así como la empatía para poder entender a los demás, cualidades imprescindibles si han de trabajar en equipo y de forma colaborativa.

jueves, 26 de noviembre de 2009

MÁS BESOS SINCEROS... Y MENOS LETRAS!



Estaremos de acuerdo que la conciliación de la vida familiar y la profesional es una falacia más de nuestra sociedad. Si eres madre y trabajadora sabrás de qué hablo! Y es difícil cambiar esto, a pesar de que los políticos afirmen empeñarse en ello. Pero no lo es reconocer que esa falta de conciliación provoca consecuencias en el niño, secuelas que arrastrará muchos años en su vida de adulto. La carencia afectiva, la falta de autoestima y, como consecuencia, el estrés son tres de los males humanos más acuciantes de la sociedad actual... y, lo que es peor, ahora también de los futuros ciudadanos y protagonistas del mundo, nuestros hijos.

Seguramente mucho debería cambiar la sociedad para solucionar esto. La sociedad actual aún hace poco por humanizarse! Pero sí podríamos -a pesar de la dificultad real y práctica- aceptar las consecuencias inmediatas en nuestros hijos e intentar paliarlas nosotros, sus padres. Así lograríamos evitar otros efectos colaterales, como el exceso de competitividad, las depresiones en menores o la violencia de los hijos contra los padres! Los niños no necesitan hiperactividad, sobrestimulación, ni ser los mejores en todo... necesitan, ante todo, afecto, para poder darlo y recibirlo después, evitándose así que, de adultos, se entreguen grauitamente a toda aparente seguridad y afectividad... y normalmente falsa. Porque, sin duda, esta búqueda posterior y urgente de lo que les falta les llevará a malas experiencias sentimentales, familiares y sociales.

En mi trabajo como coacher me encuentro -lamentablemente- cada día más con personas que han sido víctimas de situaciones anómalas, tóxicas y, en algunos casos, incluso inhumanas que lastran el equilibrio emocional e impiden el correcto desarrollo emocional y, por tanto, el crecimiento personal. La gran mayoría de nuestros problemas y conflictos nacen de esa carencia y mal desarrollo afectivo, nacido en la infancia! Ya en la madurez, primero hay que vaciar, para luego poder llenar, o lo que es lo mismo, estar dispuestos a abrirse a la vida, llegando a ser uno mismo. Pero estos lastres, sutilmente inculcados por los propios padres, maestros y la sociedad en general, condicionan nuestros recuerdos, vivencias y modos de pensar... y, al fin, la manera de encarar la vida que todos merecemos. Para cambiar esto, cada uno deberá darse cuenta de sus carencias, no intentar argumentarlas como un fenómeno adaptativo más (aunque al ego le basta eso) y, sin resignarse, tener el valor de querer cambiar ciertas cosas fundamentales para alcanzar la vida deseada. Claro que tenemos toda la vida para lograrlo, aunque cuanto antes se logre ese indudable avance -o mejor, este desbloqueo- más tiempo se podrá disfrutar de una vida plena y propia... y ya no prestada y plagada de errores propios, ajenos, persistentes y tóxicos.

Reconocer los errores y lastres propios y ajenos no es solo aceptarlos, aprendiendo a convivir con ellos! "Es lo que hay", esa ya popular expresión, indudable muestra de resignación y resistencia al cambio! Ni tan siquiera podemos pretender cambiar nuestra vida errónea de un día para otro. Crecer significa, simplemente, tener la voluntad firme para hacerlo, en la medida de nuestras posibilidades, día a día y en cada pequeña decisión que tomemos. En la vida saber ver, querer firmemente mejorar e intentarlo perseverando en ello es, muchas veces, lo único necesario para que cambien las cosas. Y nunca es fruto de la obstinación, ni de planes mentales estratégicos ni de intentar aislarse del mundo real o, en el peor de los casos, negarse a uno mismo ese derecho a tener la vida soñada. El crecimiento personal debe ser -necesariamente- una tarea personal (aunque puede ser compartida, siempre con amor del bueno, claro), continuada y con el único objetivo de llegar a ser uno mismo! Claro que no es fácil, sobre todo en este mundo imperfecto, aplastante e inhumano, con un entorno agresivo que nos rodea y con todas esas trabas que la vida -dicen- parece ponernos continuamente para no crecer y conformanrnos con lo que parecemos... y padecemos.

Girar la cabeza, negar algo esencial o buscar la permanente huída hacia adelante es almacenar agravios y errores propios y ajenos, deseos insatisfechos y tratar de huir de las carencias que, más tarde o más temprano, vuelven a aflorar a la superficie de nuestra vida cotidiana, trastocándola y haciéndonos tomar decisiones erróneas y, muchas veces, peligrosas para nosotros mismos y para los demás, incluso para los que afirmamos querer al lado nuestro. Los problemas y fantasmas personales hay que mirarlos de cara para que se disuelvan con el uso, aunque para esto se requiera del valor de hacerlo! ¿Cómo hacerlo? Cuestionándonos nuestra propia, anterior y actual vida, eligiendo siempre lo mejor y desechando lo peor para nosotros, para luego conformar nuestra mejor vida, esa que todos deseamos y merecemos, pero que pocos tenemos la firmeza de perseguir!

Lamentablemene muchos, teniendo oportunidades de ver la luz y ser conscientes de esa necesidad de rebelarse, empiezan a hacerlo, pero no perseveran en el cambio ante la menor dificultad que aparece! Ese crecimiento paulatino no garantiza el que no cometamos de nuevo algunos errores puntuales (siempre se aprende de ellos), pero sin duda nos enseña a saber lo que no queremos para nuestra vida y enmendar el fallo, pudiendo siempre retomar nuestro camino más firmes y dispuestos hacia nosotros mismos y nuestra siempre posible felicidad! Nunca es tarde cuando la dicha es buena! Y, como dice un refrán chino "solo encuentra el verdadero camino quien antes se ha perdido diez mil veces".

Te copio una interesante entrevista de La Contra de La Vanguardia, sobre la educación infantil. Extrae tus propias conclusiones...


Eulàlia Torras de Beà, psicoanalista y psiquiatra infantilLa guardería no puede criar saludablemente a un bebé". La Contra de La Vanguardia. VÍCTOR-M. AMELA - 23/11/2009

¿Qué tiene de malo una guardería?

Es algo que necesitan los padres..., pero no es lo que necesita un bebé

. ¿Y qué necesita un bebé?

La cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres.

Pero si los padres no pueden...

Dejan a sus bebés cada vez más tempranamente en guarderías, sin calibrar las consecuencias...

¿A qué edad entran los bebés en guarderías?

¡Con cuatro meses! Algo impensable hace 40 años...

¿Y qué consecuencias tiene esto?

Mala crianza. Asumimos como normal que nuestros bebés enfermen, ¡y no lo es!

¿Enferman por culpa de la guardería?

Multiplica las posibilidades de enfermar: el bebé está más expuesto a gérmenes... y, sobre todo, más propenso a toda afección.

¿La guardería acentúa la propensión a enfermar del bebé?

Sí. El propio hogar, los brazos de mamá y papá, un círculo reducido de personas... ¡eso es lo que fortalece emocional, cognitiva y físicamente al bebé! La guardería, en cambio, puede comprometer su desarrollo.

¿Tanto como eso?

El ingreso en la guardería lo hace retroceder temporalmente en competencias que está adquiriendo, como hablar, caminar...

¿Por qué?

Un entorno estable proporciona seguridad al bebé, seguridad que lo anima a explorar: así madura bien. Alterar su entorno le resta seguridad, lo que frena su desarrollo.

¿No está dramatizando, doctora?

Lo confirman los últimos hallazgos en neurociencias y psicología evolutiva.

¿Me los resume?

De los cero a los dos años, cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores...

¿Y besos?

Y besos. Todo eso sofistica y enriquece su sistema neural y nervioso, el sistema desde el que establece su relación emocional y cognitiva con el mundo y consigo mismo.

¿La guardería no da esos estímulos?

Imposible en grado óptimo, improbable en el necesario, difícilmente con la intensidad y calidad de unos papás atentos y amorosos.

Ya no existen a tiempo completo.

Y quizá por eso llegan cada día a las consultas más psicopatologías en niños cada vez menores... ¡España es ahora el tercer país que más psicofármacos receta a menores! Cortamos síntomas sin analizar causas.

También padecemos en España un elevado fracaso escolar.

Tampoco analizamos causas, preferimos castigar o etiquetar: "trastorno por déficit de atención e hiperactividad", y medicar.

Ir pronto a la guardería ¿no garantiza una mejor escolaridad ulterior?

No. Hay que escolarizar al niño justo cuando empieza a quedársele pequeño su hogar.

¿Y a qué edad sucede eso?

No antes de los tres años.

¿Tan tarde?

En Finlandia los padres no están obligados a escolarizar a sus hijos ¡hasta los siete años! Y Finlandia es el país con menos fracaso escolar de Europa, vea el informe PISA.

Seguro que concurren otros factores...

El principal es que el Estado sufraga durante el primer año a los padres. Y luego permite horarios laborales intensivos o reducidos. Así, ¡los padres pueden criar a sus hijos! Y un niño bien criado en casa llegará a la escuela muy estimulado, con ganas de descubrir. Y aprenderá más y mejor.

O sea, que deberíamos mimar al bebé.

Atender sus necesidades de hambre, sueño y - sobre todo-cariño. No es sobreprotegerlo, ¡es protegerlo de lo que vendrá! Porque el niño así criado gozará de estabilidad emocional, autoestima y coherencia: estará bien preparado para los reveses que vendrán.

¿Y no será así si se ha criado con mucha guardería o en un orfanato?

La pobreza de estímulos empobrece su desarrollo: serán niños poco orientados, intemperantes y más agresivos, más vulnerables a la frustración, más depresivos...

Diga algo bueno de las guarderías.

Muchas tienen excelentes cuidadoras, pero repartirse entre tantos niños imposibilita la calidad de la atención personalizada.

Mejor una guardería que algún hogar.

Ante un hogar con abandono, conflicto permanente y agresividad crónica, ¡mejor una guardería, sí! La guardería es útil en ciertos casos y momentos, pero no es la opción principal para criar saludablemente a un bebé.

Envíe un mensaje a los padres.

Uno de la doctora Julia Corominas: "Dedicar tiempo a los hijos de pequeños os ahorrará mucho tiempo cuando sean mayores". Ahorro en salud física, mental y emocional.

¿Qué haría si mandase en España?

En vez del populismo político de inaugurar guarderías, subvencionaría a los padres para que dedicasen tiempo a criar a sus hijos hasta los tres años: ¡eso sí sería progresista!

En algo sí habremos progresado en los últimos 40 años..

Sí: en conocimiento. Sabemos cómo optimizar el desarrollo de los niños. ¿Por qué no lo aplicamos? ¿Queremos su felicidad futura?



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lunes, 2 de noviembre de 2009

¿CONFIAR NO ES UNA FORMA DE AMAR?



Habitualmente nos llenamos la boca con la palabra amor, aunque demasiadas veces es para citar nuestro crónico deseo por el amor romántico, de pareja. Pero el amor es mucho más que eso: es amarse a uno mismo, al prójimo y a todo lo que nos rodea, es decir a la vida. Y amar todo eso significa confiar, apreciar, valorar...

Así como alguien no puede amar a los demás sin amarse primero a uno mismo, uno no puede amar a alguien, sin tener confianza en ella como persona y en su capacidad de ser y de mejorar. Muchas veces obviamos la confianza en el amor... y solo nos acordamos de ella precisamente cuando se viene abajo la confianza en el ser amado, lo que irremediablemente provoca el desamor. No se puede amar realmente a alguien sin confiar primero en uno mismo y luego en ese otro alguien y en la vida misma! Confiar significa creer en la persona singular, creer en su propia capacidad, tener esperanza de que será capaz de amarse suficiente a ella misma para ser capaz de amarnos a nosotros. Claro que será la vida la que dirá el cómo y el cuándo, como siempre hace... solo hay que confiar en ella!

Hasta hace no muchos años, yo era capaz de "amar románticamente" a cualquiera que insistiera en mí y me gustara. Bastaba el momento adecuado, una cierta predisposición de ambos, la lógica atracción mútua y un cierto empeño para seguir adelante. Ese amor era algo fruto de la química, la sensatez y el trabajo mutuo, durara lo que durara. Seguramente había poco amor verdadero en todo ello: había solo deseo, necesidad de compañía, cierta curiosidad por desentrañar al otro o simplemente el reto personal de ambos por conquistarnos y salir victorioso. Es decir, mucho Ego y muy poco amor real por compartir! Era, por decirlo de alguna manera, un combate fraticida entre el ego de la otra persona y el mío propio, en el que había siempre un conquistador y un conquistado, un maestro y un alumno, un dominante y un sumiso! Y es que el Ego no sabe gestionar otra cosa que razones y establece comparaciones entre nosotros y los demás, entre el "yo" y "el otro", en otras palabras, realmente nos separa y no nos une realmente, pues el ego nace de la mente dual y restrictiva. Para él, todo es mejor o peor, bueno o malo, conveniente o inconveniente, positivo o negativo!

Pero llegó un día, no hace mucho tiempo en mi vida, en que apareció el amor verdadero, ese que no entiende de necesaria reciprocidad, ni de comparaciones ni de medidas ni de momentos... ni de egos enfrentados y compitiendo! Es ese amor que no distingue entre quererme a mí mismo, querer al otro, querer a los demás y querer a todo lo que me rodea. Segura y circunstancialmente se personificó en un ser amado especial (aunque nadie es tan "especial" como cree ser, todos somos capaces de amar y de ser amados, tenemos nuestras fortalezas y debilidades por igual), pero que, en el momento preciso abrió irremediablemente las compuertas de un amor verdadero que surgía del alma, que hasta entonces estuvo históricamente cerrado y resguardado ante la vida confusa. Este incipiente amor -quizás el primero real de mi ya larga vida- produjo un amor por igual hacia mí, hacia ella... hacia todos y hacia todo lo que me rodeaba. Y ese amor fue mútuo y mágico... como el que siempre y todos soñamos vivir algún día en nuestra vida. Lo de menos fue su consolidación, su tangibilidad o su fruto... pero un síntoma relevante fue que esa persona amada se convirtió en el espejo en el que mirarme, en el que mirarse ella misma y en el que ambos vimos nuestra nueva vida verdadera, hasta entonces oculta por nuestros miedos y experiencias pasadas. Sin duda es un amor rompedor, único, singular y verdadero, pues nos brindó la oportunidad de abrir nuestro corazón a la verdadera existencia!

Luego, como suele pasar, cada uno fue libre de aceptarlo o de rechazarlo, pero lo que sí es cierto es que fue un salto cualitativo en nuestra vida, común y compartido por ambos en el mismo mágico instante, cuando estábamos realmente preparados, lo aceptáramos como tal o intentáramos esquivarlo por causa del miedo, ese miedo histórico y aprendido que nos empuja inconscientemente a dejarlo escapar por no resultar heridos y por sentirnos demasiado vulnerables nosotros mismos, ante el de enfrente y/o ante nuestra propia vida! Atrás quedaron ya recuerdos de otros amores consensuados, convenientes y con fecha de caducidad! Con ese nuevo amor ambos nos sentimos bien presentes en la vida nuestra y en la del ser amado, para siempre y dependía poco de los hechos externos que sucedieran. Es como una luz que ilumina toda nuestra existencia a partir de ese momento y para toda nuestra vida!

Porque el amor verdadero trae consigo confianza, incondicionalidad, atemporalidad y quizás, por primera vez, serenidad y paz interior ante todo lo que éste provoca y ante nuestra vida! Existe igualmente la química, el deseo, la atracción, la curiosidad mutua por saber cómo es el otro,las ganas de compartir momentos y lugares singulares... pero, ante todo, es un amor nuevo que nos hace crecer a ambos, que estimula nuestra vida por entero y que nos regala un sentimiento puro e intenso que es imposible de evitar y que durará para siempre! ¿No es eso el amor verdadero que todos soñamos... aunque que pocos tenemos el valor de vivir?

Te traigo una entrevista en que álguien habla del amor verdadero y la confianza necesaria, en este caso concreto, ante nuestros hijos. Extrae tus propias conclusiones...


Lenore Skenazy,49 años,´la peor madre de América´."Deja a tu hijo moverse solo, no lo secuestres..., ¡confía!". La Contra de La Vanguardia. VÍCTOR-M. AMELA - 30/10/2009

Dejé a Izzy ir solo al colegio... ¡y vaya escándalo!

¿Estoy ante la peor madre de América?

Ese título me han colgado.

¡Algo habrá hecho para merecerlo...!

Sí: confiar en la vida, en el mundo, en la gente y en mi hijo.

¿Confiar?

Confiar en que mi hijo Izzy, a los 9 años, podía ir y volver él solito de casa al colegio.

¿Y podía?

Claro: desde pequeño ha viajado en metro conmigo y su padre, y días antes de dejarle ir solo, repasamos el trayecto con él.

¿Y qué decía Izzy al respecto?

Como la mayoría de chavales, él anhela sentirse independiente, autónomo, sentirse mayor: le ilusionaba moverse solo por Nueva York, y sabíamos que tenía plena capacidad para hacerlo. Y le dejamos hacerlo.

¿Y dónde estuvo el problema, pues?

En que un policía, al verle solo en el metro, le detuvo: "¿Dónde vas solo, tan pequeño? ¿Lo saben tus padres?", le preguntó. No se creyó que le hubiésemos dejado moverse solo por el metro de Nueva York...

¿Y qué pasó?

Se lo llevó a comisaría y me llamaron a casa.

Vaya susto, ¿no?

Me sobresalté. Por teléfono le confirmé al agente que yo había permitido a mi hijo salir solo. El policía no daba crédito: "¿Y no le preocupa lo que pueda pasarle a su hijo?", inquiría, atónito. ¡Temí ser arrestada!

¿Y no le inquietaba que fuera solo?

¿Qué podía pasarle? ¿Ser robado? ¿Agredido? ¿Secuestrado? ¿Violado? ¿Asesinado? ¿Descuartizado? ¡Por favor! Ese modo de pensar tóxico es mayoritario hoy en mi país, con unas consecuencias espantosas...

¿Qué consecuencias?

Tener tanto miedo a monstruos que atacarán a nuestros hijos ¡convierte a los padres en verdaderos monstruos para sus hijos!

Tanto como eso...

¡Los padres roban a sus hijos la infancia y el gusto por la vida, inoculándoles recelo y miedo! Están encapsulándolos, incapacitándolos para vivir en sociedad. Mire, yo relaté lo sucedido con mi hijo Izzy en mi columna periodística, y asistí a dos reacciones...

A ver: una...

Se me acusó de desocuparme de mi hijo, de ser mala madre, negligente, perezosa, pasota, culpable de lo que le pasara a mi hijo...

La peor madre de América, vamos.

Pero la otra cosa que pasó es que recibí cartas de chavales. Le leo una: "Tengo 15 años. Me llevan en coche de casa al colegio, mi vida es ver la tele, videojuegos... Es divertido un rato..., ¡pero no tengo libertad!: no puedo jugar en el jardín porque mis padres tienen miedo a que me secuestren o me maten. ¡No quiero que mis hijos, si un día los tengo, vivan como yo!".

Se trata de un caso extremo...

No, es común. Cuando yo era niña, correteábamos por la calle, los niños repartían diarios, las niñas de 12 años hacíamos de canguro a niños pequeños, o cantábamos por las casas pidiendo aguinaldos... ¡Nada de eso se permite hoy! Sólo un 10% de los niños de mi país van solos al cole.

Habrá aumentado la inseguridad...

¡Mentira! El índice de seguridad vuelve hoy a ser el mismo que el de 1963, y Nueva York es de las ciudades más seguras del país.

Entonces, ¿a qué responde tanta sobreprotección?

La televisión sabe que repetir sucesos luctuosos, crímenes, tragedias, niños secuestrados, una niña asesinada... nos estremece, atrae, magnetiza y vende. Y lo hacen: ¡los repiten sin descanso! ¿Pasa esto en España?

Estamos en ello.

El efecto de esto es que la gente se queda con un mensaje: "La calle es peligrosa, ¡mi hijo está en peligro!". E incluso algo peor...

¿Qué?

¡Acabas viéndote a ti mismo como criminal! "Si un vecino me deja a su hijito, ¡qué irresponsable es!, porque yo podría...".

¿Qué medidas tomaría usted si mandase en Estados Unidos?

Que no se arreste y enjuicie - como ahora-a padres que dejan un rato a sus niños solos en casa o les permiten salir solos a la calle.

Pobres padres...

Y pobres hijos: cosificados, convertidos en inútiles, no sabrán desenvolverse mañana. ¡Démosles la oportunidad de espabilarse!

¿Cómo?

Déjale que vaya a comprar el pan o el periódico, déjale que complete una vuelta a la manzana en bici él solo, déjale que vaya a comprarse un helado... Enséñale, ¡y suéltale! Ser buenos padres consiste en eso.

¿Qué otro consejo daría?

Me escribió el otro día un señor de 90 años: "Recuerdo el día en que, con 10 años, me dejaron subir solo al tren...". Tras casi un siglo de intensa existencia, ¡Segunda Guerra Mundial incluida!, al final de su vida, ¿quién era ese hombre, quién había sido siempre? ¡El niño valiente que subió solo al tren...!

Confianza es el mensaje, ¿verdad?

Confía más en lo que ves que en la tele: ¿secuestran cada día a un niño en tu ciudad?

¡No!

Pues no lo secuestres tú: ¡tenemos secuestrados a nuestros hijos! Alguien me soltó: "Esta madre prefiere darle a su hijo un día de diversión a una larga vida", ¡dando por hecho que alguien matará a mi hijo!: así de aberrante es la mentalidad estadounidense.

¿Qué es lo peor que le han dicho?

"¡Ojalá algo horrible le pase a tu hijo, para que aprendas!".


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jueves, 25 de junio de 2009

LOS HIJOS, A NUESTRA IMAGEN Y SEMEJANZA



Esta vez, Carolina, mi buena amiga de Chile, nos brinda un fantástico texto sobre los padres y la educación de los hijos. Escueto, directo como pocos. Creo que, en un momento de incertidumbre como el actual, mantenerse firmes y coherentes como personas nos ayuda a crecer... y a enseñar a crecer a nuestros hijos. Pero, si es verdad lo anterior, lo es mucho más si consideramos que nuestra firmeza y valores serán vistos y seguidos por nuestros hijos. Así, cualquier avance y crecimiento nuestro -fruto del protagonismo responsable de nuestra vida- incidirá decisivamente en los que nos rodean y muy especialmente en nuestros fans predilectos, nuestros hijos. Demasiadas veces afirmamos quererlos... y no hacemos más que dejarles una triste herencia de carencias, de frustraciones y de condicionantes, que ellos adquieren como propios... hasta que muchos años después -no sin dolor y miedo, como nosotros- tengan el valor de deshacerse de lo que les impide ser como son. Esa es la gran escuela de la vida, en la que cada uno recibe un patrimonio -talentos, virtudes y defectos, herencias de nuestros mayores- que debemos aprender a gestionar bien y aumentar la rentabilidad de lo recibido. De todo lo heredado, habrá que seleccionar lo que nos ayuda o lo que no y, con lo elejido, crecer personalmente y mejorando lo que nos rodea, ya sean nuestros seres queridos o el propio planeta. ¿A alguien le queda duda de para qué ha venido a esta vida? Esa es nuestra Misión en esta -larga o corta- vida, cada cual la suya propia. Y es este testamento eterno lo que deberemos transmitir a nuestros seres más queridos, especialmente nuestros hijos que -pobres niños- esperan de nosotros firmeza, seguridad y sabiduría, cuando la mayoría de las veces les damos simplemente preocupaciones, fragilidad y sinsabores... aunque sea envueltos como regalos

Los buenos padres no le dan a su hijo todo lo que necesita,
Le enseñan que él es capaz de conseguir lo que quiere.

Los buenos padres no buscan hacer feliz a su hijo,
Le enseñan que la felicidad depende de cada uno.

Los buenos padres no le dan oportunidades a su hijo,
Le enseñan a buscarlas, a crearlas y a aprovecharlas.

Los buenos padres no le dan a su hijo lo mejor para que sea feliz,
Le enseñan a disfrutar y a encontrar lo mejor, aún en lo más sencillo.

Los buenos padres no le enseñan a su hijo a superar siempre a los demás,
Le enseñan a superarse a sí mismo.

Los buenos padres no le enseñan a su hijo a decir todo lo que piensa,
Le enseñan que lo que pensamos no es la verdad absoluta y que debemos
ser cautelosos al expresar nuestras opiniones, teniendo en cuenta los
sentimientos de los demás.

Los buenos padres no le resuelven los problemas a su hijo,
Le enseñan a asumir responsabilidad y a aprender de sus errores.

Los buenos padres no le enseñan a sus hijos a evitar los fracasos,
Le muestran que el fracaso es parte del camino hacia el éxito.

Los buenos padres no convencen a su hijo de su importancia en la sociedad,
Le enseñan que sirviendo se volverá importante para ella.

Los buenos padres no le enseñan a su hijo a ser crítico y resentido ante las injusticias,
Le enseñan a contribuir en paz y a construir la justicia.


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