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miércoles, 21 de abril de 2010

EL MUNDO QUE DEJAMOS TRAS NUESTRO PASO...



Huelgan comentarios. Aquí te traigo un interesante texto escrito por Leopoldo Abadía, un personaje de avanzada edad que dice las cosas por su nombre con la perspectiva que da el paso del tiempo... aunque no comparta todos sus principios e ideas!

Como ves, suele preocuparme bastante la educación de los niños, los futuros ciudadanos del mundo, de pleno derecho! Pero la educación de estos hijos nuestros depende de lo que ellos vean que hacemos en nuestra vida, más que por lo que nos oigan a nosotros! Si nos ven coherentes, luchadores por nuestra felicidad, capaces de aprender errando, sabiendo gestionar el fracaso y, sobre todo, dispuestos a vivir una mejor vida, ellos harán lo propio con sus vidas! Ese es el mejor patrimonio que podemos dejar a nuestros hijos!

Aquí tienes el acertado texto de Leopoldo Abadía, disfrútalo y extrae tus propias conclusiones...

¿Qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos?

Me importa muy poco
Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados".

Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.
En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?" Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya está crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"

Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: "¡y a mí, ¿qué me importa?!" Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.

Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.

Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu ciudad, tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz.y me exigieron mucho.

Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

1.La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización .........

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!

Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.

Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.

A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales,.Lo que por ahí se llama "buena gente".

Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano. (Si son mala gente, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)

Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos.En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.

Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo.

A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.

Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.

Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

P.S.
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.

Leopoldo Abadía

jueves, 18 de marzo de 2010

FELIZ DÍA DEL PADRE, HIJA MÍA!



En España hoy día 19 de marzo festividad de San José, se celebra el día del Padre. No voy a insistir en esa manía comercial y/o universal de celebrar, precisamente, lo que no se valora, lo que se ignora en la sociedad, como a la Mujer, el Sida, al Tercer Mundo o al Orgullo Gay, entre otros días commemorativos! Tampoco voy aquí a defender el rol del padre, su realidad o su ficción, aunque esta última es la más frecuente en esta sociedad nuestra! De hecho, si de algo estoy orgulloso en esta vida, es de ser un digno padre de una digna y preciosa hija que acaba de cumplir 10 años, pronto toda una señorita! Reconozco que siempre he sido muy "criaturero"... lo que -aviso para navegantas femeninas- es el colofón del hombre perfecto... buen marido, padre, amante, compañero y amigo que soy... ya solo me falta tener dinero... que, aunque algunas mujeres dicen menospreciar como cualidad masculina ante la felicidad, la realidad es otra muy distinta! Pero todo llegará, paciencia... aunque quizás sea en forma de felicidad, que no es poco ;-)

Hoy como ves, este texto pretende ser directo y espontáneo... o sea, tal como lo haría mi propia hija! Creo que hoy, en vez de ser el Día del Padre, se debería celebrar el Día del Hijo que Aguanta a un Aprendiz de Padre como Yo! Me separé de la madre de mi hija cuando ella tenía 1 añito escaso, fue muy duro para mí porque ella se dormía siempre cogiéndome un dedo para relajarse... y lo es para ella, sin duda! Ni que decir tiene que mi hija me adora, como todas las hijas a su papá (no tiene mérito alguno)... de lo cual nace ese error tan común en muchas mujeres de buscar un presunto marido que se parezca lo más posible a su propio padre! Pero, así como para mi hija no es fácil vivir la vida de sus padres separados, tampoco lo es aguantar a un padre como yo, intentando continuamente hablarle de los porqués de la vida, de la magia y de las cosas que le pasan en ella. Así como es imposible que alguien pudiera sobrevivir a más de una madre, a mi hijita quizás le resultaría extremadamente complicado tener más de un padre como yo que, continuamente, razona sus decisiones y le hace tomar responsabilidades ante su propia vida para ser feliz. ¿No es eso la Felicidad, acaso? Suerte que, día a día, me voy dando cuenta del gran error mío y voy cambiando ese mal hábito! Cada día intento hablarle menos y actuar más... pues no hay que olvidar que los niños aprenden mucho más de nuestros gestos y de la manera en que vivimos, que de nuestras lecciones verbales o escritas!

Y mediante ejemplos que ella ve y vive en mi vida, mi hija aprende a ser como es y a crecer cada día, haciéndose más independiente de su entono cambiante; a ser más justa con ella misma y con los demás; a dar la dosis equilibrada de corazón y de razón a cualquier decisión que tome, a ser buena gente y a no dejarse amilanar por persona alguna que no le respete tal como piensa, siente y vive, ni tan siquiera su padre. Aunque tal vez sea una ironía de mal gusto y algo macabra, suelo afirmar que mi hija será la primera mujer del mundo con autoestima... o al menos eso deseo como padre, aunque a vida dirá qué tiene previsto para ella! Mi hijita sabe que ambos intentamos llevar un entente cordiale en nuestra siempre demasiado breve vida en común, donde todo se habla (aunque ahora está ya aprendiendo a reservarse algunas cosas para ella), todo se vive tal como llega y sin demasiada programación previa... y una disciplina paterna basada en la autoridad negociada, pero siempre amorosa, firme y sensata. Esa manera de actuar como padre con ella ha propiciado nuestra, cada día mayor, complicidad y entendimiento mutuo, además del consabido amor... aunque ahora -a veces- debo reclamar mi dosis de besos y mimos, que hoy ya empieza a escatimar, lamentablemente para ambos!

Nadie nace buen padre, ni siquiera nos educan para ello! Como todo en nuestra vida, podemos hacerlo con amor o con miedo, nosotros elejimos! Sin duda pienso y siento que lo más importante que he hecho en mi vida ha sido tener a mi hija... con permiso de su madre, claro! Como me dijo una persona sensible y visionaria hace ya tiempo, "tu hija para ti es mucho más que una hija"! Y eso resonó -inconscientemente- en mi interior, aunque no podía imaginarme hasta qué punto lo lograría mi hija! Con ella aprendo día a día a ser más feliz, viviendo el hoy y viendo la botella de la vida sempre medio llena, pase lo que pase en ella; aprendo también a sentirme siempre bien y alegre ante lo que me rodea y, entre otras miles de cosas más, aprendo esa capacidad infantil de aceptar las cosas tal y como vienen, con ilusión... y de actuar lo más justamente posible conmigo mismo, con los demás y con la vida! Sin duda mi hija es mi gran maestra de la vida! Pero también lo soy yo, su padre, a quien adora y de quien aprende viendo como vivo -más que por lo que digo- y porque, desde siempre y a medida que ella crece, siempre confío en ella (¿no es eso el amor verdadero?) y le reclamo la responsabilidd de su propia vida, aceptando que, para crecer y ser más ella misma, deberá equivocarse... mientras yo deberé verlo, aceptarlo y no hacer nada por evitarlo!

Hoy no sería un buen padre... si no me enseñara mi buena hija!

Feliz día del Padre, querida hija mía... y gracias por enseñarme cada día a serlo más y mejor!!!

jueves, 18 de febrero de 2010

LA HERENCIA DE NUESTROS HIJOS



Muchas veces insisto a personas a quien trato en la importancia de ser como uno es y crecer! Uno debe asumir la responsabilidad y protagonismo de su propia vida, sin delegar en nadie ese rol, ya sea un ente divino, ni un ser amado, ni el azar! Esa responsabilidad es el Don más precioso de que disponemos y la propia vida no es más que la oportunidad de desarrollarlo, aprendiendo de las dificultades que siempre enseñan y compartiéndo ese Don con los demás! Y eso, ni más ni menos, es amor. Lo contrario, es decir, resistirse a ser uno mismo a cambio de confortabilidad o presunta seguridad, crear una vida artificial en la que institucionalizar esa renuncia o negarse a compartirlo con los demás es, simplemente, miedo!

Pero si ese argumento vital cobra especial sentido en esta vida es, precisamente, cuando tenemos a "esos locos bajitos" (como dice J.M. Serrat), nuestros hijos, que nos observan a diario y aprenden más de nuestros gestos, que de nuestras palabras! Porque es nuestra ilusión por la vida y nuestro ejercicio cotidiano del amor lo que los hará seres sanos, alegres y felices. Ellos no necesitan solo de nuestros cuidados y atenciones, sino que necesitan encontrar sentido a sus vidas -como todos- para poder entender esta vida llena de valles y cumbres que, con toda seguridad, vivirán! Eso nos obliga a dejarles ese importante legado, en el que no es tan importante tener o parecer, como ser y querer ser!

En muchas ocasiones intentamos aleccionar a nuestros hijos con lecciones que luego no ven en nuestra realidad. Tener un hijo y quererle es transmitirle esa seguridad, ese amor y esa confianza que nosotros debemos tener en nosotros mismos, en los demás y en la vida. Si no obramos tal y como predicamos, no les transmitimos más que incoherencia, inseguridad y miedo, lo que, sin duda, desorienta al hijo y lo deja al albur de los acontecimientos. Es por eso que muchos de nosotros arrastramos durante demasiados años las inseguridades, carencias y asignaturas pendientes de nuestros progenitores, aunque nos ofrecieran en su momento todo su afecto! Educar es hacer crecer sanos, independientes de nosotros y equilibrados a unos hijos para que ellos mismos sean capaces de forjar su propia vida, sin lastres heredados. ¿La mejor manera de educar a un hijo? Que los padres dejen la pedagogía a los profesores y se dediquen a ser felices y amar, para que los hijos lo aprendan a hacer y a buscarlo en su vida!

Pero la vida es una paradoja maravillosa! Porque no nos envía unos hijos como si fueran seres vacíos, sino que traen todo eso que los mayores hemos ido perdiendo con la presunta sabiduría y la experiencia, es decir, todo lo que nos impide ser felices! ¿La paradoja? Pues que debemos educar a unos alumnos aventajados que, muy seguramente, saben más de la vida, el amor y la felicidad, que nosotros mismos... aunque no sepan decirlo con palabras cuando nacen! ¿Quién enseña a quien en esta vida, los padres a los hijos o viceversa? Nosotros los adultos debemos enseñarles a ser ellos mismos y felices, a pesar de la sabiduría y la experiencia... mientras que los hijos deben enseñarnos a ser más nosotros mismos y a ser felices, gracias a su ignorancia y su inexperiencia!

Te traigo un texto que habla, entre otras cosas, de los padres. Extrae tus propias conclusiones...


Sobre ser padres

Soy padre de dos chicos de 10 y 12 años, Lluís y Jordi. Todos los que somos padres sentimos algo muy especial hacia nuestros hijos, un amor profundo que, llegado el caso, daríamos nuestra vida por salvar la de ellos.

Sé que como padre puedo proyectar mis propios miedos en mis hijos. Suele ocurrir que, inconscientemente, se vayan transmitiendo miedos de generación en generación. Por eso es importante que todos los padres aprendamos a amar incondicionalmente a nuestros hijos, es decir, no a través del “te quiero si…”. Así es como hemos sido educados la mayoría de nosotros. Esa breve frase ha arruinado muchas vidas. Y nos fuimos mal acostumbrando a pensar que con una buena conducta o con unas buenas notas en la escuela podíamos comprar amor y aceptación. En realidad, de esa manera no se puede desarrollar el sentido del amor ni de la autoestima. Si hubiéramos crecido en el amor incondicional (sin ningún te quiero seguido de si) y en la disciplina, quizás tendríamos mucho menos miedo ante las dificultades de la vida, y menos culpa y angustias, los verdaderos enemigos del hombre.

Como padres, deberíamos preocuparnos más por ser felices nosotros mismos. Nuestros hijos nos quieren a nosotros. Démosles nuestro tiempo. Juguemos con ellos. Querámoslos, respetémoslos, escuchémoslos, aceptémoslos, comprendámoslos y apoyémoslos incondicionalmente. Confiemos y creamos en ellos. El regalo que nuestros hijos agradecerán toda la vida es que nosotros estemos felices, alegres, optimistas y positivos. Con una actitud fuerte, les enseñaremos a superar cualquier problema o adversidad. Los chicos aprenden en un 93% por imitación, quieren saber y hacer como los adultos. Atrevámonos a ser nosotros mismos, sin engañarnos. Nuestros hijos lo aprenderán. Si nos escondemos, también lo aprenderán.

“Cómo ser feliz cada día”, Raimon Solà.


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lunes, 2 de noviembre de 2009

¿CONFIAR NO ES UNA FORMA DE AMAR?



Habitualmente nos llenamos la boca con la palabra amor, aunque demasiadas veces es para citar nuestro crónico deseo por el amor romántico, de pareja. Pero el amor es mucho más que eso: es amarse a uno mismo, al prójimo y a todo lo que nos rodea, es decir a la vida. Y amar todo eso significa confiar, apreciar, valorar...

Así como alguien no puede amar a los demás sin amarse primero a uno mismo, uno no puede amar a alguien, sin tener confianza en ella como persona y en su capacidad de ser y de mejorar. Muchas veces obviamos la confianza en el amor... y solo nos acordamos de ella precisamente cuando se viene abajo la confianza en el ser amado, lo que irremediablemente provoca el desamor. No se puede amar realmente a alguien sin confiar primero en uno mismo y luego en ese otro alguien y en la vida misma! Confiar significa creer en la persona singular, creer en su propia capacidad, tener esperanza de que será capaz de amarse suficiente a ella misma para ser capaz de amarnos a nosotros. Claro que será la vida la que dirá el cómo y el cuándo, como siempre hace... solo hay que confiar en ella!

Hasta hace no muchos años, yo era capaz de "amar románticamente" a cualquiera que insistiera en mí y me gustara. Bastaba el momento adecuado, una cierta predisposición de ambos, la lógica atracción mútua y un cierto empeño para seguir adelante. Ese amor era algo fruto de la química, la sensatez y el trabajo mutuo, durara lo que durara. Seguramente había poco amor verdadero en todo ello: había solo deseo, necesidad de compañía, cierta curiosidad por desentrañar al otro o simplemente el reto personal de ambos por conquistarnos y salir victorioso. Es decir, mucho Ego y muy poco amor real por compartir! Era, por decirlo de alguna manera, un combate fraticida entre el ego de la otra persona y el mío propio, en el que había siempre un conquistador y un conquistado, un maestro y un alumno, un dominante y un sumiso! Y es que el Ego no sabe gestionar otra cosa que razones y establece comparaciones entre nosotros y los demás, entre el "yo" y "el otro", en otras palabras, realmente nos separa y no nos une realmente, pues el ego nace de la mente dual y restrictiva. Para él, todo es mejor o peor, bueno o malo, conveniente o inconveniente, positivo o negativo!

Pero llegó un día, no hace mucho tiempo en mi vida, en que apareció el amor verdadero, ese que no entiende de necesaria reciprocidad, ni de comparaciones ni de medidas ni de momentos... ni de egos enfrentados y compitiendo! Es ese amor que no distingue entre quererme a mí mismo, querer al otro, querer a los demás y querer a todo lo que me rodea. Segura y circunstancialmente se personificó en un ser amado especial (aunque nadie es tan "especial" como cree ser, todos somos capaces de amar y de ser amados, tenemos nuestras fortalezas y debilidades por igual), pero que, en el momento preciso abrió irremediablemente las compuertas de un amor verdadero que surgía del alma, que hasta entonces estuvo históricamente cerrado y resguardado ante la vida confusa. Este incipiente amor -quizás el primero real de mi ya larga vida- produjo un amor por igual hacia mí, hacia ella... hacia todos y hacia todo lo que me rodeaba. Y ese amor fue mútuo y mágico... como el que siempre y todos soñamos vivir algún día en nuestra vida. Lo de menos fue su consolidación, su tangibilidad o su fruto... pero un síntoma relevante fue que esa persona amada se convirtió en el espejo en el que mirarme, en el que mirarse ella misma y en el que ambos vimos nuestra nueva vida verdadera, hasta entonces oculta por nuestros miedos y experiencias pasadas. Sin duda es un amor rompedor, único, singular y verdadero, pues nos brindó la oportunidad de abrir nuestro corazón a la verdadera existencia!

Luego, como suele pasar, cada uno fue libre de aceptarlo o de rechazarlo, pero lo que sí es cierto es que fue un salto cualitativo en nuestra vida, común y compartido por ambos en el mismo mágico instante, cuando estábamos realmente preparados, lo aceptáramos como tal o intentáramos esquivarlo por causa del miedo, ese miedo histórico y aprendido que nos empuja inconscientemente a dejarlo escapar por no resultar heridos y por sentirnos demasiado vulnerables nosotros mismos, ante el de enfrente y/o ante nuestra propia vida! Atrás quedaron ya recuerdos de otros amores consensuados, convenientes y con fecha de caducidad! Con ese nuevo amor ambos nos sentimos bien presentes en la vida nuestra y en la del ser amado, para siempre y dependía poco de los hechos externos que sucedieran. Es como una luz que ilumina toda nuestra existencia a partir de ese momento y para toda nuestra vida!

Porque el amor verdadero trae consigo confianza, incondicionalidad, atemporalidad y quizás, por primera vez, serenidad y paz interior ante todo lo que éste provoca y ante nuestra vida! Existe igualmente la química, el deseo, la atracción, la curiosidad mutua por saber cómo es el otro,las ganas de compartir momentos y lugares singulares... pero, ante todo, es un amor nuevo que nos hace crecer a ambos, que estimula nuestra vida por entero y que nos regala un sentimiento puro e intenso que es imposible de evitar y que durará para siempre! ¿No es eso el amor verdadero que todos soñamos... aunque que pocos tenemos el valor de vivir?

Te traigo una entrevista en que álguien habla del amor verdadero y la confianza necesaria, en este caso concreto, ante nuestros hijos. Extrae tus propias conclusiones...


Lenore Skenazy,49 años,´la peor madre de América´."Deja a tu hijo moverse solo, no lo secuestres..., ¡confía!". La Contra de La Vanguardia. VÍCTOR-M. AMELA - 30/10/2009

Dejé a Izzy ir solo al colegio... ¡y vaya escándalo!

¿Estoy ante la peor madre de América?

Ese título me han colgado.

¡Algo habrá hecho para merecerlo...!

Sí: confiar en la vida, en el mundo, en la gente y en mi hijo.

¿Confiar?

Confiar en que mi hijo Izzy, a los 9 años, podía ir y volver él solito de casa al colegio.

¿Y podía?

Claro: desde pequeño ha viajado en metro conmigo y su padre, y días antes de dejarle ir solo, repasamos el trayecto con él.

¿Y qué decía Izzy al respecto?

Como la mayoría de chavales, él anhela sentirse independiente, autónomo, sentirse mayor: le ilusionaba moverse solo por Nueva York, y sabíamos que tenía plena capacidad para hacerlo. Y le dejamos hacerlo.

¿Y dónde estuvo el problema, pues?

En que un policía, al verle solo en el metro, le detuvo: "¿Dónde vas solo, tan pequeño? ¿Lo saben tus padres?", le preguntó. No se creyó que le hubiésemos dejado moverse solo por el metro de Nueva York...

¿Y qué pasó?

Se lo llevó a comisaría y me llamaron a casa.

Vaya susto, ¿no?

Me sobresalté. Por teléfono le confirmé al agente que yo había permitido a mi hijo salir solo. El policía no daba crédito: "¿Y no le preocupa lo que pueda pasarle a su hijo?", inquiría, atónito. ¡Temí ser arrestada!

¿Y no le inquietaba que fuera solo?

¿Qué podía pasarle? ¿Ser robado? ¿Agredido? ¿Secuestrado? ¿Violado? ¿Asesinado? ¿Descuartizado? ¡Por favor! Ese modo de pensar tóxico es mayoritario hoy en mi país, con unas consecuencias espantosas...

¿Qué consecuencias?

Tener tanto miedo a monstruos que atacarán a nuestros hijos ¡convierte a los padres en verdaderos monstruos para sus hijos!

Tanto como eso...

¡Los padres roban a sus hijos la infancia y el gusto por la vida, inoculándoles recelo y miedo! Están encapsulándolos, incapacitándolos para vivir en sociedad. Mire, yo relaté lo sucedido con mi hijo Izzy en mi columna periodística, y asistí a dos reacciones...

A ver: una...

Se me acusó de desocuparme de mi hijo, de ser mala madre, negligente, perezosa, pasota, culpable de lo que le pasara a mi hijo...

La peor madre de América, vamos.

Pero la otra cosa que pasó es que recibí cartas de chavales. Le leo una: "Tengo 15 años. Me llevan en coche de casa al colegio, mi vida es ver la tele, videojuegos... Es divertido un rato..., ¡pero no tengo libertad!: no puedo jugar en el jardín porque mis padres tienen miedo a que me secuestren o me maten. ¡No quiero que mis hijos, si un día los tengo, vivan como yo!".

Se trata de un caso extremo...

No, es común. Cuando yo era niña, correteábamos por la calle, los niños repartían diarios, las niñas de 12 años hacíamos de canguro a niños pequeños, o cantábamos por las casas pidiendo aguinaldos... ¡Nada de eso se permite hoy! Sólo un 10% de los niños de mi país van solos al cole.

Habrá aumentado la inseguridad...

¡Mentira! El índice de seguridad vuelve hoy a ser el mismo que el de 1963, y Nueva York es de las ciudades más seguras del país.

Entonces, ¿a qué responde tanta sobreprotección?

La televisión sabe que repetir sucesos luctuosos, crímenes, tragedias, niños secuestrados, una niña asesinada... nos estremece, atrae, magnetiza y vende. Y lo hacen: ¡los repiten sin descanso! ¿Pasa esto en España?

Estamos en ello.

El efecto de esto es que la gente se queda con un mensaje: "La calle es peligrosa, ¡mi hijo está en peligro!". E incluso algo peor...

¿Qué?

¡Acabas viéndote a ti mismo como criminal! "Si un vecino me deja a su hijito, ¡qué irresponsable es!, porque yo podría...".

¿Qué medidas tomaría usted si mandase en Estados Unidos?

Que no se arreste y enjuicie - como ahora-a padres que dejan un rato a sus niños solos en casa o les permiten salir solos a la calle.

Pobres padres...

Y pobres hijos: cosificados, convertidos en inútiles, no sabrán desenvolverse mañana. ¡Démosles la oportunidad de espabilarse!

¿Cómo?

Déjale que vaya a comprar el pan o el periódico, déjale que complete una vuelta a la manzana en bici él solo, déjale que vaya a comprarse un helado... Enséñale, ¡y suéltale! Ser buenos padres consiste en eso.

¿Qué otro consejo daría?

Me escribió el otro día un señor de 90 años: "Recuerdo el día en que, con 10 años, me dejaron subir solo al tren...". Tras casi un siglo de intensa existencia, ¡Segunda Guerra Mundial incluida!, al final de su vida, ¿quién era ese hombre, quién había sido siempre? ¡El niño valiente que subió solo al tren...!

Confianza es el mensaje, ¿verdad?

Confía más en lo que ves que en la tele: ¿secuestran cada día a un niño en tu ciudad?

¡No!

Pues no lo secuestres tú: ¡tenemos secuestrados a nuestros hijos! Alguien me soltó: "Esta madre prefiere darle a su hijo un día de diversión a una larga vida", ¡dando por hecho que alguien matará a mi hijo!: así de aberrante es la mentalidad estadounidense.

¿Qué es lo peor que le han dicho?

"¡Ojalá algo horrible le pase a tu hijo, para que aprendas!".


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miércoles, 29 de julio de 2009

25 AÑOS DE FECUNDACIÓN IN VITRO



Estos días se celebran los 25 años de la primera fecundación in vitro en España. Y, como suele pasar, llega a mí este tema en un momento especialmente indicado, por motivos personales. Llevo unos meses -voy a intentar creer que es una simple casualidad- dándole vueltas al tema de la paternidad. Tener un nuevo hijo. Reconozco que estoy en una época sensible con respecto a este tema, pues -contra todo pronóstico en un hombre de mi edad y condición- me encantaría tener un nuevo hijo y compartir el precioso don del amor a través de la paternidad compartida con una verdadera mujer, madre, amiga y amante que sintiera lo mismo que yo ahora.

Pero este artículo sobre la fecundación asistida me hace pensar en cómo llegan a nosotros actualmente los nuevos hijos. Más allá de la cigüeña de París, los hijos llegan hoy a nosotros de diferentes formas. Unos, engendrados biológicamente; otros adoptados; otros heredados de anteriores relaciones de nuestra actual pareja; algunos otros asistidos médicamente, etc. Qué más da, son siempre hijos! Es curioso como, a medida que avanza nuestra vida y maduramos, los límites de las cosas se ensanchan y nos permitimos más riqueza en nuestra vida y sus percepciones! En un momento dado, cuando somos jovenes y aún vemos el mundo en blanco y negro, un hijo es un símbolo de posesión y perpetuación de nuestra pareja exclusiva y el niño nuestro es un simple vehículo de nuestro ego perpetuado y del breve paso por esta vida! Un hijo es, entonces, como una simple huella nuestra y un ensayo de lo que querríamos haber sido y tenido en nuestra propia vida! Pero, hoy, yo percibo un hijo como algo cuyo fin es él mismo, venga de donde venga y que me permite amarle pura e incondicionalmente y crecer, conectándome con mi alma infantil mientras yo intento darle algunas instrucciones para que no salga demasiado mal parado en este loco mundo, o al menos que aprenda de ello!

Seguramente la paternidad se basa en nuestra falta de preparación para ser nosotros mismos, para ser padres y, como consecuencia, para asumir la importante responsabilidad que todo ello significa. A pesar de la trascendencia que tiene ese paso decisivo de la paternidad en la vida, nadie exije que seamos perfectos padres o que hagamos lo imposible por evitar los errores de nuestro hijo! En una palabra, requiere mucho amor... y del bueno, a uno mismo, al otro y al propio hijo! Y eso, como suelo insistir ultimamente, significa perder el miedo ante lo desconocido, en este caso evidente, nuestro propio hijo! Amar significa, entre otras cosas, confiar en nosotros mismos, en los demás y en la propia vida! Temer, por lo contrario, significa desconfiar, intentar planificar para aminorar el riesgo, mirar de evitar el fracaso, preocuparse innecesariamente, entre otros malos hábitos adquiridos a partir del miedo omnipresente de nuestra vida.

Frente al amor no hay lecciones, ni ego trascendido de los padres, ni manuales para saber lo que necesita y siente nuestro querido hijo, ni tan siquiera intentar leer las pistas dadas por su procedencia, personalidad y edad del nuevo habitante de nuestra vida. El amor y la intuición -poderoda arma del alma- bastan para considerar un hijo por lo que es en sí y educarlo para ser quien y tal como es! Y eso significa crear de la nada un nuevo ser -mitad humano y mitad divino- que, más que haber nacido necesariamente del amor de una pareja (lo que en muchos casos es incierto, lamentablemente), vive y deberá aprender por sí mismo a vivir amando la vida y todo lo que ella contiene! Desgraciadamente, mientras a muchos nos cuidaron cariñosamente como niños, nos alimentaron debidamente y nos educaron a ser los mejores -es decir, a no ser tanto nosotros mismos- lo que estaban involuntaria e inconscientemente creando eran niños temerosos de Dios, de sus padres o de la misma sociedad, lo que significó que muchos de nosotros residiéramos permanentemente en el miedo -y en la culpa- a nosotros mismos, a los demás y a la vida! Y algunos de aquellos aún estamos intentado perdonárnoslo por haberlo permitido y para retomar el amor en nuestra vida!

Así, amar de verdad a un nuevo hijo no es más que enseñarle con nuestro propio ejemplo a amarse, a amar a los demás y a la propia vida! O sea, a cambiar el miedo a él mismo, a los demás y a la propia vida... por el verdadero amor que necesita -y que debe ver- en nosotros sus fortuitos padres para ser feliz!

Aquí tienes un artículo que habla de la fecundación in vitro y de su primera protagonista en España, hace ya 25 años. Extrae tus propias conclusiones...

25 AÑOS DE FECUNDACIÓN IN VITRO "Mi madre me lo contó sin cigüeña"

VICTORIA-ANNA SÁNCHEZ PEREA LA VANGUARDIA. Barcelona 10/07/2009.

Yo nací en 1984. En plena década de los 80. Años de grandes artistas musicales, de "la movida madrileña", de cuando Bono de U2 todavía llevaba melena. Época de Naranjito, del 23F, de los videojuegos en color verde diseñados en 2D, de los primeros Windows… De la primera fecundación in vitro en España, una noticia positiva que llevo 25 años viviendo en primera persona. Hoy en día esta técnica es conocida por la gran mayoría y quién más quién menos conoce a parejas que han recurrido ella o a técnicas parecidas para ser papás. Me imagino que en aquél momento, la situación era distinta. La fecundación in vitro era algo nuevo, pionero que podía verse como una cosa "rara" y generar, incluso, recelos. Supongo que por desconfianza, desconocimiento o miedo a conocer, pero justamente son esas cosas las que en muchas ocasiones no nos permiten avanzar.

HEMEROTECA

"Hoy, doce de julio, en el Instituto Dexeus, ha nacido el primer niño español conseguido por fecundación 'in vitro" Estas eran las palabras textuales del parte médico que anunciaba el nacimiento de una niña concebida fuera del útero de la madre, gracias al doctor Pere Barri y su equipo".

Yo desde pequeña sé lo que es y lo que significa la fecundación in vitro. Mi madre me lo contó de forma esquemática pero sin cigüeña de por medio. Desde que yo pueda recordar, siempre he tenido clara una idea: que unían en el laboratorio lo de papá con lo de mamá, que luego todo volvía a la barriga de mamá y que al cabo de 9 meses nacía un bebé como cualquier otro. Tampoco lo vi tan "raro" y no acababa de entender por qué tenía tanta importancia aquello del laboratorio. En ningún momento me sentí una niña "especial", como muchos me preguntan, la única diferencia fue que conmigo tuvieron que hacer un paso intermedio más que con los demás.

Actualmente la investigación médica y sus avances son un tema de debate permanente en nuestra sociedad. También lo son las técnicas de reproducción asistida, que siguen estando a la orden del día. Me llama la atención que cada vez que hay algún descubrimiento o éxito médico, expertos y no tan expertos, religiosos y medios en general lo discuten. Me parece un ejercicio de lo más sano y necesario para informar y hacer reflexionar a la sociedad.

Creo que toda investigación es lícita si tiene un objetivo concreto y beneficioso para la sociedad empezando por tener en primer lugar, unos límites marcados por quienes trabajan en ello: los médicos, biólogos y científicos, sobretodo, serios. Ellos son quienes conocen y tratan en su día a día con las enfermedades que intentan combatir. Me parece un trabajo muy bonito y generoso, ya que de sus horas en los laboratorios y de los frutos de sus investigaciones se beneficiarán muchísimas personas a las cuales nunca conocerán.

La ciencia es algo que nos pertenece a todos porque somos los propios hombres quienes la hacemos avanzar y hay que valorar el esfuerzo de los investigadores. Si los resultados de sus investigaciones nos pertenecen a todos y nos mejoran la vida, no sé qué inconveniente hay en disfrutar de ello.

Las técnicas de reproducción asistida son uno más de estos temas. Yo, evidentemente, estoy a favor del estudio y del uso de estas técnicas. A veces me preguntan qué opino sobre la relación entre Ciencia e Iglesia o qué opinión me merece la posición católica ante la fecundación in vitro. Para empezar, si mis padres fueran de esa opinión, yo no estaría aquí. Respeto muchísimo todas las opiniones en torno a este tema pero creo que Ciencia e Iglesia no se encontrarán nunca de acuerdo, cada una realiza su función.

¿Les diríamos a unos padres de una pequeña con diabetes que su hija tiene que convivir de por vida con esa enfermedad porque no podemos buscar la solución investigando con células madre? No lo veo muy lógico hacer sufrir a alguien pudiendo algún día curarlo. Pienso que una cosa son los sentimientos o creencias que pueda tener una persona en su intimidad y otra bien distinta las imposiciones que vienen desde el órgano de la Iglesia.

Referente a la fecundación in vitro y a las técnicas de reproducción asistida, supongo que la posición que declara la Iglesia es la de que hay que respetar la voluntad "divina" y que si tienes algún problema para tener hijos es lo que toca. En cambio yo pienso que no hay un amor más grande ni una ilusión mayor que la de aquellas parejas que desean tener hijos y no pueden. Y ante eso, creo que toda voluntad "divina" queda pequeña.

Mis padres han vivido toda esta historia con una normalidad absoluta y nunca se han sentido en contradicción con sus sentimientos ni han sentido que vayan en contra de una voluntad "divina". Ellos tenían un deseo y un gran amor por dar, fueron valientes y consiguieron ser papás, creo que no hay nada que reprochar, ni desde el punto de vista católico.

Los inconvenientes que nos haya podido traer todo esto son mínimos, casi todo es positivo. Recibes el afecto de mucha gente que casi no te conoce pero que para ellos eres alguien de referencia. Para muchos papás significamos una noticia esperanzadora en la que ellos deseaban verse reflejados como un ejemplo en la superación de sus problemas y yo estoy muy orgullosa de representar algo así. En momentos puntuales recibimos cierta atención mediática que nos incomoda porque ni estamos acostumbrados ni queremos estarlo, pero es una noticia positiva que por qué no hay que celebrar, eso sí, sólo puntualmente.

Además compartimos esa alegría con mucha más gente. Para empezar, con la bióloga Anna Veiga y el doctor Pere Barri. Tengo una relación personal con ellos en la que seguimos estando muy en contacto a pesar de los años. Se han convertido en alguien más de la familia por lo que significan para mis padres y para mí. Está claro que sin el trabajo de su equipo y de todo el personal de la clínica que en su día atendió a mis padres, no estaría yo aquí. Su figura me despierta sobretodo, admiración. Por la capacidad de sacrificio y del esfuerzo que ponen en su trabajo y por creer que investigando se pueden encontrar solución a grandes problemas.

Así que ¡gracias a ellos!, ¡gracias a mis papis! Y ¡felicidades a todos!

VICTORIA-ANNA SÁNCHEZ PEREA
Primera persona concebida en España por fecundación in vitro


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jueves, 25 de junio de 2009

LOS HIJOS, A NUESTRA IMAGEN Y SEMEJANZA



Esta vez, Carolina, mi buena amiga de Chile, nos brinda un fantástico texto sobre los padres y la educación de los hijos. Escueto, directo como pocos. Creo que, en un momento de incertidumbre como el actual, mantenerse firmes y coherentes como personas nos ayuda a crecer... y a enseñar a crecer a nuestros hijos. Pero, si es verdad lo anterior, lo es mucho más si consideramos que nuestra firmeza y valores serán vistos y seguidos por nuestros hijos. Así, cualquier avance y crecimiento nuestro -fruto del protagonismo responsable de nuestra vida- incidirá decisivamente en los que nos rodean y muy especialmente en nuestros fans predilectos, nuestros hijos. Demasiadas veces afirmamos quererlos... y no hacemos más que dejarles una triste herencia de carencias, de frustraciones y de condicionantes, que ellos adquieren como propios... hasta que muchos años después -no sin dolor y miedo, como nosotros- tengan el valor de deshacerse de lo que les impide ser como son. Esa es la gran escuela de la vida, en la que cada uno recibe un patrimonio -talentos, virtudes y defectos, herencias de nuestros mayores- que debemos aprender a gestionar bien y aumentar la rentabilidad de lo recibido. De todo lo heredado, habrá que seleccionar lo que nos ayuda o lo que no y, con lo elejido, crecer personalmente y mejorando lo que nos rodea, ya sean nuestros seres queridos o el propio planeta. ¿A alguien le queda duda de para qué ha venido a esta vida? Esa es nuestra Misión en esta -larga o corta- vida, cada cual la suya propia. Y es este testamento eterno lo que deberemos transmitir a nuestros seres más queridos, especialmente nuestros hijos que -pobres niños- esperan de nosotros firmeza, seguridad y sabiduría, cuando la mayoría de las veces les damos simplemente preocupaciones, fragilidad y sinsabores... aunque sea envueltos como regalos

Los buenos padres no le dan a su hijo todo lo que necesita,
Le enseñan que él es capaz de conseguir lo que quiere.

Los buenos padres no buscan hacer feliz a su hijo,
Le enseñan que la felicidad depende de cada uno.

Los buenos padres no le dan oportunidades a su hijo,
Le enseñan a buscarlas, a crearlas y a aprovecharlas.

Los buenos padres no le dan a su hijo lo mejor para que sea feliz,
Le enseñan a disfrutar y a encontrar lo mejor, aún en lo más sencillo.

Los buenos padres no le enseñan a su hijo a superar siempre a los demás,
Le enseñan a superarse a sí mismo.

Los buenos padres no le enseñan a su hijo a decir todo lo que piensa,
Le enseñan que lo que pensamos no es la verdad absoluta y que debemos
ser cautelosos al expresar nuestras opiniones, teniendo en cuenta los
sentimientos de los demás.

Los buenos padres no le resuelven los problemas a su hijo,
Le enseñan a asumir responsabilidad y a aprender de sus errores.

Los buenos padres no le enseñan a sus hijos a evitar los fracasos,
Le muestran que el fracaso es parte del camino hacia el éxito.

Los buenos padres no convencen a su hijo de su importancia en la sociedad,
Le enseñan que sirviendo se volverá importante para ella.

Los buenos padres no le enseñan a su hijo a ser crítico y resentido ante las injusticias,
Le enseñan a contribuir en paz y a construir la justicia.


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jueves, 28 de mayo de 2009

LOS HIJOS ¿UN MEDIO O UN FIN EN SÍ MISMO?



Qué duda cabe que la paternidad es un don en nuestra vida! Siempre he considerado que lo más importante que he hecho yo hasta ahora es haber tenido a mi preciosa hijita... con permiso de su madre, claro!

No obstante, muchas veces pienso en lo que significa -en realidad- la paternidad. Tiene sus pegas y sus malos momentos, pero es una cadena perpétua que nos responsabiliza y, por otra parte, nos une a la vida, para siempre. Y es que traer un ser humano a este mundo tiene su riesgo y requiere su valentía, como todo lo importante en la vida. Como lo es, no utilizar a los hijos para realizar duplicados nuestros, réplicas mejoradas de lo que nosotros no tuvimos el valor de ser o perpetuar nuestras carencias y virtudes en ellos... olvidándonos de que son eso, ellos. Tampoco deberían ser una coartada femenina para evadirse y resignarse ante el desamor, como frecuentemente pasa. Los hijos son, en sí mismos, seres humanos por hacerse y en los que nuestra tarea de padres no puede ser otra que ayudarles a ser ellos mismos, a pesar de los pesares... y de nosotros, sus padres. Ellos, en un principio, aprenderán de nuestras enseñanzas y también de nuestros defectos y carencias, que les iremos transmitiendo día a día en forma de lección, con mucho cariño, pero también con una cierta ignorancia. Pero también serán nuestros maestros en la vida resucitando nuestro niño interior que yace olvidado! Seremos sus incuestionables ídolos y protagonistas de su vida infantil y ajena; incluso nos sentiremos orgullosos de que se nos parezcan! Luego, a partir de la adolescencia y la juventud, serán ellos mismos los que decidirán qué les conviene memorizar y, al fin, aplicar a su propia vida... pasando nosotros los adultos padres -no sin resistencia- a ser meros espectadores de su vida, como debe ser y para siempre. Y tras ese a veces traumático encuentro con ellos mismos, nuestro amor por ellos requerirá -y significará- desanudar el cordon umbilical para permitirles alzar el vuelo hacia sí mismos y alcanzar sus propios horizontes!

Muchas veces pienso en las personas y/o parejas que, por cualquier razón, no tienen hijos. Unos, sin duda, por egoísmo, pues eso les permite evadirse de la presunta carga de la paternidad y dedicarse a ellos mismos; otros, por causas físiológicas, lamentablemente no pueden tenerlos; y algunos otros, porque su actitud en la vida no admite cómplices ni víctimas y optan libremente por no ejercer ese precioso derecho; algunos pocos -los menos- porque no encontraron amor suficiente en su vida como para perpetuarlo en un hijo amado. A unos y a otros les digo y les recuerdo que tener un hijo es un tesoro y que es un privilegio que todos deberíamos disfrutar... libremente, pues es un acto de amor! Pero, desgraciadamente, nuestra sociedad tiene soluciones para todo: para hacer de un hijo un mero acto de ratificación de un matrimonio o de los derechos inapelables de la mujer moderna y realizada, o un puro ejercicio de solidaridad humana -con la adopción-, o bien una prueba-error de ensayos clínicos que favorecen la fertilidad y demostrar así que la fecundación natural pronto será ya un mal recuerdo y una simple muestra de debilidad humana... Pero, por lo visto, nadie recuerda la trascendencia de traer a este mundo un nuevo ser humano (con su mitad divina) al que deberemos amar lo suficiente como para ayudarle a ser él mismo. Pocos consideran al hijo como lo que es: un fantástico, mágico y singular fín en sí mismo... más que un medio para perpetuar la vanidad humana o para consumar un matrimonio o revindicar los derechos de la presunta mujer-madre. Un hijo es más, sin duda, mucho mas! Es, ni más ni menos, que el fruto del amor y que, como tal, requiere -y nos devuelve- amor a raudales a nosotros, sus padres!

Aquí te reproduzco una interesante entrevista en la que se trata un tema escabroso: la mercantilización de la paternidad en este mundo lucrativo y loco. Juzga por ti mismo...

Arlie Russell, investigadora de la mercantilización de la maternidad"Encargaban su embarazo en India para preservar su línea". La Contra de La Vanguardia. LLUÍS AMIGUET - 23/05/2009

Visité varias clínicas en Bombay a las que mujeres del primer mundo han encargado su embarazo. Y con la ayuda de periodistas del Indostan Times entrevisté a veintitrés de esas madres de alquiler.

¿Qué es encargar un embarazo?

Un supermercado de la maternidad. Usted puede en esas clínicas comprar semen y un óvulo y a los nueve meses llevarse al niño resultante; o encargar sólo el semen y poner usted el óvulo, o poner un óvulo fecundado por su semen y volver por el niño.

¿Y quién se queda embarazada?

Una madre de alquiler india. Cobran tres mil euros por cada embarazo.

¿Eso es legal?

India ha legislado ahora que sólo se puedan utilizar esos servicios por motivos terapéuticos; pero hasta ahora ha sido plausible encargar algunos embarazos para evitarse la gestación y preservar el tipo.

¿Se mercantiliza así el embarazo?

Sí. Y no es correcto que nadie pague por su embarazo a otra persona, igual que creo perverso pagar por un trasplante de órganos: aparte de por ética, porque, además, hace ineficaz el sistema. Son terrenos donde sólo la medicina pública es eficaz.

¿Cómo eran esas madres de alquiler?

Algunas sufren por ser madres sin serlo. Las normas de la clínica son estrictas: se les prohíbe cualquier familiaridad con los padres clientes y su bebé, así como cualquier relación sexual durante su embarazo: sólo pueden ver a su propio marido y su familia de día, y en público, en la propia clínica.

Eso suena a granja humana.

Estoy abogando ahora por que se prohíba pagar por un embarazo, pero estoy a favor de que madres voluntarias - por amor y solidaridad- se queden embarazadas en lugar de otras que, por motivos terapéuticos, no pueden sobrellevar un embarazo.

¿Por qué le parece mal que se pague?

Pervierte la relación solidaria, y creo que esa falta de contacto es mala para el bebé; para la madre portadora y para la genética. ¿Recuerda usted las amas de leche?

Las benditas nodrizas de antaño.

Daban de mamar a bebés que no eran suyos: hoy esa práctica ha caído en desuso, pero yo no la desaprobaría si fuera voluntaria y reforzara vínculos neoparentales. Del mismo modo, creo que con la madre portadora se ha de crear un vínculo de parentesco nuevo.

¡Pablito, dale un beso a tía portadora!

Sí, algo así. En Bombay conocí a una pareja india en la que ella, enferma de cáncer, encargó su embarazo, pero quiso conocer a la portadora de su óvulo y celebró con ella la fiesta hindú del séptimo mes de embarazo y ahora la consideran la tía de su hijo.

Desde luego, así es más humano.

Recogí un caso en India de una pareja japonesa que encargó un niño - desconozco el porqué-,pero se separaron después y la madre donante lo rechazó. Como la ley india no permite ceder un bebé a un hombre, el pobre padre tuvo que recurrir a su madre.

Benditas abuelas, siempre al rescate.

Hay otros ejemplos de venta de intimidad que no son perversos: un amigo mío con fallos de memoria tiene un servicio de conserjería en India y él vive en San Francisco.

¿Para qué?

A menudo se olvida el coche o las llaves y esa empresa en Bombay llama a todos los parkings de la ciudad hasta que lo localizan. Hacen por él muchas cosas por el estilo.

Suena globalizado, pero útil.

Muchas comunidades californianas intercambian productos y servicios sin dinero de por medio gracias a la gratuidad de internet. Por ejemplo: te doy fruta de mi granja a cambio de tus clases de piano.

Eso es global y local.

Glocal y es bueno, pero también se nos ha convencido de que mercantilizar nuestra intimidad nos proporcionaría bienestar. Se trataba de ganar más que los demás y así disfrutar mejor calidad de vida que nadie.

Ahora el Estado parece la solución.

Sólo para volver a preservar los privilegios de los ricos. Después volverá a ser condenado. El problema es que hay servicios - salud, seguridad, urbanismo, medio ambiente, educación...-que, o los disfrutamos todos, o nadie; no se pueden prestar con eficacia sólo a unos pocos. No se puede afrontar una epidemia curando sólo a quienes tienen seguro privado. Al final se contagian todos.

¿Dónde está el límite de lo comprable?

Un amigo mío no quiso encargar a un payaso profesional la fiesta de cumpleaños de su hija y se disfrazó de Cocodrilo Dundee...

Un padrazo.

... El pobre se esforzó, pero los niños se aburrieron. Y los papás de las amiguitas lo acusaron de rácano e inútil.

¿Y usted qué cree: héroe o rata?

Yo entrevisté a su hija ya mayor y le hice recordar aquella fiesta: me dijo que aquel día se avergonzó de su padre, pero que ahora, al evocar su esfuerzo, le quería más que nunca, porque haber pagado a un payaso era sólo poner dinero y, en cambio, su padre había querido hacer más por ella.

Pero ya había traumatizado a su viejo.

Yo busco esa línea en nuestras vidas donde no entra el dinero. ¿Sabe que muchas amas de casa alemanas contratan limpieza, pero se niegan a que nadie limpie su lavabo?

Pues que vengan al mío: sin remilgos.

Hay espacios de nuestra intimidad donde no entra el dinero, sólo el amor, y creo que es mejor conservarlos.

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lunes, 11 de mayo de 2009

LA AUTORIDAD... ¿IMPUESTA O GANADA?



Hoy te traigo un "recorte" de una entrevista a un ilustre hombre de negocios y reputado mandatario español, Ricardo Fornesa, 77 años, presidente de honor de la corporación financiera Criteria, ex presidente de La Caixa y de Aigües de Barcelona. Pero reproduzco solamente un par de preguntas de la mencionada entrevista, pues creo interesante lo que dice del concepto de autoridad en el ámbito profesional, aunque en este caso yo desee extrapolarlo al siempre más interesante terreno personal.

No voy a discutir aquí si en el terreno profesional es como dice el señor Fornesa o no, aunque a mi me parece más una manifestación de intenciones que una realidad empresarial, después de mi dilatada experiencia trabajando como consultor en numerosas empresas de todo tipo, sector y dimensión. Pero me gustaría utilizar sus sabias afirmaciones, en el terreno personal. Creo que la autoridad no se impone, sino que es fruto de ganarse el respeto de quienes nos rodean, ya sea nuestra pareja, hijos o amigos. Y eso tan evidente, no es siempre una tarea fácil! En nuestra sociedad actual -a pesar de lo manifestado por Fornesa- la autoridad no solo tiende a imponerse, sino que es una virtud para quien impone su liderazgo de esta manera; evidentemente, no es la manera, pues conseguir y mantener ese falso tipo de liderazgo es una cuestión de tiempo, depende de la coyuntura y, sobre todo, provoca inquietud en el presunto aspirante a lider. Recuerdo haber trabajado durante un tiempo en una gran corporación pública, en la que su máximo responsable -instalado en su mejor nivel de incompetencia personal- nunca fue capaz de ganarse la autoridad de sus miles de empleados más que ha "baquetazos" y con oscuras tramas de pasillería empresarial, lo que no le evitaba sentir su verdadera debilidad personal y su evidente falta de apoyo en la organización, además de la tensión que le provocaba la siempre posible rebelión a sus espaldas. Sin duda, nunca fue un lider, aunque el organigrama y la jerarquía lo avalasen como tal y le mantuvo en su cargo hasta que fue súbitamente despedido... No era un líder, simplemente! Y como este caso, hay demasiados en este ámbito profesional y empresarial!

Pero, en la vida personal nuestra, las cosas no son muy distintas, lamentablemente! Muchos de esos aparentes lideres profesionales llevan esa vanidad y sus carencias personales a su hogar, en la que sus súbditos son el consorte y los hijos, si los hay. No es de extrañar, pues los valores autocráticos, basados en la imposición, la falta de transparencia y de honestidad personal y, sobre todo, el poder absoluto son elementos importantes en nuestra sociedad, inculcados desde la cuna para garantizar la permanencia de un sistema irracional y poco humano, además de poco solidario! Así tampoco es sorprendente el papel desmesurado y arcaico del "pater familias", normalmente basado en el dominio -por qué no admitirlo, mayormente económico- y el liderazgo mal entendido; de ahí al maltrato "por disciplina doméstica", un paso, pues el presunto dominador hace todo lo posible para preservar su control y su poder, en vez de ganarse el respeto de los que conviven con él, lo que, a largo plazo, supondría el deseado respeto mutuo y la verdadera cohesión familiar. Solo hay que ver lo que sucede cuando, por cualquier razón o circunstancia, desaparece tal figura o personaje... La familia prevalece y, aún diría más, aunque en los primeros momentos se sienta desvalida ante la nueva situación -afortunada, qué duda cabe-, con el tiempo, logra reconstruirse y hallar la cohesión real que, anteriormente, nunca se había logrado! Así, muchas mujeres y madres e hijos que, en estas situaciones aparentemente desoladoras, recuperan su entidad personal... y, lo que es mejor, se estructura el nuevo hogar en base a la necesaria transparencia, la sensibilidad humana y la participación de todos los miembros integrantes de la familia.

Aunque, dicho lo dicho, habrá que admitir que en estas situaciones -como en tantas otras- en las que reina el liderazgo autoimpuesto, es necesario que se de la sumisión, también auto impuesta. Y ese es un tema en el que no voy a entrar aquí y ahora. Solo recordarte que uno vive -o padece- lo que éste (se) permite vivir o padecer! Y ser consciente de ello es el primer paso para resolverlo...

Aquí tienes las palabras de Fornesa en La Contra de La Vanguardia, hablando del liderazgo y la autoridad en la empresa. Trasládalas a tu vida personal, ya sea con tu pareja, tus hijos -si los tienes- o tus amistades. Verás que no son dos realidades tan distintas...


Y ha mandado usted mucho.

Siempre he tenido muy claro que mandar no es conseguir el cargo sino el respeto de tu equipo, y mantener el poder no es mantener la silla, sino ese respeto.

Autoritas versus potestas.

En realidad, el poder puedes lograrlo tú, pero la autoridad que lo legitima te la confieren los demás mientras admiten tu capacidad de transmitir ideas y criterios de actuación, consiguiendo su aceptación. A mayor aceptación, mayor capacidad de liderazgo.

Rara habilidad, me temo.

Pero imprescindible, porque sin ese respeto de tu equipo por tu visión colectiva acabas concentrado en tu propio interés y, al final, corrupto. Y acaban echándote.

Sí, pero a veces te toca cada equipo...

A mí siempre me han respondido. Lo que no soporta nadie - yo menos- es la palabrería para disfrazar la ambición personal.


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viernes, 27 de febrero de 2009

NIÑOS FRANCOTIRADORES... ¿O NIÑOS ESCUDO?



Es un tema candente en la sociedad actual: la falta de respeto o, en el extremo, la falta de autoridad. Hace años el respeto y la autoridad se imponía, hoy se consensua, para bien o para mal. Pero más que una llamada para restablecer el órden establecido en este tema, desearía profundizar en él para analizar una actitud de algunos padres que considero peligrosa...

Quiero referirme concretamente a la utilización, consciente o no -sí, como suena- de los hijos como escudo ante la vida. De todos es lamentablemente sabido que los niños son utilizados en casi todos los conflictos bélicos como escudos humanos de los soldados en la contienda, frente a las balas del enemigo. Sin comentarios a esa muestra de cobardía y de maldad humana! Pero, en el mundo más cotidiano que nos rodea, desgraciadamente los hijos también son utilizados muchas veces por sus padres como escudos humanos frente a los ataques de cualquier otro tipo. Basta observar y analizar los "flecos" de una demanda de divorcio para ver a los hijos como mera moneda de cambio en un litigio matrimonial. Recuerdo una ocasión en la que presencié una clara muestra de ello con una amiga mía, a la que su hoy -afortunadamente- ex-marido pretendía rebajar la cuantía de la pensión alimenticia de sus hijos a cambio de no tener derecho como padre a disfrutarlos. Parece increible, pero es un caso verídico!

Pero, sin llegar a los contenciosos -casi siempre desagradables- de la siempre dramática disolución de un matrimonio, hay otras utilizaciones de los hijos más sutiles, pero no por ello, menos peligrosas. Una es la huida hacia adelante de un matrimonio en crisis, que busca su dudosa reconciliación teniendo un nuevo hijo; ni que decir tiene que utilizar a un nuevo ser humano como elixir de la felicidad matrimonial es un peligro más común de lo que pensamos! Otro caso similar y con permiso de las virulentas feministas de pro, es considerar un hijo solo como un derecho personal y unívoco de una mujer en busca de su propia realización como persona; admito que tener un hijo es una de las más maravillosas oportunidades que nos ofrece esta vida, pero cuestionaría la cierta irresponsabilidad de la susodicha mujer realizada que tiene un hijo solo como medio para algo, sin reconocer los propios derechos del hijo a ser engendrado, criado y educado como un ser humano y, como tal, singular, irrepetible, humano y divino.

El siguiente caso es mucho más común hoy en día, lamentablemente. Y es utilizar a un hijo como coartada para buscar un único sentido a la propia vida y expresar, a través de él, el amor que todo ser humano guarda en su interior y necesita ejercitar; sé que es un tema escabroso y polémico, pues son muchas mujeres las que recurren a este peligroso antídoto para enmendar su propia vida vacía y, seguramente, carente de sentido y, por qué no admitirlo, de afecto. Muchas madres, ante una muchas veces desapacible e insatisfactoria vida matrimonial, enfocan toda su existencia, su energía y su ternura hacia los hijos. Y no pretendo afirmar que éstos no lo requieran o lo merezcan, sino puntualizar que este tipo de relación viciada en su origen puede traer más inconvenientes que ventajas, creándose dependencias e interferencias poco saludables e incluso nocivas para ambos participantes. El famoso "síndrome del nido vacío" que padecen muchas mujeres ante la paulatina y conveniente independencia del hijo a una cierta edad es un claro ejemplo de sus peligrosos efectos; en el otro lado, esa excesiva y dañina dependencia del hijo hacia su madre, que promueve conductas disociales, problemas de adaptación y evidentes dificultades de autodeterminación del joven.

Y, por último, otro caso demasiado frecuente, hoy en día. Ante una ruptura matrimonial, muchas mujeres madres y hombres padres (aunque menos) se parapetan en los hijos habidos para focalizar toda su energía y redimir así su posible sentimiento de culpa o su dolor provocados por la dramática contienda y consiguiente sensación de fracaso; así, sobre todo, madres de todas las edades supeditan su propia vida a la de sus pequeños (les suelen considerar así, tengan la edad que tengan), con lo que se hacen un triste favor a ellas mismas y, lo que es peor, a ellos, sus adorados y presuntamente amados hijos. Como suelo decir en estos casos y he insistido más de una vez en mis escritos, la atención que requieren los hijos de sus padres es más cualitativa que cuantitativa (no depende de las horas de dedicación, sino de la calidad de ésta), el exceso de preocupación (¿o de miedo?) por ellos inhibe el amor y, sobre todo, les insisto que el mejor patrimonio (en amor, claro está) que se le puede dejar a un hijo es educarle para que sea capaz de luchar por su propia vida y por su felicidad! Hay que recordar que nuestros hijos se miran en nosotros para saber el camino -o bien para, más adelante, rechazarlo y crear el suyo propio-, nos guste o no asumir este difícil y exigente reto como padres. El derecho a la vida no es solo el derecho a ser engendrados como algunos restrictivamente defienden a grito pelado, sino el inapelable y humano derecho a vivir la propia vida y a buscar en ella la felicidad, tanto de los hijos... como de sus sufridos y altruistas padres!

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jueves, 12 de febrero de 2009

EL INSULTO GRATUITO



Una lectora, a día de hoy anónima, me envía este interesante artículo del prolífico padre de familia y periodista catalán Joan Barril (Barcelona, 1952), veterano columnista de diarios como La Vanguardia, El País y el Periódico de Catalunya, que suele escribir sobre las relaciones humanas. Autor de un fantástico libro, "Condición de padre" (Ed. Santillana, 1998), en el que, de forma magistral, describe cómo un hombre engrandece su vida con la paternidad.

Esta vez, en este texto que reproduzco, recala en algo desgraciadamente más común y cotidiano, como es el uso del insulto en nuestra sociedad actual. Basta ver cómo se ha introducido en los guiones de TV, de cine y en la propia calle. Supongo que el insulto entre personas es un síntoma de la falta de respeto y de la descalificación gratuita y, por tanto, es un ejemplo de que algo no va bien en las relaciones humanas actuales. Te invito a leerlo y a difrutarlo.


6/2/2009 LOS DÍAS VENCIDOS

El insulto del hijo
JOAN BARRIL

La amistad es ese estado del espíritu compartido en el que todas las críticas se consideran una muestra de aprecio. Los amigos o las amigas de verdad son emisores y receptores de consejos sobre las cosas más íntimas. Los amigos son los que intentan poner algo de razón a la pasión amorosa con terceros. Son los que dan pistas sobre cómo resolver problemas laborales, fiscales o conyugales. Todo está abierto a la consulta del amigo de verdad sabiendo que todo va a ser también recíproco. Y, sin embargo, hay algo que permanece intocable: podemos decir que la pareja no conviene, que hay trabajos mejores e incluso que ya sería hora de afrontar los propios defectos. Pero, cuando hay hijos de por medio, ahí se acaba la complicidad. No hay nada más difícil y más arriesgado que entrometerse en la buena o la mala educación del hijo de un amigo. Será, tal vez, porque en estos tiempos en los que hemos dejado el autoritarismo en la basura ya ningún padre, vistos los resultados, tiene una gran autoridad moral para considerar que lo que tenía que hacer lo ha hecho bien. Se tenían que poner límites y nadie los ha puesto. El resultado es una curiosa frustración paterna. Ya no están a tiempo de corregir. Sus hijos continúan siendo los más guapos del mundo, pero algo hay que falla en su socialización.
Demasiado a menudo, inmerso en alguna celebración en las que coinciden varias familias con pocos vínculos en común, he observado a niños de 10 años que, contrariados por una advertencia de su padre, no dudaban en insultarle. No hay gradación en el insulto. No es más grave llamar "hijoputa" a un padre que llamarle "idiota". Lo grave es esa frivolidad del insulto y esa manera lamentable de marcar el paquete de la adolescencia sabiendo, como sabe el hijo, que el padre ya no puede hacer nada para reeducar al insultante.
Cabe preguntarse de dónde viene esa tendencia al insulto entre personas de distintas edades y condiciones. Hay jóvenes --y ya no tan jóvenes, porque nos crecen-- que insultan al viejo por viejo, al gordo por gordo. Ya no digamos al inmigrante, al revisor del tren o al vecino que les increpa porque son las cuatro de la madrugada y se han sentado a gritar bajo sus ventanas. La juventud necesita enemigos con los que medirse. Pero no estaba previsto que algún día los enemigos fueran todos los demás, padres incluidos.
El abuso del insulto como comportamiento animal para marcar territorio en la tribu no es, por el hecho de ser verbal, menos doloroso que la violencia física. En estos días hemos visto cómo se usaba el insulto a una becaria por parte de Wyoming para montarles una trampa a los de Intereconomía. Ha llegado también a los periódicos el caso del actor Christian Bale, el de El caballero oscuro, que llegó al récord de insultar 37 veces en 4 minutos a un técnico de luces del plató en el que estaba rodando. Los insultos de sus señorías en el Congreso de los Diputados también salen por televisión y son aplaudidos por los votantes. Suele ser, por desgracia, frecuente que los agentes del orden subrayen con un insulto calculado la fuerza incontestable de la que disponen.
Todos entendemos el mal humor momentáneo. Pero lo que no se entiende tanto es la mala leche crónica y estentórea para con el resto de ciudadanos. Si ha de haber bronca, que la haya. Pero que no sea jamás una bronca pública. Que se respete la edad y que no se humille al débil, al distinto o al que no puede responder. Muy difícil está la vida como para hacerla más invivible.


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martes, 6 de enero de 2009

¿REYES MAGOS?... NO SIN MI HIJ@!



Días como hoy, en que celebramos la venida de los Reyes Magos, nos damos cuenta de que estas fiestas y celebraciones están hechas para los niños... O, lo que es lo mismo, sin niños no resultan igual de mágicas! Pero un día como hoy, en el que a mi hija "le toca" estar con su madre, uno siente una cierta tristeza al no ver su mirada ilusionada al abrir sus esperados regalos, uno echa de menos sus sonrisas y sus exclamaciones al ir desenvolviendo paquete a paquete sus nuevos juguetes!

Esa es una experiencia ingrata, pero cómún para muchas personas que, voluntaria o involuntariamente, no estarán hoy con sus añorados hijos. Unos, los llamados inmigrantes, porque los tienen tal vez a miles de kilómetros de distancia, aunque los sientan cercanos; otros, porque en un buen día decidieron luchar por su respeto y amor y rompieron ataduras con alguien que les impedía ser y sentir como eran; otros porque no pudieron o no quisieron tener hijos; otros más porque, sin tener opción, fueron simplemente abandonados a su suerte cuando su pareja salió de su vida sin previo aviso... Qué más dan las razones de unos y otros para un día como hoy sentirse demasiado lejos de sus seres queridos!

En una mañana como esta, la de Reyes, los niños han dormido inquietos, revolucionados y espectantes ante la llegada de sus regalos. Mi hija de 8 años anoche afirmaba muy seria que no dormiría esta pasada noche para descubrir, al fín, si los reyes magos eran sus padres! Seguramente un día como hoy todos los niños han despertado impacientemente a sus papás y les han pedido permiso para ir a ver si los Reyes habían traido sus merecidos regalos. Sus papás, tal vez un tanto ajenos a tanta alegría, habrán hecho el esfuerzo de levantarse de la cama antes, con tal de compartir con sus niños ese especial momento de la Navidad; entrar en una habitación y verla llena -o no tanto, aunque a los niños siempre les parecerá repleta- de paquetes cariñosamente envueltos con llamativos papeles de colores, es siempre algo mágico; como mágica es la cara de felicidad al ir desenvolviendo paquete a paquete sus regalos, mirándolos con sorpresa y enseñándolos a sus papás y demas hermanos; seguramente ese momento quedará subitamente aplazado porque deberán marcharse a buscar otros regalos a casa de algún otro familiar, ya sean abuelos o tíos; ese día recorrerán familiarmente calles y calles llevando consigo esos regalos empaquetados y que tanto habían esperado, sean o no lo que habían escrito en su propia carta a los Reyes Magos!

Pero hoy mi pensamiento es para los miles de padres y madres que, por una razón u otra, no vivirán ese especial momento junto a sus hijos. A esos papás que sentirán lejana la felicidad vista en la mirada ilusionada de un niño! A esas personas que contemplarán absortos y un tanto nostálgicos este día de unos Reyes Magos que no pasaron y compartieron sus regalos en su hogar vacío de alegría infantil!

A todos ellos recordarles, no obstante, que la felicidad de un niño la llevamos todos y cada uno de nosotros dentro de nuestro corazón... simplemente hay que saberla y quererla descubrir, dándonos cuenta de que solo son nuestros sentidos lo que encuentran a faltar la sonrisa de un niño... pero que en nuestro corazón las personas físicamente ausentes comparten con nosotros y cada día esa felicidad que seamos capaces de compartir aún estando lejos! Y ese es el mejor regalo que uno puede hacerse en un día como hoy, el de la anual venida de los Reyes Magos!

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