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viernes, 17 de diciembre de 2010

EL DERECHO A NO VER NI ACEPTAR LA REALIDAD!



Es curioso lo difícil que resulta a veces navegar entre la cruda realidad y los sueños! La realidad nos empuja hacia el suelo, mientras los sueños nos elevan hasta el cielo. Supongo que lo ideal es estar justo en el medio, sin hundirse en lo cotidiano, ni levitar perdiendo de vista la realidad! No hay por qué escojer una de ambas opciones, pues depende del momento, necesitamos vivir cada una de ellas y siempre existe la equidistancia!

Hay personas que son capaces de vivir con los pies en el suelo, sin levantar la mirada y andando paso a paso! Otras, en cambio -entre las que me encuentro- necesitamos mirar más allá, para entender y encontrar el sentido a lo que vivimos en tierra firme! Para unos, un árbol no les deja ver el bosque, mientras que a otros, el bosque no les deja ver un árbol!

Pero, qué duda cabe, que mirar solo el suelo que pisamos no es siempre agradable, pues la vida nos salpica con acontecimientos y circunstancias que, sin mirarlos con perspectiva, se nos hacen difíciles de entender y, por tanto, de vivir. Mira lo que te rodea y te verás en una carrera de obstáculos continua, en la que el único logro es salir indemne y sin secuelas. Observa, si no, la gente por la calle de una ciudad cualquiera y verás los rictus de insatisfacción o de preocupación y las caras serias que expresan sus rostros. Mira ahora, en cambio, la cara de un niño de corta edad que, sin estar inmerso en la realidad de sus mayores, ve y vive la vida con una sonrisa. Quizás la diferencia entre un adulto y un niño sea la esencialmente distinta manera de ver y de vivir la vida: los adultos, muchas veces anclados en el pasado o en un futuro esperado, mientras que los niños viven el hoy rotundo que les circunda, lo que les hace estar más atentos a lo que pasa en cada momento!

Un niño, sin embargo -aunque no sea verdaderamente consciente de ella- no huye de su realidad, sino que la interpreta tal y como la siente, aunque no sepa racionalizarla ni, por tanto, entenderla ni explicarla: lo que hay, es lo que hay! Nosotros los adultos, a fuerza de acopio de años y de experiencias no siempre gratas, vemos la realidad, pero nos resignamos y/o huímos de ella, pensando que es la repetición de algo ya vivido o bien algo que cambiará en el futuro, si no nos gusta! Por eso, quizás, nos es más cómodo huir de la realidad que desconocemos o que no es tal y como la esperábamos. Pero la vida nos pone la realidad frente a nosotros a cada instante y hace todo lo posible para que la reconozcamos, la aceptemos y, al fin, la vivamos planamente, tal y como es. Cuanta más energía gastemos en evitarla o rechazarla, más agotados estamos y más lejos de nuestra felicidad, que no es más que ser totalmente conscientes de ella y saber encontrarle el sentido que cada simple cosa tiene en nuestra vida! Ni que decir tiene que cada uno halla su sentido concreto y singular a lo que vive como real! Por eso hay tantas realidades como personas que encuentran su propio sentido en la vida!

Eso me da que pensar que, muchas veces, opinamos sobre la realidad, nuestra o la ajena, como si fuera algo unívoco, irrefutable e inmutable, válido para todos y en todo momento! Eso, qué duda cabe, nos invita a juzgar esa realidad, e, incluso, somos capaces de imponerla a quien está cerca nuestro, aunque sea con el pretexto de querer lo mejor para éste! Eso es especialmente evidente con los hijos, a los que sus padres intentan aleccionar e imponer su propia realidad, a cualquier precio y, en teoría, por su propio bien o por amor... a veces, mal entendido! Pero, deberíamos recordar que no todos, ni en cualquier momento, estamos capacitados a reconocer y a mirar de cara la realidad, demos tiempo al tiempo! Y ese es un derecho inapelable de cada persona en su vida. La realidad se impone, sí, pero no antes de que la persona esté capacitada y quiera verla, aceptarla y vivirla! De hecho hay mucha gente que aprende a vivir en una permanente huída de la realidad, porque le desagrada o porque no tiene el valor de vivirla tal y como es, en un momento dado!

Antes -y durante muchos años- yo fui un terrorista de la realidad, imponiéndola siempre y en cualquier momento a las personas a quienes quería ayudar, supuestamente por su bien. En el fondo -pienso ahora- que era desconfianza mía en su propia capacidad de verla, sentirme mejor y útil para los demás y, lo que es peor, yo mismo sentía desconfianza, ante mi propia vida y su don de enmendar las cosas. Cuánta energía derrochada en hacer entender la realidad de la vida a alguien que no quería verla o, simplemente, no tenía valor de aceptarla y vivirla! Y qué poco respeto -aunque disfrazado de amor- tenía yo hacia estas personas, a las que creía ayudar, seguramente sin que me lo pidieran y, obviamente, sin lograr mi propósito, aparentemente altruista! Bajo sentencias como "no hay peor ciego que el que no quiere ver" me escudaba de mi obstinación en enseñar la realidad, se escondía el Ego y se vaciaba mi agenda, poco a poco! Hoy, en cambio, he aprendido a esperar, a dejar fluir la vida y a confiar (o amar) en que, cada persona se encuentra con su realidad en el momento justo, ni antes ni después... y por sí mismo! También he aprendido que, hasta que yo no fui capaz de aceptar mi propio sufrimiento y hallar su sentido para aceptar mi realidad, fui igualmente incapaz de soportarlo en los demás... y de amarlos de verdad, incluso a mis seres queridos!

Mientras llega el momento de aceptar la realidad, es verdad, muchas personas viven una vida falsa o efímera! Engañados o no, uno siempre tiene ese derecho... aunque en esta vida todo se paga y el tiempo pasa! Pero, al fin y al cabo, la propia realidad se impone, paso a paso... y, como se suele decir, "la vida siempre pone cada cosa en su sitio"! Y, en el fondo pienso que, algún día, muchas personas a las que incomodo con mi actitud ante ellos y ante la vida... está mi interés por compartir su vida real, sea cual sea... y no la ficticia y efímera que muchos ofrecen y desean compartir con los demás! La verdad es que hoy creo que he pasado de ser un terrorista de la realidad a ser un corredor de fondo en ella, pues muchos de mis sentimientos, pensamientos y acciones de hoy solo serán entendidos con el tiempo, cuando quien los vea comprenda, acepte y ame su propia realidad... en la que seguro me encuentran!

Detrás de ese mal hábito de ayudar por ayudar a quien no quiere ver la realidad de la vida, como he dicho antes, hay miedo a ver sufrir a personas que uno quiere y que les cuesta admitir que la única manera de aprender a vivir es viviendo. Comprender que los mayores cambios y saltos hacia adelante se dan gracias al sufrimiento, nos guste o no. Y uno solo puede aceptar ver sufrir a un ser querido cuando es capaz de aceptar que, detrás, está el amor, que todo lo puede, icluso hacer desaparecer el miedo que nos aleja a los unos de los otros y de nuestra propia Verdad... para compartirla!

Miguel Benavent de B.

lunes, 31 de mayo de 2010

LA PERMANENTE HUIDA HACIA ADELANTE...



Si hay un síntoma claro de lo insano de nuestro mundo actual es el estrés! El estrés no es más que esa permanente ansiedad ante lo cotidiano, lo exigible... Pero tras él está el miedo a "no llegar", "a ser menos de lo que se espera de nosotros", "a no estar a la altura"... Y ese estrés es crónico, algo muy distinto -y tóxico- cuando permanece con nosotros durante gran parte de nuestra vida adulta! En sus orígenes, el estrés era la respuesta eficaz ante una amenaza, lo que suponía un modo de supervivencia -defensa o huida-, pues activa todo el cuerpo y la mente para ello. Pero hoy el estrés se ha convertido en una actitud permanente, una peligrosa manera de afrontar la vida cotidiana y, lo que es peor, algo bien visto por la sociedad como virtud personal y competitiva! "No tengo tiempo", "no me cunde el día", "voy a tope" son sus más claras evidencias en un mundo en el que estar eternamente ocupado es un símbolo de eficacia personal y profesional...

Y ni que decir tiene que el estrés es el gran mal de nuestra Era y lo que provoca más enfermedades. Tras el estrés está el miedo! A fin de cuentas el estrés no nos permite estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor y nos impide que procesemos la realidad y aprendamos de ella! Por decirlo de alguna manera, el estrés, en sus últimas consecuencias, nos permite evadirnos de nuestra realidad no siempre grata, haciéndonos vivir un mundo ilusorio y tremendamente efímero, pues todo dura lo que dura! Basta que alguna circunstancia imprevista y ajena nos haga parar esa cotidiana velocidad que llevamos, para provocar el peor de los males humanos: el miedo. Cuando uno se para de repente, toma consciencia de lo que uno es y de lo que hay a su alrededor. Y eso, a veces, asusta, por lo desconocido... Y, evidentemente, la vida está hecha de momentos veloces y de momentos de sosiego, a partes iguales! Así, el estrés se convierte en una actitud, más que en una capacidad momentánea y eficaz de acción-reacción, donde se prima el zapping en nuestra vida y la falta de verdadera atención a lo que sucede en ella. ¿Otra consecuencia inmediata? La inmadurez reflejada en cómo transitamos nuestra vida cotidiana a toda velocidad, surfeando sin procesar -y, por tanto, sin aprender- lo vivido en ella!

Realmente la inmadurez es realmente nuestro gran enemigo, pues al no tener tiempo para aprender de nuestras experiencias, las vida se convierte en algo desconocido, que nos provoca vértigo y que no tiene sentido. Y, por contra, la madurez es una m,anera de vivir la vida que poco tiene que ver con la edad o, como alguien pretende engañarnos, con la eficacia, la competitividad y la seriedad! La madurez, por el contrario, nos enseña a ver la vida de otra manera, a aprender de todo lo que vivimos y a estar bien atentos a todo lo que ocurre en nuestro interior y en nuestro entorno. La madurez no es transitoria, sino una actitud ante la vida basada en la confianza... es decir, en la ausencia de miedo! Cuando uno decide madurar -porque es una decisión volitiva, seguramente a partir de algún suceso externo que actúa como detonante de ese cambio- aprende a vivir de otra manera, a ser capaz de percibir las señales que hay ocultas tras cada vivencia y a valorar el "hoy" como el momento preciso y necesario que vivimos, sin tener en cuenta el ayer ni el mañana! Sé que no es fácil, pues para llegar a ser maduro -desde ese punto de vista- es necesario dejar de ser inmaduro, es decir, dejar atrás los condicionantes del pasado o del futuro, desechar todo lo impuesto desde fuera sobre nosotros mismos -siendo responsables de nuestra vida y de lo que sucede en ella- y, por último, tener el valor de ser lo que uno es y vivir como tal! Claro que, para ello, tenemos toda la vida por delante... aunque siempre es preferible madurar cuanto antes para poder disfrutar de una vida plena y, sin duda, mejor que la que vivimos a toda prisa y cometiendo cíclicamente los mismos errores por no haber aprendido de ellos...

Te traigo una interesante entrevista de un experto que habla sobre el estrés y describe sus efectos evidentes y nocivos. Espero te interese el tema ya que, quien más y quien menos, padece estrés en algún que otro momento... y ser conscientes de su existencia y efectos es el primer paso para solucionarlo! Extrae tus propias conclusiones...


Shlomo Breznitz, 74 años, que investiga el estrés y la restauración cognitiva; creador de Cognifit. "Nuestro cerebro puede saber y no saber al mismo tiempo" La Contra de La Vanguardia. LLUÍS AMIGUET - 06/05/2010

En el ejército israelí estudié las reacciones de los soldados ante el miedo y el estrés.

¿Y qué descubrió?

Algunas cosas, pero después de 50 años investigando el estrés y el sistema inmunológico; la esperanza y el deterioro cognitivo en la Universidad Hebrea, Stanford, Berkeley, la Rockefeller y el National Health Institute de EE. UU.

Pues cuénteme...

Somos primates...

¡Qué me va a contar!

Y por eso nuestro sistema fisiológico está adaptado a miles de años en la selva. Allí las situaciones de estrés eran cortas e intensas.

O corres o te come el león.

Como un susto tremendo, pero corto. Y por eso ese estrés repentino de corta duración fortalece nuestro sistema inmunológico.

Si sobrevives al león.

... En cambio, el estrés moderno: ese que produce quedarse en paro o - peor aún-tener miedo a quedarse en paro o un jefe insoportable o la pareja mal avenida...

Angustia tenue, difusa e inacabable.

Es peor que el encuentro con el león porque no estamos preparados para él y, al contrario que el otro, deprime nuestro sistema inmunológico. De ahí que esas situaciones acaben a menudo por propiciar enfermedades crónicas o hasta un cáncer.

¿Cómo paliar ese estrés de cada día?

Estamos preparados para afrontar tragedias instantáneas pero no largos e interminables culebrones. Así que rompa la tensión cotidiana. Búsquese un momento sólo para usted: sin móvil, sin e-mails, sin obligaciones...

¿Un año sabático? ¿Una semanita?

Es suficiente con quince minutos cada día. Yo paseo cada mañana solo por las montañas de Haifa mirando el mar un cuartito de hora. Y luego vuelvo nuevo a trabajar.

¿Cómo trataban ustedes a los soldados con estrés postraumático?

Hay que actuar de inmediato: sacar al afectado del servicio y aislarlo para que se desahogue largo y tendido: llorar, expresarse...

¿Fuerzan un desahogo inmediato?

Sí, por eso es mejor aislarlo, para que no se contenga ni reprima por vergüenza ante sus compañeros, pero después de ese desahogo lo devolvíamos inmediatamente a su unidad, a su vida normal, sin dejar que se considerara a sí mismo enfermo. Creo que ese patrón sirve en la vida civil.

¿Y qué aprendió de la esperanza?

Su relación con la negación de la evidencia.

No sé si la veo.

Un fumador inteligente, por ejemplo, es demasiado listo como para negar la evidencia de que el tabaco le perjudica, así que negará de forma indirecta: dirá que sí va a dejarlo "pero no ahora".

¿Todos los adictos niegan así?

También creen que las consecuencias de la adicción afectarán a todos los demás adictos menos - y no querrán profundizar en el porqué- a ellos mismos. Así utilizan la capacidad de nuestro cerebro de saber y no saber al mismo tiempo. A menudo, a esa capacidad la denominamos esperanza.

¿...?

Lo observará no sólo con los adictos: también muchos enfermos terminales tienen el suficiente miedo para investigar lo que les pasa, pero sólo hasta cierto punto. A partir de ese cierto punto, el enfermo no quiere saber más. Niega la evidencia para dejar algún hueco a la esperanza.

¿Verdad a medias duele la mitad?

Y es más cómoda. Mantener la lucidez es un ejercicio tan duro como mantener la línea y no es una frase: la forma mental se mantiene exactamente igual que la física.

¿Sudando?

Sí, luchando contra la rutina producto de nuestro innato sentido del mínimo esfuerzo: desafiando la comodidad, el inmovilismo, la pereza mental, la aversión al cambio.

Por ejemplo.

Los occidentales acostumbramos a idealizar una vida en la que puedas vivir cerca de donde has nacido y si puede ser en la misma empresa siempre...

El ideal de ser funcionario del catastro.

Y nuestro cerebro para mantenerse en forma necesita justo lo contrario: desafío, reto, exigencia, cambio, movilidad.

Casi la mitad de los españoles vive en la misma ciudad donde nació.

Pues mal: no hay mejor estimulante mental que el cambio de trabajo, de ambiciones, de ciudad, de idioma, de cultura, de país.

El destierro es una maldición bíblica.

Pero muy saludable para el cerebro y para las sociedades que se renuevan con el estímulo mental de los recién llegados.

¿Es una aseveración científica?

Demostrable. Desde 1983 podemos observar cómo determinadas áreas neuronales se iluminan en pantalla al activarse.

¿Y eso qué probaría?

Demostré que era porque recibían más oxígeno, luego revivían, se rejuvenecían, creaban nuevos circuitos... Si no usas esos circuitos y activas nuevos, pierdes neuronas igual que si no usas músculo lo pierdes.

"Use it or lose it" (úsalo o piérdelo)

Por eso me especialicé en diseñar programas para ejercitar el cerebro.

¿El ajedrez o los videojuegos sirven?

Sólo para jugar al ajedrez o al videojuego: los ejercicios mentales para ser efectivos deben ser personales y modificarse continuamente para obligar al cerebro a adaptarse: ahí está el ejercicio: siempre en lo que más esfuerzo nos cuesta.

lunes, 2 de noviembre de 2009

¿CONFIAR NO ES UNA FORMA DE AMAR?



Habitualmente nos llenamos la boca con la palabra amor, aunque demasiadas veces es para citar nuestro crónico deseo por el amor romántico, de pareja. Pero el amor es mucho más que eso: es amarse a uno mismo, al prójimo y a todo lo que nos rodea, es decir a la vida. Y amar todo eso significa confiar, apreciar, valorar...

Así como alguien no puede amar a los demás sin amarse primero a uno mismo, uno no puede amar a alguien, sin tener confianza en ella como persona y en su capacidad de ser y de mejorar. Muchas veces obviamos la confianza en el amor... y solo nos acordamos de ella precisamente cuando se viene abajo la confianza en el ser amado, lo que irremediablemente provoca el desamor. No se puede amar realmente a alguien sin confiar primero en uno mismo y luego en ese otro alguien y en la vida misma! Confiar significa creer en la persona singular, creer en su propia capacidad, tener esperanza de que será capaz de amarse suficiente a ella misma para ser capaz de amarnos a nosotros. Claro que será la vida la que dirá el cómo y el cuándo, como siempre hace... solo hay que confiar en ella!

Hasta hace no muchos años, yo era capaz de "amar románticamente" a cualquiera que insistiera en mí y me gustara. Bastaba el momento adecuado, una cierta predisposición de ambos, la lógica atracción mútua y un cierto empeño para seguir adelante. Ese amor era algo fruto de la química, la sensatez y el trabajo mutuo, durara lo que durara. Seguramente había poco amor verdadero en todo ello: había solo deseo, necesidad de compañía, cierta curiosidad por desentrañar al otro o simplemente el reto personal de ambos por conquistarnos y salir victorioso. Es decir, mucho Ego y muy poco amor real por compartir! Era, por decirlo de alguna manera, un combate fraticida entre el ego de la otra persona y el mío propio, en el que había siempre un conquistador y un conquistado, un maestro y un alumno, un dominante y un sumiso! Y es que el Ego no sabe gestionar otra cosa que razones y establece comparaciones entre nosotros y los demás, entre el "yo" y "el otro", en otras palabras, realmente nos separa y no nos une realmente, pues el ego nace de la mente dual y restrictiva. Para él, todo es mejor o peor, bueno o malo, conveniente o inconveniente, positivo o negativo!

Pero llegó un día, no hace mucho tiempo en mi vida, en que apareció el amor verdadero, ese que no entiende de necesaria reciprocidad, ni de comparaciones ni de medidas ni de momentos... ni de egos enfrentados y compitiendo! Es ese amor que no distingue entre quererme a mí mismo, querer al otro, querer a los demás y querer a todo lo que me rodea. Segura y circunstancialmente se personificó en un ser amado especial (aunque nadie es tan "especial" como cree ser, todos somos capaces de amar y de ser amados, tenemos nuestras fortalezas y debilidades por igual), pero que, en el momento preciso abrió irremediablemente las compuertas de un amor verdadero que surgía del alma, que hasta entonces estuvo históricamente cerrado y resguardado ante la vida confusa. Este incipiente amor -quizás el primero real de mi ya larga vida- produjo un amor por igual hacia mí, hacia ella... hacia todos y hacia todo lo que me rodeaba. Y ese amor fue mútuo y mágico... como el que siempre y todos soñamos vivir algún día en nuestra vida. Lo de menos fue su consolidación, su tangibilidad o su fruto... pero un síntoma relevante fue que esa persona amada se convirtió en el espejo en el que mirarme, en el que mirarse ella misma y en el que ambos vimos nuestra nueva vida verdadera, hasta entonces oculta por nuestros miedos y experiencias pasadas. Sin duda es un amor rompedor, único, singular y verdadero, pues nos brindó la oportunidad de abrir nuestro corazón a la verdadera existencia!

Luego, como suele pasar, cada uno fue libre de aceptarlo o de rechazarlo, pero lo que sí es cierto es que fue un salto cualitativo en nuestra vida, común y compartido por ambos en el mismo mágico instante, cuando estábamos realmente preparados, lo aceptáramos como tal o intentáramos esquivarlo por causa del miedo, ese miedo histórico y aprendido que nos empuja inconscientemente a dejarlo escapar por no resultar heridos y por sentirnos demasiado vulnerables nosotros mismos, ante el de enfrente y/o ante nuestra propia vida! Atrás quedaron ya recuerdos de otros amores consensuados, convenientes y con fecha de caducidad! Con ese nuevo amor ambos nos sentimos bien presentes en la vida nuestra y en la del ser amado, para siempre y dependía poco de los hechos externos que sucedieran. Es como una luz que ilumina toda nuestra existencia a partir de ese momento y para toda nuestra vida!

Porque el amor verdadero trae consigo confianza, incondicionalidad, atemporalidad y quizás, por primera vez, serenidad y paz interior ante todo lo que éste provoca y ante nuestra vida! Existe igualmente la química, el deseo, la atracción, la curiosidad mutua por saber cómo es el otro,las ganas de compartir momentos y lugares singulares... pero, ante todo, es un amor nuevo que nos hace crecer a ambos, que estimula nuestra vida por entero y que nos regala un sentimiento puro e intenso que es imposible de evitar y que durará para siempre! ¿No es eso el amor verdadero que todos soñamos... aunque que pocos tenemos el valor de vivir?

Te traigo una entrevista en que álguien habla del amor verdadero y la confianza necesaria, en este caso concreto, ante nuestros hijos. Extrae tus propias conclusiones...


Lenore Skenazy,49 años,´la peor madre de América´."Deja a tu hijo moverse solo, no lo secuestres..., ¡confía!". La Contra de La Vanguardia. VÍCTOR-M. AMELA - 30/10/2009

Dejé a Izzy ir solo al colegio... ¡y vaya escándalo!

¿Estoy ante la peor madre de América?

Ese título me han colgado.

¡Algo habrá hecho para merecerlo...!

Sí: confiar en la vida, en el mundo, en la gente y en mi hijo.

¿Confiar?

Confiar en que mi hijo Izzy, a los 9 años, podía ir y volver él solito de casa al colegio.

¿Y podía?

Claro: desde pequeño ha viajado en metro conmigo y su padre, y días antes de dejarle ir solo, repasamos el trayecto con él.

¿Y qué decía Izzy al respecto?

Como la mayoría de chavales, él anhela sentirse independiente, autónomo, sentirse mayor: le ilusionaba moverse solo por Nueva York, y sabíamos que tenía plena capacidad para hacerlo. Y le dejamos hacerlo.

¿Y dónde estuvo el problema, pues?

En que un policía, al verle solo en el metro, le detuvo: "¿Dónde vas solo, tan pequeño? ¿Lo saben tus padres?", le preguntó. No se creyó que le hubiésemos dejado moverse solo por el metro de Nueva York...

¿Y qué pasó?

Se lo llevó a comisaría y me llamaron a casa.

Vaya susto, ¿no?

Me sobresalté. Por teléfono le confirmé al agente que yo había permitido a mi hijo salir solo. El policía no daba crédito: "¿Y no le preocupa lo que pueda pasarle a su hijo?", inquiría, atónito. ¡Temí ser arrestada!

¿Y no le inquietaba que fuera solo?

¿Qué podía pasarle? ¿Ser robado? ¿Agredido? ¿Secuestrado? ¿Violado? ¿Asesinado? ¿Descuartizado? ¡Por favor! Ese modo de pensar tóxico es mayoritario hoy en mi país, con unas consecuencias espantosas...

¿Qué consecuencias?

Tener tanto miedo a monstruos que atacarán a nuestros hijos ¡convierte a los padres en verdaderos monstruos para sus hijos!

Tanto como eso...

¡Los padres roban a sus hijos la infancia y el gusto por la vida, inoculándoles recelo y miedo! Están encapsulándolos, incapacitándolos para vivir en sociedad. Mire, yo relaté lo sucedido con mi hijo Izzy en mi columna periodística, y asistí a dos reacciones...

A ver: una...

Se me acusó de desocuparme de mi hijo, de ser mala madre, negligente, perezosa, pasota, culpable de lo que le pasara a mi hijo...

La peor madre de América, vamos.

Pero la otra cosa que pasó es que recibí cartas de chavales. Le leo una: "Tengo 15 años. Me llevan en coche de casa al colegio, mi vida es ver la tele, videojuegos... Es divertido un rato..., ¡pero no tengo libertad!: no puedo jugar en el jardín porque mis padres tienen miedo a que me secuestren o me maten. ¡No quiero que mis hijos, si un día los tengo, vivan como yo!".

Se trata de un caso extremo...

No, es común. Cuando yo era niña, correteábamos por la calle, los niños repartían diarios, las niñas de 12 años hacíamos de canguro a niños pequeños, o cantábamos por las casas pidiendo aguinaldos... ¡Nada de eso se permite hoy! Sólo un 10% de los niños de mi país van solos al cole.

Habrá aumentado la inseguridad...

¡Mentira! El índice de seguridad vuelve hoy a ser el mismo que el de 1963, y Nueva York es de las ciudades más seguras del país.

Entonces, ¿a qué responde tanta sobreprotección?

La televisión sabe que repetir sucesos luctuosos, crímenes, tragedias, niños secuestrados, una niña asesinada... nos estremece, atrae, magnetiza y vende. Y lo hacen: ¡los repiten sin descanso! ¿Pasa esto en España?

Estamos en ello.

El efecto de esto es que la gente se queda con un mensaje: "La calle es peligrosa, ¡mi hijo está en peligro!". E incluso algo peor...

¿Qué?

¡Acabas viéndote a ti mismo como criminal! "Si un vecino me deja a su hijito, ¡qué irresponsable es!, porque yo podría...".

¿Qué medidas tomaría usted si mandase en Estados Unidos?

Que no se arreste y enjuicie - como ahora-a padres que dejan un rato a sus niños solos en casa o les permiten salir solos a la calle.

Pobres padres...

Y pobres hijos: cosificados, convertidos en inútiles, no sabrán desenvolverse mañana. ¡Démosles la oportunidad de espabilarse!

¿Cómo?

Déjale que vaya a comprar el pan o el periódico, déjale que complete una vuelta a la manzana en bici él solo, déjale que vaya a comprarse un helado... Enséñale, ¡y suéltale! Ser buenos padres consiste en eso.

¿Qué otro consejo daría?

Me escribió el otro día un señor de 90 años: "Recuerdo el día en que, con 10 años, me dejaron subir solo al tren...". Tras casi un siglo de intensa existencia, ¡Segunda Guerra Mundial incluida!, al final de su vida, ¿quién era ese hombre, quién había sido siempre? ¡El niño valiente que subió solo al tren...!

Confianza es el mensaje, ¿verdad?

Confía más en lo que ves que en la tele: ¿secuestran cada día a un niño en tu ciudad?

¡No!

Pues no lo secuestres tú: ¡tenemos secuestrados a nuestros hijos! Alguien me soltó: "Esta madre prefiere darle a su hijo un día de diversión a una larga vida", ¡dando por hecho que alguien matará a mi hijo!: así de aberrante es la mentalidad estadounidense.

¿Qué es lo peor que le han dicho?

"¡Ojalá algo horrible le pase a tu hijo, para que aprendas!".


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jueves, 29 de enero de 2009

¿INCERTIDUMBRE?



Podríamos escribir, entre todos, miles de historias propias o ajenas, cercanas o lejanas, personales o colectivas, sobre nuestro mundo actual, plagado de incertidumbres e injusticias. Es verdad. Pero todas ellas no son más que peones en nuestro mundo actual, que no es más que el claro reflejo de nuestras carencias personales y, la suma de todas ellas, hacen de nuestra vida cotidiana algo difícil de gestionar y, sobre todo, de encontrarle algo positivo donde asirnos. ¿Somos víctimas... o protagonistas de lo que sucede alrededor nuestro?

Basta mirar hacia atrás, para ver que durante los últimos 10 ó 15 años hemos disfrutado de un relativo bienestar económico y social, muchas veces basado en la apariencia y en la autocomplacencia de un sistema que va, a pasos agigantados, hacia su propia destrucción. No trataré aquí de describir razonamientos económicos y sociales que avalan mi aparentemente pesimista visión del tema. Solo añadiré que tiene poco que ver con lo que los grandes gurús economicistas de la sociedad afirman y mucho menos, con lo que los políticos sugieren o nos quieren hacer creer. Doctores tiene la iglesia... para mentirnos o, simplemente, justificar su ignorancia intentándonos convencer de que lo saben todo y todo está, a su vez, bajo control, aunque parezca lo contrario! Claro que uno no se deja engañar, si no lo quiere...

Echemos una mirada a nuestra aparente sociedad actual, a nuestro día a día, al menos aquí en España: Familias felices que guardan en su garaje hasta 4 vehículos de lujo; viviendas ajardinadas en zonas residenciales exclusivas; gasto excesivo y suntuoso en ropa cara y ocio desmedido; vacaciones de ensueño en lujosos cruceros o en exóticos países lejanos; despilfarro a todas horas en caros restaurantes de la ciudad; niños y jovenes malcriados que gastan en chuches (glosinas) y en alta tecnología, respectivamente, su inmerecida paga semanal; colegios caros para enseñar "a no ser y a parecer", más que educar... Excesivo lujo, ostentación y desvarío en una sociedad superficial, sustentada en el falso crecimiento y en la vanidad humana desaforada!

Pero, ¿qué hay detrás de todo ello? Personas, hombres y mujeres, adultos y niños, ricos y pobres, que han permitido que la fácil y cómoda visión del espejismo del bienestar les engañara y les hiciera vivir una vida ajena! Aunque, tras ella, hubiera vacío personal, inquietud ante la falta de valores e incomunicación! Y, en esta vida nuestra que todo se paga y lo mejor requiere un cierto esfuerzo, hoy nos pasa factura de los excesos -lo cual está bien-, pero nos hunde en la apatía, el miedo o en la incertidumbre profunda. Aparte del correctivo económico y social que traerá la crisis como lección a aprender y a no olvidar, también nos debería hacer reflexionar sobre nuestra vacía vida. ¿Dónde están los valores? ¿Y nuestros sueños de juventud por cambiar el mundo y mejorarlo? ¿Y nuestro espíritu rebelde tratando de imponer nuestros criterios personales ante los demás? ¿Y nuestro corazón que exije comunión con los demás y ayudar al prójimo? ¿Y nuestras ideas revolucionarias para mejorar nuestro entorno? Según parece hemos estado durante demasiado tiempo viviendo una vida aletargada, ajena y tóxica para nosotros mismos... Nos hemos privado de nuestra capacidad (¿o deber?) de estar realmente satisfechos, realizados y felices como personas. Hemos olvidado nuestra exigencia, humana y divina, de volar alto en nuestras vidas... y, en cambio y en contra nuestro, hemos entregado nuestra propia y desconocida alma al olvido o al interés de lo cómodo y lo superfluo! Avisos hemos tenido durante todo este tiempo, como la imparable proliferación de epidemias, de enfermedades como el cáncer o las cardiovasculares, las patologías psíquicas, como la depresión o la esquizofrenia, la insalubridad en nuestra cotidianidad y un largo etcétera de síntomas de nuestra desorientación humana o, lo que es peor, de la renuncia a nosotros mismos y a lo que merecemos!

Esta es la importante lección que debemos creer que impondrá una crisis como está. "La letra, con sangre entra" o "quien te quiere (en este caso, la vida), te hará sufrir", qué más da! Este será su indudable beneficio para las personas que habitamos este planeta: Replantearnos nuestra vida personal y colectiva. Despertar a nuestros sueños, recobrar nuestros sentimientos y volver a luchar por hacerlos -de una vez por todas- realidad, nuestra realidad personal e intransferible. Y eso nos permitirá ser personas libres, singulares y soñadores! Y, lo que es mejor, recuperar nuestra propia vida, en vez de morir cada día un poco en la de otros!

Aquí un fragmento de un artículo que habla sobre nuestra actual incertidumbre social. Te invito a leerlo y a que extraigas tus propias conclusiones...


LAS OTRAS CRISIS

"La sociedad de la incertidumbre:Previsiones que no atinan, políticos que zozobran en la crisis..., la economía ya no parece una ciencia exacta

JAUME V. AROCA - La Vanguardia de Barcelona - 28/01/2009 DESCONFIANZA

Casi todas las previsiones en España han resultado fallidas en el último año
Había leído en algun lugar que esto podía pararse. Bueno, finalmente ha ocurrido". Carles en un joven abogado de 33 años de Barcelona. Pertenece a la generación que alcanzó la madurez en tiempo de bonanza. Compró su primera casa en las afueras con 28 años y tres años más tarde logró casi duplicar su patrimonio con una oportuna venta que le dio incluso para comparse un todoterreno de gama alta. Hasta que hace dos meses dejaron de ingresarle la nómina. "El problema no es el trabajo. Tengo más que nunca. Lo que ocurre es que los clientes no nos pagan". Los bancos, aquellos con los que trabó un buen acuerdo financiero hace sólo unos años, ahora le han denegado el crédito para salir del mal paso. Las puertas están cerradas. Bienvenidos a la sociedad de la incertidumbre. Como Carles (un nombre supuesto para una historia real) toda una generación ha crecido al amparo de certezas que, ahora, de pronto, se han derrumbado. Y lo que es peor: no hay un horizonte al que asirse, información consistente de la que tomar nota, ni liderazgos políticos sólidos capaces de combatir el desánimo. La confianza de la opinión pública cae en picado mes tras mes. El Foro de Davos, que arranca hoy dará nuevas pistas de la incertidumbre..."

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