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jueves, 21 de enero de 2010

APRENDER A VIVIR EL MOMENTO!



Ni que decir tiene que debemos vivir el momento, el hoy, manifestándose a través de lo que sentimos! La vida, siempre imprevista e imprevisible, nos puede sorprender -y nos sorprende, de hecho- en cualquier momento! Si la vivimos únicamente basándonos en el pasado o en futuro, se nos escapa el "hoy", sin prestar atención a lo que éste nos ofrece!

Las campañas de seguridad vial, por ejemplo, nos recuerdan continuamente esta realidad. Basta un segundo de distracción, para tener un accidente y morir. Y es que en la vida, como en la conducción, debemos ir siempre bien atentos. Continuamente pasan cosas a nuestro alrededor, llegan señales -a veces, en forma de silencio o de breves guiños-, ya sean personas concretas, momentos y lugares, que buscan hacerse un hueco en nuestra vida... para enseñarnos algo, para hacernos reaccionar o para cambiar radicalmente nuestra vida! Y todo eso está allí, para algo concreto, porque debe estar, aunque no siempre nos guste... o nos asuste! El sufrimiento, como el amor, forma parte consustancial del ser humano y le ayuda a crecer! Cada momento es mágico, único e irrepetible en nuestra vida, si queremos verlo así!

Si, en cambio, estamos distraídos o ausentes, huyendo de algo, sintiéndonos mal -concentrados en nuestro pasado o en nuestro futuro esperado-, esos momentos nuevos que llegan, pasan de largo, aunque la vida -más amorosa con nosotros, que nosotros con ella- nos dará otra nueva oportunidad para reencontarnos con ellos. La vida pone todo en su sitio! Incluso esas situaciones -ya sean personas, momentos o lugares- vuelven a reaparecer en nuestra vida, siempre y cuando traigan alguna lección que debamos aprender y aprobar! Quizás será con otra forma y en otro momento lejano en el tiempo, pero aparecerán de nuevo! A veces, de la mano de una situación imprevista y fugaz; otras, atraídos por nosotros y por nuestra alma, que requiere eso que nosotros, muchas veces, nos negamos a aceptar!

Confiar en la vida es aceptar que todo eso que pasa en ella no es porque sí, si no algo necesario y que, sin necesidad de juzgarlos, pieza a pieza, todo se engrana para llevarnos a nuestro Destino... aunque nosotros escojamos en cada pequeña decisión si acercarnos o alejarnos de él! Estaremos de acuerdo o no, lo aceptaremos a la primera o deberá reaparecer mil veces más, pero al final, sucederá! Mirando hacia atrás, uno puede darse cuenta de que todo lo vivido -lo bueno y lo malo, aparentemente- sigue una pauta imposible de descubrir en cada momento, pero que nos lleva sobre una linea imperceptible y quizás discontinua, pero firme, hacia nosotros mismos! Pero, para ver y vivir esa linealidad vital, uno debe antes vaciarse del pasado y del futuro, deshacerse de los condicionamientos de aquellos y dejar de huir de la realidad, para estar bien atento siempre y dejarse llevar por el hoy!

Siempre había creído que mi vida dependía de mí y de mi esfuerzo por vivirla! Vaya error... y vaya vanidad! El sol sale cada día, esté o no yo de acuerdo con ello! Pero con los años, uno ve que esa vida presuntamente programada y previsible, no solo es una ilusión (algo irreal), sino que está de espaldas a la realidad! En aquella, además, tampoco encontramos esa felicidad que todos buscamos! Seguramente porque la felicidad es algo que no hay que buscar fuera, sino dentro nuestro, en nuestro corazón y a partir de lo que sentimos... porque, además, cuanta más energía gastamos en encontrarla o en pensar cómo sentirla, más se nos escapa de las manos! En todo caso, la propia vida será la que nos mostrará la posible felicidad -en una persona, momento o lugar- que, súbitamente, evocará algo especial que -en el hoy y el ahora- resonará en nuestro interior! Solo por ello vale la pena estar bien atentos a lo que sucede cada día allí fuera, porque muchas de esas cosas las reconoceremos como viejos amigos del alma, que esperaban la ocasión para reencontrarse y compartirse!

Te traigo aquí una entrevista interesante de La Contra de La Vanguardia. En ella comenta la futilidad de nuestra vida, cambiante segundo a segundo, precisamente para que estemos bien atentos a esos cambios y al significado que tienen en nuestra propia vida! Disfrutala...


Isabel Palomeque, 30 años, bailarina de danza contemporánea tras sufrir un ictus "Me sucedió lo que jamás pensé que pudiera sucederme". La Contra de La Vanguardia. IMA SANCHÍS - 11/01/2010

Yo era una enfermera vocacional, trabajaba en el Centro Cardiovascular Sant Jordi, comenzaba a realizar mis primeros servicios en la UVI. Estaba llena de ilusiones, pero...

Cambió su vida en un segundo.

Sí, en una cena con compañeros de trabajo me sucedió lo que jamás pensé que pudiera sucederme: un súbito dolor de cabeza, mi brazo y mi pierna derechos se bloquearon, me quedé sin habla, caí al suelo entre convulsiones y perdí el conocimiento.

Fue operada a vida o muerte.

Desperté 13 días más tarde. No sabía dónde estaba ni qué me había pasado. No entendía nada, no reconocía a nadie, estaba llena de tubos y conectada a un respirador. Recuerdo el frío glacial de las sábanas.

Un ictus.

Mi despertar a la vida fue trágico: hemipléjica, totalmente dependiente, incapaz de controlar mis necesidades y sin poder hablar. Toda mi vida, mi futuro y mis relaciones personales se evaporaban.

...

Me quedaban la familia y unos pocos amigos que también lentamente se fueron retirando de mi vida.

¿Qué edad tenía?

Veinticuatro años. Así, de repente, pasé de ser enfermera a paciente.

¿Entendió cosas de los pacientes?

Sí, que en esa circunstancia somos todos iguales: el gran cirujano y el indigente.

¿Cómo le trataron?

Mi estancia durante un mes en una planta de neurología fue algo muy parecido a un infierno. En la UVI contraje una enfermedad infecciosa y sufría las consecuencias del peor diagnóstico precoz, que se resume en cuatro palabras: "No atiende a órdenes". La atención técnica era muy eficaz, pero humanamente…

¿No?

El equipo médico me salvó la vida, pero luego parecían completamente ajenos al hecho de que la persona salvada había sido condenada a una cadena perpetua de enormes repercusiones psicológicas.

¿Cómo trataron a su familia?

Mi familia debía suplicar los informes de evolución. La desorientación y la ignorancia sobre cómo afrontar el futuro inmediato eran desesperantes.

Un año sin poder comunicarse. ¿Qué le pasaba por la cabeza?

Rabia, que es espantosa, yque todavía arrastro, porque no poder explicarte es muy frustrante. Todo enfermo grave pasa una temporada de negación. Luego lo aceptas y te das cuenta de que el mundo sigue girando contigo o sin ti, de manera que hay que tragar saliva e ir a por él.

¿Ha tenido ayuda psicológica?

No, ni he tomado ningún tipo de fármaco antidepresivo. La familia ha sido lo esencial: mis padres, mis dos hermanos. El ictus es un terremoto emocional que separa o une, en nuestro caso ha formado una piña.

¿Recuerda algo del coma?

Un sueño: estaba en el aeropuerto con mi maleta, subida a la cinta transportadora, llorando y despidiéndome de mi familia. "¡Adiós, adiós! - les decía-.Nos volveremos a ver quién sabe cuándo". Al final de la cinta transportadora había un túnel.

¿Lo cruzó?

No, me llamaron por los altavoces: "Señora Palomeque, en cinco minutos sale el vuelo". "¡No llego, no llego!", pensaba… Y desperté.

¿Un viaje agradable o desagradable?

Agradable, toda la familia se quedó atrás llorando, y yo les decía: "No os preocupéis, que los gatos tienen siete vidas y yo estoy en la primera"; eso decía mi subconsciente.

¿Le ha cambiado el carácter?

Ahora veo a la gente diferente, la veo a toda por igual, y antes quizá era más clasista. Procuro no tener miedo y mantener el ánimo alto. He hecho vuelo sin motor, salgo a cenar, a bailar. La vida se ha convertido en un reto, soy mucho más decidida.

¿Ha hecho nuevos amigos?

Sí. Salvo algunas excepciones, antes del ictus y después del ictus son vidas diferentes.

¿Cuál es su ilusión?

Ser útil dentro de mis limitaciones. No puedo fijar mi atención de forma continua; aunque cada vez lo hago mejor, me cuesta expresarme, pero me gustaría hacer algo por los demás sin más remuneración que la de ser aceptada como miembro activo de la sociedad.

¿Cuándo empezó a bailar?

Llegué al centro de rehabilitación en silla de ruedas, al cabo de un año empecé a decir frases más o menos coherentes y logré desplazarme de forma autónoma, aunque por el momento no he recuperado la movilidad del brazo y la mano derechos. Pero en cuanto pude hice un taller de danza integrada con Jordi Cortés.

... Ahora es una profesional.

Poco después me llamó para que participara en su espectáculo Vitriol.No me lo podía creer. Me levanto a las siete y media con una sonrisa, me gusta hacer bolos, me encanta esta obra, estoy ilusionada.

¿Ilusionada?

Hoy las cosas pequeñas me dan grandes alegrías. He aprendido a vivir el momento, carpe diem.Antes todo estaba en el futuro. Llevo un aparato ortopédico en una pierna para sostener el equilibrio y ese ha sido un favor enorme, un cambio radical, algo fantástico para mí, no se lo imagina. Pero ojalá a nadie le sucedieran estas cosas!



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viernes, 13 de noviembre de 2009

¿CRISIS, QUÉ CRISIS?



Ya publiqué hace tiempo este precioso texto de Pablo Neruda, pero me gustaría recordarlo aquí y ahora, contigo. Supòngo que es mi momento actual, tal y como veo a personas que, en silencio, viven momentos difíciles de incertidumbre vital. Quiero entender que no es mi estado personal lo que me hace ver así el mundo que me rodea. Supongo que se debe más a mi onda con personas que, por alguna razón, aparecen en mi vida y espontáneamente me transmiten su inquietud, de alguna manera.

Y es que últimamente, vaya donde vaya, un tema recurrente es el sufrimiento. Tal vez se deba a mi facilidad para empatizar con las personas o a mi manía de hablar sobre la vida, lo que hace que mis interlocutores al poco tiempo me hablen de sus carencias e inquietudes personales, muchas veces sin apenas conocerme. Incluso llegué a pensar si "cree el ladrón que todos son de su condición" al traslucir el pesar propio en personas que llegaban a mi vida. Pero, aunque algo haya de cierto en ello -todas las personas son un cierto reflejo de nosotros mismos y aparecen para darnos cuenta de algo que debemos mejorar en nuestra propia vida- seguramente se debe a mi capacidad de profundizar en una mirada y, a decir verdad, a ignorar cada día más las palabras vacías que salen de la boca y que no son más que fruto de la mente, muchas veces autoengañada.

Así, mi sensibilidad actual hace que sea capaz de ver y entender al alma ajena, como si de la mía se tratara y sin tener en cuenta lo aparente y exterior en nuestra vida cotidiana. Eso, sin duda, es un don, aunque también una incomodidad en la práctica, pues te hace imprudente en algún caso e insolente en algunos de tus comentarios a los demás. Pero es ese don especial el que me permite ir más alla de las palabras con mis clientes actuales de Coaching Personal, así como identificar las carencias y áreas de mejora reales, desdeñando las argumentadas o simplemente aparentes. A nivel personal esa cualidad me ayuda a ver y encontrar el sentido a casi todo lo que me rodea y vivo.

Como mencionaba, actualmente percibo una cierta desilusión y apatía en las personas que me cruzo en mi vida, de cualquier edad y condición social o económica. Más alla de la actual coyuntura de crisis mundial y de sistema que estamos viviendo, veo a todo tipo de persona -afectada o no por la incertidumbre económica- con un sentimiento de resignación o con ansiedad o miedo ante el devenir de la vida. Parece como si el miedo se hubiera apoderado definitivamente de nuestro mundo! Temor, falta de confianza, violencia de bajo tono, desilusión, apatía, nostalgia por el pasado, recelo, irascibilidad... se exhiben por doquier en la calle, en reuniones sociales o profesionales, en la familia, en la pareja, etc. Y esa atmósfera cargante y cargada se extiende como una mancha de aceite en el agua, intoxicando a propios y extraños, haciendo de nuestro momento vital un simple tránsito por tiempos difíciles, por lo que solo deseamos que sea breve y sin demasiado dolor, como si habláramos de la muerte.

Puede, efectivamente, tratarse del ambiente enrarecido, de la atmósfera de incertidumbre personal y colectiva que nos rodea, pero creo sinceramente que es más profunda, pero evitable sentirla necesariamente así y, sobre todo, sin contagiarse. A veces basta con saber levantar nuestra mirada más allá de lo que vemos en nuestra rutinaria y hoy ofuscada vida cotidiana y, sobre todo, cambiar nuestra actitud ante la misma. Un saludo afable a un desconocido por la calle, un guiño simpático a alguien que nos cruzamos o un "feliz día" o un "feliz semana" con una sonrisa a un ser querido obraría milagros en esta vida nuestra! No es mucho pedir, creo. Particularmente intento hacer estos gestos gratuitos y raros a diario, desde hace bastantes años, tanto en mi vida personal, como en la profesional o social. Y podría afirmar que, aunque hay también reproches velados a mi sinceridad o a mi cordialidad cotidiana, en general, hay gratitud, aunque muchas veces no se exprese o se haga en silencio, lo que ya es mucho. También es verdad que, cuando por alguna razón, he dejado de lado temporalmente estos gestos de simpatía, hay quien me lo ha reprochado, incluso afirmando que los echaba de menos!

Siempre me he considerado una persona positiva, es verdad. Y esos gestos gratuitos respondían a esta manera de ver la vida. Pero sinceramente creo que esa actitud no es un privilegio ni un don personal, sino algo que se aprende a golpes en la vida. Seguramente yo, como todos, tenemos muchas razones para cambiar nuestro natural semblante y adentrarnos en el rostro inquebrantable de quien desea aparentar insensibilidad, fortaleza o invulnerabilidad ante los demás o ante la vida, lo que por cierto está en linea con una sociedad y un mundo que nos fomenta la competitividad, aunque sea olvidando a los seres humanos. Pero, personalmente, pienso que algunos hemos llegado a un punto en la vida en que no nos sirve aparentar ni demostrar continuamente lo que no somos, sobre todo si, haciendo esto, no nos sentimos cómodos con nosotros mismos ni con los que nos rodean. Porque aunque sea para hacer la vida más fácil a los demás, una sonrisa a tiempo nunca sobra... sobre todo si responde a una forma verdadera y sincera de ver, vivir y de confiar en la vida!

Te dejo con el precioso texto de Pablo Neruda, que nos recuerda que hay demasiadas maneras de morir viviendo y de vivir muriendo! Escoje tú cómo quieres vivir tu propia vida...vivo o muerto!


Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos
trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su
vestimenta
o bien no conversa con quien no
conoce.
Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino
de emociones,
justamente estas que regresan el brillo
a los ojos y restauran los corazones
destrozados.
Muere lentamente
quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos...
¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!

¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!



Pablo Neruda

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viernes, 12 de junio de 2009

EL PRIMER PASO PARA CAMBIAR LA REALIDAD ES ACEPTARLA



La realidad es una... o varias -cambiantes- a la vez, lo aceptemos o no. Podemos temporalmente evadirnos de ella, para eso hemos creado el ocio, la política, el fútbol, la droga del tipo que sea... o, simplemente, nuestra gran afición humana de engañarnos a nosotros mismos... y, como consecuencia, al otro. Pero, un día u otro, la realidad se hace patente en nuestra vida y reclama toda nuestra atención. Porque la vida nuestra no es más que ese tránsito necesario para aprender lo que cada uno debe aprender. El premio de este aprendizaje es, sin duda, la felicidad, o sea el propio camino hacia esa felicidad por irse descubriendo uno mismo cada día y observando -y sobre todo- sintiendo intensamente lo que percibimos y viviendo esos acontecimientos que la vida nos ofrece a cada nuevo instante. No hace falta meditar demasiado, ni llevar a cabo un proceso intelectual para lograrlo, ni tan siquiera aislarse del mundo y aspirar al encuentro místico con uno mismo... como muchos parecen sugerirnos desde terapias alternativas o pseudo-científicas ancestrales o libros de presunta autoayuda, escritos por iluminados. Se trata de sentir y ser capaces de identificar ese sentimiento ante cada situación, para luego buscar su sentido en nuestra vida y elegir si ese sentido está o no alineado con lo que queremos en ella. Si está alineado, ese camino vital provocará nuestra satisfacción y, por que no admitirlo, nuestra felicidad, aunque ésta sea la leve y efímera suma de momentos felices; si ese sentimiento no está alineado, nos costará esfuerzo intelectual o emocional llevarlo encima y nos darla sensación de llevar una pesada carga de desilusión... y ese otro sentimiento de supervivencia y de una cierta resignación frente a la vida, tan común en nuestro tiempo actual.

Aunque no lo parezca por mis largos escritos, cada día más dejo las palabras vacías para los presuntos intelectuales, los presumidos eruditos o los fabricantes de best-sellers de autoayuda. Los sabios, en cambio, saben ver la verdad en el silencio, en la contemplación y vivencia de la naturaleza interna y externa: Indagan en su corazón para sentirlo como propio y en el entorno natural que nos envuelve, como gran maestro de la realidad de la vida. Para vivir de verdad basta con estar atentos, sentir lo que se siente, encontrarle un verdadero sentido y, sobre todo, vivirlo intensamente, tal como viene. Reconozco que no creo demasiado en los maestros ajenos a uno mismo, como tampoco creo en el misticismo lucrativo o gratuito, o los que promueven filosofías y prácticas orientales arcaicas, o los que ofrecen su mágica conexión con el más allá, ya sea desde doctrinas religiosas o simplemente, echando las cartas del Tarot o leyendo los posos del café. No pongo en duda todas y cada una de esas recetas mágicas para reencontrarse con uno mismo o conocer el devenir de nuestra vida, sino todas esas personas víctimas que, desorientadas y con temor frente a la vida, buscan refugio fuera de ellos mismos, mitificando el medio y olvidando el loable fin de reencontrarse y, lo que es peor, cayendo en obsesiones, adicciones o entregando su alma al mejor postor, a cambio de la eterna y férrea sabiduría para vivir!

Aquí te traigo una interesante entrevista a un "coach literario", como se autodefine, que -por cierto y a pesar de lo dicho hasta aquí-, corroboro en casi su totalidad. Seguramente mi recelo ante este tipo de temas radica en lo fácil que es caer en dogmatismos, en reglas universales que desoyen la realidad singular, personal e irrepetible de cada uno de nosotros, ignorando el sabio maestro que cada uno tenemos en nuestro interior y el necesario aprendizaje a través de la vivencia personal. Palabras eruditas, libros presuntuosos, conferencias ilustradas... con un buen fin en sí mismo... pero con una dudosa metodología arreglatodo y, una vez más, una manera de ayudar a la gente a evadirse del protagonismo personal que cada uno tiene frente a su propia vida!

Disfrútala... Analiza sus acertadas y sensatas palabras, pero extrae tus propias conclusiones!

"No hay un espacio en la sociedad para expresar la tristeza, por eso la escondemos".
El coach literario Josep López Romero publica el libro 'La ilusión' con el que pretende trazar un recorrido vital hacia la aceptación y la superación personal. La Vanguardia, 11 de junio del 2009.

Vivimos un momento coyuntural y económico en el que la palabra ilusión se hace más necesaria que nunca. O al menos es lo que piensa el periodista y escritor Josep López Romero que cree que la gente que vive esta crisis a un nivel íntimo y personal tiene una oportunidad de oro para replantearse y escuchar sus deseos más primarios. El autor parte de la base que todos podemos perder la ilusión en algún momento de nuestra vida, y este estado aletargado durante mucho tiempo deriva en fuertes depresiones. Él mismo lo sabe de primera mano, estuve catorce años sin ilusionarse por nada. Diagnóstico: depresión. Durante este trayecto oscuro aprendió cosas tan sencillas como aceptar la tristeza o expresar y compartir el dolor. Primero aceptó, para luego superar una situación crítica que ahora le ha llevado a ejercer de coach literario en el libro La ilusión con el objetivo de señalar un camino y una salida a personas que ahora mismo viven una situación similar. Para López Romero "el hombre, más allá de lo que viva o de lo que le hagan, tendrá siempre capacidad para volver a soñar". Una idea que evoca con una cita de la directora de la Fundación Laudes Infantis, Jacqueline Moreno, y que también incluye en la parte final del libro. "Cuando lo has perdido todo, volver a tener ilusiones es muy complicado. El secreto es que descubrimos que aunque nos hayan hecho trizas y nuestra vida sea un rompecabezas, siempre podemos volver a soñar".

C.Baulies

-¿Qué le ha llevado a escribir sobre la ilusión?

-En general suelo escribir sobre cosas que me atraen mucho porque las necesito. Escribo más para aprender que no para explicar cosas que ya sé. En este caso, me llevó una situación personal de depresión que viví durante unos cuantos años. Sobre todo al ver cómo empezaba a salir de ella, ver como te cambia el paisaje cuando vuelves a sentir la ilusión por vivir. Quería transmitir que también se pude salir de esto y dar algunas claves sobre como lo he hecho yo o como pienso que se puede llegar a conseguir.

-¿Llegar a un estado de depresión implica siempre una pérdida de la ilusión, o no necesariamente?

-Sí, la antítesis de vivir ilusionado es vivir deprimido. Muchas de las depresiones a las que se llegan hoy en día se producen porque abandonamos las ilusiones que teníamos cuando éramos pequeños o jóvenes, y que nos movían y nos daban una energía que nos hacía sentir muy intensamente. Es algo que vamos sepultando y tapando por resignación o por mil y una circunstancias de la vida. Vamos poniendo tantas capas encima que al final esto nos desconecta de estos deseos primarios y de estas ilusiones elementales que nos hacían vivir. Aquí es cuando llega realmente la depresión, nos sentimos tristes y hundidos y no sabemos exactamente porqué.

-Porque nos olvidamos de nuestros deseos más primarios…

-Sí, o porque los intentamos sustituir por pequeños deseos o ilusiones que no lo son de verdad, simplemente son refugios, como tener un coche nuevo o comprarnos un teléfono móvil.

-Su libro empieza con una mujer, Esperanza, que se levanta con un fuerte vacío en su interior. ¿Es una situación cotidiana más comun de lo que a primera vista parece?

-Sí, y estoy convencido de que últimamente ha ido a más. De todas formas la situación que describe el libro no deja de ser una parábola. Normalmente, no nos levantamos un día y decimos, "vaya, que me pasa, he perdido algo dentro, me siento vacío". Pero si que es verdad que vamos notando síntomas de esto, a los que muchas veces no les hacemos caso porque no queremos enfrentarnos con nuestros vacíos. Preferimos esconderlos y distraernos con la televisión o con el fútbol. Pero estos vacíos son muy obstinados, y continúan allí, y continúan picando en forma de tristeza repentina, de agobio, de pocas ganas de hacer cosas. Todo esto va sumando hasta que un buen día nuestro cuerpo dice basta.

-¿Y qué pasa con nuestra mente cuando el cuerpo dice basta?

-Entramos en una crisis fuerte de lo que sea, que podemos tapar o atenuar con medicamentos, muchas veces necesarios, pero que no solucionan el problema.

-Y entonces nos queda…

-Aceptar la situación, aceptar que no somos felices con la vida que tenemos, por mucho que nos pueda parecer que aquello que tenemos nos tiene que dar la felicidad.

-¿La única forma de curarse es aceptar que uno está triste, deprimido, enfermo?

-La aceptación es el principal punto de partida de una recuperación. Muchas veces enfermamos porque no aceptamos, nos negamos a nosotros mismos y a nuestros deseos e ilusiones. Nos obstinamos a luchar contra una realidad que frecuentemente no podemos cambiar. Esta lucha estéril contra cosas que tendríamos que empezar a aceptar para empezar a cambiar nos hace enfermar. Hasta que no aceptamos que somos como somos, con nuestras limitaciones pero también con nuestros talentos, hasta que no aceptamos que la realidad es la que es, y que la vida nos ha traído hasta ella. El primer paso para cambiar la realidad es aceptarla. La realidad está en permanente cambio, es la que es, pero cambia constantemente. Podemos incidir para que cambie, pero para ello hay que aceptarla, no negarla.

-¿Podemos aceptar esa realidad nosotros solos o cuando la crisis está en una fase adelantada es imprescindible que alguien nos abra los ojos?

-Es una pregunta muy buena porque realmente llega un momento, especialmente en las depresiones, en que no vemos las cosas como son, las vemos con el prisma deformado de nuestra tristeza o de nuestra frustración. Es muy necesario que alguien nos ayude, tenemos que entender y aceptar que no lo podemos hacer solos y que alguien desde fuera nos hará ver las cosas de otra forma. Muchas veces se producen suicidios por parte de personas que son incapaces de ver las cosas de otra forma. Ven las cosas como si tuvieran una tela, solo alguien de fuera puede ayudar a desentelar esta mirada y sobre todo puede ayudar a entender a que esto también pasará. Parte de poder aceptar pasa por entender que aquella realidad que tanto nos preocupa o nos entristece, cambiará y pasará. Es importante que sintamos que no estamos solos en el mundo, que estamos interconectados con otras personas. Sólo con el afecto del de fuera, se puede tener el efecto de salir de una depresión

-En su libro la profesional que ayuda a la protagonista a salir de su delicada situación es un hada madrina. Como esta figura sólo existe en los libros, y teniendo en cuenta que se autodefine como coach literario, debo interpretar que apunta usted directamente a la terapia del coaching…

-Sí, esto es muy importante porque existen muchas herramientas destinadas al crecimiento personal o a la superación ante las dificultades de la vida. Todas pueden ser útiles. La psicoterapia tiene su utilidad, durante muchos años ha servido a mucha gente. Lo que pasa es que el coaching se está mostrando como una herramienta muy potente, de aquí que mucha gente la esté poniendo en práctica o incluso esté reconvirtiendo su formación profesional para ser coach.

-¿Por qué ahora y con esta metodología?

-El coaching se enfoca siempre al futuro, no al pasado. Se parte de la situación actual y se mira como mejorarla hasta llegar a un punto con el que nos encontremos bien. No necesitamos entender todo lo que ha sucedido en el pasado para llegar a un punto en el futuro. También es una técnica que no te dice nunca lo que tienes que hacer, pero sí que te da herramientas para que te des cuenta de lo que debes hacer. La psicoterapia quizá es un poco más pasiva en este sentido. Sí que es un acompañamiento, pero yo tengo la sensación de que te dejan un poco más solo. El coach te va descubriendo tus talentos, habilidades o virtudes y como te hace ver como te pueden servir para llegar a la vida que tu quieres tener. Creo que, a pesar de estar poco instalada en nuestra cultura mediterránea, es una figura muy interesante y que todavía está por explotar.

-Hay otro de los personajes de su libro que alerta sobre la diferencia entre alegría e ilusión. ¿Distan mucho la una de la otra?

-Es una confusión con la que yo me había encontrado muchas veces antes de hacer el libro. La alegría es una emoción que llega, la sientes y se va. Mientras hay alegría no hay tristeza, pero cuando llega la tristeza se va la alegría. No nos puede servir como gran soporte para avanzar en la vida. La ilusión incluye la alegría pero también te proyecta hacia el futuro, y esto enriquece todavía más al presente. Uno no puede vivir siempre con alegría, pero sí que puede vivir siempre con ilusión.

-¿Hemos banalizado nuestras ilusiones?

-Sí, y eso comporta el peligro de poner nuestra felicidad fuera de nosotros mismos y que no tengamos poder sobre esta felicidad. Nosotros nos ilusionamos por algo como adquirir cosas materiales, y eso durante un tiempo nos da una cierta vida, pero nuestra felicidad dependerá de eso. Si al final no tenemos ese coche, ese móvil o si ese coche se estropea, acabaremos hundidos otra vez. La ilusión verdadera es la que da un sentido a tu vida y no está fuera de ti. No la pones ni en un objeto, ni en una situación, ni en una sola persona.

-¿Sería esta la "Gran ilusión" a la que se refiere su libro?

-Aquí hago servir ilusión como sinónimo de sentido de la vida, al final estás haciendo aquello que crees que puedes hacer y esto es algo que tienes que sentir. Cuando estás fluyendo es cuando notas que realmente tienes ilusión, cuando notas que hay lo que en coach se denominan quiebres, si la ilusión es fuerte y el sentido que le has dado a tu vida es coherente, aquello lo soluciones, pero sino, te hundes.

-¿Hasta qué punto es importante tomarse la vida como un juego?

-En algún momento del libro hablo de que la vida tiene mucho de juego, pero no quiero que esto quede como una frivolidad. Las palabras ilusión y juego tienen curiosamente la misma raíz. Es verdad que no hay ilusión en la vida sino aceptas que la vida tiene una parte de juego. El juego pasa por aceptar que a veces puedes conseguir las cosas y otras no. Cuando la vida te lleva a un callejón sin salida hay que dar media vuelta, volver y afrontarlo de otra forma. Los niños son la ilusión personificada porque juegan constantemente, y se toman la vida como un juego. Saldrían mejor estudiantes si fuéramos capaces de tomarnos el estudio y la educación como un juego, pero no en sentido frívolo, sino serio. Un juego también tiene sus reglas, sus normas, puedes ganar o no…

-¿Personalmente ha llegado a entender por qué estuvo tanto tiempo deprimido? Creo que ha dicho en alguna ocasión que hay una obligación social para ser feliz.

-Sí, creo que esto es algo importante, pienso que deberíamos hacer una reivindicación en favor de la expresión de la tristeza. Tendríamos que ser capaces de sentirnos tristes y que no pase nada. En el trabajo, en las relaciones sociales, no hay un espacio en la sociedad para expresar la tristeza, por eso la escondemos. Pienso que es un sentimiento tan legítimo como cualquier otro, no tendríamos porque esconderlo. Esto nos evitaría muchas depresiones, medicamentos e historias tristes. Sería bueno que pudiéramos expresarnos tal y como nos sentimos.

-¿Es una de las cosas que ha aprendido durante estos años?

-Es una de las cosas importantes que he aprendido, tiene que haber un espacio para llorar las tristezas de la vida, para expresar dolor, para sentir pérdidas y compartirlas con las demás.

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